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miércoles, 30 de enero de 2013

martes, 29 de enero de 2013

MÁS VIOLENCIA

Una película de más de dos horas de duración puede resultar un tostón si no tiene los ingredientes necesarios para enganchar al espectador. Seguramente, muchos de los que hayan visto La cinta blanca (Alemania, 2009) pensarán esto mismo. Sin embargo, aunque carente de acción y por tanto bastante lenta, considero que es todo un acierto de Michael Haneke, su director. Así como que el reparto es soberbio y la fotografía, la puesta en escena, el montaje son excepcionales.

La gravedad del tema que trata este filme requiere mucha sutileza, pero también mucha frialdad para el enfoque, porque presenta unos personajes mezquinos con actitudes despreciables. Y lo que hace Haneke es plantear preguntas al espectador para que él mismo busque las respuestas. Más que una película, parece una sucesión de fotografías de época. En vísperas de la Primera Guerra Mundial, el argumento se desarrolla en un pequeño pueblo alemán dominado por el poder del terrateniente. Unos misteriosos incidentes, rayanos en el crimen, comienzan a perturbar la tranquila vida de los habitantes del pueblo. Narrada con la voz en off del maestro, la historia muestra la rigidez moral de la educación de la época, la sórdida concepción sobre el sexo, el autoritarismo salvaje al que se sometía a los niños. Por tanto, no es difícil interpretar que la violencia genera más violencia y, más aún, se puede entender como una crítica al germen del nazismo, pues estos niños, afectados por el determinismo de su educación, no podían ser de otra manera.

La cinta blanca que el predicador ata a sus hijos para dar pábulo a su inocencia no es más que una señal de la hipocresía dominante. Los padres se abandonaron a sus vicios y pecados al abrigo de la oscuridad, mientras que los hijos actuarán orgullosos a plena luz del día, ensalzando su propia concepción de la pureza. Cuando llega el momento de asumir las consecuencias, es demasiado tarde. En una sociedad donde prevalece el castigo y la risa está condenada, todo es engaño y falsedad, violencia contenida, hasta que estalla.

No es, en fin, una película de entretenimiento, se ve como se admira un cuadro o se escucha una pieza de música sin intención alguna de bailar y divertirse. Sin embargo, es una propuesta sobre algo que tal vez nunca nos habíamos planteado, con la que podemos estar de acuerdo o no, sin quitarle el valor artístico que tiene la obra a nivel cinematográfico.

Una auténtica película en blanco y negro del siglo XXI.

CDR  

lunes, 28 de enero de 2013

ETERNO TOLSTÓI


La eternidad no es algo inalcanzable. Algunos autores la logran a través de sus escritos. Es el caso de Liev Nikoláievich Tolstói, popularizado como Leon Tolstói (1828-1910), al que sin duda todos reconocen como el autor de Guerra y paz y de Ana Karenina. Pero este escritor, uno de los mejores novelistas de la literatura rusa y universal, no sólo es un excelente representante del realismo ruso, sino que su filosofía de vida y su propia existencia fueron un ejemplo a seguir por muchos otros hombres ilustres, como Martin Luther King o Gandhi. Su influencia, en fin, va mucho más allá del ámbito literario.
De descendencia noble, hijo de una princesa y un conde, quedó huérfano a temprana edad y pasó parte de su juventud, junto a sus tres hermanos y hermana, con sus tíos paternos. Quizá su falta de orientación hace que la primera etapa de su vida se desarrolle entre la impulsividad y la duda. En 1843 empezó sus estudios de Letras en la Universidad de Kazán, que abandonaría poco después para terminar Derecho en San Petersburgo. Su experiencia estudiantil lo dejó insatisfecho, ante un método de enseñanza anticuado a sus ojos, de modo que a partir de ese momento se caracterizará Tolstói por ser un escritor autodidacta. Una de las obras que más influyó en él fue la Biblia, al igual que las doctrinas de Pushkin y Rousseau, entre otros.
A partir de 1851 se une a su hermano en el Caúcaso, para poco después ingresar en el ejército ruso. De esta vivencia saldrán obras como Sebastopol (1855-1856), historia basada en la guerra de Crimea, de la que él fue oficial; Dos húsares (1856); o Los cosacos (1863), donde el autor ruso realiza una comparativa entre la sana vida al aire libre de estos guerreros con el cansancio y la apatía de la juventud moscovita . En los últimos años de su vida rememorará estos momentos en un bellísimo relato terminado en 1904 pero publicado póstumamente, Hadzí Murad. Además, en la primera parte de su vida escribió su obra autobiográfica, que incluye Infancia (1852), Adolescencia (1854) y Juventud (1856). Interesado también por otros temas, publica Felicidad conyugal (1858), que habla de la relación más compleja y plena que puede darse entre una pareja, el matrimonio por amor como proyecto de futuro; una obra basada en la propia vida de Tolstói. La pedagogía fue igualmente ámbito de su interés, de modo que en sus viajes por Inglaterra y Alemania estudió los modernos métodos didácticos que posteriormente aplicaría en la escuela por él fundada en Yásnaia Poliana, su pueblo natal, y que dará título a otra de sus obras.
En 1862 contraerá matrimonio con Sofia Andréievna Bers, hija de una culta familia moscovita, con la que tendrá quince hijos. Sus ocupaciones como padre de familia y esposo, así como administrador de numerosas propiedades, no mermaron su capacidad creativa. Y es precisamente en estos años cuando escribe sus novelas principales: Guerra y paz (1865-1869) y Ana Karenina (1873-1877), publicadas inicialmente como folletín en la revista “Ruskii Véstnik” (“El mensajero ruso”). El propio escritor consideró Ana Karenina como su primera novela, quizá por el cariño personal hacia la protagonista, seguramente inspirada en Maria Hartung, hija de Pushkin, y sin duda, desde el punto de vista literario, una obra en que el estilo tolstoiano aparece en pleno apogeo.  Ahondando en las costumbres de la sociedad rusa, con unos personajes magníficamente conseguidos, Tolstói pretendía además un ambicioso mensaje moralizador, si bien el valor literario de estas obras eclipsa en cierto modo este fin. En este sentido, se puede decir que Tolstói es a la vez un cronista de su tiempo, historiador y moralista, pues narra con realismo sobrecogedor momentos históricos mientras que da a los lectores lecciones de moralidad cristiana.
Es importante conocer la evolución ideológica sufrida por Tolstói a lo largo de los años, ya que fue víctima de la contradicción entre su vida y sus convicciones morales. Desde un joven noble liberal, Liev Nikoláievich evolucionó a una edad adulta de insatisfacción y a una madurez en la que encontró por fin aquello que no hallaba en los placeres de la aristocracia rusa, propiciado por el descubrimiento íntimo de la fe verdadera. Quizá esta transformación interior sea el germen de la actitud crítica del escritor, que muestra en los otros las carencias que él ya ha conseguido suplir. En esta línea ético-espiritual están Confesión (1882), Sonata a Kreutzer (1889) o Resurrección (1899), también magistrales análisis de la sociedad rusa.
Comprometido con los siervos de sus tierras en mejorar las condiciones de trabajo y de vida, Tolstói prometió hacer reformas desde su posición de aristócrata. Su convicción más profunda llegó a ser que la salvación sólo podía estar en Dios y esto lo llevó a rechazar también las instituciones y las creencias religiosas rusas, así como a fijarse un ideal de pobreza voluntaria, trabajo manual y abolición de la propiedad. Sin embargo, siempre se vio presionado por su familia, que le impedía deshacerse de sus bienes. Pensamientos plasmados en sus Diarios (escritos entre 1847 y 1894). Es en estos textos íntimos donde conocemos verdaderamente la dimensión humana del escritor, sus preocupaciones, su dificultades. Infatigable en su trabajo hasta los últimos días de su vida, en octubre de 1910 abandona su casa en compañía de su hija Alexandra, su favorita, y un discípulo, para vivir como un mendigo y paliar así su vergüenza ante los campesinos por sus privilegios. Sin saberlo, Tolstói coge el tren hacia la muerte, pues cuando llega a la estación de Astápovo no puede proseguir, tiene fiebre y la neumonía avanzaba rápida y letal por su organismo. Y así, el 20 de noviembre de 1910 muere Leon Tolstói, en la humilde cama de un jefe de estación.
Más de cien años después de su muerte, sigue siendo imprescindible leer a este autor de mágico estilo, en palabras de Nabokov, cuya capacidad para describir lo que ve, para transmitir la psicología de los personajes y para entusiasmar al lector con su amor por la naturaleza aún no ha sido superada. La vitalidad y la fuerza de Tolstói, que impresionó a sus contemporáneos, quienes veían en aquel anciano de barbas blancas a un titán, a una especie de profera majestuoso, a un mago de las palabras, llega hasta nosotros a través de su impresionante legado literario.
Lo dicho: eterno.
CDR

