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martes, 26 de marzo de 2013

POR ENTREGAS (I): MIRTA

Un soplo de aire fresco entró por la ventana y movió el canoso pelo de Mirta. Había llegado el buen tiempo y le gustaba sentir la leve brisa en su cara, el aroma de la primavera inundando la habitación. Sabía que le quedaba poco tiempo en este mundo y estaba preparada, tenía que irse con flores y sol, como aquel mayo en que nació hacía ya más de un siglo. Sí, Mirta era una anciana centenaria dispuesta al viaje final. Llevaba una semana postrada en la cama y esa situación no podía alargarse mucho más. Su vitalidad y su fuerza, su temperamento, no le permitirían ahora la inacción por mucho tiempo. Mirta era rotunda en todo, también para morir. Miró un momento la habitación, la butaca de su madre, el aparador con el espejo, el armario, la luz reflejada en las paredes blancas, esbozó una sonrisa y tranquilamente cerró los ojos para siempre. Su respiración terminó y el calor empezó a abandonar su cuerpo.

Claudia fue, como todas las mañanas, después de abrir la ventana, a llevarle el desayuno y al mirarla comprendió que se había quedado sola en la casa. Las lágrimas empezaron a brotar de sus ojos y a caer en la bandeja. Era lo esperado, lo inevitable, pero Claudia no podía hacerse a la idea de perder a su madre. Era ya una mujer madura, y sin embargo, no sabía cómo iba a afrontar la vida a partir de ahora.

Dejó la bandeja encima del aparador y se sentó en la cama, al lado del cuerpo de la anciana. Le cogió la mano y sintió la inminente rigidez de los miembros. Contempló el rostro sereno y su llanto callado se convirtió en un manantial inagotable. –No quiero que llores cuando muera, Claudia‒ le había dicho miles de veces a lo largo de su vida. –Morir es sólo cambiar de estado, cambiar de lugar, pero yo siempre estaré contigo‒. Desde niña, Mirta se lo repetía porque la diferencia de edad le hacía temer una muerte sobrevenida cuando ella aún fuese demasiado joven. En el fondo, sospechaba Claudia, su madre sabía que eso no iba a pasar hasta mucho tiempo después. Eran tales sus ganas de vivir y su buen estado de salud que parecía que nunca iba a llegar el momento del adiós. Pero había llegado, y Claudia no había estado allí en el instante justo. Como si Mirta supiese que, estando sola, el tránsito sería más fácil para las dos.

(...)

CDR

domingo, 24 de marzo de 2013

EL PAPEL DEL AZAR

Es indiscutible el hecho de que el progreso científico ocurre muchas veces gracias al azar. Es frecuente que, tras largas e infructuosas jornadas  en el laboratorio, de repente un día la más pura casualidad produzca un descubrimiento sorprendente. Como afirmó el matemático Henri Poincaré, tras el fracaso de un espinoso problema matemático que logró resolver de pronto mientras caminaba por un risco: "... se me ocurrió la idea de manera repentina y certeza inmediata... El papel del trabajo inconsciente en la invención matemática me parece incuestionable." No por misteriosas e impredecibles, son menos comunes estas explosiones de perspicacia creativa, con lo que queda bien demostrado este curioso fenómeno. Y es que la creatividad es un asunto divertido. Puede uno estar años bregando en un esfuerzo estéril, pegándose cabezazos contra la pared para hacer surgir una idea, y después dar con la solución de repente, como caída del cielo.

Un ejemplo bien claro de esto es el que a continuación les explico. Se trata de Joseph Priestley y el descubrimiento del oxígeno. Este científico dio con la existencia de dicho anfígeno sin tener una idea clara de lo que estaba haciendo. Él mismo confesó que el experimento que le otorgó un lugar eminente en los anales de la ciencia no estaba planeado: "... me hallaba tan lejos de haber formulado ninguna hipótesis que condujera a los descubrimientos que hice al realizarlos, que me hubieran parecido improbables si me lo hubieran dicho." E incluso después de hacer su histórico descubrimiento, fue incapaz de reconocer su verdadero significado, pues todavía creía en el conocimiento aceptado en su época, según el cual el aire ordinario (el que respiramos) se hallaba saturado con una sustancia llamada "flogisto" cuando ya no podía sostener la combustión o la vida. Se pensaba que el flogisto se transfería durante la combustión y la respiración; era esta una idea unificadora en la química del siglo XVIII. Inconscientemente, Priestley preparó el camino para desterrar para siempre esta teoría.

