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domingo, 20 de julio de 2014

DESTINO INEVITABLE

Esta semana se han cumplido noventa y cinco años del nacimiento de la escritora y filósofa irlandesa Iris Murdoch (15 de julio, 1919 - 8 de febrero, 1999) Es un buen día hoy, por tanto, para recomendar una de sus novelas, de entre las muchas que escribió. A pesar de que habrá quien diga que no es esta una "lectura veraniega"... como si los libros fueran como la ropa, de verano y de invierno. No es ligera esta obra, si a eso se refieren, pero si se acomodan en un sitio fresco, con atuendo apropiado y dispuestos a disfrutar de buena literatura, es una opción a tener en cuenta.




Por qué no termina de despegar una escritora de la talla de Dame Jane Iris Murdoch es poco menos que un misterio. De reconocido prestigio por sus coetáneos, autora de más de una veintena de novelas, numerosos ensayos e incluso varias obras de teatro y poesías, lo cierto es que, tras vagar de editorial en editorial por nuestro país, Iris Murdoch nunca ha tenido el reconocimiento que su talento merece.
Impedimenta, empeñada en la calidad de su selección, rescata ahora esta obra crucial, descatalogada desde hace tiempo, iniciando así la recuperación de algunas de las novelas perdidas de quien debutara en 1954 con Bajo la red –considerada por la revista Time como una de las cien mejores novelas de la literatura inglesa del siglo XX-, así como la traducción de varios de sus títulos inéditos hasta ahora en español.

Henry y Cato se publicó originalmente en 1976, antecesora de la magistral El mar, el mar (1978) y punto de partida de lo que supondrá una larga lista de ambiciosos títulos en la carrera de la autora. En esta novela se reúnen muchas técnicas y temas tratados anteriormente por Murdoch a la vez que abre la puerta a nuevos asuntos que desarrollará en sus siguientes obras. Dedicada en profundidad a la filosofía, autora de la primera obra en lengua inglesa sobre Jean-Paul Sartre, Iris Murdoch revela necesariamente en su narrativa la influencia de grandes pensadores como Platón, Freud o Wittgenstein, considerado este último su referente principal.

Henry Marshalson y Cato Forbes se reencuentran, en el Londres de mediados de los setenta, en un delicado momento existencial. Henry regresa de Estados Unidos, por la muerte de su hermano mayor, para hacerse cargo de una herencia no deseada, después de vivir nueve años una vida sin prejuicios, como profesor universitario. Y Cato, sacerdote en contra de la voluntad de su estricto padre, se halla sumido en una crisis espiritual y de identidad sexual tras enamorarse de un joven del barrio marginal en el que trabaja, lo que hace replantearse toda su escala de valores. Después de varios años sin verse, y en un momento de sus vidas especialmente crítico, los itinerarios de estos dos hijos pródigos vuelven a mezclarse de forma inesperada en una espiral, no exenta de efectos melodramáticos, de despropósitos y venganzas, que les lleva a enfrentarse a sus propios miedos y a los lastres de su propios orígenes familiares en su búsqueda de una redención que amenaza con ser inalcanzable. Henry y Cato son dos seres opuestos a la vez que complementarios, dos almas sin rumbo que buscan la bitácora que los guíe en su senda. Henry, frío, malicioso e inseguro debido a una infancia y juventud a la sombra de su hermano mayor. Y Cato, débil, ambiguo, sometido por los deseos de un padre exigente. Sus caminos se cruzarán y llegarán a mezclarse en una especie de tragicomedia frívola, de argumento intrigante y equívoco.

Estos dos personajes principales se encuentran acompañados de una galería de secundarios indispensables para el desarrollo y resolución de la historia. La severa Gerda Marshalson, el apocado poeta Lucius, la bella y joven Colette, el duro John Forbes, el descarriado Joe Beckett y Stephanie Whitehouse, la supuesta amante de Sandy y exprostituta. Unos caracteres formidables para la trama, aderezada con discursos filosóficos, disertaciones religiosas, monólogos, haikus a media noche, un misterioso revólver, un secuestro, grandes cantidades de dinero de mano en mano, y un final imprevisible. Como si de una buena novela negra se tratase, trascendiendo sin embargo cualquier etiqueta.

En esta novela de Iris Murdoch resalta especialmente el trabajo de caracterización de los personajes, en que las encrucijadas morales y psicológicas de sus protagonistas afectan hondamente al lector. El recorrido que hace Murdoch por los paisajes del alma humana es impresionante, mostrándonos tanto lo más mezquino como lo más amable de estos. Además de captar acertadamente las contradicciones de la sociedad de su tiempo y de combinar de modo magistral los temas de índole moral con una ingeniosa e inesperada trama narrativa. Comparada en este sentido con George Eliot, por su crudeza y mordacidad, es justo reconocer la singular voz de la escritora irlandesa. Existe también en esta novela lugar para el humor negro e incluso para algún matiz fantástico, que difuminan lo realista. Un rotundo acierto de la escritora es precisamente encontrar el equilibrio entre la realidad y lo sobrenatural.

Henry y Cato se divide en dos partes. La primera, “Ritos de paso”, nos abre la puerta a la vida de los personajes, se demora en cruces y desencuentros para lo que posteriormente será una necesaria colisión. Es la más extensa y metafísica; recreándose en la descripción de ambientes, personajes y situaciones, Murdoch muestra su talento narrativo con una prosa fluida, amena y técnicamente perfecta, instintiva pero cuidada al máximo. En la segunda, “El gran maestro”, los acontecimientos se precipitan en una trama aparentemente caótica y desconcertante, en la que la escritora irlandesa hace gala de las mejores estrategias shakesperianas, como si nos encontrásemos viendo la representación de los hechos sobre un escenario. Una compleja combinación de estilos, técnicas y materias.

Y debajo de toda esta demostración de maestría literaria -sentimientos universales, amor, pasión, venganza, miedo, dudas; diversión, intriga, conmoción-, subyace un tema principal recurrente en Murdoch, la pérdida y recuperación de la fe, más allá de los motivos meramente cristianos. Se trata de un análisis profundo de la psicología humana, del alma, del corazón, allí donde se instalan la conciencia y los sentimientos, las acciones, lo que somos capaces de hacer. Y finalmente, cuando cerramos el libro, la certeza de que el destino es inevitable. A lo largo de la historia vemos cómo los dos protagonistas luchan por desasirse de las convenciones que los traban, cómo intentan tomar caminos alternativos a aquellos que sus orígenes les marcan, y cómo precisamente por esos senderos encuentran su verdadero sino, cual víctimas de una confabulación extraordinaria. Tras la escapada, la rebeldía, la locura incluso, solo queda la claudicación y la conformidad. Quizá porque desde el principio solo huían de ellos mismos.

Una joya, tanto por la cuidada y exquisita edición de Impedimenta como por ser uno de los mayores logros literarios del siglo pasado.

¡Feliz lectura!

CDR

2 comentarios:

  1. Iris Murdoch es una estupenda recomendación, autora a la que siempre hay que volver. Algunos no la conocemos en profundidad, pero algunas de sus cosas resultan clásicos.
    Pmd.

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  2. Vaya veranito de lecturas. Aprovecha, pero no te vuelvas "loca".
    Tati.

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