domingo, 27 de enero de 2013

MOTIVOS

Causas o razones que mueven para algo:

Un bello amanecer.

El calor de la persona amada.

Una mirada.

Una sonrisa.

Una caricia.

Un beso.

Un abrazo.

El olor de la lluvia.

Los rayos de sol.

Las flores

Los árboles.

Los pájaros.

El azul del cielo.

Un nacimiento.

La familia reunida.

El cariño.

(...)
 

Para vivir, sobran los motivos.

CDR

miércoles, 23 de enero de 2013

ÁNIMOS

En muchas ocasiones nos hace falta que nos den ánimos, porque el desaliento nos atenaza y no encontramos sentido a nada de lo que nos rodea.

Desde aquí queremos contribuir al desánimo generalizado con un repaso, a modo de "pequeñeces", a los ánimos que podemos poseer, encontrar, recibir, sentir, pues los hay de diversos tipos, derivando todos ellos del mismo origen: del latín animus y este del griego ἄνεμος, que significa soplo.

En cuanto es principio de la actividad humana, el ánimo se entiende como alma o espíritu. Los que crean que sólo somos materia física, pueden prescindir de esta acepción.

También entendido como valor, esfuerzo, energía, es normal que nos flaquee el ánimo cuando nuestro empeño y afán vienen a dar continuamente con un muro de hormigón.

La intención y voluntad es ánimo igualmente, como el que mueve la mayoría de nuestros actos.

Con tranquilidad y serenidad, tanto en los sucesos adversos como en los prósperos, se toman la vida los que tienen presencia de ánimo.

Si se encuentran profundamente tristes, depresivos, abatidos, entonces sufren de pasión de ánimo.

Cierto es también que nadie se encuentra siempre en el mismo estado de ánimo. Sujeto a tantas condiciones, es uno de los aspectos más volubles del ser humano.

Por eso decimos ¡ánimo! como una interjección de buenos deseos, aunque sepamos que es en vano en momentos de gran desconsuelo. Siempre se agradece una voz amiga que nos lo diga.

Ya lo manifestó el sabio Salomón:
"El ánimo gozoso hace florida la vida; el espíritu triste marchita los sucesos."

CDR

domingo, 20 de enero de 2013

EN EL VACÍO

Jon era escalador desde niño, desde que su padre lo llevó por primera vez a la Peña Roja y lo puso ante sus paredes, llenas de pequeñas hendiduras invisibles a sus inexpertos ojos, pero que poco a poco se iban descubriendo al tacto de sus dedos y las puntas de sus pies de gato.
 
Llevaba unos diez años trepando por las vías más complicadas del Pirineo y abriendo otras nuevas con un osado atrevimiento cuando ocurrió el trágico accidente. Uno de los seguros saltó, a pesar de la meticulosidad con que los colocaba, y Jon cayó con tan mala fortuna que su cabeza primero y después su espalda dio fuertemente contra la roca antes de quedar suspendido, sujeto por el siguiente anclaje instalado. Quedó inconsciente y sólo el sexto sentido de su padre, que pensó que algo iba mal cuando Jon no volvía a la hora de comer, logró salvarle la vida. El equipo de rescate pudo llegar hasta él, porque afortunadamente llevaba el reloj localizador que su padre le regaló en su último cumpleaños. A Jon no le gustaban los móviles ni las tecnologías en general, pero su padre le convenció de que era imprescindible llevar ese aparato para su seguridad.
 
Cuando informaron a Luis de que su hijo quedaría tetrapléjico, con daños irreversibles en la función cerebral, el mundo se le vino encima. Lo primero que se le pasó por la cabeza fue que gracias a Dios su esposa no tendría que pasar ese trago, pues había fallecido dos años antes. Ella temía tanto su amado deporte. Aceptaba a duras penas que él lo practicara porque sabía que era su pasión, pero no podía soportar el sufrimiento de imaginarse a Jon colgado de una pared de roca. ¿Cómo afrontaría ahora la culpa de haberlo iniciado en la escalada y de este fatal desenlace? Al menos estaba solo para cargar con la losa que a partir de ahora llevaría. Y esa certeza le desgarró el alma y lo arrasó en lágrimas.
 
Aparentemente, Jon no se enteraba de nada, su cuerpo postrado en la cama, conectado al respirador, no era más que un montón de huesos y carne sin sensibilidad. La rehabilitación sólo servía para mantener el tono muscular, a lo que contribuía su juventud, y el trabajo de la especialista no estaba dando frutos a nivel cerebral. Sin embargo, Jon no estaba muerto ni era un vegetal, algo dentro de él seguía soñando con escalar las altas cumbres de los Alpes suizos, del Himalaya, se veía a sí mismo desafiando los abismos que se abrían entre las verticalidades que conquistaba. No tenía forma alguna de expresarlo, todo era tragado por el vacío de esa impotencia.
 
