Páginas vistas en total

martes, 30 de abril de 2013

LA BELLEZA EN EL HORROR

Cuando tropezamos con algo no siempre es casual y, aunque lo sea, normalmente aquello con lo que hemos dado sin buscarlo nos enseña y nos enriquece. Eso me pasó con un poema de Paul Celane que descubrí el otro día y que quiero compartir en estas últimas horas del mes de abril. Se trata de "Fuga de muerte" y está escrito en 1948, en plena posguerra, tras el horror nazi. Adorno dijo que escribir poesía después de Auschwitz era imposible, pero lo cierto es que belleza de la palabra nos puede salvar de la locura. Más allá del horror, este poeta judío de origen rumano, que logró escapar de los campos de concentración y en estos perdió a su familia, se expresó en alemán para dar verbo al horror en un poema que trasciende la denuncia y el símbolo.

Paul Celan nació el 23 de mayo de 1920 en la ciudad de Czernowitz, antigua capital del reino de Bucovina, provincia del imperio austrohúngaro, en el linde entre Rumania y Ucrania. En esa región convivieron, no hace más de setenta años, cuatro culturas diferentes: la alemana, la judía, la latina y la eslava. En la ciudad de Sadagora, a unos treinta kilómetros de Czernowitz, nació su madre y floreció el jasidismo, la más depurada expresión de la mística judía. La vida en Sadagora remitía al ávido universo de la tradición oral, a la resurrección del mito jasídico, a la fuerza mágica de sus héroes. El rabino Bal-Schelm, maestro de la Cábala, transformó en práctica viva y cotidiana, la sabiduría de los libros herméticos. Trivialidad e imaginación, mística secreta y magia pedestre, se confundían en un hervidero de historias, parábolas y fabulaciones, cuyo proferimiento custodió la tradición durante más de tres siglos. Al transmitirlas de boca en boca consumaron el ritual religioso, rescataron el habla vivificante y se afincaron en el frágil espacio del lenguaje. Celan venía de muy adentro de ese pueblo, admiraba a Martin Buber, el filósofo judío que reunió por primera vez, y en alemán, las historias jasídicas. A principios de siglo, los Antschel (Celan es un anagrama de Antschel) eran judíos de lengua alemana, súbditos del imperio austrohúngaro. A principios de 1938, Paul Celan decidió estudiar medicina en Francia, porque la Facultad de Medicina de Bucarest no admitía estudiantes judíos. En julio regresó de vacaciones a Czernowitz y, un mes más tarde, Hitler y Stalin firmaron el pacto de no agresión. La Unión Soviética ocupó Bucovina, y Celan quedó atrapado en un rincón de la historia. En la noche del 13 de junio de 1941, la policía política soviética deportó a cuatro mil judíos de Czernowitz. Su destino fue una fosa común en Siberia.

Una semana después sucedió lo que temía el Estado Mayor soviético. Los ejércitos alemanes cayeron sobre Rusia y el Ejército Rojo abandonó Bucovina. Antonescu, el líder rumano fascista, firmó la alianza con las potencias del Eje, las tropas rumanas entraron en Czernowitz y desataron una cacería de judíos, moldavos y ucranianos. Al día siguiente llegó un comando de las SS y ordenó el exterminio de la comunidad judía. Incendiaron el gran templo del siglo XIII, ejecutaron a siete rabinos y el 11 de agosto, dos meses más tarde, confinaron a los judíos en un ghetto; a los tres meses siguientes ordenaron su deportación a Trasnistria, una región al sur de Ucrania, que Hitler les había prometido a los rumanos como pago por su alianza con Alemania. Bajo las lluvias incesantes del otoño, a principios de septiembre, quince mil judíos iniciaron el camino hacia la muerte. Paul Celan estaba convencido, al cabo de nueve meses de continuos sobresaltos, de que había logrado sobrevivir con sus padres a la barbarie alemana. No sólo lo creyó, sino que lo escribió a sus amigos en el exilio. Los Antschel habían abandonado el ghetto y regresaron a la ciudad gracias a la ayuda del alcalde de Czernowitz. Sin embargo, en junio de 1942 comenzó una nueva ola de deportaciones masivas. Los fines de semana las tropas de las SS irrumpían en la madrugada, sacaban a los judíos de la cama y los llevaban a la estación de trenes.

