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jueves, 25 de julio de 2013

¿QUIÉN LA INVENTÓ?

Seguro que todos sabrían decir quién fue el inventor de la bombilla, de la radio o del teléfono. Artilugios imprescindibles en nuestra vida cotidiana. Pero, ¿saben quién inventó la televisión? Un aparato no menos importante que los anteriores, omnipresente en los hogares, cuyo inventor ha caído en el olvido.

Se trata de Philo Farnsworth (1906-1971), nacido en el estado de Utah. En el seno de una familia mormona, el niño se crió en una cabaña de madera y no conoció la electricidad hasta la primavera de 1919, cuando se mudaron a una granja de Idaho. Cuando sus carromatos alcanzaron la cumbre de una colina, Philo contempló el valle en que estaba situada su futura casa y observó la única cosa que había pasado inadvertida a los demás: la casa, el granero y los edificios anexos estaban conectados por cables. ¡Este lugar tiene electricidad!, gritó excitado.

Con un temprano interés por la electrónica, Farnsworth empezó a chapucear con piezas de recambio que encontró por la granja, de adolescente trabajó arreglando radios, y estudió física por su cuenta, ahondando en las teorías de Einstein y leyendo libros y revistas científicos hasta altas horas de la madrugada.

Una noche de invierno, mientras hojeaba una revista, encontró un artículo especulativo titulado "Imágenes que pueden volar por los aires", que hablaba de un imaginario dispositivo electrónico (una especie de híbrido entre la radio y el cine) capaz de proyectar simultáneamente imagen y sonido en todas las casas del mundo. Esta idea arraigó en la mente de Farnsworth y comenzó a leer todo lo que pudo sobre el tema. Así, descubrió que muchos inventores habían trabajado ya en ese campo, pero con escaso éxito y dedujo, acertadamente, que esos sistemas de televisión mecánica no funcionarían lo bastante rápido para captar y reensamblar otra cosa que no fueran sombras oscilantes. Pronto se dio cuenta el joven Philo de que había un problema inherente en intentar convertir la luz en electricidad mediante el uso de discos giratorios y espejos, ya que nunca podrían girar lo bastante deprisa para transmitir una imagen coherente. Lo que se necesitaba era un sistema de transmisión que pudiera funcionar a la misma velocidad de la luz.

Y fue precisamente una iluminación instantánea la que dio a Farnsworth la solución al problema. A sus catorce años, trabajando con una cosechadora, arrastrándola una y otra vez, hilera a hilera, se le ocurrió que un haz de electrones desviado magnéticamente para que operase línea por línea podía soportar la imagen, de un modo parecido a como hacen los ojos al leer.

Philo Farnsworth había tenido una idea brillante, pero ahora debía ponerla a prueba para ver si funcionaba en la práctica. Algunos de los científicos más importantes del momento, con financiación de las grandes compañías eléctricas, estaban trabajando en el mismo problema que un muchacho de granja acababa de resolver. Su padre fue lo suficientemente perspicaz para darse cuenta de que su hijo había encontrado algo y le aconsejó que no se lo dijera a nadie, por miedo a que le robaran la idea. Philo necesitaba a alguien en quien poder confiar y esa persona fue Justin Tolman, su profesor de química del instituto. Juntos desarrollaron en seis meses los aspectos teóricos de la hipótesis de Farnsworth.

En 1921, la familia se trasladó a un suelo más fértil, cerca de Provo (Utah), donde compartían casa con otra familia, los Gardner, con dos varones y seis hijas. Con sólo quince años, fue admitido en la Universidad de Brigham Young, pero la muerte de su padre dos años más tarde y las dificultades económicas familiares le obligaron a interrumpir sus estudios. En 1926 pidió a los Gardner la mano de su hija Elma, a la que llamaban "Pem", aunque las circunstancias hicieron que el matrimonio tardase en celebrarse. Mientras, Farnsworth y su futuro cuñado, Cliff Gardner, establecieron su propio negocio de instalación y reparación de aparatos de radio. Pero no funcionó bien. Philo, desesperado, pensó poner por escrito sus ideas sobre la televisión y mandarlas a la revista Popular Science, cosa que su amigo le desaconsejó. Finalmente, se inscribió en el servicio de colaboraciones de la Universidad de Utah con la esperanza de que eso le ayudaría a encontrar trabajo. Allí conoció a George Everson, un promotor de fondos profesional que había contratado a Philo, junto con otros estudiantes, para realizar una encuesta. Farnsworth logró, tras muchos esfuerzos y gran dosis de escepticismo por la otra parte,  que éste y su socio financiaran el invento.  Así, se creó una asociación entre Everson, su socio Gorrell y el propio Farnsworth, que se ubicaría físicamente en San Francisco. Philo avisó a su cuñado para que acudiera rápidamente a Los Ángeles. Él y Pem pudieron por fin casarse.