Luis salía a escalar cuando ya no podía resistir la presión que le oprimía el pecho, tras el trabajo y llegar a casa para encontrar un improvisado hospital que poco a poco iba extendiéndose por todas las estancias, para ver a su único hijo inútil ya para la vida. Entonces, se agarraba con fuerza a la roca, miraba hacia abajo y sentía deseos de dejarse caer, para desaparecer en el vacío. Pero no podía hacerlo, Jon le necesitaba.
 
CDR    

sábado, 19 de enero de 2013

PROTAGONISTAS

En la vida no perdemos amigos, sólo descubrimos quiénes son los verdaderos.

A aquellas personas que un día prometieron llamar y de las que nunca más se ha vuelto a tener noticia.

A aquellas personas que tanto te querían y hoy no quieren ni verte, sin motivo conocido.

A aquellas personas que envidian tus éxitos y ensalzan los suyos en una estúpida competición imaginaria.

A aquellas personas que no maduran a pesar de la edad y siguen estancadas en un eterno enfado con el mundo.

A aquellas personas que se muestran ante los demás como imprescindibles porque en el fondo carecen de autoestima y de confianza en su valía.

A aquellas personas que anteponen tontos prejuicios, ideas ofuscadas, falsos testimonios a una amistad que podía haber sido verdadera y valiosa.

A aquellas personas que no encuentran su verdadero lugar en el mundo y vagan en sus casas, en sus trabajos como ánimas en pena, con falsas sonrisas, lágrimas de cocodrilo y una simulación agotadora.

A aquellas personas que se sientan identificadas al leer esta entrada, para que sean hoy las protagonistas, pues no es otro el objetivo de sus vidas.

Un aplauso, por haberse mostrado al fin tal y como son y no hacernos perder más tiempo con ellas.

"Cuanto más pequeño es el hombre, más necesita hacerse notar." (José Narosky)

CDR

viernes, 18 de enero de 2013

MEZCOLANZA

Pasan tantas cosas en estos días que no se sabe a dónde acudir, qué criticar, la mente confusa y el corazón encogido ante la implacable, surrealista, realidad.

A continuación, una mezcolanza, inspirada en el estilo cervantino, pues no se me ocurre otra forma de digerir los bolos que nos sirven a diario los noticiarios que no sea desde la punzante ironía y el ingenio. Quizá de esto se valen aquellos que vilmente se burlan de nosotros, de que las únicas armas que hasta ahora empuñamos son las palabras. Pues estas les rebotan en sus corazas de malandrines.

Felonías de señores con traje de chaqueta, corbata, sobres bajo manga y áticos de lujo.

Ofensas al amor propio y la dignidad de la ciudadanía, trabajadores sencillos, entregados y sacrificados. Decir "la corrupción de los políticos es un reflejo de la sociedad" merece como mínimo un botellazo en la cabeza.

Borricos indignos de llevar a un honrado escudero, en sus lomos acarrean cuentas en paraísos fiscales, mentiras, hipocresía, ciegos hacia su particular ínsula Barataria.

Compinches, unos y otros, de uno y otro lado, acusan a aquellos y desvían la mirada mientras los suyos hacen exactamente lo mismo. La corrupción se expande como una plaga entre estos malnacidos, bribones.

No siempre la realidad es lo que parece, en ocasiones se puede vencer a gigantes, doblegar leones combatir bachilleres y conquistar doncellas con ideales y buena voluntad. Como esta actualidad nuestra es más de lo que parece, porque no sabemos ni de la misa la mitad. Con la iglesia hemos topado, sí, y con la mezquindad política... y nos vamos cayendo con todo el equipo.

Entre tanto, ellos son señalados, puestos en entredicho, juzgados, indultados, ascendidos (en un lapso de tiempo indignantemente corto), sin perder la sonrisa y el cinismo. Sinvergüenzas sin vergüenza.

CDR

jueves, 17 de enero de 2013

LO PRÁCTICO

Los que somos docentes aprendemos mucho cada día. Además de soltar nuestro rollo didáctico, algún que otro sermón moral y bastantes reprimendas que suelen caer en saco roto, llegamos a casa, no solo con muchísimo trabajo para corregir sino también con mucha sabiduría atesorada sobre lo que viene a ser hoy en día la juventud.

En estos tiempos que corren, lo que más se valora es la inmediatez. Y en ese sentido, qué suerte tienen aquellos compañeros de materias prácticas, que enseñan cosas que comportan utilidad o provecho material inmediato. Como fabricar un generador, dibujar un polígono con perspectiva, o jugar un partido de voleibol, por citar algunas actividades que tanto gustan a los adolescentes, o al menos que no disgustan tanto como el aburrido análisis sintáctico o el comentario de texto que me toca enseñar a mí, entre otros contenidos no menos tediosos.

Y lo más gracioso es que esta idea de para qué sirve todo lo que deben aprender en el instituto no es exclusiva de los alumnos, que, al fin y al cabo, en su inmadurez, no alcanzan a comprender la importancia de su formación. Sino que esta misma concepción es la que tienen los padres, en general. Se percibe, en las charlas que una como tutora tiene ocasión de entablar con las familias, cierta reticencia y no pocas dudas sobre la validez de lo que se enseña.

Hoy he escuchado a mis espaldas, mientras escribía en la pizarra, a una alumna que decía "Ni que me fueran a preguntar por la calle qué es un sujeto y un predicado", con claro desprecio a la actividad que les estaba pidiendo. Después de quejarse, por supuesto, de la grandísima dificultad que supone analizar las propiedades textuales (adecuación, coherencia y cohesión) en un fragmento dado. Supongo que pasar horas delante de la tele, chateando con el móvil o dándole a los botones de la videoconsola debe ser mucho más práctico y provechoso para su vida y su futuro. No olviden que estamos a la cabeza de los países en que sus jóvenes corren mayor riesgo de desarrollar adición a las nuevas tecnologías y, sin embargo, a la cola en resultados académicos.

Soy consciente de que en todas las épocas se ha considerado a los jóvenes como insensatos, inmaduros, prepotentes, como si fueran poseedores de la verdad aunque incapaces en el fondo de valerse por sí mismos. Nada nuevo. Pero no me nieguen que hoy, aparte de las características inherentes a esta etapa vital, contamos con unos aderezos que contribuyen a acentuar problemas inexistentes en otras generaciones, o no tan generalizados y evidentes. Otra alumna, hoy mismo también, ha afirmado en un debate en clase que ella no tiene la culpa de haber nacido en la época de los "ni-ni" y estar tan descentrada. Niños que saben que son hiperactivos, niños que saben que pasan de curso sin aprobar, niños que dicen no vale la pena estudiar para ir a la cola del paro... niños con los bolsillos abultados por sus móviles de última generación y las neuronas haciendo eco en una cabeza cada vez más vacía.