Nacido en Yorkshire (Inglaterra), en 1733, Joseph Priestley fue pronto separado de sus progenitores. Su madre murió cuando él apenas tenía seis años, y su padre, un comerciante de lanas, incapaz de hacerse cargo de una familia tan numerosa (tenía seis hijos) pronto se deshizo del mayor, llevándolo a vivir con sus tíos maternos. El chico era un prodigio; a los dieciséis años ya dominaba el griego, el latín y el hebreo. Después, aprendió por su cuenta francés y alemán. Tras graduarse, probar suerte con el sacerdocio e impartir clases de idiomas, y sin haber mostrado hasta entonces interés por la ciencia, él joven Priestley acudió a una serie de conferencias sobre química práctica que un prominente cirujano impartió en Warrintong. Sin duda, este le causó gran impresión y despertó en él la fascinación por lo científico.

Desde 1773, en que, estudiando el aire, inventó el agua de soda, hizo otros hallazgos, como el amoníaco o el dióxido de azufre, hasta que dio con el "aire común" -así denominado por Priestley-. Fue Lavoisier quien aprovechó este descubrimiento, cuando se dio cuenta de que no era un mero elemento, sino un componente del aire que él había estado buscando en sus investigaciones. Con la pieza que le faltaba en el rompecabezas, en 1789 Lavoisier le puso a esta sustancia el nombre de oxígeno.

Si les ha gustado esta anécdota, que aquí les he resumido someramente, pueden ampliarla y disfrutar con otras muchas que han supuesto una revolución científica en la historia de la humanidad, en ¡Eureka!, un ameno libro de Leslie Alan Horvitz. Un viaje fascinante desde la teoría de la gravedad de Newton, hasta la invención de la geometría fractal; doce grandes descubrimientos marcado en buena medida por la intuición y el azar.

CDR

martes, 19 de marzo de 2013

MUJERES: MÁS QUE CUENTOS PARA NIÑOS

Muchas mujeres a lo largo de la historia han camuflado su feminidad tras seudónimos masculinos o han empleado el apellido de casadas para publicar sus obras y que estas fueran aceptadas con benevolencia. Este último recurso es el utilizado por Carmen de Rafael Marés (1911-1999), que firmaba con el apellido de su marido, Pierre Kurz (aunque ella añadía una "t").

Carmen nació en el seno de una familia cosmopolita, descendiente de emigrantes catalanes que vivieron en Estados Unidos, México y Cuba. Su padre había nacido en La Habana y su madre en Baltimore. Esta falleció cuando la niña tenía tan solo cinco años, dejándola huérfana junto a tres hermanos más. Tras su paso por el colegio El Sagrado Corazón de Barcelona y tres años de educación a cargo de su propio padre, Carmen estudió en el Reino Unido, y una vez casada con el francés Pierre Kurz, vivió en Francia desde 1935. En el 36 nace su hija Odile. Durante la Segunda Guerra Mundial, su marido pasó dos años en un campo de concentración; la pareja se mudó a España en 1943. La difícil situación económica y laboral en que se veía una familia en la posguerra hizo que Carmen comenzase a escribir como medio para obtener ingresos.

Conocida sobre todo su serie de libros infantiles, cuyo protagonista es Óscar, lo cierto es que Carmen Kurtz es autora de una nutrida obra literaria y recibió algunos premios, como el Ciudad de Barcelona, por su primera novela (Duermen bajo las aguas, de 1955), el Planeta en 1956, por El desconocido, o el Lazarillo, por Color de fuego, en 1964, entre otros.

En la trayectoria literaria de esta escritora aparecen tres temáticas bien definidas: preocupación por la mujer a partir de una actitud comprometida de preparación constante (Cándidas palomas, de 1975); la incomunicación entre la pareja (El desconocido, de 1956); y la crítica de la burguesía, siempre realizada sobre la sociedad catalana (trilogía Sic transit, 1973-1976).

