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domingo, 30 de septiembre de 2012

ADIÓS SEPTIEMBRE

Adiós al séptimo mes del calendario romano, a nuestro noveno.

Adiós al septiembre del duodécimo año del siglo XXI.

Adiós al mes de San Miguel.

Adiós al mes de algunos Virgo y Libra.

Adiós al mes crepuscular del verano, anunciador del ocre otoño.

Adiós al mes del principio de curso.

Adiós al mes de las lluvias torrenciales.

Con todo lo que nos dejas y todo lo que te llevas, septiembre, adiós.

CDR

jueves, 27 de septiembre de 2012

POR LA ALEGRÍA

Motivos para estar tristes, enfadados, cansados e incluso aborrecidos tenemos todos de sobra. No hay más que escuchar las noticias, salir a la carretera, tropezar con algunas personas por los pasillos, mirar alrededor y ver sufrir a quienes quieres. Sin embargo, debemos luchar por la alegría, buscar los motivos -que también existen- para ser felices y dejar que sobresalgan entre todos, agarrarnos a ellos fuerte, fuerte.

Por eso, por la alegría, reproduzco a continuación un poema de Mario Benedetti que lo expresa mejor de lo que yo podría hacerlo jamás:

Defender la alegría como una trinchera
defenderla del escándalo y la rutina
de la miseria y los miserables
de las ausencias transitorias
y las definitivas
defender la alegría como un principio
defenderla del pasmo y las pesadillas
de los neutrales y de los neutrones
de las dulces infamias
y los graves diagnósticos

defender la alegría como una bandera
defenderla del rayo y la melancolía
de los ingenuos y de los canallas
de la retórica y los paros cardiacos
de las endemias y las academias

defender la alegría como un destino
defenderla del fuego y de los bomberos
de los suicidas y los homicidas
de las vacaciones y del agobio
de la obligación de estar alegres

defender la alegría como una certeza
defenderla del óxido y de la roña
de la famosa pátina del tiempo
del relente y del oportunismo
de los proxenetas de la risa

defender la alegría como un derecho
defenderla de dios y del invierno
de las mayúsculas y de la muerte
de los apellidos y las lástimas
del azar
y también de la alegría.


(Defensa de la alegría)

Defendamos esta palabra tan bonita, cuya propia sonoridad expresa júbilo y regocijo. Defendamos el grato sentimiento que nos produce, a pesar de todo.

CDR

miércoles, 26 de septiembre de 2012

REFRANES

Bien conocida es la riqueza de nuestro refranero español. Estos dichos agudos y sentenciosos son de uso común aún en la actualidad, pese a la modernidad que nos caracteriza, y se siguen empleando porque recogen la sabiduría popular, se puede encontrar uno adecuado para casi todas las situaciones imaginables, y suelen aportar buenos consejos. No en vano, "decir refranes es decir verdades."

Si la más alta cumbre de nuestra literatura, El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha, lo es por numerosos motivos, entre los que se cuenta el acierto de Cervantes al reflejar la sociedad de la época y analizar el comportamiento humano, no es menos importante la utilización de incontables refranes, dichos y sentencias puestos en boca de los personajes e incluso del propio narrador. Esto constituye un valiosísimo corpus de la literatura popular castellana, así como un recurso ineludible, presente a lo largo de toda la obra.

Aunque todos los personajes gustan de este medio expresivo tan peculiar (la sobrina y el ama de don Quijote, Teresa Panza, el cura, el barbero, el bachiller Sansón Carrasco, Maritornes, el ventero, etc.), el personaje refranero por excelencia de El Quijote es Sancho Panza.

No se pretende aquí -por inabarcable- presentar una nómina completa de los refranes aparecidos en la extensa novela, sino dar una muestra que evidencie el genio cervantino:

El primero de los que aparecen, en boca de Sancho, es "Váyase el muerto a la sepultura y el vivo a la hogaza." (Cap. XIX, parte I) Los siguientes, los elegimos más alegres y distendidos. Frecuentemente, el escudero encadena varios refranes, como aquí: "a Dios rogando y con el mazo dando, y más vale un toma que dos te daré, y el pájaro en la mano que el buitre volando." (Cap. LXXI, parte II) "A otro perro con ese hueso." (Cap. XXXII, parte I) contesta el ventero al cura, que jura que nunca hubo caballeros andantes en el mundo, como asegura don Quijote. Y "¡Adóbame esos candiles!" (Cap. XLVII, parte I) le contesta Nicolás, el barbero, a Sancho Panza, a propósito de la defensa que éste hace de su amo. Muy conocida es esta sentencia que dice Sanchica a su madre, animándola a que disfrute de los privilegios de ser gobernadora: "Ándeme yo caliente y ríase la gente." (Cap. L, parte II) En alegre charla con la duquesa y sus doncella, exclama Sancho: "aunque las calzo, no las ensucio" (Cap. XXXIII, parte II), dando a entender que es comedido y moderado con la bebida. Mientras don Quijote pide a su escudero que no diga más refranes, dice él: "castígame mi madre, y yo trómpogelas" (Cap. LXVII, parte II), aludiendo al hecho de que Sancho incurre en su manía refranera sin hacerle caso. Y "Con la iglesia hemos dado, Sancho." (Cap. IX, parte II), que aunque significa haberse encontrado con algún obstáculo, en esta ocasión es literal el tropiezo. Sancho da a entender que no ha intervenido en algo diciendo "de mis viñas vengo" (Cap. XXV, parte I) y asimismo reflexiona de tal manera: "Dime con quién andas y decirte he quién eres." (Cap. X, parte II) Y le confirma a su mujer, Teresa: "El consejo de la mujer es poco, y el que no lo toma es loco." (Cap. VII, parte II) Asegura don Quijote en otra ocasión: "El que no madruga con el sol, no goza del día." (Cap. XLIII, parte II) Al caballero del verde gabán le sentencia el hidalgo: "La pluma es lengua del alma." (Cap. XVI, parte II), asociando el poder de la palabra escrita con las propiedades intelectuales del espíritu, llamado a expresarse poéticamente. Sancho, más materialista, piensa que "todos los duelos con pan son buenos" (Cap. LV, parte II) y así se lo comenta a su rucio. Y contra la costumbre de culpar al portador de malas noticias, dice el escudero: "Mensajero sois, amigo, no merecéis culpa, non." (Cap. X, parte II) Con Don Diego Miranda y su hijo, don Lorenzo, el ingenioso hidalgo reconoce: "No hay padre ni madre a quien sus hijos le parezcan feos." (Cap. XVIII, parte II) A su vez, Ginés de Pasamonte se lamenta: "Siempre las desdichas persiguen al buen genio." (Cap. XXII, parte I) Pero lo cierto es, Sancho la sabe, que "todas las cosas tienen remedio, si no es la muerte." (Cap. X, parte II) Cuando se va perdiendo la esperanza ante la enfermedad, nos aconseja Teresa Panza: "Viva la gallina aunque sea con su pepita." (Cap. V, parte II), es decir, hay que superar el sufrimiento y afrontar la existencia con buen ánimo. Sin embargo, al final don Quijote fallecerá con estas palabras: "Ya en los nidos de antaño no hay pájaros hogaño: yo fui loco, y ya soy cuerdo..." (Cap. LXXIV, parte II) Y éste es el último refrán de don Quijote, reconvertido en Alonso Quijano el Bueno, sabedor al fin de que los caballeros andantes son cosas del pasado.

No me digan que no están de actualidad todos estos dichos. Otro motivo más para que El quijote sea un clásico de nuestras letras. Y es que, como afirma Italo Calvino: "Un clásico es un libro que nunca termina de decir lo que tiene que decir." Un descubrimiento constante.

CDR

lunes, 24 de septiembre de 2012

DÍA DE SUERTE

El coche pasó por su lado a toda velocidad, sin ninguna precaución, dejándole los zapatos y buena parte de los pantalones empapados. En realidad daba lo mismo, porque la lluvia la había pillado totalmente desprevenida, no llevaba paraguas, ni calzado adecuado, llegaría al trabajo tarde y calada hasta los huesos. No se molestó en imprecar al descuidado conductor, había desaparecido de su vista en cuestión de segundos por la larga avenida.
 
Cuando llegó a la tienda, su compañera la esperaba ya refugiada en el soportal del edificio contiguo y la saludó con poca simpatía. Apenas pasaban cinco minutos de la hora de apertura, casi nunca se retrasaba, a menos que, como hoy, Javi le diese algún problema. El niño se había levantado con unas décimas de fiebre, no se encontraba bien y se negaba a ir al colegio. Mami, duele cabeza, decía con su lengua de trapo, voz nasal y ojos suplicantes. Las opciones de Lidia eran mínimas, o dejaba al niño en el cole a pesar de todo, o se quedaba en casa con su hijo y se olvidaba de su empleo. Lo cierto es que sopesó el asunto, estaba harta de su jefe, de su compañera, de sus horarios, de no poder disfrutar de Javi mientras el niño crecía entre la escuela y la compañía de la abuela. De inmediato recordó que su madre tenía visita con el cardiólogo y pasaría toda la mañana en el hospital. Dios, espero que todo vaya bien, pensó mientras salía acarreando con el niño como un peso muerto, obstinado en quedarse. Últimamente su madre andaba delicada de salud. Había tenido dos amagos de angina de pecho en poco tiempo, le estaban haciendo pruebas por si había que operarla. A Lidia se le llenaron los ojos de lágrimas ante la idea de perderla, era lo único que tenía, el muro contra el que se apoyaba para no caer desmoronada ante la adversidad de la vida. Su fuerza emanaba de su madre, por ella había tenido a Javi y por ella seguía adelante. Cuando supo que estaba embarazada tras la violación -Iván, el chico de sus sueños, que no le hacía ni caso, se aprovechó de ella y la tomó brutalmente la noche de la graduación-, su mundo se paralizó, se hundió más si cabe en el profundo hoyo en que cayó por aquel suceso. Y fue su madre quien la salvó, la rescató, la sacó a la luz y le enseñó a querer a Javi, él no tenía la culpa de nada, su niño precioso.
 
En esto pensaba mientras abría la persiana automática, encendía las luces, conectaba la calefacción y los ordenadores. Vaya pinta traes, tía, le dijo Susi con su habitual manera de tratarla. Ella la veía como un bicho raro, un hijo con veintidós años, qué fuerte. Ella soñaba con ser modelo, ese trabajo era sólo un medio para pagarse sus posados, hasta que algún agente avispado la descubriera y la lanzara a la fama, estaba convencida. Vivía por y para su cuerpo, los problemas de Lidia se le antojaban tan lejanos. En cuanto pudo, Lidia entró al baño y se secó el pelo, lo recogió en una cola, se acicaló mínimamente peinando las cejas con los dedos y aplicando brillo de labios en los labios, era el único accesorio de maquillaje que llevaba en el bolso. Se quitó la camiseta mojada y se puso la camisa de la empresa, los pantalones tendrían que secarse puestos a lo largo de la mañana. Salió dispuesta a una jornada más de trabajo, aburrido, monótono. Cuando estudiaba bachillerato, había soñado con hacer la carrera de Periodismo, estaba todo planeado, pero ya ni siquiera se presentó a la Prueba de Acceso, durante los exámenes ella estaba hospitalizada. Después, ya no quiso oír hablar del tema nunca más. Su madre la animó, diciéndole que cuando el niño fuera mayor ella aún sería joven y podría seguir estudiando. El futuro, a él se encomendaba, porque el presente ya estaba comprometido. Y no era la única que se había sacrificado, pues su madre también tuvo que dejar el trabajo para poder ayudarla, llegó un momento en que descubrieron que la ayuda moral y la disponibilidad de tiempo eran más importantes que lo económico. Así que vivían los tres de la pensión de viudedad y de su exiguo sueldo.
 
