Páginas vistas en total

sábado, 30 de junio de 2012

GRACIAS

Muchas de las personas más cercanas a mí, las que me ayudan y apoyan cuando lo necesito, y me hacen favores cuando podrían simplemente mirar para otro lado, no me dejan darles las gracias por todo ello. Pero, ¿por qué? Dar las gracias es manifestar el agradecimiento por lo recibido. Y si su argumento es que lo hacen de corazón, mi tesis es que igual yo lo agradezco sinceramente. No puedo evitar decir gracias, gracias, gracias. Una palabra tan socorrida pero que la mayoría de veces, en los casos a los que me refiero, se queda corta. Para mí entonces no es una fórmula de cortesía vacía de contenido, sino un vocablo vivo, lleno de calor y cariño.
Así que ya sabéis que forma parte de mí reconocer de esa manera todo lo que hacéis. Igual que un abrazo,un beso,un apretón fuerte en la mano... un gracias inmenso para vosotros.

CDR 

SIGO CABREADA

En el concurso general de traslados de Andalucía en mi especialidad de Lengua Castellana y Literatura hemos participado este año 1.583 personas. Después de tres años en expectativa de destino, me han dado la cuarta de la provincia de Almería. Eso quiere decir que había conseguido, por fin, un destino fijo, estable y ventajoso. Ahora, aplicando los recortes del Gobierno central y del Autonómico, sobran horas de Lengua y por tanto sobran profesores. Puede ser que en los despachos de la Consejería de Educación no hubieran llegado los rumores de la subida de dos horas lectivas, la desaparición de los desdobles y la subida de la ratio, y por eso siguió adelante el concurso, ofertando y otorgando plazas que después serían virtuales y no reales. Bueno, pues he sido una de las afortunadas que no caben en el instituto adjudicado. ¿Y ahora qué? Ayer me pasé buena parte del día intentando que alguien me contestara a esa pregunta. Y nadie parecía saber nada. A mí nunca me ha pasado que un alumno me pregunte y no tener respuesta, mirarlo con cara de borrego degollado y decirle que se busque la vida, que yo no puedo ayudarlo. A mí nunca me ha pasado que venga una madre a hablar conmigo sobre su hijo y mandarla a otro compañero a que le solucione el problema que me plantea. Nunca, hasta ahora, ha entrado nadie a mi clase a buscarme y me ha encontrado repanchigada en la silla, mano sobre mano, sin nada encima de la mesa. Sin embargo, eso me encontré ayer en los despachos a los que fui a preguntar. Y no es que me equivocara de lugar, no, era la Delegación provincial, sección personal de Secundaria. Dejaré de lado entrar en la polémica de que no todos los funcionarios somos iguales. Pero, aparte de eso, finalmente logré que alguien me diera una respuesta sino satisfactoria para mí, al menos coherente y lógica. Así que hoy me dispongo a volver a concursar, en condición de "desplazada", cuando ya todas las plazas se adjudicaron en su momento. Tengo que dar gracias, eso sí, de que me guarden mi sitio, por si algún día pudiera volver.
El pequeño problemilla que le veo a esto es el siguiente. Miro la lista de adjudicaciones y resulta que las veinticinco últimas personas que han recibido definitiva están con destino forzoso -es decir, son de muy lejos-, ocupan las plazas que ahora a mí me interesarían -que de hecho me interesaron en mi lista de peticiones- y tienen al menos diez puntos menos que yo. No conozco a esas personas ni tengo nada en contra de ellas, al contrario, me alegro de que estén colocadas aunque no sea en sus destinos predilectos. Pero, ¿es eso justo?
Mirando, mirando -ya que estaba puesta-, he visto también las plantillas y resulta que están tan copadas que yo tiemblo al pensar dónde narices nos van a meter. A los desplazados, a los de comisión de servicio, a los que quedan sin colocar... Pero no este año, sino en los próximos años. Amén de que, por supuesto, los interinos no van a trabajar durante mucho tiempo. ¿Es así como se arregla el problema del paro?
No sé si las brillantes mentes que han montado todo este lío son conscientes de la que se la va a venir encima como el resultado no sea medianamente aceptable. Yo soy la primera que no estoy conforme. Sé que de todo lo que ayer me dijeron algunos ineptos, la respuesta última del jefe de personal es la menos mala de las posibles. Pero sigo cabreada.

