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domingo, 27 de abril de 2014

INTERESES

Interés, del latín interesse, importar, se define como provecho, utilidad, ganancia. De lo general a lo concreto, íntimamente relacionado con el lucro producido por el capital. Y de ahí su más conocida acepción hoy, bien lo saben los que gobiernan el mundo ajenos al interés común, atentos a sus propios intereses. Caiga quien caiga.

"El interés dueño del mundo es." (Refrán)

"Más que las ideas, a los hombres los separan los intereses." (Alexis Tocqueville) 

Seguimos deshaciendo la madeja y encontramos también los intereses creados, que son ventajas, no siempre legítimas, de que gozan varios individuos, y por efecto de las cuales se establece entre ellos alguna solidaridad circunstancial que puede oponerse a alguna obra de justicia o de mejoramiento social.

"Si hacemos el bien por interés, seremos astutos pero nunca buenos." (Cicerón)

Y como el dinero manda, disponemos de este a pesar de los intereses que aplican las entidades bancarias a cambio de prestarnos la cantidad necesaria. No solo eso, sino intereses de demora, intereses de mantenimiento... siempre los más bajos son los de rentabilidad de nuestro dinero depositado en sus cajas.

"No pongas tu interés en el dinero, pero pon tu dinero a interés." (Oliver Wendell Holmes)

Pero también es interés el valor de algo. Ciertamente si no encontramos valor alguno en un tema o cuestión, no nos interesa en absoluto. Y aquí encontramos los docentes nuestro caballo de batalla, cómo despertar el interés de aquellos alumnos que no valoran para nada la materia que les estamos explicando.

"No hay cosas sin interés, tan solo personas incapaces de interesarse." (Gilbert Keith Chesterton)

Qué interesante, por ejemplo, la capacidad de entender, de expresarse... la Lengua; la capacidad de crear, de imaginar... la Literatura.

"Una verdad sin interés puede ser eclipsada por una falsedad emocionante." (Aldous Huxley)

El interés, en fin, en su última definición, es algo subjetivo, sujeto a interpretación y a gusto del consumidor. Algunas cosas que otros consideran interesantes, a mí me parecen de una nimiedad impresionante. Por ejemplo, Beyoncé, la primera en la lista -junto con noventa y nueve de similares características- de las personas más influyentes del mundo, según la revista Times. ¿Perdón? Mejor no me lo expliquen, he perdido el interés.

CDR

jueves, 24 de abril de 2014

UNA LECCIÓN

Hoy, un pequeño relato que encierra en su corta extensión una gran lección. Como la mayoría de sabios cuentos que con su moraleja nos hacen reflexionar y nos evidencian cosas en las que quizá no habíamos reparado -o simplemente preferimos obviar.-

Se trata de una fábula de Odo de Cheriton, titulada "La tortuga voladora" y dice así:

Una tortuga, lenta y pesada, le dijo a un águila: “¡Ay, si hubiese nacido yo con alas!”. El águila le respondió, medio en broma: “Dime, pequeña tortuga, ¿qué me darías a cambio, si te llevara a volar por los aires?”. “Te obsequiaría todas las maravillas del Mar del Este”, repuso la tortuga. “Entonces, te enseñaré”, dijo el águila, y la cargó boca arriba. Estaban más allá de las nubes cuando el águila soltó a la tortuga, que cayó en la cima de una montaña con tanta fuerza que el impacto destrozó su caparazón. Con el último suspiro, la tortuga alcanzó a decir: “Lo tengo bien merecido. De qué podían servirme las nubes y las alas cuando ya me costaba bastante moverme en tierra firme.”

Aquí les dejo este cuento para pensar... Cómo algo escrito en el siglo XIII sigue teniendo plena vigencia.

¿Por qué nunca nos conformamos con lo que tenemos?... ¿con lo que somos?

CDR

miércoles, 23 de abril de 2014

CELEBRAR...

... la primavera, con sus días luminosos y su promesa de buen tiempo y tiempo libre.

... el Día del Libro, uno más de los días de... el único cuyo carácter comercial no me molesta, ajena al mismo, compradora asidua de libros.