Una hora antes del cierre, su jefe se presentó en la tienda y la llamó a su despacho. Fríamente, como sólo él sabía, le dijo con total impavidez que estaba despedida, que se cerraba el negocio y no había forma de recolocarla en otro local. Tranquila, Susi corre la misma suerte que tú, y eso que está más buena. No le dio tiempo a Lidia de transmitirle con la mirada todo el odio y el desprecio que sentía por él, porque el suelo empezó a temblar a sus pies, un sonido ensordecedor precedió a una fuerte sacudida que hizo caer estanterías, sillas, ordenadores, trozos de escayola. Duró unos cuantos segundos, pero fue ese tipo de transcurso temporal que se ralentiza y se hace eterno. Lidia lo conocía, el terror, el instante congelado. Salió corriendo, entró al baño, pisando sin miramiento todo lo que había por el suelo, cogió el bolso y se marchó hacia el caos de la calle. Su único pensamiento era Javi, su madre, que estuvieran bien, por favor. Corrió y corrió, el colegio no quedaba lejos, pero era imposible transitar, gente gritando, algunos heridos en el suelo, coches parados en la calzada, escombros en las aceras. No llegó a percibir Lidia el desastre que se acababa de producir hasta que llegó a la puerta de la escuela y vio el pabellón de infantil medio derribado. El llanto se anticipó a la realidad, sus ojos avanzaron a su mente que lo peor había sucedido, su corazón amenazaba con explotar. Y entonces vio a la directora del colegio, con su hijo entre los brazos, venir hacia ella. Íbamos a llamarte para que vinieras a por él justo cuando ocurrió. Algunos niños... La mujer no pudo seguir hablando, en parte por la confusión, en parte por la emoción, sobre todo porque Lidia le arrancó a Javi de los brazos y le daba igual la fiebre o los vómitos de esa mañana, porque su hijo estaba vivo. Preocupada por posibles réplicas, la directora le dijo que se fueran a casa y entró al colegio a seguir al frente de la delicada situación. Javi le preguntó por la abuela entre hipidos y Lidia se dio cuenta de que por unos instantes se había olvidado de ella. Cogió el móvil mientras intentaban hacer el camino de vuelta y dio a la marcación automática. Los tonos se sucedían y no había respuesta. Se cortó la línea, vuelva a intentarlo más tarde. Poco después sonó, Lidia ni siquiera miró la pantalla, mecánicamente contestó ¿mamá? Sí, hija, ¿estáis bien? ¿Y tú? Sí.

Todos bien. En ese momento comprendió que ese había sido su día de suerte.
 
CDR 

domingo, 23 de septiembre de 2012

BÁLSAMOS

La sustancia aromática, líquida y casi transparente que se obtiene de ciertos árboles por incisión, que va espesándose y tomando color a medida que, por la acción atmosférica, los aceites esenciales que contiene se transforman en resina y en ácidos curativos, nos sirve de alivio a las heridas, llagas y (figuradamente, pero más importante si cabe) consuelo para dolores del alma y aflicciones.

He aquí algunos de los bálsamos que hacen mi vida más llevadera:

Untar mis labios agrietados con manteca de karité al volver de un día helador fuera de casa.

Suavizar mis manos con crema hidratante antes de acostarme.

Regalarme con un masaje corporal de aceite perfumado después de la ducha.

Leer un libro para desconectar del mundo real.

Beber un buen vino en buena compañía.

Un abrazo apretado lleno de energía y fuerza.

Una caricia tranquilizadora.

Unas palabras sinceras para templar mi ánimo.

Una sonrisa cómplice que arranca la mía sin remedio.

(...)

Sin duda, los más valiosos para mí son aquellos que me ofrecen las personas que me rodean y, demostrándome su cariño, me apoyan en los momentos difíciles.

Conclusión: Los mejores bálsamos no necesitan prescripción médica, pueden usarse sin moderación, no tienen efectos secundarios y la mejoría es notable desde la primera aplicación.

CDR

viernes, 21 de septiembre de 2012

MUJERES: EDUCADORA APASIONADA

Es difícil denominar a una mujer de tan altas capacidades y tan elevada humanidad como la que hoy nos ocupa, pues Maria Montessori (1870-1952) empezó a los catorce años los estudios de Ingeniería, poco después inició Biología y finalmente fue aceptada en la facultad de Medicina. Llegó a ser miembro de la Clínica Psiquiátrica Universitaria de Roma. Más tarde estudió Psicología, Antropología, y se doctoró en Filosofía. Además, dedicó por entero su vida a la educación de niños "ineducables" para la sociedad, tras trabajar con chicos considerados mentalmente perturbados. Cuando hace poco más de sesenta años de su muerte, le rendimos aquí homenaje por su magnífica e inconmensurable labor.

Maria Montessori nació en Chiaravalle (Italia), el 31 de agosto de 1870, en el seno de una familia burguesa católica. Su padre, militar de formación, era un hombre muy estricto, aunque reconocía el derecho a educación de la mujer. Sin embargo, las aptitudes y el entusiasmo de su hija se le escaparon de las manos, siendo la primera mujer médico que se graduó en el país, a pesar de la oposición paterna. Nunca dejó de estudiar ni de cultivarse. Contemporánea de Freud, desarrolló su propia clasificación de las enfermedades mentales.

De un desafortunado romance con el psiquiatra y profesor suyo Giuseppe Montesano, nació su hijo Mario. La profunda desilusión que le provocó el abandono, la hizo afiliarse al movimiento feminista, del que llegará a ser representante por su país en los congresos de Berlín (1896) y de Londres (1899)  En estos encuentros habló de las repercusiones sociales de la precaria situación de mujeres y niños. También participó en un curso a maestras en Turín (1898), donde expuso la importancia de la educación a los niños deficientes mentales y la relación entre el abandono infantil y el posterior desarrollo de la delincuencia. Estas ponencias dieron lugar a la creación de una escuela que ella misma dirigió durante varios años. Poco después, constituyó la Casa de los Niños, donde desarrolla su teoría personal sobre la educación. En esos años (primera década del s. XX) recorrió el país dando conferencias sobre ello; acudían cientos de personas impresionadas por los resultados tan positivos que conseguía. 

En 1926, se funda la Real Escuela del Método Montessori, y a partir de ese momento se multiplican en Italia las escuelas y los centros que aplican este sistema. Aunque el régimen de Mussolini la apoyó e incluso la distinguió como miembro honorario, en una ocasión ella lo acusó públicamente de formar a la juventud según sus moldes brutales. La sucesión de opiniones contrarias al régimen hicieron que finalmente tuviera que exiliarse, al ser clausuradas sus escuelas. En 1933 se fue a Barcelona, aunque poco tiempo después se instaló en Holanda con su esposo y su hijo. Regresó a Italia en 1947 para reorganizar las escuelas y reanudar sus clases en la Universidad de Roma.

Maria Montessori se ocupó de la educación de niños deficientes mentales, aplicando métodos experimentales con los que conseguía que aprendieran a leer y a escribir. Posteriormente, fue poniendo en práctica este sistema con toda clase de niños, para llegar a la conclusión de que los niños se construyen a sí mismos, a partir de elementos del ambiente. Según Montessori, para aprender los niños necesitan libertad y multiplicidad de opciones entre las que escoger. Su objetivo vital se convirtió en reformar la metodología psicológica de la educación. Ella creó un material didáctico específico, que constituye el eje fundamental para la aplicación de su método. Se trata de un material destinado a captar la curiosidad del niño y guiarlo por el deseo de aprender. Los cuatro grados que se trabajan son: funcional, experimental, de estructuración y de relación. Otra característica es que las actividades son autocorrectivas, es decir, el niño no puede hacer algo mal sin darse cuenta de ello, pues el fallo dejará un vacío o sobrará alguna pieza. En resumen, Maria Montessori pensaba que al niño hay que trasmitirle el sentimiento de ser capaz de actuar sin depender constantemente del adulto, para que con el tiempo sea curioso y creativo, y aprenda a pensar por sí mismo. En sus propias palabras: "Nadie puede ser libre a menos que sea independiente; por lo tanto, las primeras manifestaciones activas de libertad individual del niño deben ser guiadas de tal manera que a través de esa actividad el niño pueda estar en condiciones para llegar a la independencia."

En 1949 se asentó definitivamente en Amsterdam y ese mismo año publicó su libro The Absorbent Mind. Dos años más tarde fue nombrada Doctora Honoris Causa por la Universidad de Amsterdam. En 1952, falleció Maria Montessori, a los ochenta y dos años de edad. Sin embargo, en la actualidad su pensamiento sigue presente en muchas escuelas de todo el mundo (llamadas "escuelas libres"), que aplican su fórmula educativa.

Otra mujer extraordinaria cuya vida y trabajo son, sin duda, dignos de conocer y, por qué no, de adoptar.

CDR

miércoles, 19 de septiembre de 2012

PALABRAS ENCENDIDAS (V)

Ya refresca por las mañanas y por las noches, pero durante el día el calor sigue sin darnos tregua. Continuamos también desde aquí avivando las llamas con un recorrido por la literatura erótica del siglo XVII, Barroco por excelencia.

No es posible empezar por otro autor que no sea don Francisco de Quevedo (1580-1645), único en el tratamiento de lo erótico. Aunque escribió también algunos de los poemas amorosos más bellos de la poesía española, su tratamiento humorístico y satírico de lo obsceno es sobresaliente. Maestro de la procacidad, Quevedo nos deja en sus versos desmitificaciones de los dioses mitológicos ensalzados por los clásicos o algunas de las mejores descripciones que hace la literatura de la unión sexual. "Alzó Venus las faldas por un lado, / de que el herrero súcio enternecido / por el botín que descubierto vido / quiso subir hasta lo más cerrado. / Arrojó las tenazas denodado / lleno de tizne y del hollín vestido, / tentó la hornaza do formó á Cupido, / y echó las bragas y el mandil al lado. / (...)" (Soneto VIII, Alzó Venus las faldas por un lado.) O: "Los brazos de Damon y Galatea / nueva Troya torciéndose formaban, / que yo lo ví viniendo de el aldea: / Sus bocas se abrasaban, / y las lenguas trocaban, / en besos á las tórtolas vencían, / las palabras y alientos se bebían / y en suspiros las almas retocaban. / Mas él estremeciéndose decía: / Yo muero, vida mía: / Y ella, vueltos los ojos, le mostraba / en su color lo mismo que le daba. / (...)" (Madrigal I, "Pinta ejecuciones de amantes") O también: "Primero es besalla y abrazalla / y con besos un poco entretenella; / primero provocalla y encendella / para que entre con brío en la batalla. / Primero es el por fuerza aregazalla, / metiendo piernas entre piernas della; / primero es acabar esto con ella, / después viene el deleyte de gozalla. / (...)"

Eterno enemigo del anterior y constante competidor, Luis de Góngora y Argote (1561-1627) escribió igualmente versos que caben en este repaso erótico. Si bien es más conocida su poesía culta, las letrillas y otras composiciones menores no tienen despercidio. "Decidme, dama graciosa: / ¿qué es cosa y cosa? / Decid, ¿qué es aquello tieso / con dos limones al cabo, / barbado a guisa de nabo, / blanco y duro como un hueso? / De corajudo y travieso, / lloraba leche sabrosa. / ¿Qué es cosa y cosa? / (...)" O: "Soy toquera y vendo tocas / y tengo mi cofre donde las otras. / Es chico y bien encorado / y le abre cualquier llave, / con tal que primero pague, / el que abriere el tocado: / que yo no vendo fiado / como otras toqueras locas. / Lo que más todos le alaban / es que no consiente clavo, / que los hinca hasta el cabo, / y al momento se desclavan."