CDR

viernes, 29 de junio de 2012

NO SOMOS NÚMEROS

A los señores y las señoras políticos y políticas de pacotilla de este país, quisiera gritarles en su cara que no somos números. Que detrás de sus Órdenes, Reales Decretos, medidas, recortes, tejemanejes y cagadas varios, habemos personas, sí, seres humanos que sufrimos las consecuencias de sus brillantes ideas. En sus bonitos despachos con aire acondicionado mueven las fichas de nuestro destino como si jugaran al ajedrez. Y lo que es peor, ni siquiera se molestan por nuestra suerte, hacen y deshacen pensando única y exclusivamente en sus intereses. Unos y otros, unas y otras, da igual el partido, porque "nuestros" políticos no entienden de ideales, sino de números. Cuentan votos, cuentan popularidad, cuentan prima de riesgo y cuentan cuánto van acumulando en sus bolsillos. Aquellos que les votamos, engrosamos la estadística de su prestigio, nos vemos afectados por la subida y bajada de los tipos de interés, y jamás por mucho que trabajemos en nuestra vida veremos ni una mínima parte de lo que ellos cobran, les traemos sin cuidado. Por eso ya me da igual todo, que se venga el país abajo. Eso haría falta para que toda esta escoria que ocupa las altas esferas se fueran a su casa y aflorara por fin la inteligencia, el sentido común y la coherencia.
Estoy cabreada e indignada por lo que a mí me está pasando, pero aún más porque sé que no soy un caso aislado. Sé que habemos miles de personas en situaciones similares, cada una en sus circunstancias. Y todos tenemos en común la impotencia y la estupefacción de quien no entiende cómo es posible lo que sucede. Señores y señoras, ¿para qué prometen lo que no pueden cumplir? Ah, claro, para que les votemos y luego ustedes nos mandan a tomar por culo. Ese es el programa electoral de todos los partidos. Por eso mismo aquí en Andalucía, que tanto han criticado a otras Comunidades Autónomas, han hecho ustedes un concurso de traslados maravilloso, rebosante de plazas, se han mosqueado cuando les han impugnado unas oposiciones, y han concedido comisiones de servicio a diestro y siniestro. Para que ahora nos digan que no cabemos en los centros que nos han asignado, que la plaza que salió en abril ya no existe. Para que se nos acentúe la cara de tontos que se nos quedó cuando se cebaron en nosotros como causantes de todos los males. Así que ya han conseguido que al menos una parte del profesorado no tengamos vacaciones en julio, porque ahora nos toca una peregrinación de ventanilla en ventanilla para que alguien nos diga dónde vamos a estar en septiembre. Pero no se preocupen, ya había anulado el viaje que tenía previsto. Y eso mismo voy a seguir haciendo, huelga a mi manera, sin comprar, sin viajar, sin votar. Cosas insignificantes, de las que ustedes ni se van a dar cuenta.
En fin, que en pleno siglo XXI, en plena democracia, no tenemos ni siquiera el derecho a poder planear nuestra vida. Porque dependemos de unas cabezas pensantes a las que les importa un comino que yo me haya empadronado en el pueblo de mi destino definitivo -ya que si no, mi marido no obtiene la tarjeta sanitaria-, que tenga un piso con cuyo alquiler ya me he comprometido para septiembre y que tenga ahora que desmantelarlo, coger todas mis cosas y esperar entre bultos y embalajes a dónde tengo que ir. Sí, es genial ser profesor. Porque así conocemos muchos lugares, tenemos la oportunidad de hacer muchas amistades, efímeras, eso sí, y no nos encariñamos de ningún sitio porque ya no sabemos dónde está nuestro hogar.