... dos años que inicié mi andadura con este blog de palabras, palabras y más palabras. Cuatrocientas ocasiones para mostrarme, para expresarme, para liberarme, para curarme. Más de diecinueve mil visitas para leerme, mirarme, curiosearme, aprobarme, contradecirme o ignorarme.

... no sentirme sola, hacer lo que me gusta, tener esperanza, ilusiones, proyectos, ideas.

... seguir adelante.

... la vida.

... las palabras, palabras y más palabras, que sustentan el mundo, los pensamientos, los sentimientos. Mi sustento.

... que hay alguien ahí, al otro lado.

CDR

martes, 22 de abril de 2014

SENCILLEZ

Parece contradictorio, pero lo sencillo resulta hoy en día muy difícil de conseguir, incluso la sencillez tiene cierto sentido despectivo en nuestra sociedad, como si fuera algo básico, primitivo o pobre. En nuestro mundo de hoy el valor viene a través de la complicación, la élite, el artificio.

Sin embargo, la sencillez es la ausencia de engaño, ambigüedad o recoveco alguno. La sencillez es un valor a defender, pues hemos construido un mundo tan sofisticado, tan alejado de la naturaleza, con tantas cosas que se interponen entre nuestra percepción y los acontecimientos, que cada vez nos resulta más difícil acceder a lo sencillo. De esa manera podríamos vivir de un modo más relajado.

Abrir la ventana por la mañana y observar el cielo en vez de consultar la noche anterior la predicción del tiempo.

Sentir el calor de un abrazo amigo, de un beso amoroso, de unas palabras cercanas en vez de teclear y vivir relaciones virtuales.

Disfrutar de la belleza y la utilidad de las cosas simples en vez de caer en las redes de las campañas publicitarias, que promueven, para su propio beneficio, esta sociedad de consumo.

Saludar a las personas con las que nos cruzamos en un camino poco transitado, aunque sean desconocidas, en vez de pasar por el lado de un semejante y no tratarlo como tal.

Y un largo etcétera. Que se basa, sencillamente, en desterrar de nuestra vida la intriga, los chismes, la falsedad, la complicación, acercándonos por el contrario al equilibrio y a la plenitud que supone el contacto con la verdad más pura.

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Mientras escribo esta entrada me viene a la cabeza un bello poema de Pedro Salinas que algo tiene que ver:

El alma tenías
tan clara y abierta,
que yo nunca pude
entrarme en tu alma.
Busqué los atajos
angostos, los pasos
altos y difíciles...
A tu alma se iba
por caminos anchos.
Preparé alta escala
—soñaba altos muros
guardándote el alma—
pero el alma tuya
estaba sin guarda
de tapial ni cerca.
Te busqué la puerta
estrecha del alma,
pero no tenía,
de franca que era,
entradas tu alma.
¿En dónde empezaba?
¿Acababa, en dónde?
Me quedé por siempre
sentado en las vagas
lindes de tu alma.


Un amor imposible limitado por las complicaciones que uno mismo se impone.

CDR

martes, 15 de abril de 2014

RMS TITANIC

El Royal Mail Steam Ship Titanic (Buque de Vapor del Correo Real Titanic), transatlántico británico, fue el mayor barco del mundo en el momento de su botadura, el 10 de abril de 1912. Su fastuosidad y ostentación no sirvieron de nada contra las fuerzas de la naturaleza. En este viaje inaugural, el inmenso barco se hundió, la madrugada del 14 al 15 de abril, al chocar contra un iceberg mientras surcaba las aguas nórdicas del Atlántico.

En el Titanic viajaban algunas de las personas más ricas del mundo pero también muchos inmigrantes irlandeses, británicos, eslavos, que soñaban con una vida mejor en Norteamérica. ¿Es posible que hubiera alguien más a bordo? Pues eso es lo que ha maquinado la imaginación de Pedro M. Domene en su nueva novela "Las Ratas del Titanic", los lances de una tropa de Ratas de diferentes procedencias, condiciones, oficios, edades, a bordo del gigante (en cuya construcción colaboraron también algunas de ellas en los astilleros de Harland & Wolff), a las órdenes del joven Matt, nieto del legendario RataAbueloMattew. Y así, la conocida y accidentada travesía del barco más famoso del mundo se convierte en una aventura por descubrir.

