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sábado, 17 de agosto de 2013

PALABRAS ENCENDIDAS (IX)

En pleno bochorno del mes de agosto, nos atrevemos a adentrarnos en el abundante erotismo del siglo XIX. Pero hoy, una dosis baja. No se puede jugar con el calor.

Como ya hemos visto en autores de cuentos infantiles -La Fontaine o Samaniego, por ejemplo- existe una tendencia, quizá compensatoria, hacia la licenciosidad. Es el caso de E.T.A. Hoffmann (1776-1822), famoso por relatos como Casacanueces o El caldero de oro. Tras años de paciente investigación, hoy apenas quedan dudas sobre la autoría de Sor Monika, atribuida al alemán. El autor se muestra en esta obra como un hombre de su tiempo: para él, la mujer siempre está dispuesta, los deseos surgen y se satisfacen sin la menor dificultad, sufrimiento y placer andan indisolublemente unidos, y quizá por esto último se siente atraído por la flagelación. Además, tiene una predilección "gótica" por los ambientes cerrados. Sin embargo, lo que destaca en Hoffmann y en su Sor Monika con respecto a los materiales de la época, es detenerse en los detalles, usar exquisitos eufemismos y la metáfora en momentos clave. Así, la obra cae en lo sugerente y lo erótico. Parece ser que en el momento en que Hoffmann escribió esta novela se encontraba perdidamente enamorado de una joven alumna suya, que además estaba ya comprometida. Como tantas veces, la literatura sirvió para dar salida a sus males. Esta novela fue publicada clandestinamente en 1815. A continuación unos fragmentos, que se desarrollan en una residencia de señoritas. Duros castigos para las jóvenes: "Yo debía sostener la palangana debajo de las vergüenzas de Rosalie, Chaudelüze tomó la lanceta y de un solo pinchazo, justo encima de los labios bermejos como una rosa en el todavía poco poblado monte de Venus, hizo brotar la sangre, de un rojo púrpura, de Rosalie. Las rosas de sus mejillas fueron perdiendo color y su espanto creció de tal modo, al ver fluir su sangre (cuya visión fue también horrible para las espectadoras), que al momento cayó en un benéfico desmayo." "Mientras Piano iba diciendo esto a mi madre, la tomaba de la mano, la conducía hacia un ventana, le levantaba las faldas y la enagua y la incudía a que con sus manos templase el más bello teclado de la naturaleza humana, hasta llegar finalmente a introducir el templador en la caja de resonancia. Madame Chaudelüze, con la ayuda de dos muchachas, me levantó y me hizo apoyar en la mesa; luego me lavaron las ronchas producidas por los palmetazos con un bálsamo curativo, tan bruscamente como si yo fuese una yegua joven, en a que se hubiese cebado la Hyppobosca equina, el culex equinus, y el caballerizo, con hábiles manos, quisiera que su piel recobrara el brillo."

Y paramos ahora en Del amor, de las primeras obras del conocido escritor francés Henry Beyle Stendhal (1783-1842) Publicada en 1822, esta novela viene a ser la respuesta analítica que da el autor a la desatada pasión que sentía por Matilde Viscontini, si bien termina siendo un manual erótico que bebe de la larga tradición -desde el Arte de amar de Ovidio hasta el Kamasutra-. La principal diferencia es el ansia de objetividad de Stendhal, para lo cual recurre a los procedimientos del cientificismo positivista. Como un experto psicólogo e historiador, el autor nos explica las clases de amor que existen, cómo nace este, cómo cristaliza, qué contrariedades produce, cómo lo afrontan cada uno de los sexos, etc. No obstante, a pesar de este derroche de inteligencia, es en la narración pura donde brilla el verdadero genio de Stendhal.Los fragmentos elegidos en este caso es de un relato titulado "Ernestina o el nacimiento del amor", que viene a ejemplificar lo que anteriormente se ha teorizado. Esta historia cuenta algo tan simple como el amor que va sintiendo Ernestina hacia un desconocido, pero la descripción de la joven, el crescendo de la acción, el suspense que genera y la sutil matización del amor hacen que esta narración sea equiparable a la mejor producción del autor (Rojo y negro, por ejemplo) Y pese a que no llega a haber contacto físico entre los protagonistas, el erotismo rezuma por doquier. Veamos -aunque en este caso es necesario leer el relato completo para apreciar la delicia que es-: "Una tarde de primavera, ya próxima la noche, Ernestina estaba en su ventana. Contemplaba el pequeño lago y el bosque más lejano. La extremada belleza del paisaje contribuía quizá a sumirla en una melancólica abstracción. De pronto volvió a ver al joven cazador que descubriera unos días antes; estaba tabmién en el bosquecillodel otro lado del lago. llevaba un ramillete de flores en la mano. Detúvose como para mirarla. Ella le vio besar el ramillete y, en seguida, colocarlo con una especie de respetuosa ternura en el hueco de una gran encina a la orilla del lago." "La imagen del lago y la de Ernestina, a la que acababa de ver de tan cerca en la iglesia, se grabaron profundamente en su corazón. Desde este momento, Ernestina tuvo algo para él que la distinguía de todas las demás mujeres, y sólo le faltaba la esperanza para amarla hasta la locura." "Ernestina, más feliz, era amada y amaba. El amor reinaba en aquella alma que hemos visto pasar sucesivamente por los siete diversos períodos que separan la indiferencia de la pasión, y en lugar de lo cuales el vulgo no percibe más que un solo cambio, y aun sin saber explicar la naturaleza del mismo."

Hoy no podemos subir más la temperatura. Sirva esto de introducción a lo que nos espera a lo largo de este ardiente siglo. Ya para cuando refresque un poco.

CDR

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