CDR

jueves, 28 de junio de 2012

SALIR DEL ARMARIO

Todos tenemos un amigo gay o una amiga lesbiana. Cada vez es más frecuente encontrar personas homosexuales, orgullosas de serlo además. Es hoy de lo más moderno salir del armario. Tan bien visto está y tan habitual es, que al final dejaremos de utilizar tal expresión, pues ya los niños y las niñas asumirán, como otras tantas cosas, su condición sexual desde que tengan posibilidad de ello. Y no es que me parezca mal, al contrario. Pero no dejo de preguntarme ¿cómo es posible esta abundancia de homosexualidad?, ¿será algo que hay en el ambiente? Pues resulta que probablemente sea eso. Dejado aparte el mal pensamiento de que prima en la actualidad el vicio y la juerga, de que ya nadie sabe lo que quiere y tiene que probarlo todo, hay una teoría según la cual algunos de los contaminantes que respiramos tienen ese efecto sobre nuestras hormonas. Es decir, además de estar expuestos al cáncer, a la alergia, a la radiación, a los rayos ultravioleta... también corremos el riesgo de que un día nos atraigan las personas de nuestro mismo sexo. Bueno, pues nos arriesgaremos, no nos queda otra.
En el caso de que mis hormonas se reconvirtiesen, ¿sería yo de las lesbianas que hacen alarde de su condición en el desfile del orgullo gay? Sinceramente, creo que no. Repito que no tengo nada en contra de estas personas. Sin embargo, no entiendo que se expongan de esa manera, como monos de feria, disfrazados de los mismos esteoreotipos de los que huyen. Igual que no estoy a favor del día de la mujer, el día de la madre, el día del medio ambiente y tantos otros días inútiles, pues cada causa justa debe ser considerada durante todo el año, no me parece bien celebrar algo que tendría que ser tan íntimo como natural. ¿No deberíamos entonces, al paso que vamos, reivindicar nuestra sexualidad los "heteros"?
Valoro al máximo el progreso que supone que una persona homosexual sea considerada igual a las demás, y por esta misma razón me parecen deplorables los casos que envilecen y denigran tal condición. Si hace unas décadas el simple hecho de ser homosexual era motivo incluso de muerte -y lo sigue siendo, por desgracia, en algunos lugares-, actualmente parece una moda, una tendencia a la que uno se suma como quien se compra un traje. Cada uno es libre de hacer lo que le parezca y de vivir su vida como quiera, por supuesto, pero si es cierto que todos somos iguales, sin raza, sexo, religión o naturaleza, porque al fin y al cabo somos seres humanos, deberíamos guiarnos siempre por la dignidad.

CDR

martes, 26 de junio de 2012

SALUD

"A tu salud" es una de las expresiones más típicas al hacer un brindis. Aunque hay diferentes explicaciones sobre su origen, yo me quedo con la de que la salud es lo mejor que se puede desear.
Dice la canción "salud, dinero y amor". Y desde luego el que tenga estas tres cosas es afortunado y debe estar agradecido. Sin embargo, la salud es lo primordial . ¿De qué sirve lo otro si no nos encontramos bien o más aún si nos morimos? El dinero, sobra con el necesario para vivir; el amor nos llena de felicidad; pero la salud es indispensable.
Y reitero lo que ya he dicho aquí varias veces: no valoramos lo que tenemos. ¿Acaso apreciamos cada mañana el hecho de sentirnos bien, de levantarnos sin notar dolor? ¿Disfrutamos de cada comida y de nuestras digestiones? ¿Sonreímos al subir y bajar las escaleras sin esfuerzo y sin limitaciones? En fin, ¿estimamos en su justa medida nuestra salud? No quizás hasta que empezamos a notar que se deteriora. Cuando algo nos sienta mal, juramos que nunca más nos excederemos. Pero volvemos a hacerlo. Cuando pasamos una gripe, nos damos cuenta de lo malo que es estar enfermo. Pero luego se nos olvida. Cuando el médico nos da una alerta, que luego resulta ser falsa, suspiramos de alivio y hacemos propósito de enmienda. Pero qué poco nos dura. Cuando alguien cercano enferma o fallece, prometemos cambiar, disfrutar, estimar. Pero seguimos igual.
Sin ir más lejos, sólo en estos últimos tres días he conocido la muerte de dos personas, que ni siquiera son próximas a mí. Los dos jóvenes, los dos por enfermedades injustas y dolorosas, implacables como un violento huracán arrasador. Eso pasa continuamente, no se puede sufrir por todo el tormento ajeno. Pero sí podemos reflexionar. Y vivir felices con lo que tenemos. Y dar gracias por estar sanos. Otra de tantas cosas que consideramos preceptiva, como si se nos otorgara sin condiciones. No, no, cuidemos nuestra salud porque ella puede ser el origen de nuestra máxima felicidad o de nuestra máxima desgracia.
Ya saben que todo tiene solución, menos la muerte.

