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viernes, 15 de noviembre de 2013

DESPREOCUPACIÓN

Asociamos generalmente la infancia con la despreocupación. Pero, ¿qué es esta exactamente? Fácil, ¿eh? Ausencia de preocupación. Y en realidad lo que nos maravilla y nos causa envidia cuando miramos a un niño es su capacidad para vivir intensamente el momento presente. He ahí su despreocupación, como una inteligencia intuitiva que irá perdiendo conforme se haga mayor. Cuando aprenda a anticipar las cosas y a volver al pasado. Entonces habrá perdido el presente, habrá dejado escapar su "despreocupación".

Nosotros también poseíamos esa capacidad cuando éramos niños, pero a medida que la mente madura no solo da un salto hacia el rendimiento sino también hacia el sufrimiento. "Quien crece en experiencia aumenta su dolor", afirma el Eclesiastés.

Así pues, todos esos niños que hoy se encuentran "despreocupados" en cuanto a que centran su atención en lo que están viviendo en cada momento, irán perdiendo esta aptitud a fuerza de dejarla de usar, desplazada por "cosas más importantes". Claro que de mayores podrán volver a aprender a centrar su mente, sin embargo parece más lógico, y más sencillo, preservar este valor de la infancia y ayudarles a seguir cultivándolo. ¿No les parece?

Esto se puede conseguir a través de la meditación. Algo que a priori suena demasiado complicado para realizarlo con niños, pero que nos deparará sin duda grandes sorpresas. Pues está demostrado científicamente que los pequeños son capaces de desarrollar una profunda vida interior y además comprenden perfectamente el lenguaje corporal, que podemos aprovechar para numerosas técnicas de relajación.

Y qué duda cabe que también les será muy propicio para su equilibrio emocional, su resiliencia y empatía. Los niños de hoy están demasiado dispersos, demasiado estresados e incluso angustiados. Lo vemos en las aulas y lo vemos en los hogares. La meditación les ayudará a controlar la sobreestimulación que los bombardea continuamente y ello repercutirá en su rendimiento académico, en sus relaciones familiares así como, a la larga, en su calidad de vida.

Por último, quizá al facilitarles esta herramienta para enfrentarse a lo anteriormente expuesto estaremos a la vez ayudándoles a adquirir mayor humanidad, a convertirse en adultos mejores, no meros trabajadores y consumidores, sino a tomar conciencia de su presencia en el mundo y de lo hermoso y frágil que este es. "El niño es el padre del hombre", escribió el poeta inglés Wordsworth.

¿Qué mejor regalo podemos hacer a nuestros niños que alargar esa capacidad natural de vivir en el presente para que la usen en su relajación, en su concentración, en su vida; qué mejor regalo que una tranquila "despreocupación"?

No se trata ni mucho menos de pasividad ni de apatía. Se trata de enseñar a los niños a gestionar lo que les sucede a través de la aceptación, que solo ocurrirá con el conocimiento de sí mismos.

Dijo Jean de la Bruyère: "Los niños no tienen ni pasado ni futuro, por eso gozan del presente, cosa que rara vez nos ocurre a nosotros." Cambiemos eso, porque "nosotros" al fin y al cabo éramos "los niños".

CDR

2 comentarios:

  1. Nacemos, crecemos, aprendemos, vivimos... cada momento, cada día, cada mes, y cada año se convierten en un presente, en un pasado y siempre nos queda el futuro, y el conjunto, resulta hermoso.
    Pmd.

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  2. Está claro que, de una manera u otra, el presente, el pasado y el futuro nos acompaña durante toda nuestra vida. Ojalá todos los niños pudieran vivir y gozar el presente.
    Tati

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