Páginas vistas en total

miércoles, 27 de noviembre de 2013

Si a fuerza de decir NO pudieran cambiar las cosas..., agotaríamos la respiración gritándolo.

Y a veces lo hacemos.

NO, NO, NO, repetido una y mil veces, pero no sirve de nada.

Cuando la vida, tozuda, el destino, inevitable, se empeñan, el NO se diluye en el aire y desaparece.

Ni siquiera esta palabra concisa, rotunda, que denota inexistencia de lo designado, puede variar lo que tiene que pasar.

NO, NO, NO, a veces las palabras no son más que eso, simples palabras, no traspasan el plano de la gramática, no adquieren valor real.

Decimos NO, no puede ser, NO, todo va a ir bien.

Y durante un tiempo el NO nos engaña, nos convence, nos consuela.

Decimos NO, mera estrategia de defensa para enfrentarnos a lo que nos duele.

NO, adverbio de negación.

Decimos NO, pero acaba siendo sí.

CDR

lunes, 25 de noviembre de 2013

NO ES AMOR

Hoy es el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer. Aunque no me gustan los días de... y este ya está a punto de acabar, quisiera hacer una breve reflexión al respecto.


Durante esta jornada se han realizado en los centros educativos diferentes actividades para concienciar al alumnado sobre este tema. Y es que ni nos imaginamos lo necesaria que es esta tarea. Porque es increíble la actitud que tienen los jóvenes, en general, ante el amor. En pleno siglo XXI, cuando creíamos que se había conseguido algo en materia de igualdad y de independencia de la mujer, nos encontramos con niñas y adolescentes que piensan que los celos son prueba de cariño, que permiten que sus "parejas" las dominen y que ven normal algún brote violento suyo e incluso que lleguen a golpearlas. Es como si asumieran algo así como que amar duele y es precisamente la ausencia de esa dominación lo que les preocupa.

Y así, un oscuro machismo se abre paso por los pasillos de los institutos, mientras los profesores nos devanamos los sesos inventando estrategias para incluir en nuestras clases la convivencia y el respeto. Por muchos contenidos trasversales que incluyamos, los jóvenes viven más allá de las vallas del centro y en su mundo se asocia amor con violencia.

Lo más triste es que no me lo estoy inventando, sino que hay datos que avalan esto. Estadísticas que demuestran que un alto porcentaje de adolescentes consiente algún tipo de abuso de sus novios. Para, casi sin darse cuenta, al cabo de pocos años, convertirse en víctimas de violencia doméstica, sufridoras silenciosas encerradas en casa. Lo que viene después es evidente: merma de la autoestima y perdón en una espiral interminable... o con el más horrible de los finales.

El amor está muy bien. Pero todos -toda la sociedad- debemos hacer algo para que nuestros adolescentes sepan distinguir la mano que les acaricia del puño que les golpea. Y decir no a la violencia, porque eso no es amor.

CDR

jueves, 21 de noviembre de 2013

FÁBULA RUSA

Tal día como hoy, hace ciento sesenta y nueve años, falleció Iván Andreyévich Krylov, comediógrafo y poeta ruso que escribió algunas de las mejores fábulas eslavas de la literatura.
 
Se dio a conocer como escritor satírico en San Petersburgo con obras como El correo de los espíritus (1789) y también escribió algunos dramas y diversas comedias, como Lecciones a las hijas (1807). Fue dos años después cuando publicó una primera colección de veintitrés fábulas que obtuvo un gran éxito. Entre 1810 y 1820 publicó otra serie del mismo género. En la actualidad es considerado el fabulista ruso por excelencia.
 
Inspiradas en Esopo y La Fontaine, las fábulas de Krylov atacan todos los vicios humanos, especialmente la incompetencia, la arrogancia y la estupidez, como crítica a su época. Algo que, pasados los años, podemos seguir aplicando.
 
Un buen ejemplo de la pluma de este ruso singular:
 