La batalla de Leo, Friederike y Paul Antschel fue, en esos días, esconderse en casa de varios amigos, burlando la vigilancia de los agentes de la Gestapo. Desde que vieron los primeros vagones atestados de gente que partían de Czernowitz rumbo a Polonia, se dieron cuenta de que estaban condenados a un infierno cuyo suplicio era entonces inimaginable. Celan consiguió un escondite en la fábrica de cosméticos de Valentín Alexandrescu, un empresario rumano, pero su madre no quiso esconderse. Un fin de semana, después de la cena, Celan les dijo que la fábrica de Alexandrescu ofrecía todas las seguridades, y que podían permanecer allí uno o dos años. Paul abandonó la casa convencido de que sus padres le seguirían. Los esperó toda la noche en las oficinas de la fábrica, pero no llegaron. El lunes, al regresar a su casa, encontró la puerta clausurada. Sus padres habían sido deportados.

En los campos de trabajo de Trasnistria, Leo Antschel murió de una tifoidea y, meses después, un oficial alemán le disparó a Friederike un balazo en la nuca. Paul se trasladó a un campo de trabajo al sur de Moldavia, a unos kilómetros del Mar Negro, en el Ponto Euxino, donde desterraron al poeta Ovidio. Celan nunca se perdonó a sí mismo, nunca supo por qué abandonó la casa sin sus padres. A los veinticinco años, Celan era el jefe de redacción en el suplemento cultural de un diario de Bucarest y escribía poemas en alemán, su idioma materno y el idioma de los asesinos de su madre. ¿Qué podía hacer en Rumania un poeta judío que escribía poemas en alemán?

Después de la Segunda Guerra Mundial, el alemán era el idioma de los verdugos, como si la lengua de Heine o de Rilke tuviese la culpa del genocidio nazi. En el poema "A un lado de las tumbas", Paul Celan escribió:

         ¿Me permites, madre, como ayer, ay, en casa, 
         la discreta, dolorosa rima alemana?

Hacia agosto de 1948, Celan escribía a sus parientes en Israel: "Acaso soy uno de los últimos que deben vivir hasta el final el destino de la cultura judía en Europa. ¿Por qué escribo ‘deben vivir’? Porque un poeta no puede dejar de escribir, mucho menos si es judío y su idioma de escritura el alemán". A fines de los años cuarenta, Celan logró escapar de Rumania y se dirigió a Viena, una ciudad dividida por los aliados, pero unos meses después decidió establecerse en París y estudiar literatura alemana. En 1950 concluyó sus estudios y ocupó el puesto de profesor de alemán en la École Normale Supérieure.

Los veinte años en París vieron nacer y morir muchas esperanzas, surgieron sus libros principales (Amapola y memoria, De umbral en umbral, La rosa de nadie, Hebras de sol, De parte de la nieve), y se apagaron y debilitaron muchos entusiasmos. Vieron su encendida pasión por la pintora Gisele Lestrange, y crecer a su hijo Eric.

Lo cierto es que en medio de aquellos años de intenso trabajo literario, de magníficas traducciones al alemán de Shakespeare, Nerval, Rimbaud, Paul Valéry, Apollinaire, Emily Dickinson, Pessoa, Ungaretti, Ossip Mandelstam y la ilusión, cada vez más incierta, de regresar a Czernowitz, Celan nunca pudo olvidar esa noche de septiembre de 1942 en que abandonó a sus padres.