Y como no hay dos sin tres, incluimos al atolondrado Lope de Vega (1562-1635), cuya vida dio, sin duda, para escribir algunos versos encendidos: "Cuando se muestra el lucero / viene de campo mi esposo, / de su cena deseoso; / siéntele el alma primero / y salgo a abrirle la puerta, / arrojando el almohadilla; / que siempre tengo en la silla / quien mis labores concierta. / El de las mulas se arroja, / y yo me arrojo en sus brazos; / tal vez de nuestros abrazos / la bestia hambrienta se enoja, / (...) Revuélvela en el pesebre / y allí me vuelve a abrazar; / que no hay tan bajo lugar / que el amor no lo celebre." (Fragmento de "El comendador de Ocaña")

Aparte de esta terna, mencionamos también a Alonso Gerónimo de Salas Barbadillo (1581-1635), quien con La hija de la Celestina se muestra como un autor hipersatírico, de una ironía corrosiva e inquietante. Su enfoque del erotismo es de tristeza, como si fuese una lacra más de la sociedad del momento. Elena, hija de Celestina, es una prostituta cuyas andanzas nos narra el madrileño. Algunos pasajes: "Tres veces fui vendida por virgen. La primera fue a un eclesiástico rico. La segunda a un señor de título. La tercera a un ginovés, que pagó mejor y comió peor. Este fue el galán más asistente que tuve: porque mi madre envió un día, valiéndose de sus buenas artes, en un regalo que le presentó, bastante pimienta, para que se picase de mi amor toda su vida; andaba el hombre loco, y tanto, que habiendo destruido con nosotras toda su hacienda, murió en una cárcel habrá pocos días, preso por deudas." "El señor, el amado esposo, no faltaba a lo capitulado: antes con su mucha modestia animaba a los amantes cobardes que se atreviesen, y los traía de la mano hasta dejallos sentados con su mujer en el mismo estrado. Procuraba arrimarse siempre al lado de hombres de sustancia, más en la bolsa que en el ingenio..."

Viajamos ahora hasta Francia para encontrarnos con las Fábulas libertinas de Jean de La Fontaine (1621-1695), que siendo seguidor de Esopo y Fedro con sus fábulas para niños, cultivó también el género licenciosamente. Estos cuentos, publicados en cuatro series entre 1665 y 1675, fueron prohibidos en su país por deshonestidad, corrupción de las buenas costumbres e incitación al libertinaje, aunque siguieron circulando clandestinamente por toda Europa gracias a las reediciones que se realizaron en Amsterdam. En realidad, La Fontaine no cae nunca en la chocarrería, sino que sus fábulas son sutiles y se desarrollan en un continuo eufemismo que sólo al final revela su fuerza erótica. "Alcibiades y Axioco, compañeros / de cuerpo juvenil, bello y fornido, / concertaron sus ansias y pusieron / semillas de su amor en igual nido. / Sucedió que uno de ellos, diligente, / trabajó tanto a la sin par doncella, / que una niña nació, niña tan bella, / que los dos se jactaban igualmente / de ser el padre de ella. / Cuando ya fue mujer y rozagante, / pudo seguir la escuela de su madre. / Al par los dos quisieron ser su amante, / ninguno de ellos quiso ser su padre. / Ah, hermano, dijo el uno, a fe os digo / que es de vuestras facciones un dechado. / ¡Error!, el otro dijo: es vuestra, amigo; / dejadme a mí cargar con el pecado." (Fábula I, "Los dos amigos") 

Nos detenemos también en Portugal, porque Mariana de Alcoforado (1640-1723) es la autora de Cartas de amor de una monja portuguesa, cinco misivas amorosas que la religiosa escribió al marqués Noel Bouton de Chamilly, de quien se enamoró perdidamente. El noble, que llegaría a mariscal de Francia, se convirtió en el amante de la joven, pero atosigado y desbordado por un amor impetuoso, fruto tal vez de la falta de experiencia de Mariana -recluida en un convento a los dieciséis años-, acabó abandonándola. Aunque se duda de la autoría de la religiosa, lo cierto es que aquí nos interesa su contenido, testimonio sangrante de la pasión amorosa. "Muero de terror al pensar que nunca sentiste de veras el íntimo deliquio de nuestros goces. ¡Ay, sí! Ahora conozco la falsía de todos tus transportes. Me traicionabas cuantas veces decías que tu supremo encanto era estar a solas conmigo. Sólo a importunidades debes tus éxtasis y tus raptos."

Parada obligada también en Inglaterra, para recordar a Daniel Defoe (1660-1731) y su Moll Flanders, la historia de una mujer hermosa obligada a prostituirse debido a su precariedad económica. La fuerza del dinero es tal que a ella se amoldan el sexo y los sentimientos. Sin embargo, el autor dota a la obra de cierta ternura, indagando en el interior de la protagonista, rebajando el nivel de cinismo que producen las crueldades que sufre Flanders. Finalmente, el sexo no genera culpa en la mujer, que acepta a todos sus "amantes"a lo largo de su vida. El erotismo, en definitiva, se despoja de burlas o moralismo, porque ni siquiera los engaños rebajan a quien los padece. "Nos levantamos y, sin dejar de besarme, nos tumbamos en la cama otra vez. La pasión se apoderó de los dos. La decencia no permite que refiera aquí lo que sucedió, sin que yo lo evitara y sin que él dejara de hacerme ofrecimientos. Pero la verdad es que no llegó a exigir de mí el máximo favor. Lo mismo sucedió en otras ocasiones en que estuvimos juntos: se estaba un buen rato conmigo y al marcharse me llenaba de dinero..."

Y, sabiendo como siempre que hemos dejado cosas en el camino, acabamos en China. Allí tenemos Jou Pu Tuan, de Li Yü (1611-1680) Es ésta una novela especial en la historia de la literatura erótica, pues lo que pretende finalmente es el ascetismo. Su autor publicó la obra con veintitrés años. El protagonista de la novela -aficionado a los placeres de alcoba, llamado Estudiante Antes de Medianoche- busca su realización a través del sexo. Para poder entregarse por completo a sus apetitos, el joven se implanta trozos del miembro de un perro y dotado así de una desproporcionada potencia, se da al libertinaje feroz. Un sabio ermitaño prescribe a Antes de Medianoche que encontrará su camino en jou pu tuan ("la esterilla de oraciones de carne") Tras una alocada vida, en que abandona a su esposa y seduce a cuanta mujer se le pone por delante, comienza la caída con el suicidio de una prostituta que resulta ser su primera compañera. El Estudiante acude entonces a Cumbre Solitaria (el ermitaño) y, después de castrarse, inicia una vida de oración y penitencia. Así, el desengaño erótico lleva a la espiritualidad. "Y continuó embistiendo hasta que el cielo y la tierra sintieron terror y amenazaron con perder el equilibrio. Los gritos ahogados de ella de "queridísimo" y "oh, me muero" se volvieron más frecuentes y la hierba y los matorrales alrededor de su portal se humedecieron con el rocío del placer."

Nos adentraremos el próximo día en el siglo XVIII, pero no puedo cerrar esta entrada sin citar a Miguel de Cervantes, que además de ser un maestro en la pintura de los bajos fondos- como se demuestra en Rinconete y Cortadillo-, nos deja en su Quijote también algunos pasajes dignos de figurar aquí: "Suspendióles la blancura y belleza de los pies, pareciéndoles que no estaban hechos a pisar terrones, ni a andar tras el arado y los bueyes, como mostraba el hábito de su dueño; y así viendo que no habían sido sentidos, el cura, que iba delante, hizo señas a los otros que se agazapasen o escondiesen detrás de unos pedazos de peña que allí había. Así lo hicieron todos, mirando con atención lo que el mozo hacía, el cual traía puesto un capotillo pardo de dos aldas, muy ceñido al cuerpo con una toalla blanca. Traía asímismo unos calzones y polaina levantadas hasta la mitad de la pierna, que sin duda alguna de blanco alabastro parecía. Acabóse de lavar los hermosos pies, y luego con un paño de tocar que sacó debajo de la montera se los limpió, y al querer quitársele alzó el rostro y tuvieron lugar los que mirándole estaban de ver una hermosura incomparable, tal que Cardenio dijo al cura con voz baja: "Esta, ya que no es Luscinda, no es persona humana, sino divina". El mozo se quitó la montera, y sacudiendo la cabeza a una y otra parte se comenzaron a descoger y desparcir unos cabellos que pudieran los del sol tenerles envidia. Con esto conocieron que el que parecía labrador era mujer, y delicada, y aun la más hermosa que hasta entonces los ojos de los dos habían visto, y aun los de Cardenio, si no hubieran mirado y conocido a Luscinda, que después afirmó que sóla la belleza de Luscinda podía contender con aquella. Los luengos y rubios cabellos, no sólo le cubrieron las espaldas, mas toda en torno la escondieron debajo de ellos, que si no eran los pies, ninguna otra cosa de su cuerpo se parecía: tales y tantos eran. En esto les sirvió de peine unas manos, que si los pies en el agua habían parecido de pedazos de cristal, las manos en los cabellos semejaban pedazos de apretada nieve: todo lo cual en más admiración y en más deseo de saber quién era ponía a los tres que la miraban." (Cap. XXVIII)

Prometidos más voyeurismo y provocación.

CDR

lunes, 17 de septiembre de 2012

PISTOLETAZO DE SALIDA

Preparados, listos, ya. Suena el timbre de las ocho, representa el pistoletazo de salida para el inicio del nuevo curso.

Los pasillos se llenan de niños, chicos, mayores, profesores, que en pocos minutos deben ocupar sus aulas. Ahora somos menos docentes pero más alumnos en la clase.

Sin embargo, esto ni nada nos amilana, entramos con fuerzas renovadas y ganas a estrenar para que estas personas de cuya formación vamos a ocuparnos en los próximos nueve meses no noten que estamos desencantados, agotados y aburridos por la situación. Aulas masificadas, falta de medios y recursos, desprestigio de la profesión, injusticias. Ellos no deben verse afectados por nuestros problemas, es lo menos que podemos hacer, y dar las clases con nuestra mejor disposición.

Empezamos, pues, esta carrera de fondo en la que encontraremos numerosos obstáculos, nos pondrán la zancadilla y hasta creeremos a veces desfallecer. Pero no podemos abandonar, la meta es insoslayable. El premio a la llegada no es otro que la satisfacción personal del trabajo bien hecho.

Nuestros alumnos se lo merecen. Además, vale la pena, a pesar de todo.

Para todos mis compañeros y amigos docentes (y para mí misma, mucho) mucho ánimo.




"Lo maravilloso de aprender algo es que nadie puede arrebatárnoslo." (B.B. King)

CDR

domingo, 16 de septiembre de 2012

EL MAR, LA MAR

El mar. La mar.
El mar. ¡Sólo la mar!

(...)

Tan bello, tan inmenso, tan impresionante.

El mar en que nos bañamos alegremente en verano, en el que los pescadores buscan su sustento, el que contemplamos plácidamente una clara mañana de invierno, cuyo sonido escuchamos, su ir y venir de olas, nos dejamos mecer por su vaivén. Mar en bonanza.

Pero también el mar de las tormentas, desafiante, el mar que se traga los pesqueros, las pateras, tantos sueños. Mar de fondo, alta mar, mar arbolada, resaca. Un mar de lágrimas.