CDR

lunes, 25 de junio de 2012

NUESTRO RINCÓN LITERARIO

Los seres humanos tendemos a agruparnos. No podemos estar solos, no somos islas. Y cuando llegamos a un lugar nuevo, aunque necesitamos cierto tiempo para encontrar nuestro lugar, vamos acercándonos y acoplándonos a aquellos con quienes nos sentimos afines.
Eso me pasó a mí cuando llegué hace cuatro años a mi instituto. No conocía a nadie. Pero pronto encontré gente que me acogió amablemente, con sencillez, y que con el tiempo me daría mucho más, su amistad.
Todo empezó desayunando en nuestro rincón literario. Así bautizado por gente maldiciente, aunque adoptado por nosotros como nombre más que nada por fastidiar. Porque no todos los que allí nos juntamos somos literatos. Sobre todo, somos amigos que intentamos desconectar media hora del trabajo -si bien no siempre es posible- y que hablamos de cosas triviales o importantes, según tercie, y que no hacemos daño a nadie. Es un grupo como otro cualquiera. Pero un grupo abierto, agradable y acogedor. Una pandilla a la que voy a echar mucho de menos.
Por diferentes circunstancias algunos nos vamos. Sin embargo, ese siempre será mi rincón. Y aunque donde vaya seguro encontraré otra gente igualmente amable, agradezco que todo este tiempo haya dado para forjar una verdadera amistad. Por eso, seguirá la cuadrilla. Porque el rincón fue el punto de partida para luego convertirse en una excusa. Para planear viajes, para organizar encuentros, para idear reseñas, exposiciones... Literatura y mucho más.
Así que, amigos, muchas gracias por tantos buenos momentos, risas, consejos, bromas, triángulos isósceles partidos por cuatro, y todo lo demás.
Y esto no es una despedida.
"Nuestra amistad no depende de cosas como el tiempo y el espacio." (Richard Bach)

viernes, 22 de junio de 2012

MI ORACIÓN

Sé que soy afortunada, mucho. Sin embargo, por otra parte, mi forma de ser es una condena. Porque sufro, porque a veces la vida me pesa demasiado. Y en mis noches de insomnio pienso:

Aleja de mí
los malos pensamientos
que me acechan
como un escualo
merodeando por los mares
de mi conciencia.

Dame fuerzas para enfrentar la vida
cara a cara,
con lo que venga;
que los nubarrones negros
no cubran mi cielo
azul y raso,
mi cielo de estrellas.

Quítame este peso
de los hombros,
que quiero ser ligera
como una pluma,
despreocupada,
hasta que lo malo suceda.

Y ciérrame los párpados
con un sueño
tranquilo y sereno
como un remanso
de agua queda,
que quiero dormir,
abandonarme,
y que la vida no duela. 

CDR

jueves, 21 de junio de 2012

CAMBIOS

Los cambios nos sirven para crecer y, aunque nos asustan, debemos afrontarlos y entenderlos como algo positivo. Los cambios nos enriquecen. Como dijo Confucio: "Quien pretenda una felicidad y sabiduría constantes, deberá acomodarse a frecuentes cambios." Es inevitable que nos guste la rutina, saber qué va a pasar mañana y que cada día será igual. No en vano somos animales de costumbres. Pero tampoco es menos cierto que cambiar de horizonte es provechoso para nuestra mente e incluso para nuestra salud. Al menos no temer al cambio y asumirlo con ilusión.
Y ahora estoy hablando ya en sentido amplio: un cambio de trabajo, un cambio de hábitos, un cambio de opinión... Hay personas que se estancan y no son capaces de adoptar posturas diferentes a la suya, petrificada e indolente.
Ahora precisamente estamos en una época de cambios. Y sólo la versatilidad nos ayudará a adaptarnos.
A nivel personal también se me avecinan algunos cambios. Quiero verles el lado positivo y no pensar en lo que voy a dejar atrás. Porque hay que mirar siempre hacia delante. Porque, en realidad, ya nunca lo perderé.

CDR

lunes, 18 de junio de 2012

CONSUELO, S.A.


“Los animales comprenden los sentimientos aunque no entiendan todas las palabras.”
(Antonio Mingote)

“El suicidio es algo horrible, lo sé. También estoy seguro de que no te va a gustar nada esta decisión mía. Pero es cuestión de vida o muerte. Y hay que elegir. Ojalá pudiera llevarte conmigo, aunque no, no, tú tienes mucha vida por delante, no debo ser egoísta. Por favor, sé feliz. Tienes que estar con alguien que te quiera y te cuide como yo. Bueno, más que yo, que no te abandone. Y no me olvides, ¿eh, preciosa? He hecho las cosas lo mejor que he podido toda mi vida y nadie me echará nada en cara. Sólo tú me preocupas. Hubiera querido dejarlo todo arreglado, pero no hay tiempo. Por eso me marcho ya. He de ser fuerte, no hay marcha atrás. Adiós, preciosa.”

