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sábado, 28 de julio de 2012

GREGUERÍAS

Si sentimos pasión por el lenguaje, nos fascinarán las greguerías. En su genialidad, Ramón Gómez  de la Serna (1888-1963) ideó este subgénero para reivindicar lo nuevo frente a lo moderno. Su vida y su obra suponen una continua ruptura con las convenciones, y el máximo exponente de esta actitud lo constituye la greguería. El nombre proviene del léxico costumbrista y significa literalmente "gritería", "algarabía", "barullo". Y bien definidas están con esta denominación, porque las greguerías son imágenes en prosa que dan una visión humorística, crítica, a veces en apariencia absurda, siempre sorprendente, de aspectos triviales y cotidianos de la vida. Como estallidos de lo literario. Leer las greguerías de tirón, como si se tratase de una novela o un ensayo es, sin duda, un error. Ramón -como le gustaba que lo llamasen- propone con estos pequeños artefactos lingüísticos ofrecernos un nuevo ángulo de mira para las cosas y por tanto, exige también otro tipo de lectura.
Decir que las greguerías son metáforas es exacto, pero no del todo porque no son simplemente eso. Es una de las técnicas utilizadas, si bien las imágenes adquieren en ocasiones tal complejidad que desbordan la simple metáfora. La greguería es un objeto lingüístico vivo, cuyos significantes se multiplican a cada interpretación, de sutiles y profundos matices, de paradojas, culta y callejera, multipolar en fin. Se podría decir que se trata de un género movedizo y desconcertante, que aborda con ironía y humor los aspectos más ásperos de la realidad y cuyo resultado es insólito. Aparentemente son frívolas, superficiales, sin embargo, cada uno de estos pequeños enunciados llegan a tocarnos las entrañas ante lo inquietante y grotesco de la realidad.

En palabras del propio Gómez de la Serna:
"Desde 1910 -hace cincuenta años- me dedico a la greguería, que nació aquel día de escepticismo y cansancio en que cogí todos los ingredientes de mi laboratorio, frasco por frasco, y los mezclé, surgiendo de su precipitado, depuración y disolución radical, la greguería. Desde entonces, la greguería es para mí la flor de todo lo que queda, lo que vive, lo que resiste más al descreimiento."
(Del Prólogo a "Greguerías: 1910-1960", Austral, 1960.)

Si todavía no las conocen, descúbranlas. Si ya las han leído, repásenlas. Porque merece la pena, porque en ellas encontramos todo, porque no han perdido ni pizca de actualidad.
Aquí les dejo algunas para abrir boca:

Si vais a la felicidad llevad sombrilla.

La mujer se limpia con un pañuelito muy chico los grandes dolores y los grandes catarros.

Un tornillo entre los clavos siempre se equivoca.

Los recuerdos encogen como las camisetas.

El lápiz sólo escribe sombras de palabras.

El reloj no existe en las horas felices.

Todos quisieran dos hígados para quejarse de los dos.

Al limpiar con el pañuelo las gafas parece que sus cristales hubiesen llorado ante el espectáculo de la vida.

Sinceridad: palabra sospechosa que comienza negando lo que es.

Nuestros gusanos no serán mariposas.

(Ramón Gómez de la Serna)

CDR

3 comentarios:

  1. Magnífico recuerdo de Gómez de la Serna; precisamente estos días leo, Antología del microrrelato español (1906-2011), Cátedra, y aquí aparece como uno de los primeros autores de este singular género hoy muy extendido (junto a Juan Ramón Jiménez, Bergamín, Moreno Villa....) Una mente prodigiosa y un deleite por su ingenio.
    PMD

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  2. Me gustan todas pero hoy me quedo con: El reloj no existe en las horas felices.
    Quizá, otro día, hubiese elegido otra.
    Tati.

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    1. Lo genial es que encontraríamos una para cada día, dependiendo de nuestro estado de ánimo y de las circunstancias. La que has elegido hoy es preciosa.
      CDR

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