Qué bonito cuando a principio de curso, en Bachillerato concretamente, crees estar ante unos alumnos interesados en los estudios, que han elegido esa opción porque tienen un objetivo claro, porque desean que su formación sea integral y les distinga en el futuro como personas cultivadas y competentes. Entonces les hablas de lo maravillosa y rica que es nuestra lengua, nuestra herencia literaria, sueñas con incitar su pensamiento creativo, mejorar su capacidad expresiva, disfutar de las escasas tres horas semanales que el currículo asigna. Y pronto despiertas a la cruda realidad, chicos y chicas desorientados, algunos obligados a estar ahí, con pocas ganas y poca predisposición; que te miran como si hablaras en un extraño idioma, y que no entienden nada antes incluso de que hayas abierto la boca. (No todos, afortunadamente en cada curso siempre hay algunos que te sirven de tabla de salvación, pero ya saben la necesidad de generalizar en estos casos.)

Aún siendo profesora de Lengua y Literatura, intento enfocar la asignatura desde un punto de vista práctico, para que los alumnos no tengan que memorizar contenidos que pronto olvidarán sino para que los apliquen. Pero para ellos, lo práctico no es eso, es algo que ellos crean que les sirve para cuando salgan a la calle -un poco impreciso, lo sé-. En fin, ¿para qué queremos saber más que balbucear (con que nos entiendan, basta) y mover las manos para teclear en el móvil y llevarnos la comida a la boca? Vamos, cubrir las necesidades básicas. No les iba mal a los hombres prehistóricos, todo lo que aprendían les servía básicamente para sobrevivir. Tantos años de evolución, de literatura, de arte, de música, de pensamiento, para nada.

CDR

miércoles, 16 de enero de 2013

AL FINAL DEL TÚNEL


Hoy rendimos homenaje a Ernesto Sábato, magnífico escritor, físico, pintor y símbolo de la democracia en Argentina, que por poco no llegó a cumplir los cien años (junio 1911-abril 2011) Quizá no del todo reconocido, más bien de moda en un momento dado, Sábato acabó recluyéndose en su casa para esconder su vejez, asimilar su incipiente ceguera y dejar de crearse enemigos, cosa que, según él, tan bien se le daba.
 
Hijo de inmigrantes italianos, Ernesto Sábato nació en Rojas, provincia de Buenos Aires, un día de San Juan, en 1911. Fue el décimo de once hijos varones, en una familia de clase media, cuyo progenitor era tan severo que el propio Sábato declaró tenerle terror. Se llamó Ernesto por su anterior hermano, que falleció días antes de nacer él. Después de estudiar en la escuela primaria de Rojas, realizó sus estudios secundarios en La Plata y posteriormente, en 1929,  ingresó allí en la Facultad de Ciencias Físico-Matemáticas. Aunque en un principio simpatizaba con el movimiento anarquista, ya desde 1933 fue militante del movimiento de Reforma Universitaria, de tendencia comunista; ese mismo año fue elegido secretario general de la Federación Juvenil del Partido Comunista. Pero más tarde comenzó a tener dudas, desilusionado con el rumbo que había tomado el gobierno de Stalin en la Unión Soviética. El Partido, advirtiendo este cambio, resolvió mandarlo a las Escuelas Leninistas de Moscú para “purificarlo”. Antes debía pasar por un Congreso contra el fascismo y la guerra en Bruselas y allí conoció el horror de los procesos de Moscú. Así pues, temiendo no volver vivo de allí, escapó a París, donde más tarde trabajaría en el Laboratorio Curie. Regresó a Buenos Aires en 1936, para casarse por lo civil con Matilde Kuminsky Richter, a la que había conocido con apenas diecisiete años y que dejó a su familia para irse con él. Ella fue la madre de sus dos hijos, y con la que vivió hasta su muerte en 1998. Finalmente, tras un dilatado recorrido vital, una vasta carrera literaria e ideológica, falleció Sábato en su hogar adoptivo de Santos Lugares, muy cerca de la capital porteña.
 
Hasta 1945 se dedicó Sábato a la ciencia, entre Zúrich, Buenos Aires y París, pero su contacto con el movimiento surrealista francés, así como una profunda crisis existencial -en el Laboratorio Curie se sentía vació, preso de una inercia sin sentido-, además del germen que cultivó ya en él su profesor Pedro Henríquez Ureña, lo llevaron definitivamente a consagrarse en exclusiva a la literatura. A partir de 1940 fue profesor en la Universidad Nacional de Buenos Aires, pero cinco años después se vio obligado a dejar la enseñanza, a raíz de la publicación de unos artículos en el periódico La Nación, atacando al régimen de Perón. El retiro docente dio lugar a su primer libro, Uno y el universo (1945), colección de artículos político-filosóficos en los que censuraba la moral neutral de la ciencia heredada del siglo XIX y alertaba sobre el proceso de deshumanización que conlleva una sociedad tecnológica. Este descreimiento sobre la ciencia, lo llevó a la experimentación con las posibilidades que ofrecía la literatura para explicar los problemas existenciales. También fue decisiva en estos años su relación con el Grupo Sur, donde conoció a Victoria Ocampo, directora de la revista, a Adolfo Bioy Casares y, por mediación de este, a Jorge Luis Borges.
 
Destaca el argentino por el rigor en la construcción de sus obras y por la densidad de su contenido, sujeto incluso a problemas de interpretación. Así pues, se puede considerar a Sábato como un novelista intelectual, bastante influido por el existencialismo. En esta corriente filosófica se enmarca precisamente su primera novela, El túnel (1948), corta y sencilla aunque vibrante, sobre el amor, los celos y la obsesión; un retrato sobre la paranoia y la descripción de un proceso psicológico que lleva del amor al odio. En fin, una novela que entusiasmó en su momento a Albert Camus y que sigue provocando fascinación y desasosiego en el lector por su dureza y su acierto literario.  Posteriormente aparece Sobre héroes y tumbas (1960), que incluye el famoso Informe sobre ciegos, publicado en ocasiones como texto independiente y llevado al cine por el hijo del escritor, Mario Sábato. Esta novela relata la historia de una familia de la aristocracia argentina venida a menos, en el contexto de las guerras civiles del siglo XIX hasta 1955, exponiendo el desgarramiento sufrido por el país. El retrato intimista que aparece sobre la muerte del General Juan Lavalle, héroe de la independencia, pretende mostrarnos el corazón contradictorio del ser humano; Sábato afirmaba que todos somos una mezcla de términos opuestos: bondad y maldad, generosidad y egoísmo, valentía y cobardía. Por último, concibió Sábato el complejo mundo de Abbadón, el exterminador (1974), de corte autobiográfico y tema apocalíptico, con una estructura narrativa fragmentaria. Además de mezclar sucesos autobiográficos verdaderos y fantásticos, con análisis filosóficos e incluso crítica literaria, el autor recrea hechos nefastos de la historia de Argentina, aunque también está muy presente el drama mundial del siglo XX. El propio autor es uno de los personajes principales, además de retomar a algunos de la anterior novela. El protagonista mira al mundo y se mira a sí mismo, reflexiva y críticamente, generando una visión abarcadora: confusión, ruptura, corrupción, degradación, para denunciar un mundo en que triunfa el mal. Esta novela recibió el premio al a Mejor Novela Extranjera en París, en 1976. En estos años se sucedieron los galardones, como la Gran Cruz al mérito civil en España, en 1978, o la distinción en Francia como Comandante de la Legión de Honor, al año siguiente.
 
