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sábado, 6 de octubre de 2012

CHABACANO ESPECTÁCULO

Me gusta ir al teatro. No muchos pueden decir lo mismo, o al menos donde yo vivo no hay mucha afluencia a los espectáculos teatrales, a pesar de que tenemos un teatro grande, moderno, bonito y con nombre nuevo. Como me gusta ir, voy siempre que puedo. Unas cosas me agradan más que otras, como es lógico, pero hasta ahora había quedado satisfecha con todo lo que había visto. Sí, hasta ayer por la noche. Porque lo que se anunciaba como una gran noche de humor con mayúsculas terminó siendo un chabacano espectáculo con letras capitales, eso sí.

Más lleno que de costumbre, el teatro se convirtió en un espacio cutre y tabernario, al albergar a dos individuos autodenominados humoristas en una pseudo obra llamada: "Dos hombres solos, sin punto com ni ná." Quizá debería haberlo sospechado por el título, pero era inimaginable, la verdad.

El argumento, si es que así puede llamarse, se basa en dos hombres que comparten piso. Ambos son andaluces -eso es muy importante y ostensible a lo largo de casi tres horas tediosas-, uno, el casi cincuentón, es amanerado (casualmente el que ejerce de amo de casa) y el otro, treintañero, es el típico macho ibérico (supuestamente el que trae el dinero al hogar.) A partir de este insulso planteamiento, los dos entran en un diálogo repleto de chistes fáciles y manidos, hasta que uno de ellos se da cuenta de que la casa se ha llenado de gente, facilitando así la interacción con el público. -Pobres de ellos (nosotros), no saben lo que les (nos) espera.- El gordito con delantal de lunares rojos sale de escena y el canalla desaliñado comienza una especie de monólogo, en una mala imitación del club de la comedia. Un discurso plagado de insultantes tópicos. Vuelta al diálogo entre ellos e intercambio de papeles, ahora es el folclórico el que queda solo hablando con el auditorio. Peor si cabe esta intervención. Repetitiva hasta la saciedad, ofensiva, ridícula. Y como colofón, los actores obligan a cuatro personas del público a subir al escenario para someterles a una agraviante serie de preguntas y afirmaciones, previa colocación de gorros, gafas y plumas a los infortunados elegidos. Sin palabras.

No es que el espectáculo fuera machista y por eso me disgustase tanto (que también), es que atenta contra la dignidad de andaluces, hombres, mujeres, homosexuales, heterosexuales, extranjeros... No queda títere con cabeza tras la sarta de trilladas bromas, que en realidad son burlas sin ingenio alguno. Por no hablar del atrezo, hortera a más no poder, vulgar, tanto como todo lo demás.

Qué pena que aún nos dé risa la explotación del acento y el carácter andaluz, la forzada diferencia entre hombres y mujeres resaltando estereotipados defectos y maneras de ser, los exagerados roles, la grosería y zafiedad en definitiva. No se puede tildar de otro modo una obra cuya palabra estrella es "follar".

Y por si no me dolió poco el dinero pagado por la entrada -sentimiento que no acostumbro a tener, pues considero importante contribuir con la cultura a la vez que me enriquezco con ella-, los burdos actores, al final, haciendo gala de su poquísima modestia (que no poseían sentido del ridículo ya había quedado demostrado), afirmaron estar acostumbrados a llenar el teatro, pero bueno, agradecían nuestra presencia, los demás, que se jodan.

Bochornoso.

CDR

2 comentarios:

  1. Comparto, chabacano, tedioso,falto de ingenio, de chiste fácil, esperpéntico escenario y puesta en escena, burla al espectador, sobre todo a qienes se atrevieron a salir y curiosamente con más afluencia de público y risas añadidas porque algunos aun no saben qué es realmente el teatro, un espectáculo digno de una pantomima de feria, esa que ahora se acerca y no oportuno para mancillar la magestuosidad de un gran teatro como el de esta localidad almeriense. ¡Más atino en quienes programan, claro! o, mejor, más calidad, como en otras ocasiones, como por ejemplo, hace unos días, Azarbe.
    Pmd.

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  2. Mi pena más grande es que llenen teatros y que los espectadores disfruten. Pienso y me cuestiono: ¿de qué tenemos nuestra mente repleta? ¡Qué tristeza!
    Tati.

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