Cierto Cocinero, inteligente,
dejó sus ollas y se hizo una corrida
a la taberna (era de pías costumbres y ese día
conmemoraba a un compadre finado),
y a cuidar de las lauchas lo que había preparado
dejó al Gato.
Pero al volver ¿qué ve? En el suelo
restos del pastel; y Vaska el Gato en el rincón,
detrás del barrilito del vinagre,
ronroneando y gruñendo trajina con el pollo.
“¡Ay, angurriento, ay, malhechor!
le reprocha a Vaska el Cocinero,
¿Y no te da vergüenza, aun de estas paredes?
(Pero Vaska así y todo se afana con el pollo.)
¡Cómo! Siendo hasta ahora un Gato honrado,
te ponían como ejemplo de humildad
y mira un poco... ¡ay, qué bochorno!
Qué han de decir ahora los vecinos:
“¡Vaska es un taimado! ¡Vaska es un ladrón!
Y a Vaska no ya a la cocina,
no hay que dejar entrar siquiera al patio,
como a un lobo cebado a los corrales:
¡es lo peor, es la peste, la llaga de estos lares!”
(Y Vaska escucha, y come.)
Tras darle rienda suelta a sus palabras,
mi orador no encontraba final a su sermón.
¿Y bien? Mientras cantaba,
el Gato Vaska dio cuenta del asado.
––––––
Pero yo a algunos cocineros
mandaría llevar al paredón
por que no gasten labia en vano
donde es preciso dar con el bastón.
 
                                                                                      (El gato y el cocinero.)
 


 
 
En este caso, más que ácida sátira, agudeza e ingenio para terminar el día con una sonrisa.
 

CDR

miércoles, 20 de noviembre de 2013

ACEPTACIÓN

Aceptar...

Recibir voluntariamente o sin oposición lo que se da, ofrece o encarga.

Aprobar, dar por bueno, acceder a algo.

Asumir resignadamente un sacrificio, molestia o privación.

Bellas definiciones, tan difíciles de realizar.

Lo cierto es que las cosas no pueden salir como uno quiere y por ello lo mejor es aceptarlas tal y como suceden.

Pero, ¿cómo?

Dijo el pensador suizo Denis de Rougemont: "La felicidad solo puede existir en la aceptación."

Y dijo William James, filósofo estadounidense: "La aceptación de lo que ha sucedido es el primer paso para superar las consecuencias de cualquier desgracia."

Todos estos pensamientos y formulaciones teóricas, ¿se pueden llevar a la práctica?

¿Sí?

Entonces, tarea pendiente: aceptar la realidad.

CDR

lunes, 18 de noviembre de 2013

NUESTRA TRADICIÓN

De pronto, el cálido otoño se ha tornado en invierno prematuro. Y qué mejor que tener un buen libro a mano, acurrucarse debajo de la manta en el sofá y viajar a otras épocas, vivir historias como la que nos plantea la siguiente lectura:

Cuando Javier Pérez Andújar (Sant Adrià de Besòs, 1965) estudiaba filología en la Universidad de Barcelona, conoció la labor de Luis Bello en las escuelas de España. La fascinación que le produjo el tema ha sido magníficamente plasmada en Todo lo que se llevó el diablo (2010), la segunda novela del catalán. Conocido como ensayista, articulista, antólogo y colaborador en las tertulias literarias de la televisión regional, Pérez Andújar se reafirma aquí como narrador nato.


 El eje argumental básico de este relato es el trabajo de las Misiones Pedagógicas en la España de la Segunda República. Es la historia de un grupo de maestros, Mª Luisa, Maruja y Reposiano, y el chófer, Arcos Paulín, con todo su equipo, que viajan por los caminos más recónditos para llevar algo de cultura, entretenimiento y saber a los pueblos. No se puede enmascarar el interés de Andújar por difuminar la línea entre la alta y la baja cultura, representando a las Misiones como el nexo de unión entre la cultura oral, tradicional, y la cultura académica. No obstante esto, la novela se nutre de otros muchos temas y personajes, como la marginación de Orfilio Velasco, el lobero, anarquista perseguido, que parece estar abocado a un final fatal, igual que su sobrino Velasco Flaínez; la oposición del padre Blas a todos los planes del Gobierno; la prepotencia del alcalde don Melitón ante la incursión de extraños en su pueblo; o la violencia generada en gran medida por la ignorancia y la necesidad. El narrador nos trasmite su simpatía por el grupo de maestros, mientras que muestra su compasión por los lugareños, víctimas inocentes de la injusticia social. A este respecto, hay que elogiar el adecuado registro lingüístico para cada personaje, así como la oportunidad de las frases y réplicas utilizadas, y la parte de diálogo, de narración y de disertaciones, formando un todo impecable.           

Absolutamente bien documentada, esta novela de tema serio nos ofrece además un relato para disfrutar, para reír con sus situaciones humorísticas, sus momentos casi delirantes, heredero de los mejores diálogos de Valle-Inclán y escenas propias de un admirador del maestro Berlanga. Todo ello salpicado con alusiones a cuentos populares, romances, canciones, películas, cuadros, cómics; y enhebrado con la aparición de ilustres personajes como Tomás Navarro Tomás, Zamora Vicente o García Lorca, entre otros.