Levantó la cabeza, miró el reloj y Jon se dio cuenta de que era tarde, apenas le quedaba una hora para cumplir el último encargo del día. Firmó la nota fijándose en el modelo, se puso la chaqueta, apagó la luz y salió del despacho. No le quedaba lejos la dirección a donde debía ir y decidió caminar. Por el camino Jon pensaba en su cliente, pobre hombre, ya era mayor pero aún así una enfermedad terminal era un golpe fuerte, y se le veía bien, que se valía por sí mismo. Ahora dejaría sola a su esposa, pero mejor cortar por lo sano, sin sufrir y deteriorarse hasta el inevitable final. La vida es muy dura, sí. Por eso eligió él ese negocio, para aligerar el peso de una difícil decisión. Consuelo, S.A. notas de suicidio. Usted decide por qué, nosotros lo explicamos. Todo muy aséptico, con la máxima discreción. Pago por adelantado. Si después decide no usar la nota, es su problema.

Cuando llegó al portal, Jon tocó al timbre indicado. Nadie contestó. Consultó su reloj. Le pareció raro, pues el interesado había insistido mucho en la puntualidad. De pronto, el interfono hizo un ruido y la puerta se abrió. Extrañado, entró en el portal y subió por las escaleras -era un edificio antiguo, sin ascensor- hasta el quinto piso. Llegó casi sin aliento y vio la puerta B entreabierta. Una gata blanca, de pelo largo, apareció frotando su lomo en el marco. Hola, gatita, ¿puedo pasar? ¿Señor Brines?, ¿está usted ahí? Empujó la puerta y pasó. Nadie más salió a recibirlo, así que siguió sigilosamente por el pasillo, la entrega en la mano, deseaba irse de allí lo antes posible. Al fondo, una puerta cerrada, con una nota pegada en ella. Jon se acercó a leerla: “Lo siento, le he engañado. He utilizado su visita para suicidarme y hacerle responsable de mi gata Preciosa. No tenía valor para desprenderme de ella personalmente. Le ruego que le lea mi nota y se haga cargo. Que me perdone.”

Obnubilado, intentando asimilar la información, Jon empezó a oír sonido de sirenas, barullo allá abajo, en la calle. Entonces se percató de que a su derecha se abría paso el salón de la casa, con una gran ventana abierta, por la que entraba el aire y movía las cortinas. Y súbitamente lo entendió todo, las piezas encajaban. Rememoró la visita del viejo a su despacho, la historia que le contó, las preguntas que le hizo, y entonces comprendió. Tiempo invertido, trabajo pagado. Una gata blanca se enroscaba por sus piernas.

CDR

domingo, 17 de junio de 2012

VACACIONES

Se acerca el final de curso. Y la gente ya me va preguntando, pero entonces ¿aún tenéis dos meses de vacaciones? Sí, culpable, voy a pasarme julio y agosto sin hacer nada, tomando fuerzas para enfrentarme a otros diez meses de madrugones, clases agotadoras, horas interminables de correcciones, etcétera, etcétera.
Además, en julio no estamos exactamente de vacaciones. Si somos parte de la directiva nos dedicamos todo el mes a encajar el puzle del siguiente año académico. Si tenemos la fortuna de que nos toque en un tribunal de oposiciones, nos pasamos todo el mes achicharrándonos en institutos sin condiciones, valorando exámenes y el futuro de potenciales compañeros. Y nos pagan por ello, claro. Al menos hasta ahora. A nadie le gusta trabajar gratis. Y si queremos formarnos en nuestro trabajo, es en este mes cuando podemos hacerlo tranquilamente, pues tenemos una amplia oferta que es imposible aprovechar mientras trabajamos. En definitiva, en julio todo el profesorado nos encontramos "a disposición de la administración". Asimismo el uno de septiembre ya estamos al pie del cañón, no empezamos cuando los niños, como la gente cree.
Por cierto, ¿qué hago dando explicaciones sobre esto? ¿Dar explicaciones no es como justificarse? Pues sí, a partir de ahora a quien me pregunte le contestaré con un escueto: por supuesto, estoy de vacaciones.