La mar de los poetas en sus versos, la mar de los enamorados, la mar de los pintores en sus lienzos, la mar de los que anhelan aventuras. Hacerse a la mar. Lobo de mar.
La mar de besos, dulces besos al atardecer, mientras el sol diluye en el mar su reflejo.

(...)

¿Por qué me trajiste, padre,
a la ciudad?

¿Por qué me desenterraste
del mar?

En sueños, la marejada
me tira del corazón.
Se lo quisiera llevar.

Padre, ¿por qué me trajiste
acá?

Rafael Alberti.  (1924)

CDR

sábado, 15 de septiembre de 2012

ENCUENTROS

Los encuentros van supeditando continuamente nuestra vida, para bien o para mal. Hagamos un repaso de cuáles pueden ser:

Coincidir con alguien en un mismo lugar y momento. Todos recordaremos algún encuentro afortunado así como desafortunado a lo largo de la existencia, y los que nos quedan.

Oponerse dos ideas y por tanto, chocar. Encuentro bastante desagradable si ninguna parte cede, o bien si siempre ha de ceder la misma.

Entrevista que se produce entre dos o más personas para preparar o resolver un asunto. Este encuentro puede a su vez contener el anterior.

Hallar algo que habíamos perdido o que aún no habíamos descubierto. El primero nos llenará de alegría, el otro dependerá de la suerte.

Choque de las tropas combatientes con sus enemigos. Desgraciadamente, este tipo de encuentro se sigue dando en la actualidad.

Topetazo que se produce entre animales cornudos. Figuradamente también sirve a veces para nuestra especie.

Competición deportiva. Para algunos, los encuentros más importantes de su vida, o al menos de su carrera profesional. Los aficionados también disfrutan de ellos, a su nivel.

Reunión de diferentes grupos por una misma afinidad o por un motivo señalado. La de vecinos de la escalera, la de padres en el colegio, las convivencias religiosas, etc.

En Semana Santa, Jesucristo y su Santa Madre se encuentran en una plaza. Hay quien no puede pasar sin acudir fervorosamente a este acto cada año.

Concurrencia de dos naipes o puntos iguales en algunos juegos de cartas y dados. Según lo que se apueste, también este encuentro puede ser un golpe de suerte o una desgracia. Si es por pasar el rato, simplemente nos dejará una satisfacción efímera. En el juego del billar, se llama encuentro al lance en que la carambola se produce por retruque. Ni idea, pero quizá ahora tendremos que ir familiarizándonos con este vocabulario por si viajamos a Madrid con los bolsillos llenos.

En anatomía, encuentro es la concavidad que forma el arranque del brazo con el cuerpo, es decir, el sobaco. Muy importante igualmente el estado de esos encuentros para nuestra felicidad o infelicidad cuando estamos en un sitio público lleno de gente.

Encuentro en la tercera fase. El menos común de todos los enumerados. ¿O no?

CDR

viernes, 14 de septiembre de 2012

MUJERES: PIANISTA VIRTUOSA

Ayer se cumplieron ciento noventa y tres años del nacimiento en Leipzig (Alemania) de la pianista y compositora Clara Josephine Wieck, conocida después por el apellido de Schumann -tomado de su marido Robert.- A ella dedicamos, pues, el homenaje de hoy.

Clara fue hija del profesor de piano Friedich Wieck y de la soprano y pianista Marianne Tromlitz. Al principio, los padres creían que la niña era sorda, pues tardó mucho en empezar a hablar. Y es que en la casa había mucho ambiente musical, pero poco cariño. La madre se llevó a Clara a los cuatro años y a su hermano pequeño, abandonando el hogar. Más tarde, Wieck consiguió la custodia, Marianne se volvió a casar y tuvo poca relación con su hija. El padre pensó para ella una vida de concertista y se preocupó de que su formación fuese completa y de calidad, además de inculcarle una férrea disciplina y de actuar como agente para conseguirle presentaciones en Europa. Clara dio su primer concierto a los once años y en 1831 se fue de gira por París, con bastante éxito. Ese mismo año apareció en Alemania la obra Cuatro polonesas para piano y en 1837 se publicó un concierto para piano, ambos compuestos por la joven Clara.

Al que sería su marido, Robert Schumann, lo conoció Clara en su propia casa,  pues el chico, nueve años mayor que ella, se inclinaba por la composición y quería ser concertista, por lo que acudía a las clases que impartía Fredich Wieck. Con el tiempo, Robert Schumann llegaría a ser uno de los compositores más destacados del Romanticismo alemán. Los jóvenes, a pesar de la diferencia de edad, consolidaron una cálida amistad que se transformó en amor. A los dieciocho años de Clara, la pareja pidió permiso a Friedich Wieck para casarse, pero éste se negó por considerar a Schumann un mal partido para su hija, ya que era bebedor, con tendencias depresivas y con un considerable historial de fracasos sentimentales. Dos años después, ambos se fugaron y se casaron antes de cumplir ella la mayoría de edad, lo que desencadenó una ardua batalla legal y quebró la relación de Clara con su padre. Ella ya contaba con el suficiente reconocimiento para seguir su carrera y Schumann tenía también un talento innegable.

En aquella época era común que los músicos interpretasen sus propias piezas, pero Robert se lisió una mano y nunca pudo convertirse en pianista, por lo que era Clara quien tocaba las obras de su marido en público. Él se dedicó de pleno a la composición y a la crítica musical. En la mayoría de las obras de Robert aparecen referencias a Clara, la amaba profundamente y era correspondido. Compartieron la vida y la música, algo fundamental para ellos, escribieron piezas en conjunto y en una ocasión él publicó algunas en secreto para darle una sorpresa en su aniversario (de las doce canciones del Op. 37 de Robert Schumann, tres son de Clara.)

A Clara siempre le había gustado escribir, heredó de su padre este hábito y acostumbraba a llevar un diario, donde apuntaba las lecciones de música y otras impresiones personales. Robert, que también había tenido aspiraciones literarias, se sumó a esta costumbre y a partir de la boda, ambos llevaron conjuntamente un diario (abarca unos siete años) que hoy es fundamental para entender su relación y su obra.

La amistad con Johannes Brahms a partir de 1849 fue muy importante en la vida de Clara. También distinguidas personalidades de la época, como Chopin, Mendelssohn o el escritor Goethe, la admiraron por su talento y virtuosismo.

Sin embargo, esta niña prodigio no llegó a alcanzar las cotas de éxito a las que podría haber llegado de no ser mujer, o de no haber vivido en la era que le tocó, o de no haber amado tanto a su marido, o de no haber tenido ocho hijos. Las obras que compuso son célebres, pero compuso poco, a pesar de su evidente capacidad. En su diario manifiesta que aunque creía tener talento creativo, una mujer no debía tener esa clase de aspiraciones. Pese a esto, Clara fue una mujer fuera de serie en muchos aspectos, pues ella nunca abandonó la música -como sí hacían otras niñas prodigio en cuanto se hacían adultas y se casaban, dedicándose exclusivamente al hogar y a la familia-, dirigió la edición de las obras de su marido, retomó las giras al enfermar Robert (lo que supuso fricciones en la relación) y fue profesora en el Conservatorio de Frankfurt desde 1872 a 1892, tras la muerte de él. Ella misma se retiró de los escenarios en 1890 por su delicada salud. Además, Clara sufrió mucho a lo largo de su vida, con la separación de sus padres, la muerte prematura de cuatro de sus hijos, los intentos de suicidio y posterior fallecimiento de su marido.

Clara Schumann fue una mujer valiente que luchó por sus sueños y supo también afrontar la vida cuando llegaron los sinsabores. Se dedicó a su marido, a sus hijos, a la música en cuerpo y alma. Hasta pocos años antes de su muerte, Clara siguió trabajando para sacar adelante a su familia. Donde iba era recibida con los mayores honores, pues era considerada al mismo nivel que otros músicos virtuosos. Una mujer que, a pesar de su grandeza, siempre fue insegura de sí misma, de su talento, de su belleza. Pero siempre siguió adelante con energía y empuje. Goethe dijo de ella: "Clara es fuerte y enérgica, de una fuerza secreta e invencible."

En su lecho de muerte, su nieto Ferdinand interpretó para ella una obra de Schumann, la última música que escuchó. Clara falleció a los setenta y siete años el 20 de mayo de 1896, Brahms se ocupó de su funeral.

CDR

jueves, 13 de septiembre de 2012

LEYES

Lo malo que tienen las leyes es que las crean los hombres. Por tanto, no son objetivas y están sujetas a modificaciones según el legislador de turno, lo cual a veces da lugar a paradojas. Porque si una cosa hoy está prohibida, ¿puede mañana ser legal? Sí, todo es posible.

Un ejemplo. Despejada ya la incógnita de dónde se ubicará el maravilloso proyecto Euro Vegas que creará miles de empleos, ahora nos queda el aspecto legal. Sobre esto nos ilustró hace unos días la señora presidenta de la Comunidad de Madrid, diciendo que se cambiaría lo que fuese necesario cambiar para que el complejo lúdico no supusiese problemas legales. Es decir, no se va ajustar el macrocasino a la legislación vigente en nuestro país, sino que lo que actualmente es ilícito estará después autorizado en aras de un dudoso plan de recuperación económica. Ya no es sólo que, una vez más, España ceda a condiciones extranjeras (si una empresa española se asienta en otro país, ¿impone sus propios requisitos?), sino además que se incurre en una falta de moral y ética importante al variar las leyes que supuestamente iban en consonancia con la justicia y por el bien de los ciudadanos, imagino que por eso estarían aprobadas.

Otro ejemplo. Afortunadamente esto no pasa sólo en España, lo de cambiar leyes digo -lo de bajarse los pantalones ya es más autóctono-, porque en Argentina también ocurre. La elegante Cristina Fernández de Kirchner anunciaba anteayer su propósito de modificar el reglamento actual para que los jóvenes puedan votar a partir de los dieciséis años. La poderosa razón de este cambio es que están en juego dos millones de votos de ese sector de la población. Si hasta ahora no se había votado a esta edad sería porque se consideraba todavía incapaces a los adolescentes de discernir entre las diferentes opciones. De la noche a la mañana resulta que sí lo son.

No es que me parezca mal que se cambien las leyes si es preciso, efectivamente éstas deben adaptarse a la realidad y a las necesidades de cada momento -siempre en pro de la igualdad, la justicia y el beneficio de los gobernados-, ni me manifiesto en contra de Euro Vegas, ni digo que los jóvenes no sean aptos para elegir a sus representantes. Esta entrada no va de eso; se trata de que resulta lamentable que nuestros (sus, los) políticos aprueben y desaprueben leyes a su antojo sin más motivos que electoralistas, pecuniarios u otros de esa misma índole inmoral.

CDR

miércoles, 12 de septiembre de 2012

MIRAR LAS ESTRELLAS

Magalí levantó la vista del libro que estaba leyendo y miró por la ventana del autobús. Llovía, los cristales estaban empañados, la calle y los transeúntes tenían un aspecto gris y apagado. Pero ella se sentía feliz. Como todos los días, porque había aprendido a valorar lo que tenía y a ser dichosa simplemente por vivir.
 
La infancia de Magalí había sido dura, en el Sáhara, su padre fue asesinado cuando ella tenía tres años, su madre la había criado junto a sus dos hermanos con mucho sacrificio y pocos medios. La vida en el desierto no era fácil, pero desde muy pequeña había disfrutado de las cosas más sencillas, como jugar con sus amigos, caminar hasta el colegio, sentir el aire enredando sus cabellos, o mirar las estrellas.
 
