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viernes, 19 de octubre de 2012

MUJERES: VEHEMENTE REPUBLICANA

La historia ha sido escrita por hombres y mujeres, aunque a estas últimas no se les haya reconocido tal autoría hasta hace relativamente poco. Incluso mujeres muy singulares, de las que aparecen datos en los archivos, no han trascendido de igual forma que los varones en equivalentes circunstancias. Por eso homenajeamos hoy a una fémina, Victoria Kent, que fue -entre otras cosas- la primera mujer en el mundo en intervenir como abogada ante un consejo de guerra, consiguiendo la absolución de su defendido.

Aunque su fecha de nacimiento no está clara, se sabe con seguridad que fue en la última década del siglo XIX, en Málaga. Hija de un comerciante de tejidos y una ama de casa, Victoria Kent obtuvo el título de maestra en 1911, pero se trasladó a Madrid en 1917 para seguir estudiando. Apoyada por su madre y a través de los contactos que le había buscado su padre, la joven se instala en la Residencia de Señoritas de la capital. Tres años después ingresa en la Facultad de Derecho de la Universidad Central, donde estudiará la carrera como alumna no oficial. En 1924 obtiene su licenciatura, para colegiarse al año siguiente sin mucho interés en ejercer. Sin embargo, no tardó en intervenir como abogada defensora y en 1930 se hizo famosa por su defensa ante el Tribunal Supremo de Álvaro de Albornoz, detenido por la sublevación republicana de Jaca. Estos detenidos formarán posteriormente el gobierno provisional de la Segunda República.

Victoria, afiliada al Partido Radical Socialista, fue elegida diputada de las Cortes Constituyentes por Madrid en 1931. Alcalá-Zamora, presidente de la Republica, la designó personalmente como Directora General, cargo que desempeñó, con el fin de rehabilitar a presos, hasta 1934. Su mandato al frente de las prisiones fue muy importante, siguiendo la labor iniciada por Concepción Arenal. Mandaría retirar los grilletes y cadenas de las prisiones, pediría la mejora en la alimentación de los reos, permitiría la libertad de culto, establecería los permisos por motivos familiares, cerraría más de cien establecimientos por sus pésimas condiciones. En definitiva, intentó reformar las cárceles españolas bajo el criterio de que la sociedad debe recuperar a los delincuentes como personas activas y esa era la función de las prisiones. Además, ordenó construir la cárcel de mujeres de las Ventas, en Madrid, donde no existían celdas de castigo, y creó el Cuerpo Femenino de Prisiones y el Instituto de Estudios Penales. Finalmente, dimitió del cargo al no ser aprobadas sus reformas, demasiado vanguardistas y alejadas de los criterios del Gobierno y de la mentalidad de la época.

Aunque es conocida su postura feminista, Victoria Kent protagonizó una polémica con Clara Campoamor, en 1931, con motivo de otorgar a la mujer el derecho al voto. Kent defendía que no era el momento adecuado para ello, pues las mujeres no estaban suficientemente formadas ni social ni políticamente para votar de modo responsable. Su tesis era que, por influencia de la Iglesia, el voto de las mujeres sería conservador, lo que perjudicaría a los partidos de izquierda. Victoria se basaba en el hecho de que se presentaron ante el presidente de las Cortes un millón y medio de firmas de mujeres pidiendo el cambio del proyecto de Constitución para que respetara los derechos de la Iglesia. Esta posición de Victoria Kent no siempre ha sido entendida históricamente y el enfrentamiento dialéctico con Campoamor tuvo para ambas repercusiones personales. Lejos de reflexiones políticas, este debate suscitó las risas y comentarios machistas de los varones de la Cámara.

Por otra parte, Kent participó muy activamente en las deliberaciones de la Cámara sobre el proyecto de Constitución de la República. Ella presentó algunas enmiendas importantes.

En 1936, aparecía en las listas de Izquierda Republicana y salió elegida diputada por Jaén. Durante la Guerra Civil, Victoria Kent creó refugios infantiles y se hizo cargo de numerosas guarderías. Fue enviada a la embajada republicana en París para que se encargara de las evacuaciones de los niños. Permaneció en Francia hasta el final de la contienda. Colaboró con la salida de refugiados hacia América, pero ella no corrió la misma suerte y fue sorprendida por la invasión nazi. Cuando París fue ocupada, Kent se refugió en la embajada mexicana, donde estuvo un año, pues su nombre aparecía en la lista negra de la dictadura franquista. La Cruz Roja le proporcionó un apartamento cerca del bosque de Boulogne, allí vivió -escondida y sola- hasta la liberación, bajo la falsa identidad de Madame Duval. En este tiempo escribió Cuatro años en París, novela autobiográfica narrada en tercera persona, cuyo protagonista es el alter ego de la autora. Es esta época la que marca por completo la actitud intelectual de Victoria Kent. El sufrimiento de perder la patria, el dolor de perder la propia identidad, hicieron de ella una mujer que nunca volvió a ser la misma que salió de España.

En 1948 se marchó a México. Allí dio clases de Derecho Penal, fundó la Escuela de Capacitación para el Personal de Prisiones, de la que fue directora durante dos años. En 1949 viajó a Nueva York, solicitada por la ONU, para colaborar en la Sección de Defensa Social, con el encargo de estudiar el lamentable estado de las cárceles de Iberoamérica, pero abandonó poco después por ser un trabajo excesivamente burocrático. En Nueva York fundó y dirigió la revista Ibérica desde 1954 a 1974, en la que publicaba las noticias llegadas desde España para los exiliados republicanos en Estados Unidos. Aunque volvió a España en 1977, regresó posteriormente a Nueva York, donde pasó el resto de sus días, hasta su muerte en 1987.

La obra de Victoria Kent (ensayos, conferencias, prólogos, artículos, autobiografía), ignorada, supone una contribución imprescindible tanto en la política penitenciaria como en el pensamiento republicano. La aportación de esta mujer a la Segunda República no es inferior, ni en calidad ni en cantidad, a la de otras figuras históricas, cuya obra ha trascendido con mucha más prodigalidad e interés.

Para terminar diremos, además, que aparte de contribuir política y jurídicamente a la República, también lo hizo desde el punto de vista ético, ya que Victoria Kent mantuvo en todo momento la coherencia y la honestidad tan escasa en otros políticos. Dimitió cuando no le aprobaron su plan de prisiones, mantuvo sus ideas republicanas por encima de las fórmulas que adoptó la Constitución, regresó por ello a su eterno exilio.

No permanezcamos indiferentes a la grandeza de esta mujer.

CDR

1 comentario:

  1. Sin duda, grandezas de mujer. Aunque en este país, pronto se olvida a quienes nunca debemos hacerlo, por su vida, por su obra o por su entrega. Universales, como en este caso. Buen ejemplo.
    Pmd.

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