Sobrevivir a los seres más queridos supone un abrumador golpe físico, psicológico y moral, pero en Celan fue absoluto, pues despojado de la vida en Bucovina, quedó solo a merced de los espectros. Cualquier persona tiene derecho a olvidar. Nadie puede reprocharse el deseo de olvidar el horror y la muerte. La vida sólo es posible si hay olvido. Tal vez haya algo más piadoso para los muertos que el recuerdo: el olvido. El perdón no es sino una ratificación moral del olvido. Paul Celan no pudo olvidar ni perdonarse.
Hacia 1965 aparecieron las torturas psíquicas. La depresión convocó otras desgracias: el insomnio, las dudas, el desánimo, y sobre todo, lo más importante, la convicción de que sin la fortuna dorada de otros tiempos su poesía no tenía sentido. Celan internó varias veces en una clínica psiquiátrica y combatió sus fantasmas más adversos, pero no pudo o no quiso salir adelante. A finales de los años sesenta, el poeta era un hombre solitario, devorado por el remordimiento, del que nunca pudo reponerse. No hubo una segunda oportunidad que lo redimiera. Una noche de abril de 1970, Paul Celan se lanzó al Sena desde el puente Mirabeu. Un pescador encontró su cadáver en una orilla del río, dos kilómetros más adelante.

A continuación reproduzco la traducción de José Ángel Valente, que fue la que leí y que me parece bellísima, dentro de la imposibilidad de trasladar la musicalidad que Celan quiso plasmar, como metáfora de la crueldad suprema de obligar a los músicos judíos a tocar mientras otros cavaban fosas para sus compañeros muertos. Ante la fría mirada de los agentes alemanes.


Negra leche del alba la bebemos al atardecer
la bebemos a mediodía y en la mañana y en la noche
bebemos y bebemos
cavamos una tumba en el aire no se yace estrechamente en él
Un hombre habita en la casa juega con las serpientes escribe
escribe al oscurecer en Alemania tus cabellos de oro Margarete
lo escribe y sale de la casa y brillan las estrellas silba a sus
mastines
silba a sus judíos hace cavar una tumba en la tierra
ordena tocad para la danza

Negra leche del alba te bebemos de noche
te bebemos en la mañana y al mediodía te bebemos al atardecer
bebemos y bebemos
Un hombre habita en la casa juega con las serpientes escribe
escribe al oscurecer en Alemania tus cabellos de oro Margarete
tus cabellos de ceniza Sulamita cavamos una tumba en el aire no
se yace estrechamente en él
Grita cavad unos la tierra más profunda y los otros cantad sonad
empuña el hierro en la cintura lo blande sus ojos son azules
cavad unos más hondo con las palas y los otros tocad para la
danza

Negra leche del alba te bebemos de noche
te bebemos al mediodía y la mañana y al atardecer
bebemos y bebemos
un hombre habita en la casa tus cabellos de oro Margarete
tus cabellos de ceniza Sulamita él juega con las serpientes
Grita sonad más dulcemente la muerte la muerte es un maestro
venido de Alemania
grita sonad con más tristeza sombríos violines y subiréis como
humo en el aire
y tendréis una tumba en las nubes no se yace estrechamente allí

Negra leche del alba te bebemos de noche
te bebemos a mediodía la muerte es un maestro venido de
Alemania
te bebemos en la tarde y la mañana bebemos y bebemos
la muerte es un maestro venido de Alemania sus ojos son azules
te hiere con una bala de plomo con precisión te hiere
un hombre habita en la casa tus cabellos de oro Margarete
azuza contra nosotros sus mastines nos sepulta en el aire
juega con las serpientes y sueña la muerte es un maestro venido
de Alemania
tus cabellos de oro Margarete
tus cabellos de ceniza Sulamita


De "Amapola y memoria" 1952

En este enlace pueden escuchar el  poema en la voz de Luisa Pastor:


Simplemente impresionante, sobrecogedora belleza en el horror.

CDR

2 comentarios:

  1. Impresionante entrada, ejemplar muestra de la crueldad y del horror humanos. Celan es un clásico del siglo XX.
    Pmd.

    ResponderEliminar
  2. Impresionante manera de finalizar este mes de abril. Por supuesto, la belleza de la palabra nos puede salvar de la locura.
    Tati.

    ResponderEliminar