En 1984 obtuvo merecidamente el Premio Cervantes. En su discurso, Sábato afirmó que ante sus personajes se sentía como ante seres de carne y hueso, tan reales que casi conseguían asustarlo, como muestra de la difícil relación entre el autor y los personajes por él mismo creados. Además, acérrimo admirador de la obra magna de Cervantes y de su protagonista, Sábato alegó ver en don Quijote a un simple mortal que creía una obligación aventurar la vida por la libertad y la honra.
 
Mucho más amplia es su obra ensayística, que viene a girar en torno a la misma obsesión: la condición humana, aunque también escribió sobre crítica literaria y temas argentinos. Algunos de sus ensayos más importantes son Hombres y engranajes (1951), El escritor y sus fantasmas (1963), donde expone sus ideas sobre la finalidad de escribir ficciones y esboza la posibilidad de una literatura nacional, además de hacer crítica a la escritura de autores como Sastre o Sarraute; La cultura en la encrucijada nacional (1973); Diálogos con Jorge Luis Borges (1976), hermoso libro en el que se demuestra la gran amistad que le unió a Borges, a pesar de haber mantenido siempre una relación conflictiva por motivos políticos; Apologías y rechazos (1979), siete ensayos en los que desafía la censura impuesta por la dictadura, tratando sobre los males de la educación; Los libros y su misión en la liberación e integración de la América Latina (1979); o Entre la letra y la sangre (1988). De 1999 es su libro de memorias, Antes del fin, donde expone su propia vida, presintiendo ya a sus ochenta y ocho años un próximo final. Pero aún tuvo tiempo de escribir La Resistencia (2000), que apareció en la página digital del diario Clarín y España en los diarios de mi vejez (2004).
 
Sábato no pertenece a ninguna escuela estética ni literaria, sin embargo sus obras siempre han tenido gran número de lectores y han sido traducidas a más de veinte idiomas, además de haber sido invitado a disertar en Universidades de América y de Europa. Posiblemente la razón de este éxito sea su testimonio de vida, la búsqueda a los interrogantes que acompañan la existencia de todo ser humano: la vida, la muerte, la soledad, la desesperación, la esperanza. Escritor instintivo, Sábato afirmaba que la razón no sirve para la existencia, por eso siempre escogía el tema de sus libros por instinto, porque el alma del ser humano no es algo que se pueda abordar desde lo empírico. Como él mismo se definía, Sábato era un anarquista cristiano.
 
La vida y la importancia de Ernesto Sábato no se comprenden sin tener en cuenta su compromiso contra la dictadura militar argentina y su lucha por los derechos humanos. Más allá de partidismos y posturas políticas, siempre ha defendido fehacientemente valores éticos como la dignidad, la libertad o la democracia. Tras el derrocamiento del segundo gobierno del General Perón, Sábato fue uno de los primeros en interpretar este gobierno en su ensayo El otro rostro del peronismo (1956), en el que alude al resentimiento histórico como germen del carácter peronista. En ese mismo año sale también a la luz El caso Sabato. Torturas y libertad de prensa, edición particular, que contiene los documentos sobre la intervención militar a la revista Mundo argentino, donde él colaboraba. Después de esto, Sábato presentó su renuncia por problemas con la libertad de prensa y eso supuso el choque con el gobierno de Aramburu. En 1958, tras la elección como presidente de Arturo Frondizi, Sábato es nombrado Director General de Relaciones Culturales, cargo al que renunciará también poco después por discrepancias políticas. En mayo de 1976, Jorge Rafael Videla organizó un almuerzo de intelectuales argentinos, entre los que se contaban Ernesto Sábato, Horacio Esteban Ratti, Jorge Luis Borges o el padre Leonardo Castellani. Unas declaraciones de Sábato a la prensa sobre una conversación mantenida con el Presidente de la Nación crearon una gran polémica e incluso algunos compañeros lo acusaron de hipocresía; si bien Sábato fue siempre contrario a la sumisión y continuó escribiendo duros ensayos críticos contra la dictadura. Una vez terminado este periodo, pasó a formar parte de la Comisión Nacional de la Desaparición de Personas (CONADEP), creada por el primer presidente democrático de Argentina, Raúl Alfonsín. Las investigaciones llevadas a cabo por esta comisión sacaron a la luz casi nueve mil desapariciones y la existencia de unas trescientas sedes de detención ilegal y tortura. A raíz de estos datos, Sábato escribió el famoso informe Nunca más (1984), que fue entregado al presidente en un acto público, inolvidable para los argentinos. Ese informe originó el procesamiento y la condena de los máximos responsables de las juntas militares de la dictadura. Posteriormente, Sábato siempre se opuso a las leyes de indulto. Así pues, el escritor fue sujeto a numerosas presiones y, finalmente, decidió autoexiliarse a un pueblo de provincias. Su última aparición pública fue en 2004, en un homenaje con motivo del III Congreso Internacional de la Lengua Española.
 
Ernesto Sábato reconocía que su verdadera pasión siempre fue la pintura. Ya de niño, antes de leer ni escribir, dibujaba, pero en la adolescencia empezó a plasmar  horribles pesadillas y alucinaciones en diseños que más adelante destruyó como para borrar aquel periodo desdichado. El contacto con el surrealismo durante la estancia parisina fue una experiencia transcendental en la vida de Sábato, pues le permitió adentrarse en los territorios más oscuros del arte. Su amistad con Óscar Domínguez lo animó a ponerse a pintar,  si bien la literatura se impuso por la necesidad de palabras que expresaran sus ideas y sus pasiones, apoyándose en el lenguaje del inconsciente y en los métodos del psicoanálisis. Pero siempre ha gustado Sábato de la experimentación: desde escribir el  guión cinematográfico para la adaptación de El túnel, ensayos sobre el tango como canción de Buenos Aires, dirigir la enciclopedia Mitomagia, hasta la colaboración en varios discos con textos de Sobre héroes y tumbas o Uno y el universo, o con su hijo Mario en varios documentales como narrador, Sábato ha exprimido hasta los últimos días su talento y su creatividad. Ya en 1964 le otorgaron con méritos sobrados el título de Chevallier des Artes et des Lettres, orden instituida por André Malraux. Una dolorosa nostalgia por su vocación primera le llevó a dedicarse de pleno a la pintura una vez retirado de la vida pública. Cuando el médico le anunció que tenía una enfermedad irreversible en los ojos, que lo conduciría a la ceguera si no dejaba de leer y escribir, Sábato se alegró íntimamente, porque ello le supondría poder pintar. Su primera muestra fue en el Petit Foyer del centro Pompidou, en 1989, arrastrado por amigos y conocidos, donde sólo expuso una decena de cuadros, ya que su carácter autodestructivo lo llevaba a desechar la mayor parte de lo que pintaba. En 1992 expuso sus pinturas en el Centro Cultural de la Villa en Madrid y en La Galerie de París. Algunos ejemplos de sus cuadros más conocidos son Las flores del mal, oleo cedido por el autor a la Secretaría de Cultura, expuesto en el Museo Nacional de Bellas Artes;  Autorretato, Dostoievski, o Alquimista, todos ellos exponentes de un estilo oscuro, de trazos difuminados y rasgos macabros. Como en sus novelas,  también plasma Sábato en sus cuadros dolor y tristeza, paisajes desolados. Y es que para este intelectual de amplia curiosidad y calidad humana, el artista debe buscar la belleza, pero detrás de esta siempre aparecerá el dolor, ya que la vida siempre plantea al ser humano un dilema moral y metafísico.
 