Mientras el Titanic zarpa de Southampton, recala en Cherburgo, Francia y Queenstown, mientras navega majestuoso por las tranquilas aguas marinas, viviremos la valentía de Matt para organizar tan arriesgada hazaña y esconder en las entrañas del barco a sus diminutos compañeros, tan odiados por los humanos; escucharemos las dudosas melodías de Sam; asistiremos al enamoramiento de Matt y RataKitty... y aunque creamos que el final es conocido, descubriremos que siempre es posible sorprenderse.

La tragedia humana que supuso el accidente no queda aquí olvidada ni se le resta importancia, pero sí al menos podemos verla desde un punto de vista diferente y que, a pesar de los errores cometidos y de la ingente cantidad de vidas (en este caso también ratoniles) perdidas, queda lugar para la esperanza.

Una lectura ideal para estos días de asueto, coincidiendo además con la fecha en que todo ocurrió. ¿Qué más se puede pedir?

Ah, sí, ver la bonita portada de la edición que tan cuidosamente ha publicado e.d.a., inaugurando así su nueva colección "La cabeza a pájaros", dedicada a la literatura infantil y juvenil.
 

¡Feliz lectura!

CDR

lunes, 14 de abril de 2014

EL DIOS

El Dios que seguimos y adoramos.

El Dios omnipotente y omnipresente.

El Dios que nos ordena que nos miremos con odio y nos señalemos con el dedo.

El Dios que resalta nuestra diferencias y no nos deja ver nuestras semejanzas, mientras Él se ríe de nosotros. Porque hace tiempo hizo que nos olvidásemos de que en realidad todos somos uno.

El Dios que nos enfrenta, que nos alienta para que nos hiramos, mientras Él se hace cada vez más fuerte.

El Dios que pinta nuestras banderas con distintos colores para que jamás, unidos, podamos levantarnos contra Él.

El Dios que desde hace ya tanto obliga a los hombres a diferenciar naciones, a gobernar a unos pocos mientras el pueblo muere de hambre. Porque Él no se preocupa de los desfavorecidos, estos no pueden reportarle beneficio alguno.

El Dios que nos ofusca para que no busquemos la belleza en lo que nos rodea, en las cosas sencillas, como un amanecer, la sonrisa de un niño o las gotas de lluvia. Porque con esas tonterías Él no se engrandece.

El Dios de ayer, de hoy y de siempre, se llama DINERO. El Ser Supremo que mueve el Universo.

CDR

miércoles, 9 de abril de 2014

LOS MEJORES AMIGOS

Lo mío no es ver estrenos de cine, sino más bien descubrir películas de hace mucho tiempo, especialmente las que no suelen ser muy conocidas, ni siquiera en su momento. Es lo que ha ocurrido con The cure (1995) -en español, Que nada nos separe-, un largometraje  americano que hace llorar a cualquiera que tenga algo de sensibilidad.

Se trata de la historia de Dexter, un niño de once años que contrajo sida accidentalmente en una transfusión de sangre. Marginado y aislado, un día conocerá a su vecino Erick, un chico algo mayor que él, objeto de crueles burlas homófobas en el colegio por el simple hecho de vivir en la casa de al lado. Erick es un adolescente cerrado en sí mismo, rebelde, cuya madre trabaja mucho y le dedica poco tiempo y atenciones. Comienza a hablar con Dexter desde el otro lado de la valla del jardín, pero finalmente se decide a cruzarla y pronto surge la amistad entre los dos chicos. En casa de Dexter, Erick encuentra lo que a él le falta, el calor de un hogar y el cariño de una madre amorosa. Y Dexter, solo y triste a causa de su enfermedad, por fin tiene lo que todo niño a su edad debe tener, alguien con quien divertirse y compartir sus experiencias.