Su destino cambió el día en que su madre la apuntó a un programa de acogida para pasar el verano con una familia española. Magalí, ¿te gustaría conocer España, convivir con otra familia y saber lo que existe más allá de estas dunas? A sus once años, la niña era como un avispero, inquieta, curiosa y siempre dispuesta a nuevas aventuras. Su respuesta fue que le encantaría. El día en que se marchaba lloró, y lloró muchas noches en su mullida cama porque echaba de menos a mamá y a sus hermanos. Sin embargo, con el paso de los días se fue acostumbrando a esa nueva vida, temporal, tan confortable y divertida. Lola y José tenían una hija de la edad de Magalí y estaban muy ilusionados de contar con un miembro más en la familia. En marzo habían visitado el campamento en el Sáhara, quedaron sorprendidos de la hospitalidad de los saharauis, de su desprendimiento a pesar de tener tan poco y en esos días entendieron el verdadero sentido de la solidaridad y de la sencillez. Ana y Magalí se hicieron muy amigas, sus padres las llevaron a la playa, al parque de atracciones, a comer helados, de compras. Sin embargo a Magalí lo que más le gustaba era la biblioteca de la casa. Una habitación grande, llena de estanterías repletas de libros. A ella le encantaba leer, pero tenía pocos libros, se los sabía casi de memoria, repasados una y otra vez. Ana le regaló unos cuantos, qué maravilla.
 
Los días luminosos terminaron y llegó el momento de volver. Pero a ese verano siguieron otros, pues Ana, Lola y José se encariñaron con Magalí y decidieron que, si la niña quería, podría volver cada año. Y ella quiso. La relación se afianzó y se veían cada vez que era posible, ellos iban al desierto en ocasiones, Magalí volvió a España cada mes de julio. Era como tener dos familias. Porque Magalí nunca olvidaría sus raíces, estaba orgullosa de su origen, de su religión y de su tierra. Por eso cuando a los dieciséis años se fue a Valencia a estudiar, le prometió a su madre que le escribiría, que volvería.
 
Ana y Magalí cursaron juntas el Bachillerato, ambas terminaron el mismo año la diplomatura de Trabajo Social. Ana tenía claro que quería trabajar en un centro de servicios sociales, opositó en cuanto tuvo oportunidad y sacó una plaza en el ayuntamiento. Magalí decidió dedicarse a ayudar a los niños saharauis para que, como ella, tuvieran la oportunidad de conocer otras culturas, de estudiar y de salir del desierto si es lo que querían; si no, ayudarles a progresar en el Sáhara. Ingresó en una organización no lucrativa de cooperación a la infancia y se dedicaba con afán a mejorar las condiciones de su gente. Educación, sanidad, alimentación, trabajo de la mujer, había muchos problemas que tratar. Magalí visitaba a su familia dos o tres veces al año, además de las ocasiones en que debía viajar allí por motivos de trabajo. Su madre seguía llevando la carga de la familia, mientras que sus hermanos ayudaban con los escasos ingresos que reportaba su rebaño de cabras. Ellos eran felices así, por costumbre, más de veinticinco años de provisionalidad, en campamentos situados en lugares hasta entonces inhóspitos, con las más duras condiciones de vida que se puedan imaginar, esperando que los gobiernos dejasen de tratarlos como un asunto político y los considerasen como personas.
 
El autobús llegó a su parada y Magalí bajó prácticamente en la puerta de casa. Había dejado de llover y el cielo se iba despejando. Un aguacero primaveral que da paso a una noche clara. Ana no estaba, haría poco tiempo que había salido, porque aún permanecía el olor de su perfume al abrir la puerta. Le gustaba salir, tenía una agitada vida social. Ella era más tranquila, su trabajo, más duro, menos horas en casa, necesitaba descansar. Se duchó mientras escuchaba música clásica. Cada vez que sentía el abundante agua corriendo por su cuerpo quedaba maravillada. No dejaba de sorprenderle la facilidad de la vida. Preparó una cena frugal a base de fruta, recordó la escasez de alimento cuando era niña, siempre tenía presente de dónde venía. Cuando terminó de comer, cogió un libro y salió a la terraza, un espacio amplio, parcialmente techado, que le ofrecía una bonita panorámica de la ciudad. El piso era pequeño, pero valía la pena sólo por el privilegio de tener ante sus ojos un trocito de cielo para contemplar las estrellas, que son igual de bellas en cualquier parte del mundo aunque la mayoría las ignore por completo.
 
CDR

martes, 11 de septiembre de 2012

MISERIAS HUMANAS

No somos perfectos, todos tenemos fallos y pocos diremos al final de nuestra vida que esta ha transcurrido sin tacha. Pero permítanme el atrevimiento de asegurar que algunas personas encierran en su interior demasiada oscuridad, excesiva miseria. Estos seres humanos caminan por el mundo como una plaga de egoísmo, dejadez, mezquindad, ingratitud y, en general, desamor por la vida y por sus semejantes, pues parece que con nada están contentos, quitan y no dan, mirando siempre por su propio interés, con una sombra constante pegada a sus talones, negrura de sus corazones.

Ya es la vida lo bastante dura como para que vengan estos a empeorarla, a dar empujones a aquellos que sólo intentan ser felices con lo que tienen, conformes con lo que hacen, satisfechos con lo que son. Hacer tropezar a los demás para sobresalir, hacerlos callar para argumentar no con razones sino con gritos, enrarecer el ambiente para contagiar su ruindad, estas son sus principales ocupaciones. ¿Por qué emplear tanto tiempo, tanta energía en esto en lugar de perseverar en lo deseado? ¿Por qué caer tan bajo, envidiar a otros en lugar de aprender de ellos y admirarlos? Por desgracia, los miserables de espíritu no alcanzan a reconocer sus errores.

El ser humano es complejo, qué duda cabe. Aparentemente todos somos iguales, respiramos, sentimos, sufrimos, vivimos, hasta que las circunstancias hacen que cada uno nos mostremos tal cual somos en realidad: sinceros o hipócritas, transparentes o venenosos, arriesgados o cobardes, generosos o egoístas...

Al final, como suele ocurrir, la miseria humana sólo inspira lástima, porque aunque se hiera a otros, es uno mismo el que queda a expensas de esas tinieblas de su interior, sin libertad, sin nitidez, ofuscado de negatividad, privado de una fresca y natural alegría.

Creo que ha quedado claro lo que quiero decir. Por si acaso, estas citas ilustrativas -que demuestran, por otro lado, que las miserias humanas no son nada nuevo-:

"El envidioso enflaquece al ver la opulencia del prójimo." (Horacio)

"Hacer beneficios a un ingrato es lo mismo que perfumar a un muerto." (Plutarco)

"No hemos nacido solamente para nosotros." (Cicerón)

CDR

lunes, 10 de septiembre de 2012

JITANTÁFORAS

Hoy he decidido rescatar de entre la magnitud de los recursos literarios a la olvidada jitantáfora para ilusionarla por unos instantes con que a alguien le importa.

La jitantáfora, además del bonito nombre que tiene, consiste en conseguir resultados eufónicos con la alteración de palabras adyacentes mediante el intercambio de sus terminaciones. Es decir, jugamos con las palabras hasta que las despojamos de sus implicaciones conceptuales y afectivas -por tanto, de significado- para dotarlas a cambio de una gran belleza sonora. El término fue acuñado por el escritor mexicano Alfonso Reyes (en 1929), tomado de unos versos del cubano Mariano Brull, de su poema "Leyenda." Lo reproducimos aquí para que se hagan una idea de qué estamos hablando:

Filiflama alabe cundre
ala olalúnea alífera
alveolea jitantáfora
liris salumba salífera.

Olivea oleo olorife
alalai cánfora sandra
milingítara girófora
ula ulalundre calanda.

Aunque se han encontrado muestras estilísticas en la poesía popular que se podrían considerar jitantáforas, esta figura fue utilizada especialmente por los poetas vanguardistas, en su afán de ruptura y de vacuidad de contenido. Vicente Huidobro, iniciador del Creacionismo, escribió en su Canto IV de Altazor:

(...)
Viene golondeando la golondrina
al horitaña de la montazonte.
La violondrina y el goloncelo,
descolgada esta mañana de la lunala,
se acerca a todo galope.
(...)

Uno de los poemas jitantafóricos que más me gustan es el siguiente, de José Manuel Marroquín (Bogotá, 1827-1908), que expresa el sinsentido del enamoramiento, el trabamiento de lengua que nos provoca. Disfrútenlo:

Ahora que los ladros perran,
ahora que los cantos gallan,
ahora que albando la toca
las altas suenas campanan;
y que los rebuznos burran
y que los gorjeos pájaran
y que los silbos serenan
y que los gruños marranan
y que la aurorada rosa
los extensos doros campa,
perlando líquidas viertas
cual yo lágrimo derramas
y friando de tirito
si bien el abrasa almada,
vengo a suspirar mis lanzos
ventano de tus debajas.
Tú en tanto duerma tranquiles
en tu rega camalada
ingratándote así burla
de las amas del que te ansia.
¡Oh, ventánate a tu asoma!
¡Persiane un poco la abra
y suspire los recibos
que esta pobra exhale alma!
Ven, endecha las escuchas
en que mi exhala se alma
que un milicio de musicas
me flauta con su compaña,
en tinieblo de las medias
de esta madruga oscurada.
Ven y haz miradar tus brillas
a fin de angustiar mis calmas.
Esas tus arcas son cejos
con que flechando disparas.
Cupido peche mi hiero
y ante tus postras me planta.
Tus estrellos son dos ojas,
tus rosos son como labias,
tus perles son como dientas,
tu palme como una talla,
tu cisne como el de un cuello,
un garganto tu alabastra,
tus tornos hechos a brazo,
tu reinar como el de un anda.
Y por eso horo a estas vengas
a rejar junto a tus cantas
¡y a suspirar mis exhalos
ventano de tus debajas!


Y para que no crean que los poetas españoles no supieron recoger el testigo de este sonoro recurso, aquí un ejemplo del cordobés Juan Morales Rojas (1918-1991), el poema "Parto de palabras (II)":

Al alhiguí, cholita.
Al maripún, castaña.
Al rosicler que tiñe
de inquieto amor tu cama.
Al varipán, venusa;
al carraclan, acacia;
al mirabó, mi hembrita;
soy macho en el dios brama.
Al marifrú, la novia;
al labiobeso, gasa.

(En el jardín un surco
luz de sol enterrada…)
Al jeroglí, silencio;
al pinorol, la pausa;
al pinocampo un pardo
secreto en la palabra…

(No te asombres: tampoco,
amigo, entiendo nada;
pero me he divertido
con esta jitanjáfora.)


Como ven, las palabras no tienen nada de aburrido.

CDR

domingo, 9 de septiembre de 2012

(IN) COMUNICADOS

Vivimos en la era de la comunicación. Podemos estar en contacto inmediato con cualquier parte del mundo, con personas que hace tiempo que no vemos o incluso que ni siquiera conocemos. Así se favorecen las relaciones comerciales, se alimentan amistades que de otra forma se perderían, o se amplían los horizontes que antes terminaban donde alcanzaba la vista. Y esto, desde luego, es algo bueno que tiene el progreso. Pero al mismo tiempo también estamos inmersos en una época proclive a las enfermedades mentales, a las actitudes antisociales y a las dependencias enfermizas respecto a las nuevas tecnologías.