CDR

jueves, 14 de junio de 2012

LO QUE QUIEREN LAS ADOLESCENTES

No se puede generalizar. Pero me temo que un gran número de niñas -ahora llamadas adolescentes- a partir de doce años han retrocedido cinco décadas por lo menos en sus aspiraciones y deseos. Ayer escuché una conversación entre tres de mis alumnas mientras estaban en el aula de castigo y me quedé con una sensación mezcla de congoja y estupefacción que aún no he logrado quitarme de encima. Ya había tenido indicios otras veces, pero ayer pude cerciorarme de que la mayoría de niñas sueña con casarse y que sus maridos las mantengan mientras ellas cocinan, friegan y planchan. Lo normal. No anhelan independencia económica, ya están pensando en tener hijos y, claro, los estudios les parecen una pérdida de tiempo que nada tienen que aportarles a su plan de futuro. Están muy informadas, eso sí, de lo que hay que hacer para atrapar a un hombre. Lo peor, que no hablaban de broma.
Desde luego que sé que estas tres niñas no son representativas de una generación completa, afortunadamente, pero también noto que las niñas de hoy tienden a asumir un rol femenino propio del manual de la perfecta señorita de los años cuarenta. Y eso me indigna, me rebela por dentro. No menosprecio a las mujeres que desean seguir por el camino, digamos, tradicional. Sin embargo, no entiendo dónde están tantos años de lucha, tanto terreno ganado al machismo para que ahora las mujeres del futuro piensen en dedicarse a sus labores y se queden tan frescas cuando les hablas de igualdad, de emancipación, de un lugar propio en la vida.
Cuando trabajamos en tutoría temas de paridad entre hombres y mujeres, no salgo de mi asombro al escuchar viejos esquemas en bocas de niños y niñas. Los estereotipos se reproducen al cien por cien. Hay trabajos femeninos, como si las mujeres naciésemos con los genes de la limpieza de la casa, la organización de la colada, o el cuidado de los ancianos y enfermos. Hay cosas que los hombres no pueden hacer, desde llorar hasta hacer la cama, pasando incluso por entendernos, como si nacieran con una especie de inutilidad para las tareas domésticas y la emocionalidad. Por supuesto, profesora, los chicos tienen más fuerza, nosotras somos más sensibles, en casa mi madre lo hace todo, a veces mi padre baja la basura, yo ni me muevo del sofá mientras mi hermana pone la mesa, es que somos diferentes...
He comprobado muchas veces que a mí, por ser mujer, ya me encasillan directamente. Mis alumnos dan por supuesto que no me gusta el fútbol, por ejemplo, me hablan de algún jugador mundialmente conocido como si fuera un extraterrestre para mí. O que mis alumnas me admiran, no por las cosas que les enseño, sino por la ropa que llevo. Les encanta que lleve las uñas pintadas de lila, pongamos por caso, pero ni se inmutan cuando les explico lo que es la libertad.
Quizás es que aún son muy pequeños e inmaduros, seguro que es eso. Con los alumnos y las alumnas más mayores no suelo tratar estos asuntos porque el temario me lo impide. Pero veo y oigo cosas. Y no me gustan.

CDR

lunes, 11 de junio de 2012

CASI DESPEDIDA

"Irse dando un portazo nunca arregla las cosas. Más bien al contrario. Porque a ese desaire se unen las palabras dichas y las miradas lanzadas, unas y otras como flechas ponzoñosas destinadas a herirnos de muerte. Todas las parejas pasan sus crisis. Esto es normal, no se acaba el mundo. Incluso a veces es dulce la reconciliación y borrón y cuenta nueva. Después nos queremos más que nunca, borramos con besos el rastro de las lágrimas en nuestra cara y el resto de hiel en nuestros labios. Pero, en realidad, las huellas de cada pelea quedan indelebles en el corazón.
No te reprocho nada. He sido tan culpable como tú. No es la primera vez que pasa esto ni tampoco ha sido más grave que en otras ocasiones. Simplemente, ya no puedo más. No entiendo cómo el amor puede destilar ese desprecio con que nos tratamos mientras discutimos, no entiendo cómo se alza esa barrera impenetrable entre nosotros ni cómo se agranda el abismo que nos separa por momentos. Ya no sé volver, ya no sé franquear el muro y ya no quiero lanzarme al vacío por ti más.
Lo que hemos vivido juntos nunca lo olvidaré y no seré la misma sin ti..."

Laura dejó de escribir, releyó la nota y arrugó el papel para tirarlo a la papelera. Allí se unió a una docena más de folios desechados. Sabía que era sólo una forma de matar el tiempo mientras esperaba oír la llave en la cerradura, anunciando que él volvía a casa.