No cabe duda, por tanto, de la preocupación del autor por nuestra cultura, como ya se mostraba en su anterior novela, Los príncipes valientes (2007). En esta va más allá, haciendo un auténtico homenaje a la lengua y a la literatura españolas, al arte en general, sobre todo a lo que estos le deben al acervo popular.

¡Feliz lectura!

CDR

domingo, 17 de noviembre de 2013

LA ESPERA

Han dado las doce en el reloj del salón y he escuchado cada una de las campanadas como si retumbaran en mi interior. No puedo dormir. Es imposible. Hoy no. Ni podré rendir en el trabajo. Ni podré preparar bien la comida, ni la cena. Porque hoy, un año más, ha llegado el día.
 
Buenos días, cariño, cómo has dormido. Por supuesto, él no lo recuerda, para él no tiene importancia. Cuando se lo expliqué me dejó bien claro que son tonterías, paranoias mías. Casualidades. De hecho, lo mismo me dicen aquellos a quienes he confiado mi preocupación.
 
Cuando mi abuela murió nadie se percató de que el día de su muerte coincidía exactamente con el del fallecimiento de su madre, mi bisabuela. Pura coincidencia de la que solo más tarde nos dimos cuenta, un día en que mi hijo mayor tuvo que indagar y confeccionar un árbol genealógico de la familia para el colegio. Fui yo la que, al revisar el trabajo, me fijé en la coincidencia de fechas. Qué curiosidad, nada más. Sin embargo, al cabo de los años mi madre enfermó. Su estancia en el hospital fue larga y finalmente volvió a morir a casa, ya no había nada que hacer y ninguno queríamos seguir viéndola en aquella habitación blanca y fría. Todos sus hijos estábamos rodeando la cama en el momento en que expiró, tranquila por fin después de tanto sufrimiento. Era el mismo día. Diecisiete de noviembre. Un escalofrío me recorrió el cuerpo, no solo por la pérdida de mi madre, sino además por la certeza de que el destino había elegido esa fecha final para toda la descendencia femenina de mi familia. Fugazmente pensé en mi hija y dos lágrimas silenciosas rodaron por mis mejillas.
 
¿Y qué más da? algún día hay que morir, cariño. Piensa que al menos ellas han muerto viejas, aún te quedan muchos años por delante. A veces, mi marido no es muy delicado. El tema se convirtió en mi obsesión. Por supuesto, me propuse llegar hasta el fondo de la cuestión e investigué sobre mis antepasadas directas. Dediqué mucho tiempo a averiguar cuándo había muerto mi tatarabuela y la madre de esta, pues el trabajo tuve que hacerlo básicamente por teléfono, al vivir lejos de nuestro lugar de procedencia. En la era de la informática a nadie le gusta mucho tener que buscar en polvorientos archivos de hace casi dos siglos. Me encontré con muchas dificultades, pero finalmente pude comprobar que, en efecto, todas las mujeres ascendientes de mi madre, desde al menos cinco generaciones, habían fallecido en la misma fecha. ¿Se puede considerar eso una mera casualidad?
 
Todavía no me he atrevido a abordar el tema con mi hija, que ahora tiene dieciséis años. Por un lado, creo que es una tragedia conocer el día en que vas a morir, eso genera una ansiedad horrible, miedo, al menos yo lo tengo. Pero por otra parte, a veces pienso que es casi mágico. Que formamos parte de uno de esos círculos femeninos dotados de algo especial, como si fuéramos brujas o adivinas. Que nosotras contravenimos el azaroso devenir del tiempo. El problema es que no sé muy bien cómo funciona. Es cierto que mi tatarabuela, bisabuela, abuela y mi pobre madre murieron de muerte más o menos natural a una edad razonable para la época en que cada una vivió, y lo hicieron de forma cronológica. Pero los tiempos van cambiando y hoy en día, cómo puedo yo saber que moriré antes que mi hija, cómo sabré si ella tendrá a su vez una hija y que continuará con esta sucesión.
 
Por eso cada año, cada vez que llega el diecisiete de noviembre, la preocupación no es solo por mí, es también por ella. Oh, me da tanto miedo morir y dejar mil cosas pendientes por hacer, abandonar a mi marido y a mis hijos. Pero cuánto peor es imaginar que en este mundo trastornado hasta ese ciclo se altere y llegue a perder a mi Silvia.
 
Así llevo siete años. Escrutando mi salud y la de mi hija, descartando una posible enfermedad de cara a noviembre. Contando minuto a minuto el día cuando este llega, sorteando supuestos peligros, casi vigilando a Silvia para que evite riesgos. Respirando aliviada cuando el reloj vuelve a sonar a media noche...
 