Erick se da cuenta de que la enfermedad de su amigo es grave y de lo preocupada que está la madre de Dexter, Linda, por si su hijo muere antes de que se encuentre el remedio para curarla. Así, inflamada su imaginación por una película (sobre una expedición en busca de una medicina) y movido por el cariño que está tomando a Dexter, inicia una búsqueda propia de una posible cura para su amigo. Su plan comienza administrándole a Dexter toda clase de golosinas (le diseña una dieta completa a base de dulces), puesto que su madre lo obliga a comer mucha verdura y está visto que eso no le beneficia. Al no obtener resultado, comienza a probar con plantas del entorno, haciéndole infusiones y tomando puntual registro en un cuaderno. Hasta que un día una de las hojas que le hace tomar resulta ser venenosa, Dexter acaba en el hospital y su plan al descubierto. Es entonces cuando la madre de Erick, Gail, se entera de que su hijo es amigo del vecino enfermo de sida y monta en cólera, pues ya le había advertido de que se mantuviera a distancia de él. Tras una monumental bronca ("no es una simple rubeola o tosferina, es sida; ¿qué quieres?, ¿matarnos a los dos?"), le prohíbe volver a ver a Erick -previa llamada amenazadora a Linda- y le anuncia que al día siguiente se irá a un campamento de verano.

Consternado por la idea de marcharse, Erick convence a Dexter para escapar juntos a Nueva Orleans, porque en una de sus salidas leyeron en una revista que un médico de allí había encontrado en las plantas de los pantanos la cura para el VIH. Dexter deja una nota a su madre, coge sus medicinas y sus ahorros y emprende viaje con su amigo. El principio de la aventura es al más puro estilo Tom Sawyer, navegando en una balsa hinchable por el río Mississippi. Sin embargo, pronto se dan cuenta de que no avanzan al ritmo adecuado y de que las medicinas no durarán tanto. Entonces pagan a unos jóvenes para que los lleven en su barco. Tampoco así parece irles bien, porque al cabo de unos días los jóvenes montan una fiesta a bordo y dejan a los niños en la orilla, el viaje se retrasa y Dexter va empeorando. Esa noche, en un improvisado campamento, Dexter se despierta bañado en sudor y confiesa a su amigo que tiene miedo a la oscuridad, que es como si viajara millones de años hacia adelante hasta que no ve nada y le aterroriza no poder volver. Entonces Erick le ofrece una de sus zapatillas de baloncesto y le sugiere que se aferre a ella para dormir, así el apestoso objeto le recordará que sigue aquí y que él siempre estará a su lado. Finalmente, roban un dinero del barco y huyen para viajar en autobús lo que les queda hasta Nueva Orleans. Pero Erick se da cuenta de que Dexter está mal, llama a Linda y coge el autobús de vuelta a casa.

La hospitalización de Dexter es inevitable, está muy débil y su enfermedad empeora. Erick casi se instala al lado de su cama, juntos siguen inventando juegos e incluso gastando bromas al personal médico. Hasta que la realidad se impone y se acaba la diversión.

La escena del funeral, cuando Erick se queda a solas ante el cuerpo de Dexter en el ataúd, el bello gesto que tiene hacia su amigo, y la despedida en el río donde jugaban hacen saltar las lágrimas ya contenidas desde hace unos minutos.

Pese al dolor, la tristeza y el llanto, el mensaje es optimista, el regusto final no es del todo amargo. De hecho, es consciente esa mezcla, para quitar dramatismo, entre risas y tensión en los últimos momentos de la película.

Erick y Dexter se convirtieron en los mejores amigos, por encima de prejuicios y diferencias. La amistad lleva a defender al otro en las situaciones más complicadas, a aceptar al otro en todas sus facetas, a ayudar al otro a superar sus miedos.

Si todos fuésemos capaces de esa mirada límpida, de esa bondad, de esa franqueza... seguramente estaría más cerca la cura a muchos de los males de esta sociedad que no se encontrará nunca en los laboratorios.

CDR

martes, 8 de abril de 2014

PARENTESCOS INSÓLITOS: NEANDERTAL Y DOLAR

Seguro que les sorprende el título, cómo pueden estar emparentadas dos palabras tan diferentes y tan lejanas en la línea cronológica de la historia. Pues de eso trata precisamente esta serie, de sorprenderles con las curiosísimas relaciones etimológicas entre los vocablos.

