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lunes, 3 de septiembre de 2012

OPINIÓN ÚNICA

El intelectual americano Walter Lippmann (1889-1974) es el autor de la siguiente frase: "Donde todos piensan igual, nadie piensa mucho."

Y creo que es absolutamente cierto. Nos sumimos cada vez más en un tiempo de pensamiento homogeneizado, de inmediatez, en que hay que opinar de temas que no entendemos con prontitud, para ello tomamos prestados (consciente o inconscientemente) criterios ajenos y los hacemos nuestros. No somos capaces de decir que no tenemos opinión al respecto, eso quedaría fatal, y aun después de haber opinado, no reflexionamos sobre ello ni analizamos si nuestro juicio ha sido o no acertado. No nos damos cuenta de que a veces pensamos esto o lo otro porque nos condicionan para ello. Ni le damos importancia alguna a haber expresado una opinión que a lo mejor no corresponde con lo que en verdad pensamos. Si es que pensásemos en ello...

Es cierto, y también normal, que en ocasiones coincidimos realmente con el parecer de los demás. Pero lo más común es que tendamos a igualar lo que dicen otros, que es lo más cómodo, claro. ¿Cuánto tiempo hemos dedicado a pensar en aquellos temas sobre los que hemos hablado a lo largo del día? Si la respuesta es mucho, perdonen esta entrada, si por el contrario es poco o ninguno, por favor, hay que pensar más.

Cuando hago una pregunta en tutoría sobre algún tema y levanta la mano el más espabilado o el menos tímido de la clase, todas las respuestas que recibo después se asemejan sobremanera a la primera y casi nunca nadie expresa un convencimiento distinto. El ejemplo sirve también para los adultos. Si asistimos a una conferencia o a un curso, pongamos por caso, y el ponente hace una pregunta al público, ¿por qué cuesta tanto romper el silencio? No es por vergüenza, es porque esa primera respuesta no tiene un modelo que seguir y será en cierta manera como un experimento.

Tenemos la cabeza llena de ideas preconcebidas. Vivimos hacia afuera sin interesarnos mucho por lo que llevamos dentro. No se trata de que todos seamos brillantes y se nos ocurran genialidades a cada momento, me refiero simplemente a que recapacitemos antes de juzgar un tema y a que nuestra opinión sea verdadera, razonada y no nos dejemos llevar por la corriente de la opinión única, sea esta de la tendencia que sea.

CDR

4 comentarios:

  1. No está de moda pensar mucho y nuestros dirigentes parece que se afanan en que eso sea cada vez más así.
    Estupenda reflexión a partir de Lippmann.
    Pmd.

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  2. Pensar de la manera que sea siempre es bueno. Crear tus propios pensamientos mucho más.
    Tati.

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  3. No se puede pensar en exceso, no es bueno para la mente. He dicho 'en exceso'. De todas formas pensar mucho o poco no quiere decir que seamos capaces de opinar libremente, sin dejarnos influenciar por las tendencias de moda o por el deseo de agradar a nuestros interlocutores.

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    Respuestas
    1. Tienes toda la razón, Lucía. No me refiero a pensar en general, sino a pensar antes de opinar, a tener una opinión propia, contrastada y meditada. Todos nos dejamos influenciar, por supuesto. Por eso digo que hay que mirar más hacia dentro de uno mismo.

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