Y de nuevo a la espera.
 
Al final, ya verás, te morirás otro día, me dice mi marido antes de dormirse.
 
CDR 

sábado, 16 de noviembre de 2013

QUÉ ES POESÍA

Una vez, en clase, sondeando entre mis alumnos qué era para ellos la poesía, de qué temas creían que trataban los poemas, etc. y ante respuestas como "algo muy cursi", "de niñas", "tema amoroso", nos surgió la siguiente cuestión: ¿acaso existen cosas sobre las que no se puede escribir un poema?

Puesto que es uno de los géneros literarios, la lírica, como la narrativa o el teatro, debería ser capaz de tratar cualquier tema, ¿no? Sin embargo, habrá quien afirme que la poesía es algo especial, sujeta a la belleza, a los sentimientos, a lo etéreo, a lo interior. Entonces, ¿basta con aludir a la luna llena, describir a una mujer hermosa o hablar de tristeza para escribir una poesía? Vamos, esa es una visión muy superficial. No importa de qué hable una poesía, lo importante es que lo que aparezca en sus versos emerja de la oscuridad, que sea capaz de hacernos verlo de otra manera, de un modo más completo. Sí, puede ser la luna, una rosa, o una bella mujer... pero también puede ser ¡una cebolla! Cuando se lo digo a mis alumnos, alucinan.

Cebolla,
clara como un planeta
y destinada
a relucir,
constelación constante,
redonda rosa de agua,
sobre
la mesa
de las pobres gentes.
(...)

Y sigue esta belleza de poema, que habla de algo tan trivial y lo convierte en pura poesía. Claro, es Neruda. Es lo que hizo en sus Odas elementales, ensalzar las cosas cotidianas, mostrarnos su alma y su corazón. Eso es poesía.

No es fácil, por otra parte. Escribir versos (sobre todo buenos versos) requiere un duro trabajo, una pelea y confrontación con la gramática y los diccionarios, porque la primera sensación que produce un buen poema es la de estar construido con las palabras exactas. Esto va un poco en contra de esa idea tan extendida de la inspiración. Pero no porque esta no exista, sino porque no es lo que se supone, no es un don de los dioses, no es un atajo para los elegidos que llegarán a meta sin realizar la carrera; es encontrar precisamente esa palabra justa tras una larga búsqueda (arduo y solitario trabajo.)

Así pues, les digo a mis alumnos, se puede escribir un poema sobre cualquier tema, pero no es una tarea sencilla. Porque la poesía nos abre las puertas a un mundo simbólico, donde no importa tanto lo que se dice como lo que significa.

Leo unos versos... y pido a los alumnos que se dejen tocar por la sensibilidad que transmiten. Cómo fue capaz Paul Valéry de escribir:

Sí, mar, gran mar de delirios dotado,
piel de panteras y clámide calada
por tantos, tantos ídolos del sol,
ebria de carne azul, hidra absoluta
que te muerdes la cola refulgente
en un tumulto análogo al silencio.

Pues tal como Moby Dick nos convierte en cazadores de ballenas o la Divina comedia nos traslada a los infiernos, un buen poema invade los ojos y la mente de quien lo lee y le hace sentir lo que el poeta siente, escuchar ese estruendo un tanto fúnebre del mar de Valéry.

Ah, pero la poesía, por más que tenga sus propias normas, no es una ciencia exacta, ni hay recetas mágicas para crear una gran poesía.

Entonces, ¿podremos nosotros escribir poesía, profe? Claro, pronto veremos cómo.

CDR

viernes, 15 de noviembre de 2013

DESPREOCUPACIÓN

Asociamos generalmente la infancia con la despreocupación. Pero, ¿qué es esta exactamente? Fácil, ¿eh? Ausencia de preocupación. Y en realidad lo que nos maravilla y nos causa envidia cuando miramos a un niño es su capacidad para vivir intensamente el momento presente. He ahí su despreocupación, como una inteligencia intuitiva que irá perdiendo conforme se haga mayor. Cuando aprenda a anticipar las cosas y a volver al pasado. Entonces habrá perdido el presente, habrá dejado escapar su "despreocupación".

Nosotros también poseíamos esa capacidad cuando éramos niños, pero a medida que la mente madura no solo da un salto hacia el rendimiento sino también hacia el sufrimiento. "Quien crece en experiencia aumenta su dolor", afirma el Eclesiastés.