CDR

domingo, 10 de junio de 2012

"RESCATE"

Después de tantos días de incertidumbre, por fin nos han rescatado. Perdón, no se trata de un rescate, sino de un "préstamo en inmejorables condiciones" y, además, sólo para sanear la banca. Los mismos que hace unos días decían que no era necesaria la ayuda y que España podía solventar por sí misma la situación, hoy nos aseguran que esto es buenísimo, que es una inyección para mover la economía y que es la mejor solución posible. ¿Cómo puede ser que una cosa y su contraria resulten verdaderas en el plazo de una semana? Yo no me entero de nada.
Escucho a los políticos y quedo alucinada. Los que ahora están en el Gobierno echan la culpa de todo a los otros. Y los que dejaron el puesto hace seis meses se echan las manos a la cabeza y piden comisiones de investigación, como si esto pudiese haberse gestado en tan poco tiempo. Como en un partido de tenis, asistimos a un intercambio de pelotas entre unos a otros. Lo malo, que al menos en un torneo existe emoción, mientras que este pseudopartido resulta patético.
Espero que realmente sea bueno este rescate, línea de crédito, ayuda, o lo que sea. Que esas cifras que a los de una simple nómina mensual nos parecen desorbitadas sean asumibles y podamos salir de esta. Dicen que sin más costes para la ciudadanía. Cosa que me parece imposible. ¿Quién avala ese préstamo? ¿Quizás nosotros? La entrega ya está hecha. Bien, no pasa nada. Hoy estamos más pendientes de nuestra selección, a ver si nos cargamos a los italianos. Pero falta enterarnos de la letra pequeña de este acuerdo. Y me parece que dicha letra tiene ganada una mal fama que por algo será, ¿no?
Siempre nos quedará la gratitud del señor Presidente, que al menos tiene el detalle de elogiar nuestro estoicismo. Agradece que entendamos lo que está haciendo. Repito, yo no entiendo nada. ¿Y ustedes?

CDR

viernes, 8 de junio de 2012

VALIENTE TONTERÍA

Seguro que estarán conmigo en que lo menos que se puede esperar de la vida es ser feliz. Tengamos más o menos dinero, seamos más o menos guapos o agraciados, estemos más o menos bien de salud, levantarte cada día con cierto cosquilleo en el estómago es lo que este mundo nos debe por todas las penalidades. Yo ya ni me acuerdo de lo que es eso. Quizás el deseo de volver a sentirlo me ha hecho estos últimos días pensar insistentemente en ello, como si a fuerza de evocarla pudiese volver a instalarse en mí esa ilusión perdida.
Llevo cinco años encerrado en esta residencia y nadie viene a visitarme. Mis hijos se han olvidado de mí. Cati me dice que de eso nada, que pagan religiosamente la cuota todos los meses y que de vez en cuando llaman, pero que siempre coincide que no puedo ponerme o que ellos tienen prisa por colgar. A mí no me engaña la bella Cati. Ella es un pedazo de pan y me lo dice por lástima. Como si yo no supiera que los desagradecidos se han deshecho de mí y están esperando con impaciencia que me muera. Qué vida más perra. Crías a los hijos con esfuerzo y entrega, les das todo lo que tienes, les dedicas tus mejores años, y después te pegan la patada. Y no crean que no estoy bien aquí. Claro que sí. Yo no soy uno de esos viejos negados a irse a un geriátrico, como lo llaman ahora. Entiendo que los hijos deben hacer su vida y uno retirarse de escena cuando empieza a molestar. Lo que me duele es el abandono. No ver a mis nietos, pasar las Navidades solo, que no se acuerden de mi cumpleaños, que hayan desaparecido de mi vida, en fin, como si nunca hubiesen existido.
Cuando vivía mi Luisa todo era diferente. Ella y yo nos las apañábamos. No necesitábamos a nadie. Y la indiferencia de los chicos la sobrellevábamos compartiéndola. Pero cuando falleció, el mundo se me vino encima. ¿Qué iba a hacer yo sin mi querida esposa, después de tantos años juntos? Mis hijos me dieron la solución. Vender la casa, repartir la herencia y descansar tranquilo en un lugar apacible, donde me iban a tratar como un rey. Usted se lo merece, padre. Ofuscado como estaba, o por poco espabilado que siempre he sido, no sé, me convencieron. Y aquí estoy. Tragándome la bilis cada mañana por esta maldita suerte mía. No he padecido bastante y ahora esto.
Mi amigo Claudio está harto de oírme. Sobre todo cuando me pongo filosófico, como él dice. Si tan mal estás, Julio, lo que tienes que hacer es pedir la eutanasia esa. O qué sé yo, colgarte en la ducha. O acumular las pastillas dos o tres días y tomártelas todas de golpe. A tus hijos les remorderá la conciencia y tú descansarás por fin. Y yo, pesado.
¿Suicidarme? Valiente tontería. Aquí me quedo hasta que Dios quiera. Y ya encontraré yo la manera de recuperar mis mariposas en el estómago, joder.
CDR