Como marcado por un destino fatal, según él mismo creía, Ernesto Sábato pasó a lo largo de su vida por numerosas crisis existenciales, filosóficas, políticas. Su niñez estuvo sellada por la muerte de su hermano, por lo cual su madre le procuraba excesivos cuidados y desvelos, y él siempre sintió como si hubiera venido a reemplazar al otro. La severidad del padre, a menudo durísima, le enseñó a cumplir con el deber y a ser consecuente y riguroso consigo mismo, pero también motivó su espíritu propenso a la tristeza y a la melancolía. Aunque formado desde joven en las Ciencias, su constante búsqueda y su revisión crítica le hicieron virar hacia la Literatura, ya que encontró en la palabra una vía para canalizar su angustia. Dominado siempre por las pasiones y las contradicciones, no puede decirse que Sábato fuese estrictamente un intelectual -en cuanto al dominio de la razón-, pero sí un predicador convincente, en tanto que encarnaba los sentimientos de la mayoría. Sábato se recordará como icono de la cultura argentina, con todo lo positivo y lo negativo que ello conlleva, pues supo dejar tras de sí la estela del escritor atormentado que luchaba contra tinieblas y fantasmas, los de su país y los propios. Hasta su voz era cavernosa, de acento pesimista, como para dar expresión a las tinieblas de su mundo, aquel plasmado en sus escritos y pinturas.  Atormentado y horrorizado por la desaparición de personas durante la dictadura, Sábato pensaba que el hombre es el animal más siniestro que existe. Además, la muerte de su hijo mayor, Jorge, en 1995, en accidente de tráfico, supuso un duro golpe para el ya anciano Sábato. Y pocos años después también falleció su compañera de toda la vida, Matilde, a la que él consideraba una mujer fuerte, como las de la Biblia, lo que le supuso el dolor más fuerte de su vida. Tras varios años de reclusión y una larga enfermedad a la que ya no pudo plantar cara con casi un siglo a sus espaldas, ahora descansa en paz Sábato y nos espera al otro lado del túnel.
 
CDR

lunes, 14 de enero de 2013

ETIMOLOGÍA

Normalmente sabemos qué significan las palabras que utilizamos, o eso creemos. Si tenemos alguna duda, consultamos el diccionario, acto cada vez menos frecuente pero que algunos aún practicamos. Sin embargo, con todo y con eso, la mayoría de las palabras esconden algún significado remoto, que ya no se usa, que ha ido evolucionando con el paso del tiempo, que no deja pista alguna en muchas ocasiones y que oculta siempre una interesante historia. Para desvelar estos misterios está la Etimología, especialidad lingüística que estudia el origen de las palabras. La propia etimología del término lo explica: étymos (verdadero) y logos (palabra), ambas raíces del griego.

Por ejemplo ¿qué tiene que ver un candidato con el color blanco? Para nosotros la palabra se refiere a una persona que pretende un cargo, político o de otro tipo. Pues resulta que la voz latina candidatus viene de candidus, que significa "blanco". Efectivamente, en Roma, aquellos que optaban a un cargo vestían una toga blanca que los distinguía de los demás. De ahí que incluso el DRAE recoja una tercera acepción, en el español de Hispanoamérica, que significa "persona cándida, que se deja engañar". Es conocida la connotación positiva que tiene el color blanco para la candidez o la inocencia.

Otro ejemplo: ¿por qué entendemos como avieso y malintencionado a alguien siniestro cuando en realidad etimológicamente significa "izquierdo"? Decimos la mano derecha (del latín dexter) pero no nombramos a la mano siniestra (del latín sinister). Históricamente, sobre todo en la época medieval, se entendía como maligno todo aquello que se salía de la norma. Se estimaba entonces como "normal" el uso diestro de la mano para escribir, considerándose como un signo diabólico la habilidad con la izquierda. No hace tantos años, en los colegios aún se ataba a los niños zurdos la mano izquierda a la espalda para que tuvieran que utilizar la otra, como debía ser lo natural.

Y uno más: ¿no es curioso que un signo zodiacal se llame cáncer, esté representado por un cangrejo, y sea hoy una enfermedad tan temida? Se conoce como zodíaco a la faja celeste por el centro de la cual pasa la Eclíptica. Su origen etimológico es griego y significa "círculo de animales". Por su parte, la palabra cangrejo resulta ser el diminutivo de cangro, nombre del mismo animal, que viene del latín cáncer. Y el griego kárkinos (también cangrejo), adoptó el significado de "tenaza, instrumento de tortura" y de ahí pasaría a ser el nombre de la enfermedad, que imitó el latín. Ilustrativa denominación, por desgracia.

Esta entrada podría ser interminable, pero la cerramos aquí con la esperanza de haber picado su curiosidad. Al menos, quizá ahora se paren a pensar de vez en cuando que las palabras que pronuncian o escriben muy probablemente no significan hoy lo que significaron cuando nacieron.

La gran joya sobre este tema es el gran diccionario etimológico de Joan Corominas y José Antonio Pascual, en seis volúmenes. Aunque existe una versión abreviada, perfectamente accesible, que todo amante de las palabras debería tener en sus estanterías. (Breve diccionario etimológico de la lengua castellana, Joan Corominas, Gredos.)

CDR

domingo, 13 de enero de 2013

EN LA CARRETERA

Viajar es una de las mejores formas de conocer a los demás y es, sin duda, una actividad en la que antes o después nos mostramos tal y como somos. Especialmente si el viaje es en coche, si es prolongado, y si es de dos. El espacio reducido del vehículo, el largo tiempo juntos, la toma de decisiones comunes, son cosas que nos obligan a ver al otro y a nosotros mismos como si dijéramos desnudos, sin escondites posibles, víctimas del silencio. Un viaje largo es una prueba de fuego que toda pareja debería de pasar, pues una vez superadas las peripecias que pueden ocurrir, es posible superarlo todo.