Así pues, todos esos niños que hoy se encuentran "despreocupados" en cuanto a que centran su atención en lo que están viviendo en cada momento, irán perdiendo esta aptitud a fuerza de dejarla de usar, desplazada por "cosas más importantes". Claro que de mayores podrán volver a aprender a centrar su mente, sin embargo parece más lógico, y más sencillo, preservar este valor de la infancia y ayudarles a seguir cultivándolo. ¿No les parece?

Esto se puede conseguir a través de la meditación. Algo que a priori suena demasiado complicado para realizarlo con niños, pero que nos deparará sin duda grandes sorpresas. Pues está demostrado científicamente que los pequeños son capaces de desarrollar una profunda vida interior y además comprenden perfectamente el lenguaje corporal, que podemos aprovechar para numerosas técnicas de relajación.

Y qué duda cabe que también les será muy propicio para su equilibrio emocional, su resiliencia y empatía. Los niños de hoy están demasiado dispersos, demasiado estresados e incluso angustiados. Lo vemos en las aulas y lo vemos en los hogares. La meditación les ayudará a controlar la sobreestimulación que los bombardea continuamente y ello repercutirá en su rendimiento académico, en sus relaciones familiares así como, a la larga, en su calidad de vida.

Por último, quizá al facilitarles esta herramienta para enfrentarse a lo anteriormente expuesto estaremos a la vez ayudándoles a adquirir mayor humanidad, a convertirse en adultos mejores, no meros trabajadores y consumidores, sino a tomar conciencia de su presencia en el mundo y de lo hermoso y frágil que este es. "El niño es el padre del hombre", escribió el poeta inglés Wordsworth.

¿Qué mejor regalo podemos hacer a nuestros niños que alargar esa capacidad natural de vivir en el presente para que la usen en su relajación, en su concentración, en su vida; qué mejor regalo que una tranquila "despreocupación"?

No se trata ni mucho menos de pasividad ni de apatía. Se trata de enseñar a los niños a gestionar lo que les sucede a través de la aceptación, que solo ocurrirá con el conocimiento de sí mismos.

Dijo Jean de la Bruyère: "Los niños no tienen ni pasado ni futuro, por eso gozan del presente, cosa que rara vez nos ocurre a nosotros." Cambiemos eso, porque "nosotros" al fin y al cabo éramos "los niños".

CDR

miércoles, 13 de noviembre de 2013

SIN COMPLEJOS

Quizá fuese de las pocas personas que aún no había visto el éxito del cine francés Intocable (2011), pero ya he subsanado la situación.Y aunque es cierto que posiblemente  por las grandes expectativas que tenía acerca de la película, quedé ligeramente decepcionada, en general me gustó bastante. Tanto como para hablar de ella aquí.

Se trata de un argumento basado en un hecho real, que queda muy conseguido gracias a la complicidad entre los dos protagonistas, que no podrían ser más diferentes en todos los sentidos. La historia de un millonario que queda tetrapléjico y contrata como asistente personal a un inmigrante en paro, recién salido de la cárcel, que vive en un barrio marginal y tiene problemas familiares. El senegalés no tiene ninguna formación, no es el candidato más adecuado, y pese a ello es elegido para el trabajo.

A partir de ahí los dos mundos enfrentados que cada uno de ellos representa irán acercándose progresivamente hasta reconciliarse e incluso necesitarse de tal modo que parecería imposible a priori. Driss aporta a la anodina vida de Philippe chispa, diversión, informalidad y hasta seguridad en sí mismo. Pero el aristócrata también tiene mucho que enseñar al joven. Es una relación de reciprocidad y de ahí que se convierta en una amistad que duraría para siempre.

Además de la música, la fotografía, la interpretación, en mi opinión lo mejor de esta película es la forma de tratar asuntos tan serios como la marginalidad, la enfermedad, los problemas económicos... y abordarlos sin complejos, sin prejuicios, con un enfoque hilarante que les quita hierro. Se podría decir que es una huida de la compasión. ¿No es magnífico reírse sin culpabilidad de esas cosas? Eso es lo que consigue esta película con su frescura y gamberrismo.

Alegre, disparatada...como puede ser la vida misma si se encuentran las personas adecuadas y la actitud necesaria para afrontar las dificultades.

CDR

martes, 12 de noviembre de 2013

RENOVARSE

Ahora ya sí asoma el otoño por la puerta, el mapa del tiempo se puebla de nubes, los termómetros bajan y el color ocre no deja lugar a dudas.

