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martes, 11 de junio de 2013

VIVIR EL MOMENTO

El paso del tiempo es una preocupación constante para el ser humano en todas las épocas. Ante este hecho inevitable, son diversas las actitudes y posturas a lo largo de la Historia. Una de las más conocidas, por haberse impuesto ya en nuestra sociedad, es la de aprovechar el momento, o como decían los latinos, carpe diem. Disfrutar del día por si no hay un mañana. No malgastar el tiempo dado en espera del que vendrá.


Así, como las palabras escritas en la arena, son los instantes que se encadenan, formando nuestra vida. Exprimir cada uno de ellos antes de que venga la próxima ola y no quede nada.

Preocuparse por el futuro no tiene sentido, pues aún no existe. Lo único que existe verdaderamente es el momento presente, en el que nos encontramos, el que respiramos ahora mismo. Tendemos a planificar, a prever, y está muy bien, pero en ocasiones no nos sirve de nada, nosotros vamos por un camino y la vida nos lleva por otro distinto, nuestras expectativas no siempre se ven cumplidas.

Jóvenes o viejos, ricos o pobres, guapos o feos... ninguno tenemos asegurado el porvenir. Aprovechar el hoy, lo que de verdad tenemos, lo que se nos presenta en un instante determinado y quizá no volverá. Porque el día de hoy no se repetirá jamás. El tiempo es el único bien que todos poseemos y este se materializa en el presente inmediato.

Esto no significa vivir alocadamente, sino cuidar cada detalle, no malgastar inútilmente nuestra capacidad de amar, de cumplir los sueños, de vivir... en aras de un trabajo absorbente, un éxito efímero, un futuro incierto.

En este sentido, vivir a corto plazo, ponerse metas cercanas, andar el camino paso a paso, sin adelantarse a lo que vendrá más adelante, saltando los obstáculos cuando se presentan y disfrutando del terreno cuando se presenta llano.

Y para expresarlo mejor, este bello soneto de Horacio:

No pretendas saber, pues no está permitido,
el fin que a mí y a ti, Leucónoe,
nos tienen asignados los dioses,
ni consultes los números Babilónicos.
 
Mejor será aceptar lo que venga,
ya sean muchos los inviernos que Júpiter
te conceda, o sea éste el último,
el que ahora hace que el mar Tirreno
rompa contra los opuestos cantiles.
 
No seas loca, filtra tus vinos
y adapta al breve espacio de tu vida
una esperanza larga.
 
Mientras hablamos, huye el tiempo envidioso.
Vive el día de hoy. Captúralo.
No fíes del incierto mañana.

CDR

2 comentarios:

  1. Un Carpe Diem calculado estaría bien, con sus buenos momentos de presente, recuerdos agradables de un pasado reciente, y quizá una esperanza de futuro siempre para mejor...
    El poema es acertado.
    Pmd.

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  2. Lo importante es decirlo y hacerlo, a veces se nos olvida vivir ese momento y nos damos cuenta demasiado tarde.
    Buen consejo y un precioso poema.
    Tati.

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