¿Se han dado cuenta de que la gente va por la calle pegada al teléfono móvil? Andan mientras hablan o mandan mensajes, ahora el whatsapp es imprescindible, los dedos no paran, se aíslan de lo que les rodea y no pueden pasar sin esa actividad mucho tiempo. Si entramos a una cafetería, ocurre lo mismo, las personas que están solas tienen enganchado a la oreja un teléfono, o digitalizan mensajes de forma frenética, o miran obnubilados la pantalla de un portátil, pda, tablet... Y lo peor es que si están con alguien, la situación no cambia mucho. Es cada vez más frecuente ver reuniones de gente en las que no hablan entre ellos, sino que cada uno se relaciona a través de su dispositivo con otros que no están presentes.

Al principio, el lenguaje fue oral, la comunicación se realizaba por medio de sonidos y gestos. Después de muchos años de evolución, esta forma comenzó a coexistir con otra visual, representada por unos signos llamados letras que lograron propagarse con la invención de la imprenta. Y por supuesto es normal que no termine ahí el desarrollo humano y que el hombre invente nuevas formas de comunicación, como así está siendo con las nuevas tecnologías digitales. El problema no está en la amplísima gama que ofrece la informática y sus aplicaciones en cuanto a comunicación, sino en la forma en que se utilizan y, más aún, en los cambios que esto está generando en nuestra especie. No es poca cosa que en menos de medio siglo todos los habitantes del mundo puedan estar interconectados en una especie de fenómeno mágico, un milagro que conlleva la aceptación de la máquina como parte de nuestra vida. No hace tanto tiempo, una pequeñez en la historia de la humanidad, el hombre perseveraba en entender su papel en el mundo, su relación con la naturaleza y con el universo. Y cuando ¿acaso eso está ya comprendido?, aparece en nuestra realidad un nuevo elemento, pues nos hemos acostumbrado a hablar con máquinas, a que nos respondan con su voz metálica o con sus procesos inteligentes; estamos habituados a depender de un aparato para trabajar, para estudiar, para hacer amigos, para hablar con ellos, para tantas cosas que ya no concebimos un mundo sin todo eso.

Acepto la realidad, no padezco de tecnofobia (prueba de ello es este blog), sin embargo sí me asusta un poco hacia dónde nos dirigimos con esta vorágine tecnológica. No me gusta, lo reconozco, ver a gente que ya no disfruta de lo que le rodea, sino de lo que sale en su móvil. Me parece que no es saludable que las personas se aíslen del mundo porque crean el suyo particular desde el ordenador de su habitación.

Creo que nada debería sustituir la calidez de las relaciones humanas, el olor de una tarde de lluvia, los suaves rayos de sol sobre la piel, el tacto de la prenda que compramos, el esplendor del monumento que contemplamos, en fin, la realidad real -valga la redundancia- y no virtual. Besos, abrazos y sonrisas de emoticonos de nada sirven si se quedan sólo en e-mails, sms, whatsapp. Hay que darlos de verdad.

CDR

sábado, 8 de septiembre de 2012

PALABRAS ENCENDIDAS (IV)

Ya refresca la temperatura, así que con más motivo seguimos nuestro itinerario erótico para mantener el termómetro. Recorreremos hoy el Renacimiento, época de resurgir artístico de la oscuridad medieval, de fuertes influencias grecolatinas, en que se aparta a un lado a Dios para volver al hombre como centro del universo. Por supuesto, esto es un proceso paulatino cuyo inicio conserva aún muchos rasgos de la etapa anterior.

Nos adentramos pues en el siglo XIV de la mano de Giovanni Boccacio y su Decameron, que constituye un punto culminante en la historia de la literatura erótica. Las cien historias que lo componen son fruto de siete damas y tres jóvenes que se refugian en la iglesia de Santa María de Novella, huyendo de la peste declarada en Florencia en 1348, y deciden contar diez historias cada una durante diez días para entretenerse. Ya bastante contagiada por el espíritu renacentista, esta obra nos muestra cómo el cuerpo y el placer se alzan por encima de los preceptos religiosos. Uno de los cuentos más adecuados para el tema que nos ocupa es el "Cómo Alibec aprendió a meter el diablo en el infierno", ya que en él la doctrina y la práctica religiosas forman parte de una conseguida y original metáfora sobre el erotismo y la lujuria. Como en el antiguo paganismo, Bocaccio relaciona la religiosidad con el eros, utilizando recursos consabidos como el infierno o la ingenuidad sexual femenina para crear un continuo juego de alusiones sacroeróticas. "Y comenzóse a desnudar aquella poca vestidura que llevaba, y quedó desnudo. Y asimismo hizo la moza; y él, hincado de rodillas, así como si quisiese adorar, hizo que la moza se pusiese enfrente de él. Y estando así, Rústico más que nunca en su deseo encendido, viéndola tan hermosa vino la resurrección de la carne, lo cual sintiendo Alibec, maravillándose mucho, dijo: -Rústico, ¿qué cosa es esta que la tienes que así sale fuera, que no la tengo yo?- -Hija, -dijo Rústico- éste es el diablo, del cual yo hasta aquí te he hablado, el cual me da ahora grandísima molestia.- Entonces dijo la moza: -¡Loado sea Dios, pues que yo veo que estoy mejor que no tú! Porque yo no tengo tal diablo.- Respondió Rústico: -Verdad dices, mas tú tienes otra cosa en lugar de esto, la cual no tengo yo.- Y dijo Alibec: -¿Qué es?- Dijo Rústico: -Tú tienes el infierno. Y en verdad te digo que yo creo que Dios te ha traído aquí para salvación de mi ánima; porque si este diablo sigue dándome este enojo, queriendo tú saber de mí tanta piedad que sufras que yo lo meta en el infierno me darás gran consolación, y harás a Dios gran placer y servicio, si tú, según dices, por esto eres en estas partes venida.- La moza, con su buena fe, respondió: -¡Oh, padre mío! Pues que yo tengo el infierno, cuando a vos pluguiere meted dentro al diablo.-

Siguiendo esta tradición boccacciana, con la misma estructura incluso, surgirán posteriormente los Cuentos de Canterbury, de Chaucer, el Heptamerón, de Margarita de Navarra, el Hexamerón, de Torquemada y, con cierto cambio ya en el tono, las Novelas amorosas y ejemplares de María de Zayas. Por el contenido de los cuentos, también incluiríamos aquí El Patrañuelo, de Juan Timoneda. Brevemente los enumeramos sin más extensión, pues los siglos que nos ocupan son abundantes en erotismo y hemos de seguir adelante.

La siguiente parada es el Corbacho (1438) de Alfonso Martínez de Toledo, Arcipreste de Talavera. Esta obra, subtitulada tradicionalmente como "reprobación del loco amor", es una obra feroz con las mujeres, que deriva todavía del antifeminismo medieval y de influencias clásicas como Juvenal. En el ejemplo que acompañamos se hace un recuento de los crímenes amorosos femeninos. Mujeres que no dudan en matar para satisfacer sus deseos. Hemos de afirmar que la mirada erótica del autor es amarga a lo largo de la obra, reprobatoria, como si compensara las flaquezas propias con una excesiva intolerancia, algo que, por otra parte, será usual en el erotismo hispánico a partir del reinado de los Reyes Católicos y especialmente con la Contrarreforma. "Fue luego la muger a dezir al enamorado, lunes por la mañana, estando él poniendo su tienda e sus espadas colgando en su bitreina, e díxole: -Orenga, oy en el alva partyó mi marido. Vente quando quieras.- El otro amólo oyr, e ella fuese a su casa e tomó una navaja e púsola entre los almadraques bien escondida. E adobó el cerrojo de la escalera e de la puerta de la calle, para quando fuyese lo pudiese bien cerrar. E el otro vino con su espada e broquel e entró. E ella díxole: -Sube acá.- E él subió a la cámara e díxole: -Pon la espada e el broquel; que bien se que non has de estar armado.- E él fióse della y fízolo asý. E començó con ella a retoçar e queríala echar en la cama. E ella nunca consyntyó, synón que quería estar a la cama arrimada donde tenía la navaja. E él, medio cansado, ovo de faser lo que ella quería, pero estava tan frío que non podía usar con ella. E ella, desque vido esto, tomógelo en la mano, riendo e jugando, e quando vido que era ora, bolvió la otra mano fazia los almadraques e cortógelo todo con la navaja, e aun en el muslo un poco, e dio a fuyr la escalera abaxo, e cerró tras sý, e el otro quedó desangrándose, e asý se le llevaron de allý."

Las Baladas de François Villon subvierten el orden imperante, como también la propia vida del autor, condenado en múltiples ocasiones por romper las normas establecidas. A mitad del siglo XV, cuando aún se recordaba a las damas ideales y bellísimas del amor cortés, Villon canta en sus poemas a "la gorda Margot", por ejemplo. Cuando todavía se seguían los preceptos platónicos de estilización, él buscaba el sexo abierto y preferiblemente sucio. Tópico y recursos literarios, com el ubi sunt o el carpe diem, serán alterados por el ingenioso poeta. Así pues, François Villon es deudor de la tradición goliárdica, que más tarde recibirá también Rabelais. Seguramente, el sexo y la tendencia a proferir obscenidades de Villon respondían a la intención de provocar a una sociedad rígida y mediocre. Un ejemplo de su chispa literaria: "(...) A veces suele estallar la tormenta / cuando Margot, sin dinero, viene a acostarse. / No la puedo ver, mi corazón la odia a muerte. / La quito el vestido, la faja y el ceñidor, / si la juro que todos la pagarán su precio. / La tomo por las caderas: ¡Por todos los demonios!, / grita y jura por la muerte de quien sea, / que no accederá. Cojo entonces un tizón / y bajo sus narices esto escribo: / a este burdel donde tenemos nuestra república. / Hechas las paces me lanzó un gran pedo, / más inflado que un escarabajo pelotero. / Se ríe y me arrea una puñalada en la cabeza. / ¡Ea!, exclama y pone el trasero. / Los dos, borrachos, dormimos como troncos. / Y al despertar cuando las tripas le suenan, / se monta encima de mí, no cesan sus ansias. / Debajo gimo, me aplasta más que una viga, / de desenfreno acaba conmigo, / en este burdel donde tenemos nuestra república. (...)" (Balada de la Grosse Margot.)

Sería imperdonable dejar pasar -aunque muchas cosas estamos obviando- la tragicomedia de Calisto y Melibea, conocida como La Celestina (1499), de Fernando de Rojas, según acuerdo. El eje de la obra es la pasión amorosa que vibra y la traspasa como una tempestad. El joven Calisto ama a Melibea; a través de los engaños de la astuta vieja Celestina, con la ayuda de los criados Sempronio, Pármeno y de las prostitutas Elicia y Areúsa, conseguirán todos satisfacer sus apetitos, si bien a costa de un final fatal. La carne es el señuelo que usa la alcahueta, para conseguir la unión de los señores une a los criados. Célebre es el pasaje, de crudo erotismo, en que Celestina palpa lascivamente a Areúsa a sabiendas de que Pármeno está observando a escondidas: "C. ¡Bendígate Dios y señor San Miguel Ángel, y qué gorda y fresca que estás! ¡Qué pechos y qué gentileza! Por hermosa te tenía hasta agora, viendo lo que todos podían ver; pero agora te digo que no hay en la ciudad tres cuerpos tales como el tuyo, en cuanto yo conozco. (...)" No es el único episodio de voyeurismo que se encuentra en la obra. La carnalidad que preside La Celestina es abrumadora, culpable, lejos del goce y de la satisfacción de los sentidos. El amor es aquí algo impuro y fruto de tormento. Después de la posesión de Calisto, Melibea no experimenta sino culpa: "M. ¡Oh mi vida y mi señor! ¿Cómo has querido que pierda el nombre y corona de virgen por tan breve deleite?"

