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jueves, 26 de abril de 2012

EL GATO ANARANJADO

Pasaste de Lolo a Lola en mis manos... inexpertas, porque me equivoqué. Y eso marcó nuestra relación para siempre, nunca me lo perdonarías. Cambiarte a ti de sexo, con lo gato que tú eres. Quise explicarte que el veterinario me dio la razón, que es muy difícil determinarlo a tan temprana edad, que esas manchitas en tu barriga bien se podían confundir con mamas. Pero tú no escuchaste mis argumentos y desde ese día sacabas las uñas cada vez que intentaba ponerte la mano encima. Y más desde que te llevé a esterilizar por tu bien, por mi bien, por el bien de todo el vecindario. Eso fue lo que más te dolió, que te despojara de tus atributos, los cuales me recordaban siempre aquel desafortunado episodio.
El tiempo ha pasado y ahora te miro de lejos y siento ternura por ti. Te veo ya tan lento, tan pellejudo, que estoy superando mi trauma por no poder acariciarte. Yo, la amante de los felinos, frustrada por el odio de su propio gato.
Pero la vejez da serenidad y debe ser así también en el mundo gatuno, porque hoy te has acercado a mÍ y, enroscándote entre mis pies, me has pedido perdón a la vez que tú me perdonabas. Yo no te guardo rencor, te digo mientras hundo mis dedos en tu suave pelo anaranjado.

CDR

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