En cuanto a su obra para niños, Kurtz presenta un mundo de fantasía y realidad de extraordinaria belleza, donde lo social y lo poético juegan un importante papel. A partir de los años 70 se dedica casi en exclusiva a esta faceta; su hija Odile ilustraba sus historias. Además de la serie Óscar, es muy representativa la historia de Veva, un bebé de nueve meses que, dotada de pensamiento y habla, cuenta sus experiencias desde el vientre de su madre.

Cuentista, guionista de televisión y teatro, colaboradora en prensa, Carmen Kurtz es una de las escritoras más originales de la posguerra española, además de una de las figuras más importantes de la literatura infantil y juvenil de la segunda mitad del siglo XX que no cuenta, sin embargo, con el reconocimiento merecido.

CDR

lunes, 18 de marzo de 2013

TREINTA AÑOS

El acento sureño y el origen de su familia le valieron a Thomas Lanier William el pseudónimo de “Tennesse”. Y es cierto que el sur de Estados Unidos está muy bien representado en la obra de este excepcional escritor norteamericano.

Nació el 26 de marzo de 1911 en Columbus (Mississippi), el segundo de tres hermanos, en el seno de una familia de clase media. Estuvo muy unido a su hermana Rose, quien tenía problemas mentales que derivaron en una complicada operación cerebral que la dejó incapacitada para siempre. William nunca perdonó a sus padres por este hecho. Se conjetura que esta vivencia desencadenó su alcoholismo, lo cual no influyó en su talento literario, sino más bien al contrario, como suele ocurrir con los genios, almas atormentadas.

Sus obras son muy conocidas en parte gracias a su traslación a la gran pantalla. Dos de las más afamadas, merecedoras ambas del Premio Pulitzer de teatro, son Un tranvía llamado deseo, adaptada al cine en 1952, y La gata sobre el tejado de zinc caliente, en 1958, en sus primeras versiones.

Aunque es reconocido como dramaturgo, Tennessee Williams también escribió algunas novelas, cuentos e incluso hizo puntuales incursiones en la poesía. En general, su obra se basa en la oposición entre el individuo y la sociedad, concretándose esta en personajes casi arquetípicos, para analizar, en el fondo, una contraposición más amplia: los hipócritas que aceptan las convenciones sociales y los rebeldes, maginados por ello. Como telón de fondo, la violencia, la sexualidad reprimida y la soledad, que él tan bien conocía.

Williams pasó a lo largo de su vida duras etapas, aletargado por el alcohol y los somníferos, hundido por las críticas adversas. Su supuesta homosexualidad y su fallecimiento el 25 de febrero de 1983 en extrañas circunstancias alimentan la leyenda de este autor, como todos los grandes artistas la tienen.

“La muerte es un instante, la vida muchos.”

CDR

miércoles, 13 de marzo de 2013

PARÉNTESIS

Interrupción, pausa, respiro, kit-kat...

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Espacio en que la actividad queda interrumpida o en suspenso temporalmente.

( )

En ocasiones, es muy necesario.
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Como dijo Abraham Lincoln: "Voy despacio, pero jamás desando lo andado."

CDR

miércoles, 6 de marzo de 2013

EL SEMÁFORO

Cada día iba al trabajo caminando, se sentía privilegiado por ello, quince minutos que le servían para oxigenarse, estirar las piernas, contemplar los cambios que cada estación imprimía a la ciudad, ajeno a los atascos, al estrés de querer avanzar y no poder, viendo cómo caen los segundos del reloj hacia un inevitable retraso laboral. Y es que Cosme era muy puntual. Por eso salía siempre de casa con tiempo de sobra, para recrearse en su paseo, que le ayudaba además a conservar su ya característico buen humor. Lo único que le disgustaba, todo tiene algún pero, era tener que cruzar la travesía regulada tan solo por un paso de cebra, lo cual era a todas luces insuficiente, pues los conductores, ignorando por completo la señal de velocidad limitada y el resalte de la calzada, pasaban como locos poniendo en peligro a los peatones. Respiró hondo.