Cuando cambia la temporada, nos apetece renovar el armario, cambiar la ropa (por mucho que nos guste el calor, ya tenemos ganas de vestirnos con aquel suave jersey del año pasado, meternos en aquellos vaqueros estupendos, calzarnos las botas que tanto nos gustan.) Y a veces, si nos encontramos bien y el bolsillo nos lo permite, disfrutamos yendo de compras a por alguna nueva adquisición. O si nos encontramos mal, lo hacemos para subirnos la moral, como si una prenda más en el cajón pudiera llenar algún vacío interior.

Esta noche precisamente he escuchado en la tele que la crisis ha cambiado nuestros hábitos de compra. ¡Lógico! Ya no salimos tanto a tomar un aperitivo, comer o cenar y compramos más productos para tomar en casa, viendo una película, con los amigos o la familia. Además de por la situación económica, las tiendas de ropa también se ven afectadas en este momento por la ausencia de frío, los abrigos siguen colgados en las perchas mientras disfrutamos de un veranillo prolongado.

Yo, la verdad, no tengo ganas ahora mismo de comprar nada nuevo, pero sí necesito renovarme y por ello he modificado un poco el aspecto de este blog, que viene a ser lo mismo que cambiarme de ropa para sentirme mejor.

Además, como regalo para ustedes (y para mí), una bonita historia que nos habla de esa necesidad de renovarse:

"El águila es el ave que posee la mayor longevidad de su especie. Llega a vivir setenta años. Pero para llegar a esa edad, más o menos en la cuarentena tiene que tomar una seria decisión. A los cuarenta años, sus uñas curvas y flexibles ya no consiguen agarrar a las presas de las que se alimenta. Su pico alargado y puntiagudo, también se curva apuntando contra el pecho. Sus alas están envejecidas y pesadas, y sus plumas gruesas. ¡Volar es ahora muy difícil! Entonces el águila, tiene sólo dos alternativas: morir... o enfrentar un doloroso y largo proceso de renovación.

Ese proceso consiste en volar hacia lo alto de una montaña y refugiarse en un nido, próximo a una pared, donde no necesite volar. Entonces, apenas encuentra ese lugar, el águila comienza a golpear con su pico la pared, hasta conseguir arrancárselo. Apenas lo arranca, debe esperar a que nazca el nuevo pico, con el cual después arrancará también sus viejas uñas. Cuando las nuevas uñas comienzan a nacer, prosigue arrancándose sus viejas plumas. Y tras cinco meses, sale victoriosa para su famoso vuelo de renovación, y entonces dispone… ¡de treinta años más!"

Todos en algún instante de nuestra vida nos hayamos en la situación del águila. Momentos difíciles nos sacuden y nuestra actitud es determinante para sobreponernos y seguir adelante. Como el águila, hemos de decidir y bien podemos abandonarnos a las circunstancias de la vida, vagando sin rumbo hasta perecer, o bien asumir que existen momentos de incertidumbre y cambio, salir fortalecidos y quizá llegar a ser más de lo que jamás imaginamos.

Espero que les haya gustado esta fábula, y el nuevo aspecto del blog.


CDR









lunes, 11 de noviembre de 2013

RACHAS

La vida funciona así, a rachas.

Periodos breves de fortuna o de desgracia. O no tan breves, sobre todo si la fatalidad nos acompaña.

En terminología naval, se llama racha al aumento repentino de la intensidad del viento, que puede ir o no acompañado de una variación en su dirección. Las rachas suelen presentarse con los chubascos y cuando son muy violentas, suponen un gran peligro para los barcos de vela, que pueden desarbolar si no están prevenidos. Por tal razón las rachas más peligrosas son las llamadas chubascos blancos, que saltan sin indicio alguno de importancia que las acuse. Cuando el viento es racheado y se va ciñendo sucede a veces que las rachas vienen más largas, lo que permite barloventear más. Se dice entonces que se navega aprovechando las rachas o a aprovechar las rachas.

Cuando los tifones vienen acompañados de rachas de viento de 300 km. hora, la calamidad llama a muchas puertas.

En ingeniería, se denomina racha a una astilla grande de madera. Y tan grande que nos resulta esa astilla cuando atravesamos una mala racha.

Usamos todos nuestros recursos, toda nuestra fuerza interior para mantenernos firmes ante la adversidad, mas a veces las rodillas nos flaquean y necesitamos unos brazos fuertes que nos sostengan. Son muchos los malos ratos en la vida, pero hay veces en que nos sentimos desbordados, agobiados. Necesitamos que nos consuelen, que nos abracen, que nos cojan de la mano y nos digan que todo va a pasar. Pero cuando todo pase, no seremos en realidad los mismos. Cada cosa que nos ocurre, buena o mala, nos transforma de alguna manera. Si nos hace daño, mucho más.