Empezamos por ocuparnos de la palabra alemana tal (o thal según la ortografía antigua), que significa "valle". En este idioma, al igual que sucede en español, es normal dar a los valles el nombre del río que los recorre. La diferencia es que en alemán los nombres compuestos se escriben con una sola palabra, colocándose en segundo lugar el sustantivo principal. Así, el valle surcado por el río Emme en Suiza se conoce como Emmental, cuna precisamente del famoso queso suizo de agujeros.

En esta palabra se encuentra la clave de la relación entre los dos términos.

Primera parte de la explicación (o valle que pasó a la historia de casualidad): En 1674, el joven Joachim Neander fue nombrado director de un instituto de bachillerato en Düsseldorf. Aunque el apellido familiar había sido Newman, el abuelo de Joachim lo tradujo al griego, según una costumbre entre los alemanes cultos de latinizar o helenizar los apellidos, y pasó a denominarse Neander. La afición del joven director era escribir poesía religiosa -en las iglesias de los países germánicos puede oírse todavía en ocasiones su canción Lobe den Herren, den mächtingen König der Ehren-, y gustaba para inspirarse de pasear por el vecino barrio del Düssel (Düsselthal), entre las poblaciones de Elberfeld y Düsseldorf. Fallecido a los treinta años, hoy apenas nadie recordaría a este malogrado poeta alemán de no ser porque los habitantes locales rebautizaron el valle de Düssel como "valle de Neander", es decir, Neanderthal. Y más aún porque en agosto de 1856, los trabajadores de una cantera de este valle hallaron en la gruta de Feldhof restos óseos que pensaron debían de ser de osos de las cavernas. Sin embargo, el propietario de la cantera mandó llamar a un profesor de Elberfeld, paleontólogo aficionado, Johann Carl Fuhlrott, que fue el primero en afirmar que eran restos humanos primitivos, claramente distintos de los actuales. El descubrimiento causó sensación en el mundo universitario y convulsionó la opinión pública en una época en la que el darwinismo aún no estaba del todo admitido. En 1864, el investigador irlandés William King clasificó definitivamente al Neanderthaler como una nueva especie, homo neandertahalis u homo primigenius, para distinguirlo del homo sapiens u homo recens.

Resulta curioso pensar que si no hubiese sido por el esnobismo helenizante del abuelo de Joachim, al hombre de Neandertal lo llamaríamos "hombre de newmantal", ¿verdad?

Segunda parte de la explicación (u otro valle que pasó a la historia de casualidad): Según cuenta Ricardo Soca en una nota etimológica, en el valle bohemio de San Joaquín o Joachimthal -en la actual República Checa-, muy rico en minas de plata, se descubrió en 1516 una nueva mina. El conde Schilck, gobernador del valle, pensó que mejor que fundir el metal y venderlo en barras, sería acuñar una nueva moneda de plata, a la que denominó Joachimsthaler Gulden (florín del valle de San Joaquín). Pronto abreviada Joachimsthaler, y más tarde a Thaler simplemente. La nueva moneda alcanzó gran difusión por toda Europa, como atestigua su castellanización a tálero. El tálero creado por la emperatriz María Teresa en el imperio Austro-húngaro, por ejemplo, siguió utilizándose hasta que las tropas de Hitler ocuparon Viena en 1939. Y el bajo alemán daler, variante dialectal de thaler, fue la unidad monetaria de Prusia hasta la unificación alemana en 1871. Fuera de los países germánicos, el tálero o daler llegó también a Holanda, a los países escandinavos y a las Islas Británicas, donde adaptaron su nombre a dollar. En 1776, los habitantes de las trece colonias británicas de América del Norte se declararon independientes y proclamaron la república, con la creación de los Estados Unidos de América. Por supuesto, la nueva nación necesitaba una moneda propia diferente de la usada en la metrópolis, así que el 2 de abril de 1792 optaron por el dollar o dólar, que tomó por tipo el peso fuerte o peso duro español de plata que circulaba en México y las colonias.

Nunca lo hubiéramos imaginado, pero de tal manera, etimológicamente quedan emparentados los términos neandertal y dólar por medio de la palabra valle (thal).