Esto mismo nos demuestra la pareja de Clara y su marido en Viaje con Clara por Alemania (2010), de Fernando Aramburu. Después de quince años de casados, emprenden un extenso itinerario para que ella tome datos y escriba un libro que le han encargado. Y a partir de esa situación excepcional, en la que seguramente la mayoría no nos habremos visto, podemos encontrarnos retratados en los detalles más cotidianos y en las impresiones más generales que ambos experimentan. Salen entonces a la luz las pequeñas cosas que nos crispan de nuestra pareja; reconocemos que nosotros también nos equivocamos de dirección y nos enfadamos por ello, aunque generalmente culpemos a quien tenemos al lado; no nos ponemos de acuerdo en qué visitar, cuándo y por qué; y finalmente nos damos cuenta de que no podemos vivir sin él o ella a pesar de todo.

De cualquier viaje quedan los recuerdos, las fotos tomadas, los suvenires inútiles comprados; pero, especialmente, la sensación de lo compartido.

CDR 

sábado, 12 de enero de 2013

TAL DÍA COMO HOY

Como si de una hemeroteca literaria se tratase, vamos a consultar qué nacimientos y defunciones de escritores conocidos se produjeron tal día como hoy; es una actividad curiosa que da mucho fruto. Fíjense:

El día 12 de enero de 1628 vino al mundo Charles Perrault -en un parto doble, junto a su gemelo, François-, escritor francés reconocido por haber dado forma literaria a cuentos clásicos infantiles, como Caperucita Roja, Barba Azul o El gato con botas, moderando la crudeza de las versiones orales. De familia acomodada, Perrault recibió educación en las mejores escuelas del París de la época. Aunque ha pasado a la historia como autor de literatura infantil, lo cierto es que esta faceta se inició a los 55 años (con la publicación de Cuentos de mamá ganso), pues antes había escrito obras críticas, relacionadas con su trabajo de académico, y loas al rey de Francia.

También nació unos años más tarde, en 1751, Jakob Michael Reinhold Lenz, dramaturgo alemán, perteneciente al Sturm und Drang. Sus primeras obras poéticas a los quince años le dieron ya fama de genio. Estudió teología en Königsberg (Prusia) y tradujo a Alexander Pope y William Shakespeare. Fue autor, entre otras, de la obra Los soldados, drama ambiental socialmente crítico.  Lenz rompe las unidades aristotélicas de tiempo, espacio y acción, anticipando elementos decisivos del drama moderno. Sus piezas, con escenas cortas y abruptas y una prosa ruda y punzante, escandalizaron al público por escoger enredos sobre el Antiguo Régimen alemán.

En 1876 nació Jack London, novelista estadounidense, que escribió algunos de los clásicos juveniles más conocidos, como Colmillo Blanco o La llamada de la selva. De padre desconocido, su nacimiento se produjo en la ciudad de San Francisco, en cuya biblioteca pública se autoeducó el joven, leyendo libros. London atribuía su inspiración literaria a la novela Sigma, de la inglesa Ouida, que leyó en 1883. Tras varios años como marinero e incluso como vagabundo, London empezó a escribir artículos para la revista de la Oakland High School. En 1896 ingresó en la Universidad de California, que hubo de abandonar por problemas económicos poco después. A pesar de las muchas dificultades por las que pasó, Jack London fue afortunado en su carrera literaria. Acusado en alguna ocasión de plagio, fue un exitoso escritor en su época que siempre supo salir airoso de dichas denuncias.  

Y por último, el corresponsal de guerra, dramaturgo y novelista húngaro Ferenc Molnár, cuyas obras han sido llevadas al cine (El guardia o El cisne), también fue alumbrado tal día como hoy, en 1876, en el seno de una familia judia de Budapest. Su verdadero apellido era Neumann, pero adoptó  el pseudónimo de Molnár -"molinero" en húngaro- en referencia a un personaje de una de sus primeras novelas. A principios de la Segunda Guerra Mundial, al ser judío, tuvo que exiliarse a Estados Unidos, país en el que residiría hasta su muerte. Su novela más conocida es Los muchachos de la calle Pál, publicada en 1906, que se convertiría en un clásico de la literatura juvenil húngara, adaptada también al cine.

En cuanto a los fallecimientos, nos dejaron el 12 de enero dos grandes autores del siglo XX.

Por la parte que nos toca, el genial Ramón Gómez de la Serna, en 1963. Prolífico periodista y escritor vanguardista de quien ya se ha escrito en este blog por su creación de las Greguerías. Sin embargo, su producción va mucho más allá, ya que posee una extensa obra literaria que abarca desde el ensayo costumbrista y la biografía, hasta la novela y el teatro. Sólo recordar, además, que su vida y su obra fueron una ruptura contra las convenciones.

Y en 1976, expiró la británica Agatha Christie, autora por excelencia de novelas policíacas, como la famosa Diez negritos, y madre de los inolvidables Miss Marple y Hércules Poirot. Comenzó a redactar sus historias a muy temprana edad, durante la Primera Guerra Mundial trabajó como enfermera, lo cual resultó muy gratificante para la joven. También se ocupó de varias farmacias y dispensarios a lo largo de la Segunda Guerra Mundial, donde fue acumulando conocimientos sobre venenos, que más tarde utilizaría en sus novelas de misterio. Su primera publicación fue El misterioso caso de Styles (1920) y hasta la hora de su muerte escribió más de ochenta obras, entre novelas y piezas de teatro. Agatha Christie se encuentra entre los autores más vendidos y traducidos de la literatura inglesa, a la altura de Shakespeare.

Un día hoy, por tanto, de importantes sucesos literarios dignos de recuerdo.

CDR  

jueves, 10 de enero de 2013

DE CORAZÓN

El corazón es un órgano que se encuentra en la cavidad torácica de todo ser humano, imprescindible para vivir, pues actúa como impulsor de la sangre. Sin embargo, puede que no pase de ser eso, una víscera, sin llegar a adquirir el sentido figurado de buena voluntad, motor del amor. Porque a algunos sólo les sirve para latir. Pum, pum, pum, bombea la sangre, pero no siente nada. Tienen, pero no tienen corazón.

Por otra parte, cierto es que también abundan personas blandas de corazón, aquellas a las que todo les da lástima o sentimiento. A estas, fácil es arrancarles el corazón (sin que sea necesaria una operación a corazón abierto), o que las situaciones penosas se les claven en él. Suele coincidir que igualmente son gente franca y sincera, que siempre hablan y actúan con el corazón en la mano. Se diría, en estos casos, que no les cabe el corazón en el pecho, que son todo corazón. De repente, me da el corazón que tampoco abundan tanto...