No hemos salido de una complicación cuando se nos presenta otra, nada nos sale bien, la carga no se aligera sino que aumenta, la noche que nos envuelve parece no tener fin. Y sin embargo, si miramos a nuestro alrededor, siempre veremos a alguien que está peor.

Valorar lo positivo, aceptar lo que está pasando pues no se puede cambiar, concentrarse en algo tangible, algo verdadero, algo que nos demuestre que estamos vivos y que vale la pena seguir adelante. Respirar: inspirar, expirar, inspirar, expirar, inspirar, expirar... hasta que el dolor duela menos.

CDR

sábado, 9 de noviembre de 2013

PROSA POÉTICA

Avanza el otoño con temperaturas inusuales, al menos aquí en el Sur. Pero ya sin remedio los días se acortan y se dilatan las horas de tranquilidad en el hogar. Para este sábado templado de noviembre, una propuesta diferente, de lectura sosegada y reflexiva:

 Islandia es un país lejano e ignoto para la mayoría; un país de montañas y glaciares en medio del Océano Atlántico. Aunque allí también hay literatura. Con tradición y de calidad. No en vano es uno de los países del mundo en que más se lee y que cuenta con numerosos autores desconocidos por estas latitudes. Pero afortunadamente de vez en cuando nos llega alguna muestra, como esta novela de Jón Kalman Stefánsson (1963, Reikiavik). La primera traducida al español, Entre cielo y tierra (2011), es ya la octava de uno de los autores islandeses más prestigiosos en la actualidad. Se trata del inicio de una trilogía que publicará Salamandra aquí en España.

Después de trabajar breve tiempo como pescador, Kalman Stefánsson inició sus estudios de Literatura, que no acabó, dio clases y posteriormente se ocupó de la biblioteca de Mosfellsbær; pero lleva ya más de diez años dedicado exclusivamente a escribir. En 2005 recibió el Premio Nacional de Literatura en su país y ha sido nominado en varias ocasiones a otros galardones importantes. Si hemos de juzgar a este autor por Entre cielo y tierra, diremos que no ha equivocado su oficio. La novela se sitúa a principios del siglo XX, ambientada en Islandia, en una naturaleza agreste y salvaje con la que tienen que lidiar un grupo de pescadores. A bordo de unos botes a todas luces endebles en el inmenso y furioso mar glacial, se enfrentan con la dureza de su trabajo y también con la misma vida, tan ligada a la muerte. Cuando no están pescando, los personajes se ubican en Lugar, una pequeña aldea que se convierte en el centro de todo. Testigo de personalidades diversas, sentimientos encontrados, diferentes posturas ante la vida que allí concurren. Página tras página se van mezclando las descripciones de un paisaje bello a la vez que hostil con numerosas voces, de vivos y de muertos, que nos van contando una historia que al final no nos resulta tan lejana. Porque nos habla de nosotros mismos, de nuestros miedos, del sentido de la vida, de la pérdida, de cómo seguir adelante.

Entreverado con todo esto, el poder salvador de la palabra. Un viejo capitán ciego con una considerable biblioteca, un libro que ha de ser devuelto, la lectura de  El paraíso perdido de Milton como telón de fondo. Y es que Kalman Stefánsson es también poeta y su propósito de introducir la música de la poesía en la narración se consigue con creces. La prosa del autor islandés es de una belleza poética extraordinaria, elogiable aún más por no mermar con ella la línea argumental. El cuidado lenguaje de metáforas impresionantes nos sumerge en un ambiente crepuscular, onírico que no nos distrae sin embargo de lo que está pasando.

Una novela lírica, conmovedora, que se aleja de la acción frenética, los asesinatos y el gran filón del género negro escandinavo. Una odisea que llega de los fiordos, de los mares helados para demostrarnos la universalidad de los sentimientos del ser humano, para removernos por dentro y que reflexionemos más allá de su argumento. "El infierno es no saber si estamos vivos o muertos”.

¡Feliz lectura!

CDR

jueves, 7 de noviembre de 2013

CIEN AÑOS

Hoy se cumplen cien años del nacimiento del novelista, dramaturgo, ensayista, periodista y pensador Albert Camus (Argelia, 1913-Francia, 1960). Empezó a escribir a muy temprana edad y, tras los estudios de Bachillerato, obtuvo la diplomatura superior en Filosofía.