CDR

miércoles, 2 de abril de 2014

CUENTOS

Hoy, 2 de abril, se celebra el Día Internacional del Libro infantil y juvenil. No se me ocurre algo que les guste más a los niños, desde su más tierna edad, que leer (o primero escuchar) cuentos. Y por eso, queremos desde aquí recordar a una gran escritora que empezó a escribir de pequeña y que es autora de bellísimos cuentos... no solo para niños. Se trata de Ana María Matute, tercera mujer galardonada con el Premio Cervantes.

La profesora de la Universidad Autónoma de Barcelona, María Paz Ortuño, recopila en un magnífico volumen, La puerta de la luna (2010), todos los cuentos y escritos cortos de Matute entre 1947 y 1998. Esta especialista, filóloga y amiga personal de la autora, nos muestra la diversidad de mundos dentro del universo matutiano.


Ana María Matute nació en Barcelona en 1926. Pertenecía a una familia de la pequeña burguesía catalana, religiosa y conservadora, siendo la segunda de cinco hijos. A la corta edad de cuatro años, la niña cayó gravemente enferma por una infección de riñón y a los ocho, al persistir los problemas de salud, sus padres decidieron llevarla a casa de los abuelos, en un pequeño pueblo montañés de La Rioja, Mansilla de la Sierra. Cuando estalló la guerra civil en 1936, Ana María contaba sólo con diez años y los hechos trágicos que se sucedieron la marcaron tanto vital como literariamente después. A la postre estuvo viviendo una temporada en Madrid, donde se educó en un colegio religioso. Ya a los diecisiete años, durante un verano en Zumaya, escribió su primera novela, Pequeño teatro (1943), que ella misma llevó manuscrita a la editorial Destino. Ignacio Agustí, el editor, le ofreció un contrato de 3.000 pesetas, el cual aceptó, aunque esta obra no fue publicada hasta 1954, cuando ganó el Premio Planeta. En 1952, Ana María Matute contrajo matrimonio con el escritor Ramón Eugenio de Goicoechea y dos años después nació su hijo Juan Pablo, a quien dedica sus obras infantiles. Como mujer de la época, sujeta a leyes injustas y machistas, Matute estuvo mucho tiempo sin poder ver a su hijo tras la separación de su marido en 1963, un hecho que le ocasionaría serios problemas emocionales. No obstante, con su fuerza característica, Ana María Matute siguió luchando, escribiendo, dando clases en la Universidad. Desde 1996 es miembro de la Real Academia Española – ocupa el asiento K-, y a sus ochenta y cinco años sigue plenamente en activo.

