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viernes, 10 de enero de 2014

PARENTESCOS INSÓLITOS: VÁNDALO Y ANDALUZ

Vamos a partir en esta entrega de parentescos insólitos de la lengua de las vicisitudes protagonizadas por un antiguo pueblo germánico, para llegar a la curiosa relación existente entre estos dos vocablos a priori tan diferentes.

En efecto, los vándalos eran un pueblo de la antigua Germania, establecido en tiempos remotos a las orillas del mar Báltico. Seguramente hoy no nos acordaríamos de ellos si no fuese porque invadieron la Hispania romana, tras numerosas peregrinaciones. En el año 411, por un pacto impuesto a Roma, los suevos y los vándalos asdingos ocuparon Gallaecia; los alanos, la Lusitania y la Cartaginensis, y los vándalos silingos, la Bética. Según narran los historiadores, parece ser que en todas partes destacaron los vándalos por el furor con que arrasaban todo a su paso. De ellos nos dice san Isidoro de Sevilla (siglo VII), por ejemplo: "Se suele afirmar que los vándalos derivaron su nombre del río Vindélico, que nace en los confines últimos de la Galia y en cuyas márgenes habitaban. Los pueblos germánicos recibían este nombre por ser enormes de cuerpo, tribus gigantescas, endurecidos por los fríos más rigurosos, adoptaron su costumbre a la dureza del clima; de espiritu feroz e indómitos siempre, viven del robo y de la caza. (...)"

Sin embargo, la asociación etimológica de vándalo como "ejecutor de acciones propias de gente salvaje y desalmada" es muy posterior, concretamente de finales del siglo XVIII. Fue el obispo republicano francés Grégoire quien acuñó en 1794 el vocablo vandalisme para denigrar a los destructores de tesoros religiosos durante la Revolución francesa (posiblemente recordando el brutal saqueo de Roma a mano de los vándalos en el año 455) Y tal es el uso actual de términos como vandalismo, vandálico y vándalo, entre otros.

Pero retomando la historia donde la habíamos dejado, volvemos a la Hispania de principios del siglo V, recién invadida por suevos, vándalos y alanos. Pocos años después, en tiempos del rey Valia (415-418), los visigodos aniquilaron casi por completo a los vándalos silingos. A raíz de ello, los silingos supervivientes, junto con los alanos y los vándalos asdingos, comandados todos por Geserico, pasaron a la costa septentrional de África y arrebataron este territorio, con su capital Cartago, al Imperio Romano de Occidente. El reino africano de los vándalos duraría hasta el año 534, fecha de su derrota ante el legendario general bizantino Belisario.

En este punto, lo que verdaderamente nos interesa para nuestro objetivo es una palabra germánica que, en opinión de algunos etimólogos, los vándalos habían llevado consigo. Y es que, al abandonar la península Ibérica, los vándalos pudieron haber seguido refiriéndose a ella como Wandalenhaus (país de los vándalos). Cuando en el 711, los musulmanes norteafricanos pasaron a la península y derrotaron al último rey visigodo, don Rodrigo, dieron el nombre de Alandalús -con anteposición del artículo árabe al a la palabra germánica Wandalenhaus, deformada fonéticamente con el paso de los siglos- a las amplias zonas de la península (no olvidemos que Madrid, Salamanca, Zaragoza, Barcelona y muchas otras ciudades españolas fueron también Alandalús) que dominaron hasta 1492, pero sobre todo a su último lugar de residencia: Andalucía.

Aunque es cierto que nada hay seguro en estos temas etimológicos y que otras teoría apuntan a un origen diferente para el nombre de Andalucía, no podemos menos que sorprendernos de las curiosidades que nos ofrece esta especialidad lingüística. Nada menos que un pueblo surgido a orillas del frío Báltico dé lugar al nombre de la tierra del sol y la alegría.

CDR

2 comentarios:

  1. ¡Curiosa lección etimológica de la que hemos aprendido, y mucho!
    Pmd.

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  2. La etimología de las palabras es extremadamente curiosa, pero a mí lo que más me ha recordado esta entrada son aquellas lecciones de Historia, donde estudiábamos lo de "suevos, vándalos y alanos, quedándose en la memoria de una manera imborrable.
    Tati.

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