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jueves, 5 de septiembre de 2013

¿Y EL CALOR HUMANO?

Si ayer hablaba del cerebro, hoy hablaré del corazón, otro dispositivo humano que se ve resentido por esta irrefrenable expansión de las tecnologías.

Aun los que hemos vivido este cambio paulatinamente, sentimos vértigo ante los avances que cada día se nos presentan. Las nuevas generaciones, por supuesto, lo tienen más que asimilado, parece que ya les venga dado genéticamente. Pero creo que si una persona hubiera estado hibernando los últimos veinte años y despertara en el mundo de hoy, quedaría perpleja en un primer momento y después apreciaría algo que quizá a nosotros ya nos pasa desapercibido. Y es que la expansión del uso de las tecnologías como medio de comunicación está suponiendo una reducción de las comunicaciones estrictamente humanas. La verdadera comunicación viva se está empobreciendo de un modo alarmante, aunque aparentemente las tecnologías la faciliten.

Por correo electrónico, sms y no digamos por whatsapp somos capaces de decir cosas que no diríamos en persona al mismo interlocutor. Los mensajes están cargados de emoticonos, pero cada vez hay más problemas de habilidades sociales, porque se está agostando la capacidad de transmitir las cosas en vivo, porque se está debilitando el tú a tú, esa transferencia de corazón a corazón imprescindible para no sentirse aislado, para no caer en el fanatismo y/o en la inanidad.

Porque se está enfriando el calor humano.

Y ningún aparato puede sustituir eso.

CDR

2 comentarios:

  1. Nos queda aun esperanza de vernos, charlar, visitarnos, acudir a los amigos o a quienes queremos, ejercer de humanos en ámbitos cerrados, y solo necesitar la ciencia en estrictos casos y servirnos de ella (como en este medio). Si lo seguimos haciendo, siempre quedará un resquicio, cuál naúfrago en una isla (que quizá, se vea obligado a hablar con la palmera).
    Pmd.

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  2. Quizá hubiese sido más oportuno el otro comentario aquí. De cualquier manera, es cierto que ningún aparato puede sustituir al calor humano, por ahora, dentro de unos años...¡quién sabe!
    Tati.

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