Para qué servía la oficina de reclamaciones del consumidor que el Ayuntamiento tenía abierta a disposición de los ciudadanos era una incógnita, porque Cosme había escrito numerosas quejas sobre el asunto, aportando argumentos contundentes, testimonios, denuncias e incluso fotos. Y no había recibido ninguna respuesta, ni tampoco resultado alguno. Para él era tan simple como instalar un semáforo que regulase el paso de los múltiples peatones que transitaban ese camino hacia alguna parte de la ciudad.

Cosme estaba a punto de jubilarse, entraba todavía dentro de la edad que preveía la nueva ley del Gobierno, y aunque le daba pena dejar su trabajo, lo cierto es que tenía muchos proyectos, su futuro estaba plagado de expectativas. Tantas cosas que a lo largo de los años no había podido hacer. A pesar de no estar casado, Cosme había llevado una vida ajetreada, ocupado, sobre todo en los últimos tiempos, en cuidar de sus padres ancianos. Como hijo único y contrario a ingresarlos en ningún tipo de residencia, había tenido que cuidarlos hasta que Dios quiso llevárselos, con muy poco de diferencia. En innumerables ocasiones Cosme había deseado escapar de la dependencia a que sus progenitores lo sometían, pero cuando se fueron no sintió la libertad ansiada. Se puso a silbar, era su manera de alejar los pensamientos importunos.

Como ya era costumbre, cuando Cosme salió aquel día del trabajo se fue a comer al bar de Frasquita. Iba allí a menudo desde que había empezado a trabajar en la hidroeléctrica, pero desde que sus padres fallecieron lo hacía religiosamente a diario. Se sentía solo en casa, tan vacía, tan desangelada, no quería dejarse hundir por la melancolía y la tristeza, por eso comía fuera, iba a la biblioteca, al cine, se acercaba al estanque del parque, cosas que le entretenían hasta que caía la tarde y entonces sí, volvía al hogar. Lo superaría, su carácter era optimista y alegre, solo estaba pasando una mala racha. Al salir del bar, Cosme no se sentía bien. Algún virus estaba incubado, llevaba varios días algo raro, mustio, ojeroso, con mal cuerpo. Así que decidió regresar a casa antes de hora. Se daría una ducha caliente y se acostaría, al día siguiente aún era jueves y había que ir a trabajar.

Justo a las 16.32 horas de aquella tarde de miércoles, un Alfa Romeo rojo invadió el paso de peatones mientras un hombre estaba cruzando. No hubo nada que hacer, el golpe fue mortal. El cuerpo apareció tres metros más allá de donde había sido atropellado y los equipos de urgencia no pudieron hacer nada por reanimarlo. El coche se dio a la fuga. Algunos transeúntes que habían sido testigos de la brutal embestida llamaron a la guardia civil, dando datos confusos sobre el vehículo, quizá se podría aclarar algo con las cámaras de seguridad que había en la carretera, determinó el agente que levantó acta del accidente.

A la mañana siguiente, Luisa, funcionaria del Ayuntamiento, leía la prensa mientras tomaba su desayuno. En la sección de sucesos leyó la terrible noticia de un atropello mortal en la travesía Pontejos, el hombre fallecido, informaba el periódico, había denunciado en varias ocasiones la peligrosidad de la misma, solicitando la instalación de un semáforo. El corazón de Luisa empezó a latir más deprisa. Dejó el zumo que estaba tomando encima de la mesa y se puso a rebuscar en los papeles de la bandeja cuya etiqueta rezaba "archivar". Y encontró lo que buscaba, aquel escrito tan similar a otros anteriores que habían corrido la misma suerte. Asunto: solicitud de semáforo. Letras borrosas. Luisa apretó los ojos. Firmado: Don Cosme Ruiz Lozano.

CDR

martes, 5 de marzo de 2013

A CORTO PLAZO

Cuando se habla del cambio climático, de la extinción de algunas especies, del agotamiento de los recursos, del envejecimiento del país, etc. nos suena todo a fenómenos lejanos, que en realidad no nos perjudicarán porque nuestra estancia aquí es corta. Sin embargo, esa actitud denota, por una parte, un gran egoísmo, pues no tenemos en cuenta a las futuras generaciones. Y, por otra, bastante ignorancia, ya que todo ello se está produciendo ahora, es decir, nos afecta directamente.

