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miércoles, 12 de febrero de 2014

A CHINCHARSE

Henchido de orgullo ha aparecido hoy el señor Ministro Gallardón ante los medios, colmado de satisfacción ante lo que él considera una contundente victoria y ridículo de aquellos que piden la retirada de su polémica ley del aborto. Perdón, ley en defensa de la mujer y del concebido y no nacido. Y es que claro, los derechos no son absolutos, nos ilustraba don Alberto hace unos días, donde empieza su derecho termina el mío. Pero donde empieza el mío existe un tropiezo llamado mayoría en las urnas, que esta sí puede ser absoluta.

Y es que parece que, tras sus discretas gafas y bajo sus abundantes cejas, la mirada prepotente del titular de Justicia nos dice: a chincharse, voy a salirme con la mía. Como un niño consentido que tras la pataleta obtiene lo que quiere. Como si el objeto de su capricho no afectara a miles de mujeres que, de seguir su curso la ley, dentro de poco no podremos decidir sobre algo que nos afectará tan directamente que quizá cambie nuestra vida de forma brutal en un momento dado. Porque aquí lo que importa es la vida entendida en su más básico sentido biológico, no importan otros derechos fundamentales como la libertad o la dignidad. Para este señor no somos más que animales, que la naturaleza decida por nosotros; por mediación suya, no faltaba más. Pues Alberto Ruiz Gallardón parece erigirse como el elegido, el mesías en quien confían aquellos que no pueden soportar que los demás no piensen como ellos. Era ya necesario acabar con este descontrol de mujeres abortando como quien va a tomar un café. No, señores, hay que entender que abortar es un drama, nos dice el iluminado. Mientras es él quien trivializa el asunto con su incomprensión cerril, al abocarnos a un destino que será en ocasiones más duro todavía que la propia decisión de interrumpir un embarazo.

De todas formas, lo peor de todo no es la estulticia del ministro, es peor aún que haya quienes lo apoyen y le den palmaditas en la espalda en su camino hacia la gloria. Y peor todavía si cabe es que muchas de esas personas sean mujeres. No es que todas tengan que pensar como yo (estaría pecando entonces de lo que critico) es tan fácil como que si ellas quieren dar a luz a su hijo, venga como venga, nadie se lo impide, mientras que si una no desea lo mismo, se la obliga a ello. ¿No inclina eso la balanza hacia el lado de los derechos de las primeras?

Quizá esté demasiado sensibilizada con este tema, porque siento las manos heladas mientras escribo y una mezcla de ira y tristeza en mi pecho. Pero creo que no es para menos, puesto que don Alberto Ruiz Gallardón y su séquito nos tratan, a mí y a otras muchas mujeres que desgraciadamente han pasado por lo mismo que yo, como asesinas, como partidarias de la pureza de la raza, como seres insensibles y egoístas que son capaces de sacrificar a su hijo por el bienestar propio. Ignorando el dolor indeleble de nuestro corazón. Enjuiciando nuestra decisión sin tener en cuenta que una madre siempre quiere lo mejor para su hijo. Despreciando el hecho de que a veces la vida, no es vida.

En el fondo, todavía albergo esperanzas de que la ley no salga adelante, posiblemente porque me resulta inconcebible que se puedan desoír tantas voces al unísono, que sean capaces de parapetarse ruinmente en una promesa electoral, que sea cierto ese armazón de roca indivisible del que alardean en el partido del Gobierno.

Lástima que hoy tengamos que hablar de esto, en el aniversario de Clara Campoamor -se le rendirá en este blog el merecido homenaje en otra ocasión, por supuesto-, férrea defensora de los derechos de las mujeres. Ella sentía un "deber indeclinable de mujer que no puede traicionar a su sexo..."
Tanto luchar para nada.

CDR

5 comentarios:

  1. Me parece admirable tu argumentacion además me enternece que te muestres como ejemplo. Ea una ley que endefinitiva es una tomadura de pelo y que restringe los derechos de las mujeres y nos priva de decidir sobre algo tan importante.

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  2. Una mierda para Gallardón y todos los que piensan como él, aunque suene irrespetuoso y vulgar. Un recuerdo cariñoso, entrañable y sentido para Olga. Siempre estará en nuestra memoria y nuestro corazón.
    Tati.

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  3. ¡Qué impotencia se siente cuando ves que lentamente se van perdiendo todos los derechos!
    Volvemos a lo de siempre, las niñas ricas a abortar en buenas clínicas y las de a pie a joderse. Con lo fácil que es dejar que la gente actúe libremente.

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  4. Nos chinchamos, pero vaya tela con la clase política.
    Pmd.

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  5. Siempre nos quedará París... para abortar.

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