Además, el centro o parte central de algo, también se denomina corazón. Será por eso que el dedo de en medio se llama así mismo. Ofensivo si se alza en solitario, por algo domina y sobresale de sus compañeros. No obstante, y curiosamente, es el dedo cordial.

En otro orden de cosas, jugando con la baraja francesa encontramos que uno de los palos es el de corazones. Una partida de cartas te puede poner el corazón en un puño. Aunque para eso, mejor ver los informativos del día. O por qué no, leer la prensa del corazón. El ser humano, como dice un anuncio, es extraordinario.

Y de corazón les digo que no entiendo cómo, siendo tan parecidos el oro y el bronce -pues ambos hacen podio-, difieren tanto en cuanto a corazones se refiere. Tanto como ser generoso, bien dispuesto y benevolente si se tiene el primero, o ser duro, inflexible y sin piedad en el caso broncíneo. Ojalá hubiera más limpieza de corazón (rectitud de intención) y menos herir el corazón sin romper el jubón (ofender con astucia y disimulo).

CDR

miércoles, 9 de enero de 2013

CARTAS


Las cartas son las grandes damnificadas de esta época. Ya nadie se acuerda de ellas, para eso están los correos electrónicos, o más modernamente e-mails. Los buzones se llenan de propaganda, facturas, pero es inusual encontrar un sobre manuscrito, con nuestro nombre y dirección, con su remitente, en cuyo interior haya una epístola a nosotros dirigida. Ya nadie utiliza la formula “Querido” o “Querida” para iniciar una conversación escrita.
Sin embargo, hubo un tiempo en que la carta era un medio de comunicación imprescindible, íntimo, familiar, cortés, según el caso. ¿Quién no guarda alguna carta como vestigio del pasado? Precisamente la correspondencia guardada entre personajes célebres constituye una fuente de conocimiento en su ámbito correspondiente. Es el caso de los escritores Juan Benet y Carmen Martín Gaite, ambos tan significativos en la literatura española de la segunda mitad del siglo XX. Su relación epistolar se fecha entre 1964 y 1986, y da cuenta de una profunda amistad, donde la discusión sobre cuestiones fundamentalmente existenciales da lugar a un diálogo inteligente y enriquecedor. Si algo hemos de destacar de esta serie de cartas, postales y dibujos que Benet y Martín Gaite se intercambian es la capacidad de crítica que el uno y la otra demuestran. Además, queda clara la voluntad de estilo de cada uno de ellos. Los puntos de vista son muy diferentes, pero las preocupaciones eran parecidas. Podemos disfrutar de esta comunicación epistolar con la edición de José Teruel en Galaxia Gutenberg (Correspondencia. Carmen Martín Gaite. Juan Benet. -2011- ) Un total de sesenta y siete cartas a modo de crónica literaria, madurada en las tertulias, reflejada después en sus obras.

CDR

martes, 8 de enero de 2013

TRANQUILIDAD

Agotada tras unas vacaciones que no me han servido para descansar precisamente, retomo el blog con la esperanza de que mis seguidores hayan sido pacientes y continúen dando una vuelta para ver si hay algo nuevo publicado.

Familia, celebraciones, regalos... Todo ello esperado y deseado. Sin embargo, en estas fiestas siempre echo de menos la tranquilidad, el sosiego delante de la chimenea, los plácidos paseos por el campo, las frías mañanas de remolonear en la cama, las largas noches leyendo un libro o viendo una película, la paz de unos días que deberían ser serenos y plácidos.

Pasados los empachos de embutido y turrón, burbujas y papel celofán vuelve la denostada rutina, esa que al final nos proporciona la verdadera calma.

Dice un proverbio: "El árbol quiere la paz, pero el viento no se la concede." Así me siento a veces. Y entonces necesito tranquilidad.

CDR

jueves, 3 de enero de 2013

DISCRIMINACIÓN

Dícese de la acción de dar trato de inferioridad a una persona o colectividad por motivos raciales, religiosos, políticos, etc. Algo que en pleno siglo XXI ya no debería existir, pero que por desgracia sigue siendo tan habitual como levantarse todos los días para ir a trabajar, comer, dormir o cualquier otra acción cotidiana. Desde que el ser humano existe y hasta ahora.

En este inicio de año, bueno sería que en nuestra lista de propósitos de "año  nuevo, vida nueva" incluyésemos la consideración de todas las personas como iguales, sea cual sea su condición. Porque aunque hacemos gala de no tener prejuicios, sí los tenemos.

Una de las razones por las que la vida de una persona puede convertirse en un infierno es una discapacidad. En primer lugar, por las barreras físicas. No estaría mal que todos pasásemos un día al menos en silla de ruedas, o con los ojos vendados, para darnos cuenta de las dificultades con las que se encuentran a diario los minusválidos y los invidentes, por ejemplo. Y por otra parte, más cruel si cabe, por la discriminación de los demás, que impide que una persona pueda desarrollar su vida con normalidad. Las discapacidades suelen privar  a las personas que las padecen de algunas aptitudes, pero no las convierten en inútiles, ni en seres inferiores. Son personas con talento en ciertos ámbitos, con sentimientos, con autoestima, con voluntad, con sueños e ilusiones... como cualquiera de aquellos supuestamente "normales". Comentarios inadecuados, exclusivos e incluso insultantes, y actitudes de superioridad hacen muy complicada la integración, que no debería llamarse tal, sino existir de un modo natural.

Quiero dedicar esta entrada a una amiga que lucha cada día contra esta realidad que acabo de describir, cuya verdadera magnitud sólo ella conoce. Una mujer completamente capacitada para desarrollar su trabajo, que sacó una plaza específica y que, al contrario de contar con facilidades y adaptaciones, lo que tiene que hacer es bregar cada día con muros de desigualdad, indiferencia y discriminación. Si nuestro trabajo docente ya es sufrido de por sí, imagínense cómo puede ser con una deficiencia. Y, no crean, no es sólo por los niños...

Más bien parece que es nuestra sociedad la discapacitada, pues se muestra sorda, ciega, muda, corta de entendederas ante las verdaderas necesidades de sus integrantes.

Como dice el poema de Ella Wheeler Wilcox : "Ríe y el mundo reirá contigo. / Llora y llorarás solo." Esta es la triste verdad. Soledad es lo que sienten la mayoría de veces estas personas.

Y, aunque, como he dicho, es un problema social, también es asunto de cada uno de nosotros. Porque no estamos libres de cambiar algún día de "grupo". Porque cada pequeño gesto ayuda. Porque todos somos iguales.

A Inma, y a tantas personas que como a ella, en sus circunstancias personales, la vida les resulta aún más dura.

CDR

martes, 1 de enero de 2013

2013

Que todos los malos augurios que pesan sobre este 2013 queden invalidados por nuestras ilusiones, nuestra fuerza y nuestra esperanza.

Este puede ser un gran año, ¿por qué no?


Hasta los más supersticiosos tienen solución, pues visto de otra manera, este será el año 2010 + 3.

CDR