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jueves, 3 de enero de 2013

DISCRIMINACIÓN

Dícese de la acción de dar trato de inferioridad a una persona o colectividad por motivos raciales, religiosos, políticos, etc. Algo que en pleno siglo XXI ya no debería existir, pero que por desgracia sigue siendo tan habitual como levantarse todos los días para ir a trabajar, comer, dormir o cualquier otra acción cotidiana. Desde que el ser humano existe y hasta ahora.

En este inicio de año, bueno sería que en nuestra lista de propósitos de "año  nuevo, vida nueva" incluyésemos la consideración de todas las personas como iguales, sea cual sea su condición. Porque aunque hacemos gala de no tener prejuicios, sí los tenemos.

Una de las razones por las que la vida de una persona puede convertirse en un infierno es una discapacidad. En primer lugar, por las barreras físicas. No estaría mal que todos pasásemos un día al menos en silla de ruedas, o con los ojos vendados, para darnos cuenta de las dificultades con las que se encuentran a diario los minusválidos y los invidentes, por ejemplo. Y por otra parte, más cruel si cabe, por la discriminación de los demás, que impide que una persona pueda desarrollar su vida con normalidad. Las discapacidades suelen privar  a las personas que las padecen de algunas aptitudes, pero no las convierten en inútiles, ni en seres inferiores. Son personas con talento en ciertos ámbitos, con sentimientos, con autoestima, con voluntad, con sueños e ilusiones... como cualquiera de aquellos supuestamente "normales". Comentarios inadecuados, exclusivos e incluso insultantes, y actitudes de superioridad hacen muy complicada la integración, que no debería llamarse tal, sino existir de un modo natural.

Quiero dedicar esta entrada a una amiga que lucha cada día contra esta realidad que acabo de describir, cuya verdadera magnitud sólo ella conoce. Una mujer completamente capacitada para desarrollar su trabajo, que sacó una plaza específica y que, al contrario de contar con facilidades y adaptaciones, lo que tiene que hacer es bregar cada día con muros de desigualdad, indiferencia y discriminación. Si nuestro trabajo docente ya es sufrido de por sí, imagínense cómo puede ser con una deficiencia. Y, no crean, no es sólo por los niños...

Más bien parece que es nuestra sociedad la discapacitada, pues se muestra sorda, ciega, muda, corta de entendederas ante las verdaderas necesidades de sus integrantes.

Como dice el poema de Ella Wheeler Wilcox : "Ríe y el mundo reirá contigo. / Llora y llorarás solo." Esta es la triste verdad. Soledad es lo que sienten la mayoría de veces estas personas.

Y, aunque, como he dicho, es un problema social, también es asunto de cada uno de nosotros. Porque no estamos libres de cambiar algún día de "grupo". Porque cada pequeño gesto ayuda. Porque todos somos iguales.

A Inma, y a tantas personas que como a ella, en sus circunstancias personales, la vida les resulta aún más dura.

CDR

3 comentarios:

  1. El mundo nunca cambiará, sin lugar a dudas.
    Inma se sentirá orgullosa de tener tan buena amiga como tú, querida bloggera.
    Pmd.

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  2. Inma se lo merece. Tú también le ayudaste muchísimo en momentos que lo necesitaba. Apostemos por esas personas porque siempre necesitarán más nuestro cariño y, por supuesto, nuestra aceptación.
    Tati.

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  3. Los que vivimos con personas que padecen alguna discapacidad "padecemos" la falta de sensibilidad y respeto que muestra la sociedad hacia ellos pero nunca, nunca sabremos cómo se sienten realmente.
    Cariño sí, pero por lo que ellos son no por cómo están.

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