Aunque Nicolás Maquiavelo es bien conocido por su obra El príncipe, es más oportuna aquí la deliciosa comedia La mandrágora, que riza el rizo en las estrategias del engaño -se basa en las artimañas empleadas para sortear los obstáculos que se interponen entre el amante y el objeto de su deseo; siempre se consigue el goce final- y da buena cuenta del paganismo que impregnaba todos los ámbitos en 1515, pues fue estrenada en Florencia con la asistencia del Papa León X. El protagonista, Calímaco, escucha en París tantos elogios hacia Lucrecia, esposa de Nicia Calfucci, que viaja a Florencia expresamente para verla. Por supuesto, se enamora de ella de inmediato. Conociendo su aspiración frustrada de ser madre, finge ser médico y le explica a su marido que debe darle una poción de mandrágora, de modo que al yacer ella con un hombre, él absorberá los vapores y morirá a la mañana siguiente. Para convencer a Lucrecia de tal prescripción, Calímaco y el marido se alían con la madre y el confesor de la joven, decidiendo que el infeliz elegido será el primero con que se tropiecen esa noche. No cabe duda de que el "ingenuo" será el propio Calímaco disfrazado, consiguiendo así su ansiada noche de amor con Lucrecia.

En 1519 aparece en Valencia La carajicomedia, un texto anónimo recogido en el Cancionero de obras de burlas provocantes a risa. Lo obsceno se mezcla aquí con la burla  y una sátira despiadada, algo frecuente en las composiciones literarias de la época. Pero además, esta concretamente supone una parodia humorística al Laberinto de Fortuna, de Juan de Mena. Esta obra de estilo alegórico-dantesco se ubica en el palacio de la Fortuna, donde el autor contempla tres ruedas que representan el pasado, el presente y el futuro. Veamos la tergiversación que se produce: "Volviendo los ojos a do me mandaba, / vi más adentro muy grandes tres ruedas: / las dos eran firmes, inmotas e quedas, / mas la de en medio voltar no cesaba / caída por tierra gente infinita, / que había en la frente cada cual escrita / el nombre y la suerte por donde pasaba." Que en La carajicomedia queda así: "Volviendo los ojos a do me mandaba, / vi entre mis piernas puestas tres ruedas: / las dos redondas, pendientes y quedas; / en medio otra larga, derecha se estaba; / y vi que debajo de ellas quedaba / caída por tierra la gente infinita, / que gran parte de ella de suso va escrita, / sin otra mucha que no me acordaba."

También anónima es La Thebaida (1521), considerada tradicionalmente como una obra obscena, sin que en realidad lo sea más que La Celestina, por ejemplo. Aquí la unión carnal sólo se da entre los criados y nunca entre Berintho y Cantaflúa, que acaban siendo meros comparsas de las acciones de estos. La pasión surge de inmediato y ya no hay más remedio que satisfacerla, las escenas son de gran crudeza erótica, sobre todo porque la mujer, en el momento de la posesión, se queja desmesuradamente, siendo no obstante sólo un fingimiento que exige el honor. "FRAN: ¡O cuitada de mí! Estásme matando y ves que no es más en mi mano, porque no te puedo çufrir y aún no quiés que me sienta. Ya, por amor de Dios, no me hagas tanto mal. Y aun querría que me dexases, pues veo que no es en tu mano el dexarme de lastimar."

Terminamos por hoy con la poesía erótica de Diego Hurtado de Mendoza (1503-1575), inmersa en la corriente de erotismo sano, no afectada aún por las restricciones que se impondrían sobre todo en el siglo siguiente. Con recursos magistralmente utilizados, como perífrasis y singulares metáforas, los poemas se impregnan de elegancia y refinamiento -totalmente en la línea renacentista grecolatina-, sin caer nunca en la obscenidad. Aunque a veces se halla el humor en estas composiciones, no así la sátira que hemos visto en otras de la época. Como ejemplo, un bello poema que sigue rezumando frescura a pesar de los años transcurridos: "Venus se vistió una vez / en hábito de soldado, / y Paris, ya parte y juez / dijo, de vella espantado: / -Hermosura confirmada / con ningún traje se muda: / ¿Véisla cómo vence armada? / Mejor vencerá desnuda-."

Próximamente, más pasión si cabe en la otra parte del prolífico Siglo de Oro.

CDR

viernes, 7 de septiembre de 2012

MUJERES: POR LA IGUALDAD SOCIAL

En España, el movimiento feminista que estaba en pleno apogeo a lo largo del siglo XIX y principios del XX, llegó con algo de retraso y tuvo menor trascendencia social. Sin embargo, podemos encontrar ya en esta época mujeres españolas defensoras del derecho a la educación y al trabajo, así como a condiciones sociales de igualdad. Una de ellas fue María de Echarri (Madrid, 1878-San Sebastián, 1955)

Si algo caracteriza a esta mujer pionera es la fuerte vocación social que marcó toda su existencia. Sintió deseos de escribir desde niña y ya a sus catorce años confiesa en sus notas autobiográficas que, sin darse cuenta, se inclinaba por la gente obrera. Y así, esta joven escritora, que sería conferenciante y periodista, se puso al servicio de la mujer obrera, en especial, desde sus profundas convicciones éticas y religiosas. Su actividad pública siempre estuvo enfocada a concienciar a la sociedad de los derechos de la mujer.

En esta época se crearon las llamadas Semanas Sociales, promovidas por la Iglesia, y María Echarri fue invitada -única presencia femenina-, para exponer reflexiones como "La acción social de la mujer" o "El trabajo a domicilio de la mujer de Madrid". Posteriormente realizó numerosas ponencias más, en las que reflejaba la necesidad del descanso vacacional o la vuelta al hogar de la madre obrera. Asistió también a Congresos Católicos Sociales en diferentes países europeos y llegó a ser su Secretaria Nacional, abordando temas como la protección de las jóvenes e incluso la trata de blancas. Por iniciativa suya, se inicia el primer Sindicato Católico Femenino de España, todo un hito en aquellos años, con un creciente desarrollo que dio lugar a la Confederación Nacional de Obreras de Sindicatos Católicos Femeninos, en diferentes provincias del país y distintos gremios de trabajo.

Por su notable actividad y su constante presencia en los ambientes sociales más comprometidos, María es reconocida con la Cruz de Leopoldo II de Bélgica; la de Arcade de Roma, concedida por el Papa Pío X; y la insignia de Emérita Acción Católica, por parte del Cardenal Primado de España.

En 1918 María de Echarri fue nombrada Inspectora del trabajo del Instituto de Reformas Sociales, del cual llegó a ser vocal, aunque posteriormente fue obligada a dimitir por negarse a abandonar su tarea en el Sindicato Católico Femenino. Poco tiempo después, en 1924, fue elegida Concejal del Ayuntamiento de Madrid. Este fue el año en que la mujer pasa a formar parte activa de la vida administrativa y política de los municipios. El Estatuto Municipal, publicado el 8 de marzo, otorga el voto a las mujeres emancipadas y cabezas de familia mayores de 23 años. Desde una perspectiva de feminismo católico, promovió algunas mejoras para las mujeres obreras que humanizaban su trabajo -por ejemplo, la denominada como Ley de la Silla-, su derecho a la sindicación y su derecho a igual retribución por trabajo en igualdad de condiciones laborales.

También fue importante la relación de Echarri con Pedro Poveda y su obra pedagógica, a partir de 1925. Llegó a unirles una gran amistad que se tradujo en una colaboración y apoyo mutuo, con la creación de bolsas de trabajo, comedores de caridad, becas a estudiantes y ayudas económicas a viudas.

Pero quizás donde mejor aprovechó María Echarri el impulso de sus ideales fue en la prensa. Fue una incansable articulista que publicó en diversos medios, como El Noticiero Universal de Barcelona, en La Vanguardia -con el seudónimo de Raissa-, en ABC, o en el Diario Vasco de San Sebatián, entre otros. Destacan de ella algunos artículos sobre pedagogía femenina y otras publicaciones que abundan en biografías de mujeres destacadas por su vida ejemplar.

Tras una vida infatigable y comprometida, María Echarri falleció en San Sebastián a la edad de 77 años.

Aunque estas primeras mujeres feministas -la propia Echarri, Dolors Monserdà, Teresa Claramunt, María Espinosa, Benita Asas Manterola, Clara Campoamor...- estaban fuertemente influenciadas por la Iglesia católica y por tanto eran muy conservadoras, no podemos negar la importante labor que realizaron en su tiempo y los logros que obtuvieron con su obstinación y valentía. Sin embargo hoy, casi un siglo después, hemos de ser conscientes también de lo mucho que aún nos queda por andar para conseguir la verdadera igualdad.

CDR

jueves, 6 de septiembre de 2012

NUNCA ADIÓS

Despedirse es preciso a veces y si algo bueno tiene es el reencuentro. A mí, que tanto me gustan las palabras, no me complace decir adiós, prefiero hasta luego, hasta pronto, hasta la vista. Porque adiós suena a definitivo. Por tanto nunca adiós.

Cuando te duele la despedida es porque esas personas son parte de tu vida, porque van a dejar un hueco en tu interior. Pero en realidad sólo se cierra un ciclo, no se interrumpe la relación. A quienes de verdad quieres te los llevas allá donde vayas. Por tanto nunca adiós.

No hay despedida absoluta, más que la muerte, así pues disfrutemos de la vida, sigue ofreciéndonos nuevos caminos que nos llevan hacia adelante. Los senderos que quedan atrás siempre podremos retomarlos, ya los conocemos y nos llevan a lugar seguro. Por tanto nunca adiós.

Y para despedirme de aquellos a quienes va dedicada esta entrada:
"El alejamiento es la piedra de toque de los verdaderos afectos." (Henri Lacordaire)

CDR

miércoles, 5 de septiembre de 2012

MANZANAS ASADAS

El reloj marcaba las doce menos cuarto cuando el encargado del tanatorio avisó a Carmen de que había llegado la hora, debían sacar el féretro de la sala para bajarlo a la capilla. La misa se oficiaba en quince minutos, ya estaba entrando la gente. Como una autómata se levantó y recogió sus cosas, pidió que la dejaran entrar un momento a despedirse. Hacía mucho frío, se acercó y besó los gélidos labios de su marido, antes tan tiernos y cálidos. Lo miró por última vez y salió. Bajó muy despacio las escaleras para dirigirse al oratorio. Iba sola, no había dejado que nadie la acompañara en ese momento, el último que compartiría con él. Aguantó la misa sin que su consciencia estuviese allí y recibió el pésame de aquellos que aún se lo habían dado como si estuviese fuera de su cuerpo. Como si fuese ella la que había muerto y vagase ya su espíritu muy lejos.
 
La espera durante la cremación fue lo peor, más que el velatorio, más que el descubrimiento de que su vida se derrumbaba cuando la llamaron anunciándole el accidente. Porque ese tiempo era el de la asunción. Asumir la realidad. Salir de allí con una urna en sus manos, llevando en ella lo que quedaba de la persona que más había amado, era algo insoportable hasta la locura. Su hermano le echó el brazo por encima de los hombros y su sobrina no cesaba en la letanía de su consuelo, mas ningún ánimo era posible, todo había terminado para ella. Quisieron llevarla a casa, no dejarla sola al menos los primeros días, pero no hubo modo de convencerla. Lo único que les pidió fue que se hicieran cargo de Lupo, el perro labrador que tenían, porque ella no se sentía capaz de estar con él en esos momentos. Está tan sola, papá, ¿cómo va a superar esto? Es fuerte, no te preocupes, hay que dejarla que se haga a la idea, estará bien. Todos sabían lo peculiar que era Carmen, Félix y Carmen, pues era imposible imaginarlos separados, siempre de acuerdo en todo, nunca una discusión delante de los demás, ambos con las ideas tan claras sobre cómo querían vivir la vida. Y ahora esto. Carlos estaba realmente preocupado por su hermana. No habían tenido hijos y además su familia era reducida. Padres y suegros ya habían fallecido, Félix no tenía hermanos y él, divorciado, era el único de Carmen, sólo tenía una sobrina.
 
