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miércoles, 3 de octubre de 2012

REGULACIONES

Con la que está cayendo, no sólo del cielo -atendiendo a las lluvias torrenciales del pasado fin de semana-, sino también en el panorama político y social, una Cataluña con un pie fuera del país, un país con un pie en el rescate y ochenta mil personas más de patitas en la calle en septiembre, llega la delegada del Gobierno en Madrid diciendo que hay que regular el derecho a manifestación. Cierto es que en los últimos meses se han convocado más manifestaciones que en las décadas anteriores, cierto es que la ley que rige este asunto data de 1983, pero cierto es asimismo que esto suena a restricción de un derecho fundamental de la ciudadanía, única herramienta que tenemos para expresar nuestro descontento. Se trata, dicen, de equilibrar la libertad de los manifestantes con la de los que no quieren manifestarse. No me parece mal, pero entonces habrá que revisar también las molestias que causan los cortes en las ciudades con motivo de celebraciones futbolísticas, visitas papales, premios de Fórmula 1, desfiles oficiales, matrimonios reales, etc. Unos más frecuentes que otros, pero fastidiosos igualmente.

Estas declaraciones de la delegada vienen tras el elogio del mismísimo Presidente a los ciudadanos que no se manifiestan, creando así una diferencia entre "buenos" y "malos", enfrentando a unos contra otros, coartando el derecho a la libre expresión y elección al tomar partido.

Las ciudades han de ser habitables, eso argumenta Cristina Cifuentes, y no alude con ello a las colas en las oficinas del paro, al disgusto general del pueblo, sino precisamente a que esto se refleje en las calles. ¿Habremos de manifestarnos entonces en nuestra casa, en silencio, sin molestar a nadie? Una paradoja más que añadir a la lista.

Los comerciantes se quejan porque las concentraciones afectan negativamente a sus negocios, pretexta también la Delegada, y no se acuerda de que ya casi nadie entra en las tiendas porque el poder adquisitivo ha bajado notablemente, porque las familias o no pueden permitírselo, o guardan lo poco que les sobra en previsión de lo que pueda pasar. Otro despunte de autoritarismo y ofensiva a la libertad que tenerle en cuenta a este Gobierno.

Rizar el rizo de la legalidad para que lo legal se convierta en ilícito es el colmo.

CDR 

1 comentario:

  1. Conocía esas declaraciones. Lo dejas todo bien claro en tu feflexión. Lo úcnico que puedo añadir es ¡qué pena! Estar rodeados de personas que piensan así me procucen indignación y mucha pena, repito la palabra siendo consciente de ello.
    Tati.

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