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domingo, 2 de junio de 2013

AMORES EN LA MITOLOGÍA (I)

La Mitología siempre me ha interesado, en algún momento de mi vida estudiantil fue uno de mis temas favoritos, y aún hoy sigo leyendo de vez en cuando alguno de los libros que he ido acumulando sobre el tema.

En estos días comparto el malestar de aquellos compañeros de la asignatura de Griego que ven su materia en peligro de extinción con la nueva Ley Wert. Y me pregunto cómo podemos ser tan incultos en este país, cómo podemos menospreciar un legado que es imprescindible para entender nuestra cultura y que ha dejado una huella indeleble en nuestra lengua, tanto en la etimología de infinidad de palabras que usamos, como en multitud de expresiones y de concepciones. Lo que mejor se nos da aquí es eliminar la riqueza cultural.

Así que, partiendo de estas premisas, se me ha ocurrido que estaría bien compartir en este blog algunas historias mitológicas. Empiezo, pues, una nueva serie dedicada a las grandes historias de amor que se cuentan en la Mitología griega. Y lo hago con la de Adonis, que, por cierto, es un personaje que ha dejado en nuestro léxico la acepción de "joven hermoso".

Cuenta el mito que...
Cencreis, la reina de Pafos, había ofendido a Afrodita al pretender que su hija Mirra fuera más hermosa que la diosa. Esta, encolerizada, la castigó entonces, desatando en Mirra un deseo incestuoso e irrefrenable hacia su padre. La muchacha se horrorizó por su imprevista pasión e intentó quitarse la vida ahorcándose, pero su nodriza Hipólita la convenció de lo inútil de su acción y le aconsejó que diera cauce a su pasión. Lo cierto es que, no se sabe muy bien por qué, Mirra cambió de parecer. Tanto es así que, efectivamente, se entregó a su padre, en la penumbra, sin que este la reconociera, durante doce noches. Pero la última noche, el padre descubrió la identidad de su amante y la persiguió con un cuchillo. La muchacha, aterrorizada y avergonzada por su incesto, se escondió en el bosque e imploró la ayuda de los dioses.
 
La misma Afrodita, compadecida de la desgracia de la joven, realizó el prodigio de convertirla en un árbol, precisamente el árbol de mirra. Fueron pasando los días y nuevos fenómenos extraordinarios se produjeron, pues el árbol fue cambiando paulatinamente, como si en su interior se estuviera gestando un ser. La corteza fue levantándose hasta que a los nueve meses estalló y del interior del árbol, que había sido una mujer, nació un niño sumamente bello: Adonis.
 
La diosa Afrodita, al ver la belleza del niño, quedó deslumbrada y para protegerlo de los peligros del bosque lo encerró en un baúl y se lo entregó en secreto a Perséfone para que lo criara. Pero esta también se encandiló con el niño, de manera que cuando llegó el momento de devolverlo, se negó. Pronto se enteró Zeus, como no podía ser de otra manera, de la disputa entre las diosas y fue él quien decidió la suerte del niño: Adonis pasaría cuatro meses con Adrodita, cuatro meses con Perséfone y el resto del año podría hacer lo que quisiera. El trato fue aceptado, si bien Afrodita salió ganando, porque Adonis finalmente compartió con ella también el tercio del año que tenía libre.
 
Sin embargo, Adonis no tuvo una suerte favorable, ya que su cercanía a Afrodita despertó los celos de Ares, quien concibió una estrategia para deshacerse del muchacho. Así, una de las primaveras, época en que Adonis estaba con la diosa del amor, Ares se convirtió en jabalí o en becerro o en toro (según las versiones) y arremetió contra Adonis durante una cacería, quitándole la vida. Aunque supuestamente Afrodita supo de esta trampa y avisó al joven de que no se separase de ella, él gustaba tanto de la caza que no pudo evitar adentrarse en el bosque -en busca de su fatal destino.- Cuenta la historia que la diosa derramó tantas lágrimas como Adonis gotas de sangre y que de cada lágrima de Afrodita brotó una rosa y de cada gota de sangre de Adonis, una anémona.
 
La diosa, en honor de su amado Adonis, instituyó una ceremonia fúnebre que después las mujeres celebrarían cada año. En vasos y vasijas plantaban semillas y las regaban con agua caliente para que crecieran más pronto. Esos recipientes eran llamados "Jardines de Adonis". Pero las plantas así forzadas se secaban rápidamente y morían al poco tiempo. Entonces las mujeres comenzaban a llorar por el trágico final de Adonis.

Las interpretaciones posteriores del mito han sabido entrelazar el pecado del incesto con el infortunio y el castigo de la muerte. Pero más allá de eso, es el amor el que imprime su fatídico sino, el mismo que en tantas otras ocasiones, como veremos, en que los dioses caen en sus redes.

CDR

2 comentarios:

  1. Interesante, algunos disfrutamos con las pelis fantásticas de dioses y humanos. ¡Claro, solo cuando estamos muy cansados y podemos ver cualquier cosa en un cómodo sofá! Pero, por supuesto, la literatura es otra cosa.
    Pmd.

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  2. Me encantan estas historias y, encima, muy bien explicadas.
    Tati.

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