lunes, 4 de junio de 2012

DESPISTE

Mi tío desapareció cuando yo tenía doce años. Era un hombre rudo, frío y solitario. Era pastor y no le gustaba que nadie le molestara. Se pasaba días enteros sin dar señales de vida, vagando por los montes de esta tierra nuestra. Lo contrataban para pastorear y estaba largas temporadas fuera. Cuando volvía, se dejaba ver poco. Habíamos aprendido a aceptarlo como era, a no saber nada de él en Navidades, a que no nos felicitase jamás en cumpleaños ni santos, a que no acudiese a las celebraciones familiares. Ni siquiera asistió a la boda de su hermana pequeña, mi madre.
A mí me fascinaba. Muchas veces iba a estar con él en el corral mientras trabajaba. Él me toleraba por allí siempre que no lo molestase. Era su único sobrino y físicamente me parecía bastante a él cuando era niño, había visto fotos que lo demostraban. Quizás por eso me tenía cierto aprecio, a su manera, sin muestra alguna de cariño pero tampoco de rechazo, como ocurría con otras personas. Yo lo observaba y me preguntaba cómo se podía vivir tan aislado, sin hablar con nadie. ¡Qué aburrimiento! Pero mi tío no parecía aburrirse en absoluto. Y en cierta manera me causaba envidia, porque él no tenía que hacer el paripé con los familiares pesados que te pellizcaban las mejillas y te revolvían el pelo cuando venían de visita. Él no estaba obligado a ir a misa todos los domingos. Él era libre, sin duda, y vivía como le apetecía.
Y un buen día desapareció. Al principio no lo echamos de menos por lo que ya he referido. Pero pasado un mes, comenzó cierta preocupación. ¿Dónde estará Rafael?, se preguntaba mi madre a sí misma. Yo no iba al corral porque era invierno y tenía que estudiar, estaba mejor en casa al lado de la lumbre. Lo cierto es que para mí, mi tío sólo existía en verano. Al final mi padre empezó a buscarlo. Fue  a pedir razón a todos aquellos que trataban con el tío por la ganadería. Pero nadie sabía nada. Y así fueron pasando los días.
Yo crecí, me fui del pueblo a estudiar el Bachillerato y después llegué a la Universidad. Cuando volví con mi licenciatura de arquitecto bajo el brazo, ya ni me acordaba del tío Rafael.
Uno de los fines de semana que pasé en el pueblo, mientras estaba echado en la cama leyendo, rememoré la vieja casa de mi tío y del corral donde pasé tantos ratos de mi infancia. De pronto, una idea me sacudió y no me dejó tranquilo en todo el día. El domingo le pedí a mi madre las llaves de la casa. Que no las tenía, me dijo. Estarán donde siempre, escondidas en la rendija de la ventana de atrás. Fui hacia allí con el corazón palpitando con fuerza. Busqué las llaves, que efectivamente estaban. No podía creerlo. Quince años metidas en una rendija, oxidadas, por supuesto, quince años. Las limpié en el pantalón. Probé hasta que conseguí abrir la puerta de la casa.
Y allí, en el pasillo, estaba el tío Rafael. Solo, como siempre. Más delgado que nunca. La ropa raída cubría sus huesos y una vaharada de polvo se removió con la corriente como dándome la bienvenida. Por fin os habéis acordado de mirar aquí. Corrí a contárselo a mi madre. Se me quedó mirando y sólo dijo: Qué despiste no haber mirado en la casa.
CDR

domingo, 3 de junio de 2012

EL FINAL


La vida y la muerte
son dos caras
de la misma moneda
y cuando ésta llega
todo queda atrás.
Dejas de existir
y sólo queda
el recuerdo que los tuyos
te puedan guardar.
Polvo al polvo,
tierra a la tierra.
En la rueda del tiempo,
desde que nacemos,
está escrito nuestro final.

Porque cuando alguien se nos muere nos deja un vacío imposible de llenar. La vida sigue y el tiempo cura, pero la vacuidad de nuestro alma sigue latente, agrandándose conforme nos dejan aquellos que queremos. Nunca mueren del todo mientras los recordemos, mas ya no están, ya no escuchamos su risa, ya no sentimos sus manos, ya no nos regalan su mirada...
Sin embargo, nos han dejado tanto que debemos aferrarnos a eso y seguir adelante. Porque es el ciclo de la vida. Un día nosotros también expiraremos y seremos afortunados si alguien nos llora, nos recuerda y nos agradece lo mucho que le hemos dado.

En memoria de todos los que se han ido.
Para quienes seguimos aquí, recordándolos.
Y, en especial, para un gran amigo que seguro entiende este mensaje.

CDR