De sobra conocido por la relevancia de su obra, es común asociarlo inmediatamente a su primera novela, El extranjero (1942), en la que plasma, a través de su protagonista, la pasividad y el escepticismo ante todo, la escisión entre razón-sensación-emoción. Es evidente, en esto, la crítica a una sociedad que olvida al individuo y le priva de un sentimiento de pertenencia activa a la comunidad. Como telón de fondo, una Europa herida por dos guerras mundiales, un paisaje oscurecido por la pérdida de cualquier pasión o voluntad del hombre.

Camus fue galardonado en 1957 con el Nobel de Literatura "por su importante producción literaria  que, con una seriedad clarividente, ilumina los problemas de la consciencia humana en nuestra época."

En cuanto a su pensamiento, se caracteriza por la lucha contra todas las ideologías y las abstracciones que alejan al hombre de lo humano. Él mismo definió su doctrina como filosofía del absurdo (además de haber sido un convencido anarquista), caracterizada por la duda ante los principios universales de la existencia.

Y precisamente, el homenaje que quiero rendirle hoy en este blog pasa por extraer algunas de las sentencias que el propio Albert Camus nos dejó como muestra de su discernimiento y lucidez, y que nos sirven de enseñanzas plenamente vigentes.

- "La estupidez insiste siempre." Totalmente demostrado.

- "No es difícil tener éxito. Lo difícil es merecerlo." No hay que buscar muy lejos.

- "Inocente es quien no necesita explicarse." Esto ya cuesta más de encontrar.

- "No camines delante de mí, puede que no te siga. No camines detrás de mí, puede que no te guíe. Camina junto a mí y sé mi amigo." Lo que todos necesitamos.

- "Crear es vivir dos veces." Él vivirá para siempre.

CDR

lunes, 4 de noviembre de 2013

CUENTO SUFÍ

Abrimos hoy de nuevo esa puerta mágica que nos lleva al universo fantástico de los relatos tradicionales.

A ver si este cuento da respuesta a alguno de nuestros interrogantes. Titulado "Los ciegos y la cuestión del elefante", una historia llena de sentido, contada desde siglos, con plena vigencia.

"Más allá de Ghor había una ciudad en la que todos sus habitantes eran ciegos.

Cierto rey llegó un día a las proximidades de la ciudad con su cortejo y su ejército, y acampó en el desierto. Tenía un poderoso elefante que usaba para atacar e incrementar el temor de la gente.

La población estaba ansiosa por ver al elefante y algunos ciegos se precipitaron como locos a su encuentro. Como no conocían su forma y aspecto, tantearon para reunir información, palpando algunas partes de su cuerpo. Cada uno pensó que sabía algo, según la parte que alcanzó a tocar del animal.

Cuando volvieron, sus conciudadanos, impacientes, se apiñaron a su alrededor. Estaban ansiosos por saber la verdad en boca de aquellos que se hallaban errados. Les preguntaron por la forma y aspecto del elefante, y escucharon cuanto les dijeron.

Al hombre que había tocado la oreja le preguntaron acerca de la naturaleza del elefante. El dijo: - Es una cosa grande, rugosa, ancha y gruesa como un felpudo. -

El que había palpado la trompa dijo: - Yo conozco los hechos reales, es como un tubo recto y hueco, horrible y destructivo. -

El que había tocado sus patas dijo: - Es poderoso y firme como un pilar. -

Cada uno había palpado una sola parte, y todos lo habían percibido erróneamente. Ninguno conocía la totalidad: el conocimiento no es compañero de los ciegos. Todos imaginaron algo, pero algo equivocado.

El ser humano no está informado acerca de la divinidad.

No existe "camino" mediante el intelecto ordinario.

Aquellos dotados de razón comprenderán. Aquellos con poca razón, pueden adquirirla mediante este relato."

Puede que todos tengamos un trozo de verdad, pero, ¿quién posee la verdad absoluta? Nuestra realidad no es más que una visión parcial.

El mismo elefante para todos, percepciones distintas. ¿Les suena?

Creo que no es necesario añadir nada más.

CDR

viernes, 1 de noviembre de 2013

DESAPARECER

Desaparecer
o mimetizarse con las cosas
o mejor aún
convertirse en roca
para no sentir.

Que no importen
el tiempo,
los diagnósticos,
el sufrimiento.

No vivir
tal y como es ahora.

¿Y el placer,
las risas, el amor?
¿Perderlo todo?
Sí, pero no sentir
dolor.

Desaparecer
o diluirse con las olas
o mejor aún
convertirse en roca
para no sentir.

Dura,
impenetrable,
desafecta,
imperturbable,
bajo el sol, bajo la lluvia,
libre, ajena.

Sin pensar,
sin sentir.

Desaparecer
o mejor aún
dejar de existir.

CDR