El primer cuento de esta prolífica escritora se remonta a 1930, ilustrado por ella misma, cuando la niña Matute tenía cuatro años y se recuperaba de una grave afección renal. No obstante, tendría que esperar hasta 1947 para ver publicado algo de su pluma, y a sus tiernos veinte años apareció El chico de al lado en el semanario Destino. Así comenzó su colaboración con la revista. Al año siguiente ve la luz su novela Los Abel, que fue finalista del Premio Nadal. Esta obra presenta características neorrealistas, muy influida por los acontecimientos de la posguerra, y el tema del cainismo como telón de fondo. En 1952 obtiene el premio Café Gijón por Fiesta al noroeste, una narración breve sobre la incomunicación, el odio y la crueldad entre los hombres. Por fin en 1954 aparece su Pequeño teatro, en la que se muestra una concepción nihilista de la vida. En 1955 se publica En esta tierra – presentada en 1949 al Nadal con el título de Las luciérnagas, inédita por problemas con la censura y que será publicada a posteriori en 1993-, sobre las diferencias sociales en la Barcelona de posguerra; finalmente consiguió el premio de la Crítica con esta novela. En Los hijos muertos, de 1958, la autora vuelve sobre el tema de la incapacidad de entendimiento, con la historia de dos hombres condenados por su pertenencia a clases sociales desfavorecidas; la obra obtuvo el Premio Nacional de Literatura. Continúa recibiendo galardones y al año siguiente consigue el Nadal por Primera memoria, parte inicial de la trilogía Los mercaderes, que completará con Los soldados lloran de noche (1964), a su vez Premio Fastenrath de la RAE, y La trampa (1969), con tintes autobiográficos, y en el contexto de la Guerra Civil. En estos años se muestra la Matute más comprometida pero sin llegar nunca a la crítica social. En 1961 se publica la antología Historias de la Artámila, donde la escritora revive su infancia en Mansilla, y A la mitad del camino, que toma el nombre de su propia columna en Destino. De 1963 es otra recopilación de textos periodísticos, El río, estos más personales y autobiográficos. En 1964 aparece el libro de relatos, Algunos muchachos, siete narraciones sobre el paso de la niñez a la edad adulta. Después de obtener también el Premio Lazarillo de literatura infantil, con el relato El polizón de Ulises (1965), se publica la novela La torre vigía (1971), sobre el aprendizaje de un joven héroe caballeresco, primer título de una trilogía medieval que continuará más adelante. Posteriormente, tras ser propuesta en 1976 para el Premio Nobel, se sumergió en un silencio narrativo que duró ocho años, hasta que en 1984 consiguió el Premio Nacional de Literatura Infantil y Juvenil, con Sólo un pie descalzo. En 1996 aparece Olvidado Rey Gudú, la obra que la propia autora reconoce que siempre quiso escribir, un extenso relato ambientado en la Edad Media, al estilo de la cuentística tradicional. Matute apuesta muy alto con esta novela, haciendo algo diferente a lo acostumbrado en la literatura considerada seria o para adultos. Narra el nacimiento y la expansión del reino de Olar, cuya amplia galería de personajes está encabezada por una niña, un hechicero y una criatura del subsuelo. Repleta de leyenda y fantasía, Olvidado rey Gudú es una novela donde se plasman temas tan universales como la violencia, el odio o la sexualidad, de manera que viene a ser una gran parábola sobre el alma humana. Y en la misma línea fantástica escribe Aranmanoth (2000), breve en comparación con las dos anteriores del tríptico, pero no por ello menos intensa y rotunda. Con todos los componentes del cuento de hadas, a través de la historia del hijo natural de Orso, señor de Lines, y de la más joven de las hadas del bosque, Ana María Matute reitera el conflicto entre el deseo y la realidad, cómo se van perdiendo las ilusiones en el camino de la vida.  Su última novela es Paraíso inhabitado (2008), que narra el tránsito de la infancia a la primera madurez. La niña protagonista, Adriana, se ve obligada a crearse un paraíso propio, imaginario, repleto de seres imaginarios, como el Unicornio, ante una evidencia tan cruel como la de que sus padres ya no se querían cuando ella nació. Además, Adri tendrá que enfrentarse al rechazo en el colegio y a sus dificultades para entrar en el mundo de los adultos. Una obra repleta de emociones, que puede considerarse el culmen de una magnífica trayectoria literaria.

Ana María Matute fue alternando la escritura de sus novelas con los cuentos y los artículos periodísticos, que eran una manera de subsistir económicamente en épocas duras. Sobre todo, lo fueron las décadas de los 50 y 60, años en que tenía que escribir un cuento a diario para sufragar los gastos de la casa y el mantenimiento de un niño pequeño. Además de la dicha colaboración con Destino, escribió asiduamente para la revista Garbo a partir de 1957, y a finales de los 60 también trabajó como lectora en varias universidades estadounidenses y europeas. Pero más allá de la necesidad, el oficio o el prestigio literario, lo cierto es que Ana María Matute escribe desde que es capaz de manejar un lápiz, porque es su manera de entender el mundo y de comprenderse a sí misma en él.