Carmen entró a casa y fue directamente a la habitación. Dejó la urna con las cenizas encima de la cómoda, al lado de la foto de su boda. Fue al baño y se lavó la cara, salió evitando mirarse al espejo y se desnudó pausadamente, dejó la ropa sin cuidado encima de la cama. Se puso una bata y se fue a la cocina. Encendió el horno, lavó cuatro manzanas, las limpió y las preparó con azúcar moreno, canela y ron. Esperó sentada en el banco del desayuno a que estuvieran listas, mientras el aroma inundaba la cocina y poco a poco se extendía por toda la casa, con sus ojos fijos en la puerta del horno, iluminada con la luz fija de su interior. Estaba cansada y sentía en su estómago algo que debía de ser hambre, pero al intentar comer una de las manzanas, una náusea tremenda le subió hacia arriba, impidiéndole comer. Fue a acostarse, también le fue imposible dormir. Al menos eso creía, porque era ya la mañana del día siguiente cuando despertó boca abajo en su lado de la cama. Estaba helada. No la había despertado Félix con sus tareas tempranas ni Lupo con sus húmedos buenos días. Estaba sola.
 
Habían pasado dos semanas desde que volviese del tanatorio y como cada tarde, Carmen se disponía a hacer manzanas asadas. A Félix le encantaba cocinar, además se le daba muy bien, era el cocinero de la casa y ese postre era uno de sus favoritos, no su especialidad porque todos los platos quedaban exquisitos guisados por él, pero sí le tenía especial predilección. Le gustaba dejar que se enfriaran, arreglarlas con queso y nueces, salir a merendar al jardín juntos, bajo el sauce. Sobre todo en esas tardes de invierno templadas en que da gusto salir al sol de la tarde. Cuando empezaba a refrescar y entraban a casa, después de largas charlas, tranquilas lecturas, ratos de contemplación, Félix siempre decía: me encanta el olor que dejan las manzanas asadas. En esos días, Carmen no había comido ni una sola de las que había preparado. Las iba tirando a la tierra de las plantas del jardín, mecánicamente, como una especie de ritual. Sin embargo, esa tarde, había bajado la urna y la había puesto en la mesa de la cocina. Después, mientras las manzanas se enfriaban, salió al jardín y enterró las cenizas de Félix debajo del sauce, el lugar del jardín que más le gustaba, donde compartieron tantos bellos momentos y donde estaría junto a ella siempre. Aunque los dos querían quemarse cuando fallecieran, no habían tenido tiempo de decidir dónde reposar. Les encantaba el mar, amaban las montañas, pero la casa construida con la ilusión y el esfuerzo de tantos años sería el lugar perfecto. Arregló la tierra. Entró a la cocina, se lavó las manos y se sentó a comer una manzana. Lo hizo lentamente, mientras sus ojos empezaban a desbordarse ya sin remedio. Lloró y lloró hasta que no le quedaron lágrimas, sintió que su herida jamás se cerraría.
 
Al día siguiente, Carmen fue a encargar un pequeño monolito, muy sencillo, con esta inscripción: "Me enseñaste de todo excepto a vivir sin ti." Era de una canción que a Félix y a ella les gustaba, no encontró palabras que pudieran expresar mejor lo que sentía. Entonces cogió el coche y se dirigió a casa de su hermano. Eran casi las doce, ya quince días, respiró hondó, tocó al timbre y cuando su sobrina abrió la puerta, le preguntó: ¿Me invitáis a comer? He traído manzanas asadas para el postre. Lupo salió también a darle la bienvenida.
 
CDR  

martes, 4 de septiembre de 2012

TRISTEZA

La princesa está triste... ¿Qué tendrá la princesa?
Los suspiros se escapan por su boca de fresa,
que ha perdido la risa, que ha perdido el color.
La princesa está triste en su silla de oro (...)

Desde que Rubén Darío escribió estos versos de su Sonatina (de Prosas profanas y otros poemas, 1896) mucho ha cambiado la vida. El poeta modernista se evadía a mundos exóticos y preciosistas, a través del erotismo, los temas esotéricos, mitológicos... Mientras que la gente hoy se olvida de sus penas preocupándose por algo tan absurdo, a mi parecer, como la tristeza de un jugador de fútbol que gana diez millones de euros y pone cara de niño enfadado para llamar la atención.

Llevo varios días resistiéndome a escribir sobre esto, por no caer en aquello que critico, es decir, que este tema acapare tanto espacio. Pero después de ver el informativo de esta noche, tras escuchar la "noticia" por enésima vez, no he podido evitarlo más. Minutos y minutos de debate en todos los canales sobre qué le ocurre al pobre CR7, que ya ni celebra sus goles, parece estar necesitado de mimos. ¿Qué pensarán los compañeros de su equipo y, más aún, otros futbolistas cuando les preguntan acerca de la tristeza de este individuo? ¿O es que a mí se me escapa la trascendencia de tal asunto?

Un hombre prepotente y engreído que declara sin pudor alguno que está encantado de haberse conocido, que es consciente de que le tienen envidia por ser tan guapo y tan buen futbolista. Un ejemplo en que se fijan muchísimos niños y jóvenes, él lo sabe, y va siempre con ese gesto de superioridad y de chulería. Un personaje, pues no me cabe duda de que su actitud es mera pose.

¿Ahora está triste? Sinceramente, a mí me importa un comino lo que le pase. Al menos queda demostrado una vez más que el dinero no da la felicidad.

CDR

lunes, 3 de septiembre de 2012

OPINIÓN ÚNICA

El intelectual americano Walter Lippmann (1889-1974) es el autor de la siguiente frase: "Donde todos piensan igual, nadie piensa mucho."

Y creo que es absolutamente cierto. Nos sumimos cada vez más en un tiempo de pensamiento homogeneizado, de inmediatez, en que hay que opinar de temas que no entendemos con prontitud, para ello tomamos prestados (consciente o inconscientemente) criterios ajenos y los hacemos nuestros. No somos capaces de decir que no tenemos opinión al respecto, eso quedaría fatal, y aun después de haber opinado, no reflexionamos sobre ello ni analizamos si nuestro juicio ha sido o no acertado. No nos damos cuenta de que a veces pensamos esto o lo otro porque nos condicionan para ello. Ni le damos importancia alguna a haber expresado una opinión que a lo mejor no corresponde con lo que en verdad pensamos. Si es que pensásemos en ello...

Es cierto, y también normal, que en ocasiones coincidimos realmente con el parecer de los demás. Pero lo más común es que tendamos a igualar lo que dicen otros, que es lo más cómodo, claro. ¿Cuánto tiempo hemos dedicado a pensar en aquellos temas sobre los que hemos hablado a lo largo del día? Si la respuesta es mucho, perdonen esta entrada, si por el contrario es poco o ninguno, por favor, hay que pensar más.

Cuando hago una pregunta en tutoría sobre algún tema y levanta la mano el más espabilado o el menos tímido de la clase, todas las respuestas que recibo después se asemejan sobremanera a la primera y casi nunca nadie expresa un convencimiento distinto. El ejemplo sirve también para los adultos. Si asistimos a una conferencia o a un curso, pongamos por caso, y el ponente hace una pregunta al público, ¿por qué cuesta tanto romper el silencio? No es por vergüenza, es porque esa primera respuesta no tiene un modelo que seguir y será en cierta manera como un experimento.

Tenemos la cabeza llena de ideas preconcebidas. Vivimos hacia afuera sin interesarnos mucho por lo que llevamos dentro. No se trata de que todos seamos brillantes y se nos ocurran genialidades a cada momento, me refiero simplemente a que recapacitemos antes de juzgar un tema y a que nuestra opinión sea verdadera, razonada y no nos dejemos llevar por la corriente de la opinión única, sea esta de la tendencia que sea.

CDR

domingo, 2 de septiembre de 2012

DESAIRES

El prefijo des- indica negación o inversión del significado de la palabra a que acompaña, privación o demasía, según el contexto. Si ayer hablábamos de aires hoy le añadimos esta partícula y tenemos:

Gente falta de garbo o gracia.

Personas sin el más mínimo sentido de la gentileza.

Aquellos quienes gustan de humillar a los demás.

Los que no valoran el esfuerzo de otros.

Maleducados de remate.

Porque no hay mayores desaires que creerse superior, ser arisco cuando no cuesta nada ser agradable, no hacer un favor aunque ni siquiera tengamos que esforzarnos en ello, despreciar las ilusiones de nuestros semejantes, no respetar otras opiniones, negar el saludo, hacerse el loco en situaciones en que se requiere nuestra atención, o tener un sentido del humor para inventar bromas ajenas que maldita la gracia que hacen.

Todos abogamos por la tolerancia y defendemos la bondad del ser humano, por la parte que nos toca, pero hay que reconocer que es evidente la grosería, el menosprecio y ¿por qué no? la maldad que encierran muchos desaires de los que habitualmente sufrimos o de los que somos testigos. Si además también los provocamos, pues a enmendarse, que ahora con el inicio del curso político y escolar podemos emprender cambios antes del año nuevo, por si acaso.

CDR

sábado, 1 de septiembre de 2012

AIRES

Este primer día del mes de septiembre, anunciador del otoño, se me ha ocurrido hablar del aire. Molesto fenómeno atmosférico que viene a perturbar ya (y a refrescar, la verdad) las plácidas jornadas veraniegas, y que, además, lingüísticamente puede dar mucho de sí.

A veces, nos cruzamos con una persona que, como si de una brisa que nos revuelve el recuerdo se tratase, nos parece a alguien que conocemos y decimos, ese le da un aire a fulanito.

Muchas personas, arrasadas por un vendaval de engreimiento y soberbia, se creen superiores a los demás y eso quiere decir que tienen muchos aires. Para estos casos de fanfarronería echamos mano de "todo es aire lo que echa la trompeta." Si lo pillan...

En estos días, muchos pueblos de nuestro país se han arreglado para sus fiestas patronales y vistosos desfiles han pasado por sus calles cual corriente de alegría y color. Pues sus bizarros caballos, domados para ello, pasean con aires briosos.

Cuando se produce cualquier achaque de salud, pasajero y de poca importancia, respiramos aliviados, porque sólo ha sido un mal aire.

Hace poco se ha iniciado en Madrid la Mercedes Benz Fashion Week y los modelos que desfilan por la pasarela traen los aires de lo que se llevará la próxima primavera. ¡Qué adelantados!

Si nos agobiamos en una determinada situación o en compañía de ciertas personas, ¿qué mejor que cambiar de aires?

Otra posibilidad para solventar lo anterior es gritar ¡Aire! y que aquel que moleste salga de escena rápidamente. O se ponga a trabajar de inmediato, porque está algo despistado, para eso también sirve la expresión.

Finalmente quizás le cojamos el aire a alguien y terminemos estando a gusto a su lado, o simplemente no le soportemos y le guardemos el aire.

Y vuelve el fresquito, no es época ya de dormir con el culo al aire. Aunque es como nos podemos quedar si esto no mejora.

Porque algo de miedo da este septiembre que hoy empieza, con augurios de (más) recortes y malos tiempos, como si ya faltara poco para que todo salte por los aires.

Es una pena, pero en esta situación algunos empiezan ya a sustentarse del aire.

Mientras, a su aire siguen otros (todos sabemos quiénes.)

CDR