Cuando no podemos liberarnos del pasado o nos preocupamos en exceso del futuro (no en el sentido anterior, sino a modo personal) también estamos tomando una postura equivocada, porque lo único que está garantizado es el momento presente, siendo cierto que ni el pasado ni el futuro existen.

A este respecto, me parece adecuado reproducir unas palabras del genial cantautor, escritor y filósofo argentino Facundo Cabral: "Cuida el presente, porque en él vivirás el resto de tu vida." Si lo pensamos bien un momento, veremos cuánto sentido tiene.

CDR

lunes, 4 de marzo de 2013

PEDAZOS

En cuanto una parte se separa del todo, sea este físico o moral, se convierte en un pedazo. En este mundo globalizado, totalizado, cuántos pedazos hay, sin embargo.

Por ejemplo, abundan bastante los pedazo de alcornoque, pedazo de animal o pedazo de bruto, de todo hay. Afortunadamente, algunos quedan que son pedazos de pan.

Pedazos del alma, de las entrañas o del corazón son aquellas personas muy queridas, usadas especialmente estas expresiones por las madres hacia sus pequeñines. Lástima que, algunos, cuando crecen se conviertan en otro tipo de pedazos (ya explicados en el inicio del punto anterior.)

A veces, estamos tan agotados que parece que nos caigamos a pedazos. Pero si ponemos excesivo empeño en alguna actividad o ejercicio físico por puro recreo, diremos que estamos hechos pedazos.

Y cuando nos hacen mucho daño, nuestro corazón se parte en mil pedazos; aunque sea figuradamente, puede doler como si fuera literal.

La vida no es más que cachitos, fragmentos de felicidad y de tristeza, pedazos de nosotros mismos que vamos ganando, perdiendo y rehaciendo para seguir adelante.

La Tierra no es más que trozos, pedazos de países de un mundo que nos pertenece a todos aunque no seamos sus dueños e incluso algunos vivan desahuciados del suelo en que nacieron.

Porciones de una tarta en que todos quieren la mejor parte sin importar el precio que haya que pagar.

Al final, todo, añicos, trizas.

CDR

domingo, 3 de marzo de 2013

GUERRAS

La 3ª guerra mundial ya se está produciendo. Hay tantos frentes abiertos, tantas víctimas que esta guerra deja en mantillas a las otras que hubo, y sin embargo nadie habla de ella. Los Gobiernos andan ocupados en otras batallas, económicas, más importantes para sus países del primer mundo.

La 3ª guerra mundial es una guerra de muchas guerras, que se desarrollan silenciosamente mientras el planeta sigue girando, con una venda en los ojos; mientras hay gente que sufre y muere por la violencia sin límites del ser humano, cuya crueldad y cinismo son los mismos de siempre.

Una de estas guerras, elegida por su truculencia, a sabiendas de dejar tantas otras en el tintero, es la de la República Democrática del Congo. Una guerra que dura ya casi dos décadas, desde el genocidio ruandés de 1994, uno de los conflictos más sangrientos de la historia, del que la mayoría no sabemos nada... en la era de la información.

Las mujeres son violadas sin piedad y después repudiadas por sus propias familias, heridas de un dolor que rebasa lo físico, el personal médico es amenazado y no puede ejercer su trabajo, dejando escapar de las manos vidas que podrían haber salvado, los niños son reclutados como soldados, privados de todos sus derechos, convertidos en autómatas violentos...

El Gobierno del propio país, los rebeldes, otras potencias extranjeras sólo están interesados en sacar tajada de las minas, de las que se extrae estaño, tántalo, tungsteno e incluso oro. Minerales manchados de sangre que se usan para nuestros ordenadores y teléfonos inteligentes.

Una catástrofe humanitaria.

Una guerra mundial africana.

Un breve reportaje en una revista.

Una insignificante entrada en un blog.

Y a otra cosa. Buenas noches.

CDR