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martes, 2 de abril de 2013

YA QUISIERAN MUCHOS

Si algo bueno tiene -pues de todo hay que sacar la parte positiva- el continuo ir y venir en el coche a mi trabajo este año es que he retomado la costumbre de escuchar la radio, cosa que antes hacía y a la que últimamente no me dedicaba por falta de oportunidad.

Esta tarde he tenido la suerte de escuchar una entrevista a Pablo Pineda con motivo de la publicación de su libro El reto de aprender. Un relato desde la diversidad. Por si no saben quién es -porque Pablo no es un guaperas jugador de fútbol, ni un conocido modelo, ni un famoso concursante de reality show- les diré que se trata del primer europeo con síndrome de Down en obtener un título universitario (diplomado en Magisterio) y le faltan sólo cuatro asignaturas para obtener la carrera de Psicopedagogía. Además, participó en la película Yo, también, por la que consiguió en 2009 la Concha de Plata al mejor  actor en el Festival Internacional de Cine de San Sebastián. Si bien su currículum es impresionante, lo que me ha llamado poderosamente la atención ha sido su manera de hablar. Hacía tiempo que, ni en radio ni en televisión, escuchaba a alguien con tanta sensatez, facilidad de palabra y corrección en la expresión. Vamos, que ya quisieran muchos de esos que el mismo Pablo llama "normales" expresarse como él. Acostumbrada a frases incoherentes, vacías, de sesudos oradores, su parlamento me ha parecido excepcional. Y no sólo en la forma sino también en el contenido. Con una claridad y sinceridad pasmosas, Pablo Pineda ha reivindicado el destierro definitivo de los prejuicios contra los Down, acabar con la sobreprotección a que se les somete en las propias familias, un papel más activo en la sociedad. Porque se puede. Como ha explicado, no todos tienen que escribir un libro o hacer una película, igual que no todos nosotros (normales) somos ministros o reputados científicos, por ejemplo. Se trata, simplemente, de tener las mismas oportunidades, de no considerar el síndrome de Down como un castigo divino, sino como una peculiaridad más en la heterogeneidad del género humano.

En el libro recientemente publicado, Pablo reflexiona sobre el proceso de aprendizaje desde su propia experiencia y defiende la enseñanza pública de calidad, integradora de verdad, más allá de los adjetivos meramente ornamentales. Hasta se atreve a contradecir la famosa máxima de Descartes, "Pienso, luego existo", ya que él opina que no debe prevalecer el pensamiento sobre la existencia, que es, al fin y al cabo, lo que nos define y lo que nos lleva a las ideas. Así pues, "Existo, luego pienso."

Pablo Pineda es malagueño, y autosuficiente. Su deseo es ver personas con síndrome de Down por la calle, en el autobús, cogidos de la mano, en cualquier puesto de trabajo, sin que nadie les mire de forma extraña ni les diga cosas como la que un taxista le dijo a él: "Pues tú tienes cara de listo." Al contrario que muchos "normales", que de listos no tienen ni un pelo, claro.

Me quedo, en definitiva, con el lema que abandera la vida de Pablo: "Tengo síndrome de Down, ¿y qué?"

Lo que yo digo, ya quisiera muchos...

CDR

2 comentarios:

  1. Impresionante testimonio, Pablo Pineda sobresalía en esa magnífica película.
    Pmd.

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  2. Ya que estuviésemos rodeados de muchos Pablos como éste. Preciosa película.
    Tati.

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