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miércoles, 29 de agosto de 2012

SUPERAR BARRERAS

El documental A ciegas (Blindsight), de 2006, dirigido por Lucy Walker, nos muestra todo un ejemplo de superación. El de seis adolescentes tibetanos que, siendo ciegos, aceptan el reto de escalar uno de los picos del Himalaya -el Lhakpa Ri- , de más de 7000 metros de altitud. Estos chicos son marginados en su propia cultura como si estuviesen poseídos o tuvieran que pagar por malas acciones cometidas en una vida anterior, despreciados hasta por sus familias. Sin embargo, la invidente alemana Sabriye Tenberken, fundadora de una escuela para ciegos en el Tíbet -Braille sin Fronteras-, y el montañista, también ciego, Erik Weihenmayer, ayudarán a estos jóvenes en la aventura más importante de sus vidas, la que les demostrará a ellos mismos y al mundo que se pueden superar las dificultades y llegar allá donde se propongan. Sabriye se puso en contacto con Erik después de saber que había conseguido alcanzar la cima del Everest, a pesar de su ceguera. Había leído a sus alumnos el libro del alpinista, titulado Touch the top of the world, y quiso hacerlos partícipes de ese espíritu de superación, convencerles de que podían participar de la sociedad y conseguir grandes cosas. Así surgió la expedición.

Una expedición que les hará afrontar desafíos inimaginables, como la alimentación, el mal de altura y otras enfermedades, las grietas de los glaciares y, sobre todo, caminar y escalar a ciegas en un terreno realmente peligroso, donde se juegan la vida a cada paso. Como dice uno de los integrantes, el sufrimiento te hace crear vínculos con las personas que te rodean. Una de las cosas más importantes que enseña esta película es que, afortunadamente, hay personas decididas a salir de lo preestablecido y comprometerse con causas que merecen la pena en esta vida y que no están relacionadas con el dinero, sino con algo mucho más profundo y satisfactorio. Porque además de los chicos invidentes, su monitora y el montañista estadounidense ciegos, este reto se logró gracias a todo un equipo que supo convivir durante tres meses más allá de prejuicios y estereotipos. Y por eso se alcanzó la cima. Y por eso esta historia llegó a la gran pantalla.

No supone lo mismo ser invidente en el Tíbet que en Alemania o en los Estados Unidos -moverse por una ciudad como Lhasa es un continuo sobresalto, llena de agujeros, charcos, excrementos; además de soportar las burlas de la gente de la calle- , pero en el fondo el desconcierto de que quedar ciego, la angustia primera que da paso lentamente a la confianza y a las ganas de superación y la reacción de los videntes viene a ser la misma en todo el mundo. Y aunque esta historia nos parezca lejana, lo cierto que es que no hay más que mirar a nuestro alrededor, al más próximo y cercano, para darnos cuenta de que sigue existiendo la marginación a causa de discapacidad. Es imprescindible, en pleno siglo XXI, cuando hemos alcanzado cotas impresionantes de progreso y desarrollo, luchar por la integración de estas personas y acogerlos como una parte más de nuestra sociedad. Porque si no, todo nuestro sistema no será más que una mera fachada.

Como el propio Erik Weihenmayer dice: "Perder la vista no significa perder la visión." Cuidado, no vaya a ser que nosotros, aún viendo, seamos los ciegos.

CDR

2 comentarios:

  1. ¡Qué buena pinta tiene el documental, no lo he visto, pero lo buscaré! Hermosa reflexión y, efectivamente, hay muchos ciegos.
    Pmd.

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  2. Más de "un ciego" andamos por ahí, y lo más triste es porque nos tapamos los ojos ante aquello que no nos interesa ver.
    Tati.

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