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viernes, 7 de junio de 2013

A MIS ALUMNOS

Quiero hoy dedicar esta entrada a mis alumnos, ahora que está a punto de acabar el curso y este año, por motivos excepcionales, me he dado cuenta, más que nunca, de lo que significan para mí. Y les dedico estas palabras no solo a los de este curso académico (aunque inspirada en ellos en este momento), sino a todos los que he tenido hasta ahora y también, seguro, a los que tendré en el futuro.

Creo que se merecen este homenaje porque ha podido parecer en ocasiones que mi opinión sobre los jóvenes, basada en mi experiencia como profesora, es totalmente negativa, y he hablado aquí de pequeños tiranos, de seres insensibles y egoístas, generación de la inmediatez, etc. Cuestiones tratadas de las que ahora no me desdigo, tuvieron su motivo y su justificación. Pero, como saben, nunca he generalizado, y por eso hoy hablo de aquellos alumnos, que tampoco son todos, por los que vale la pena cada día acudir al centro de trabajo.

Muchos son los que se diluyen en mi memoria y apenas conservo sus rostros, como para ellos yo seré una profesora más. Pero otro número considerable, por valioso, son los que se quedan grabados en el corazón por su cariño, su respeto, su interés y, sobre todo, por su calidad humana. Independientemente de su capacidad académica o de que les guste o no mi asignatura. Independientemente de que intenten copiarse en tus exámenes. Independientemente de que sus ideas y sus afanes vayan por senderos muy distantes de los tuyos. En algunos casos, te toman como modelo, te conviertes en alguien cercano, día tras día, hora tras hora. En otros casos es más sencillo aún, simplemente te cogen aprecio, se da algo inexplicable entre ellos y tú. Pero en todos, siempre acaban sorprendiéndote, con una palabra, un detalle, un gesto, incluso alguna confesión. A estas edades en que tan difícil resulta explicarse, son capaces de decirte abiertamente lo que significas para ellos. En esta época en que parece que no sienten respeto alguno por el docente, son capaces de empatizar contigo cuando pasas por un mal momento. Y conseguir que tu trabajo, tu paciencia, tu cansancio tengan sentido.

Gracias a todos ellos por todo esto.




Y para terminar, una cita, como las que les pongo cada día en la pizarra y que, a pesar de mis dudas, algunos me demuestran que sirven para algo. Una visión positiva de Vicente Blasco Ibáñez: "La juventud es la edad de los sacrificios desinteresados, de la ausencia de egoísmo, de los excesos superfluos."

CDR

4 comentarios:

  1. Bendita profesión que nos hace mejores cada curso, pese a las trampas y sinsabores del camino, cada uno ques e sucede es un reto nuevo. Hermosa entrada, bloggera.
    Pmd.

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  2. Por supuesto que existen esos alumnos, por ellos, y por todos los demás, merece la pena nuestro trabajo y, muchas veces, nuestros pequeños sacrificios.
    Tati.

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  3. Pocos profesores se expresan así tan abiertamente y con una visión tan positiva de nosotros. Eres una persona que a pesar de las durezas de la vida, sonrie, demostrando fortaleza y con eso nos estás enseñando cosas que no se encuentran en los libros de lengua. Que por muy mal que estemos sonreir y poner buena cara no cuesta nada y eso se aprecia. En pocos meses me he dado cuenta de que al final no era tan mala esa profesora y te he cojido un cariño y un aprecio increible, que aunque no lo diga intento demostrarlo. Eres una persona que me ha hecho cambiar mi punto de vista ante la vida y a decir si se puede. Por todo ello te doy gracias.
    A.

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  4. Como bien has dicho, con los años será difícil recordar el rostro pero no el rastro que ha dejado tu dedicación y tu fuerza en mi carrera estudiantil.
    Mucha suerte maestra!
    Jose Teruel Soler

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