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miércoles, 15 de agosto de 2012

DON Y COMPAÑÍA

Don es un perro muy afortunado, porque aunque sus primeros amos lo abandonaron con tan solo cinco meses, otra familia lo adoptó cuando lo encontró por la calle. Pero no todos los animales tienen la misma suerte que Don. El destino de la mayoría es bastante negro. O mueren atropellados, o acaban sucumbiendo al hambre, o son martirizados por niños sin conciencia y con un equivocado sentido de la diversión, o terminan en una protectora, en el mejor de los casos, donde al menos los cuidan y atienden como pueden. Porque ese no es el negocio del siglo. Personas muy voluntariosas y comprometidas, sin afán alguno de lucro, sacan adelante a estos pobres inocentes prácticamente sin medios.

Y eso si son abandonados. Ya que hay otros muchos que, peor todavía, son maltratados por sus dueños. Quizás no sabían que un animal supone una obligación así como un gasto y descargan sobre ellos su mala leche cuando no les dejan dormir una noche, o tienen que ponerles una vacuna, o pagar la factura del pienso, por ejemplo. Porque no hablo solo de perros y gatos, sino también de caballos y otros animales, digamos de lujo, que son comprados en época de bonanza, por mero capricho, para después abocarlos a una vida de penalidades. Sin olvidarnos de los galgos, inútiles ya tras la temporada de caza, que son ahorcados en el monte, apaleados o abandonados, o las crueles peleas de gallos, perros y otros. Y qué me dicen del uso de vaquillas y toros en las fiestas populares, o del tráfico ilegal, o de las masacres que se practican con algunas especies cuyos atributos son codiciados en el mercado negro, temas que habrían de ser tratados aparte por su magnitud. ¿De veras el ser humano es racional?

Los datos hablan por sí solos, pero ¿quién los conoce? Las imágenes de malos tratos espeluznan por su crueldad y dureza, pero ¿se denuncian estos hechos? No todos los problemas de la sociedad pueden considerarse al mismo nivel ni estar en primera plana cada día, aunque debiéramos ser conscientes de lo que ocurre y, sobre todo, no mirar para otro lado. Hasta el momento, no se nos obliga a tener animales domésticos, ni de granja, ni exóticos, ni de ningún tipo. Por tanto, seamos responsables y tomemos decisiones coherentes y sopesadas, no a la ligera, sin pensar en las consecuencias. Porque los animales son seres vivos también y no tienen culpa de nuestras veleidades.

Don enamoró a sus nuevos dueños con sus ojillos lastimeros y su porte gracioso y desgarbado. Fue como un regalo, como si hubiera estado esperándolos para mejorar su vida. Pero ellos son conscientes de lo que supone, de que tendrán que invertir tiempo y dinero en ese cachorro, de que pronto se convertirá en un perro más grande, de que tendrán que sacarlo a pasear todos los días varias veces, haga frío o calor, de que a partir de ahora lo deberán de tener en cuenta para planificar sus vacaciones. Un gran cambio. Don no sabe que conlleva todo este jaleo, es solo un perro. Sin embargo, para él estas personas son ya las más importantes de su mundo y no se merece que lo traicionen una vez más. Él nunca los traicionaría. Y no les guarda rencor por lo que otros le hayan hecho.

A este respecto:

"La verdadera bondad del hombre sólo puede manifestarse con absoluta limpieza y libertad en relación con quien no representa fuerza alguna. La verdadera prueba de la moralidad de la humanidad, la más honda (situada a tal profundidad que escapa a nuestra percepción), radica en su relación con aquellos que están a su merced: los animales." Milan Kundera.

CDR

1 comentario:

  1. Sin ser muy amante de los animales me he enamorado de Don.
    Tati.

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