El 7 de enero de 1927, Farnsworth solicitó la primera patente para su sistema de televisión, para asegurarse de que su idea estaba protegida. Sin embargo, no se concedían patentes oficiales hasta que se hubiera demostrado que el dispositivo funcionaba, así que aún faltaban numerosas investigaciones y ensayos antes de eso. Ocho meses después, el sistema transmitió su primera señal, una simple línea recta en movimiento. El invento tardaría todavía un año en llegar al público.

Si llegar hasta aquí no había sido fácil, mucho menos lo sería a partir de ahora, cuando ya había intereses de por medio. El entonces recién nombrado presidente de la RCA (Radio Corporation of America), David Sarnoff, temiendo que la televisión acabase por desplazar a la radio, contrató a un ingeniero ruso, Zworykin, que trabajaba en un diseño parecido al de Farnsworth, aunque con problemas que no sabía resolver. Zworykin, sin decirle que trabajaba para la RCA, se presentó como un colega interesado en intercambiar opiniones y visitó su laboratorio durante tres días, aprovechando la ocasión para espiar la investigación de Farnsworth. El proyecto de la RCA seguía utilizando un escáner mecánico, así que Sarnoff le dio a Zworykin un generoso presupuesto y un año de plazo para desarrollar el dispositivo. Como no lo consiguió, en 1931 David Sarnoff intentó comprar a Farnsworth, pero él no aceptó el soborno. En junio de este año, Farnsworth se unió a la empresa Philco y trasladó su laboratorio a Filadelfia. Mientras el invento de Farnsworth iba perfeccionándose, Sarnoff conseguía el monopolio de la reciente industria de la televisión, en la que las pequeñas compañías de radio no tenían muchas posibilidades de competir, en los años posteriores al hundimiento bursátil de 1929. Tres años después, la RCA presentó una televisión electrónica similar a la de Farnsworth, atribuyéndole el invento a Zworykin. Esto los llevó a un proceso judicial que, a pesar del enorme poder de los abogados de la RCA, se falló a favor de Farnsworth, y en el que incluso prestó declaración Justin Tolman, el profesor de química que había sido testigo del nacimiento del proyecto. La compañía apeló y perdió, pero el juicio había durado varios años, y para cuando Sarnoff accedió a pagarle las regalías al verdadero inventor, éste estaba arruinado y su salud se había deteriorado.

En la Feria Mundial en Flushing Meadows, en Nueva York, la RCA se presentó como patrocinador del "Pabellón de la televisión", obtuvo los derechos de retransmisión del evento y logró el monopolio del sector. Farnsworth se había iniciado en la fabricación de televisores, pero la producción se detuvo con la entrada en guerra de EE.UU., de modo que se vio obligado a vender los activos de su compañía a International Thelephone and Telegraph, que poco después abandonaba la industria de la televisión para dedicarse a la producción de radares. Cuando terminaron sus patentes, que pasaron a ser de dominio público en 1947, no le había dado tiempo a hacer fortuna. Para entonces, la RCA estaba produciendo seis mil televisores al año, cifra que se centuplicó en los años siguientes.

Farnsworth, devastado, sufrió un colapso nervioso que lo mantuvo postrado en la cama durante meses y del que nunca se recuperó totalmente. Los últimos años de su vida estuvieron marcados por la tragedia. Ya sin la ilusión y la fuerza que lo habían caracterizado, se retiró con su familia a una casa en Maine, donde lo atormentaron la depresión y el alcoholismo. Y en solo diez años se convirtió en un perfecto desconocido.

En 1971, Philo Farnsworth enfermó gravemente de neumonía y falleció. Curiosamente, el mismo año que Sarnoff, quien tantos golpes le propinó en su vida.

Me parece justo reconocer a este joven de mente despierta y gran tenacidad que dio con la clave para desarrollar un invento que cambió el mundo.

CDR

2 comentarios:

  1. Impresionante, qué capacidad humana, una buena entrada con argumento, casi, de película, y seguro que existe alguna por ahí...
    Pmd.

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  2. Muy interesante. Y ahora la llamamos la cajilla tonta, a la televisión, claro.
    Tati.

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