La puerta de la luna.
Imaginemos el refugio donde acuden los niños cuando quieren estar solos y sentirse dueños de su propia vida, escapar de los adultos. Ese lugar sugiere la puerta de la luna, que conducirá al lector, si se atreve, a territorios extraordinarios donde volverá a verlo todo con la frescura y la inocencia de la infancia. Mil mundos evocados en cuentos que se convierten en metáforas de la condición humana, cuentos atemporales, en lugares ilocalizables, de temas diversos, que van a confluir en la niñez, la guerra civil, la incomunicación, si bien siempre tamizados por el lirismo que caracteriza el estilo de la autora. Una magistral forma de mezclar el realismo social más descarnado con el surrealismo poético; una manera de zarandear al lector con ese dualismo brutal. Ana María Matute ha confesado en muchas ocasiones que quiere ser recordada como “la mujer que hace soñar”, y qué mejor para ello que leer sus cuentos, es justo decir que no han gozado de la misma fama que su producción novelística. Quizá porque cuando ella los escribía, el cuento seguía siendo considerado el hermano pobre de la novela. Tenemos ahora, pues, la oportunidad de entrar en su maravilloso universo a través de esa puerta de la luna y disfrutar de la prosa sensorial, el humor fino, la habilidad lingüística y la lúcida visión de una escritora única, especial, a la que es difícil catalogar dentro de una tendencia exacta.

El volumen La puerta de la luna se divide en dos partes, por un lado los cuentos propiamente dichos y por otro los artículos periodísticos, que aunque también pueden considerarse relatos, surgidos de la capacidad de fabulación de la autora, tienen un carácter diferente. Asimismo, Ortuño ha realizado la valiosa labor de recopilar tanto los escritos ya recogidos en antologías como los que se hallaban dispersos. La coexistencia de textos muy distanciados temporalmente se puede apreciar en la evolución del estilo literario, si bien todos reúnen las características matutianas que los hacen inconfundibles. La mayoría de estos relatos acogen entre sus líneas a niños, adolescentes, casi siempre huérfanos o no queridos –con la importancia que pueda tener ese vacío, sobre todo el maternal- que aprenderán pronto la lección de la vida, que es dura y que abocará irremediablemente en la miseria, en la infelicidad, en la muerte. Este sería el motivo temático que vertebra la amplia producción de Matute.

A modo de introducción, abre el libro Los cuentos vagabundos, publicado en 1956, bellísima reflexión sobre la naturaleza del cuento, que “llega y se marcha por la noche… con su viejo corazón de vagabundo”. De ese mismo año, a continuación se recogen los cuentos de Los niños tontos, como El negrito de los ojos azules, o Mar, en los que nos asalta la imagen de niños muertos, ignorados por los adultos, como fuerte símbolo utilizado recurrentemente por la autora. Después, los relatos, estos más extensos, de El tiempo (1957), con el homólogo, Los niños buenos, en el que habita el entrañable maestro dickensiano León Israel, o El amigo, que nos muestra a ese niño asombrado ante el mundo intolerante de los adultos, frecuente también en las historias de la escritora catalana. Sigue la recopilación con Tres y un sueño (1961), compuesto por tres historias nuevamente protagonizadas por niños, donde la realidad y la fantasía se confunden en una suerte de sueño maravilloso aunque dramático al mismo tiempo. Con Historias de la Artámila (1961), encontramos cuentos que, con la propia infancia como telón de fondo, apuntan a la denuncia de las injusticias sociales, la marginación y la crueldad (Pecado de omisión, El rey, Envidia o El perro perdido). Posteriormente El arrepentido y otras narraciones, de 1967, donde Ana María Matute sigue dando voz a aquellos que no la tienen en la sociedad, como en Sino espada. Y Algunos muchachos, publicado en 1968, que nos habla de la incomprensión entre las personas, como en No tocar, y de niños que se niegan a crecer, de manera que al perder la infancia pierden el paraíso, como en Una estrella en la piel. Llegamos ya a la década de los noventa, con De ninguna parte (1993) y Toda la brutalidad del mundo (1998), para cerrar la parte cuentística. A partir de aquí, Ortuño se centra en los artículos de la escritora: los recogidos de A la mitad del camino (1961), fruto de su columna en Destino; y los de El río (1963), que incluye La puerta de la luna,  que da título a este cuidado volumen donde se recopilan más de cincuenta años de trabajo de una mujer que nació contadora de historias sin remedio, escritora, como otros nacen pintores o escultores.

Esta anciana entrañable, que conserva su corazón de niña, es una de las escritoras más importantes de nuestra literatura. Y es justo recordarlo mientras sigue viva. Hoy, por ejemplo, es un buen día.

CDR