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miércoles, 16 de julio de 2014

MATERNIDAD

Anne y Laura fueron mamás hace un año, ambas estaban deseando tener a su hijo y ambas son hoy felices de tenerlos.

Sin embargo, existen algunas diferencias entre estas dos mujeres.

Y es que Anne vive en Noruega, ella y su marido pudieron disfrutar del bebé durante tres meses y medio, cobrando los dos su sueldo íntegro. Después él se tuvo que reincorporar a la oficina, pero ella aún tenía ocho largos meses por delante, durante los cuales siguió cobrando el 100%. Entonces John  empezó a ir a la guardería pública, en la que tuvo plaza sin problemas. Pero si Anne, en lugar de volver a trabajar, se hubiera quedado en casa con su pequeño, el Estado le habría abonado el importe de la guardería a la que no había ido. Esto sumado a la ayuda de 120€ mensuales que le corresponden por ser madre de un niño. Pero Anne no tiene problemas, porque su horario flexible le permite compatibilizarlo con su rol de madre, incluso puede trabajar un día a la semana desde casa.

Mientras que Laura está en paro y, al no cotizar a la Seguridad Social, no tiene derecho a los 100€ para madres trabajadoras, tampoco a la ayuda de 24,25€ por hijo a cargo, ya que entre ella y su marido superan por poco la renta familiar máxima que se exige -11.519€ brutos anuales-. Así que Laura y Juan hacen malabarismos para llegar a final de mes, aunque ella tiene tiempo para estar con su bebé, eso sí. Menos mal, porque las cuentas no les salen para poder llevar a Mario a la guardería. Y con esta situación precisamente no es probable que Laura encuentre un trabajo. Es como una espiral sin fin.

Anne y Laura representan el perfil de muchas madres de familia europeas, cuyas circunstancias explican perfectamente las diferencias en las tasas de natalidad según el país en el que vivan.

La verdad es que en España parece que se penaliza tener hijos. Está mal visto, por ejemplo, salir del trabajo para estar con la familia o disfrutar del permiso de paternidad. Más aún en estos tiempos de crisis, los hijos se ven como una carga. Y esto es lo que piensan cada vez más personas cuando ponen en la balanza los pros y los contras antes de decidirse a dar el paso hacia la maternidad/paternidad. Los estudios demuestran que es muy alto el porcentaje de mujeres que han tenido que renunciar a su trabajo o algún ascenso por tener un niño; más aún el de aquellas que no pueden compatibilizar el trabajo con la familia. Si a esto le sumamos la subida del IVA, la supresión de medidas para el fomento de la natalidad, que las ayudas llegan a pocas familias debido a los límites tan bajos de renta y los recortes en educación y sanidad, que repercuten directamente en la economía familiar... ¿Cómo va a cambiar nuestra posición colista en el ranking de bajo número de nacimientos?

El pasado mes se presentó una reforma fiscal en la que se incluye el Plan Integral de Apoyo a la Familia, pero las medidas adoptadas no son suficientes. Es mucho más lo que se ha perdido en los últimos años en cuanto a medidas de apoyo directas (supresión del cheque bebé, recortes en los beneficios sociales, como el transporte escolar, incentivo a la contratación de madres con hijos menores de dos años...) que lo que ahora ganamos. No, si estas disposiciones no vienen acompañadas de otras relativas a vivienda, educación o laborales, por ejemplo.

Así, seguro que se cumplirán las previsiones que hablan de que en 2050 España será uno de los países más envejecidos del mundo.

CDR

2 comentarios:

  1. ¡Divino país...! estamos en manos de...
    Buena entrada, bloggera.
    Pmd.

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  2. Así se arreglan las cosas en este país, estas y otras.
    Tati.

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