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jueves, 19 de noviembre de 2015

TODOS SOMOS...

Seres humanos.

París
Siria
África
China
India...
¿Qué importa de dónde? ¿O sí?

¿Acaso todas las vidas humanas no valen lo mismo?

¿Cuántas banderas conocemos? ¿Por cuáles lloramos?

¿Cuántas manos hay manchadas de sangre? No solo las que empuñan las armas. También las de los que las venden. También las de los que solo nos venden una versión.

¿Cuántas conciencias compradas?

Ser. Estar. Parecer.
No son lo mismo, definitivamente.

"Todos los seres humanos nacen iguales, pero es la última vez que lo son." (Abraham Lincoln)

CDR

sábado, 24 de octubre de 2015

CONTRAFACTO

Hola. Me llamo Leo y tengo prejuicios.

Así empezó todo. Mi hermana me convenció para que asistiera a un taller de autoconocimiento, no porque tuviera ningún problema, solo por renovarme, abrir mi mente, probar algo diferente, según ella. Estaba seguro de que su invitación escondía algo más, algún reproche del tipo te dejas llevar por la ira, no sabes ponerte en el lugar del otro, nunca te quedas a solas contigo mismo porque te asusta. Lo peor es que tenía razón. Pero yo no quería reconocerlo. Y ella me lo hacía ver de formas sutiles como esta.

Hasta que conocí a Bibi en aquel taller. Porque no fue el contenido en sí lo que me transformó, fue ella, la manera de exponerlo, su voz cautivadora, sus estudiadas pausas y miradas perdidas para conmover, sus acercamientos para convencer, su ritmo al llevar la meditación, su personalidad me absorbió desde el primer momento.

Cuando nos repartió aquella hoja con unas instrucciones, yo no le presté mucha atención, embelesado en su forma de moverse por la sala, removido algo en mi interior. Pero tuve que leerlas, claro, de eso se trataba.

Cómo hacer desaparecer un prejuicio:

1. Busca un prejuicio en tu interior.

2. Reconoce el prejuicio y aíslalo.

3. Saca el prejuicio y sométete a él por un momento. Puedes dejárselo a alguien para que te lo aplique o pegarlo al espejo y mirarlo de frente hasta que te afecte, pero desde fuera.

4. Reflexiona sobre cómo te sientes.

5. Antes de que el prejuicio se escape y vuelva a colarse en tu cuerpo, agárralo fuerte y machácalo. Puedes pisotearlo, meterlo en la trituradora, pasarlo por el destructor de documentos... Tú eliges.

6. Comprueba que está hecho añicos, cuanto más hecho polvo quede, mejor, para que no se recomponga.

7. Sóplale.

8. Haz esto periódicamente con cada uno de tus prejuicios.

9. Ahora ya estás preparado para salir a relacionarte con los demás.

La verdad, me parecía una absoluta tontería el ejercicio que nos había mandado Bibi, más aún cuando salí de la sesión y ya no me encontraba bajo el influjo de su voz. Había quedado con unos amigos a tomar unas copas, no volví a pensar en el asunto.

Sin embargo, a mitad de noche me desvelé. Empecé a dar vueltas en la cama, me levanté ya totalmente espabilado y encontré el folio en la mesa de la cocina, al lado del vaso de agua que iba a llenarme, como apelando a mi responsabilidad, pues a la mañana siguiente debía volver al dichoso taller.

Cogí la hoja de instrucciones y fui al baño, a ponerme delante del espejo, como un idiota. Mentalmente, me puse a revisar mi interior intentando buscar lo que pudiera considerarse prejuicio, por supuesto yo pensaba no tener ninguno.

Y de pronto, uno de los muchos prejuicios que albergaban en mí me avisó desde el espejo, oye, sé lo que pretendes, ni se te ocurra agarrarme, no vas a poder conmigo. Empezó una ardua lucha entre el prejuicio y yo, me cogió por el cuello del pijama como un matón, se apropió de mi idea de triturarlo en la destructora de papel. Se me ocurrió que solo podría vencerlo disimulando. Así que me dejé hacer y cuando mi prejuicio ya sonreía maliciosamente su victoria, yo quise jugar mi última baza, dejar de pensar en él para que desapareciese. No sé dónde había escuchado la efectividad de esa técnica. Mas, al dejar de pensar, fui yo el que desapareció.

¿Eso es lo que somos?, ¿nuestros prejuicios?, ¿pensamiento? - pregunté a mi profesor de filosofía cuando terminó de leer el relato. 

- No estoy aquí para darte respuestas, sino para meterte en las preguntas.

CDR

martes, 20 de octubre de 2015

CONTRA EL OLVIDO

Ya inmersos de lleno en el otoño, en este martes gris de llovizna, una buena lectura para esos ratos de té y manta en el sofá.



Caballero de la orden de los Finnegans, José Antonio Garriga Vela (Barcelona, 1954), no es un narrador de éxito, entendiéndose como tal aparecer en la lista de los más vendidos. Y quizá esto precisamente nos hable de su calidad literaria. Este escritor catalán, licenciado en Derecho y afincado en Málaga debutó como novelista con Una visión del jardín (1985), si bien el verdadero reconocimiento le llegó con Muntaner, 38 (Premio Jaén de Novela 1996). Con El vendedor de rosas (2000) fue comparado por algunos críticos con Paul Auster, por el desasosiego y extrañamiento de sus personajes. Su cuarta novela, Los que no están, ganó el Premio Alonso García-Ramos de Novela 2001, historia en la que ya ahonda en los tortuosos caminos de la memoria. En 2009 obtuvo el Premio Dulce Chacón a la mejor novela publicada en lengua española en 2008 por Pacífico. Además, ha escrito algunos libros de cuentos, como El anorak de Picasso (2010) y también varias obras de teatro, Formas de la huida (1989), por ejemplo. No es prolífico este autor, posiblemente debido a su interés por hilar fino y hacer corresponder cada pensamiento con cada palabra escrita, con cada personaje proyectado de su pluma. 

En cuanto a su última novela, El cuarto de las estrellas, ha sido galardonada con el Premio Café Gijón 2013. Una historia que parte de un episodio personal del autor, un mareo que le hizo caer, se golpeó en la sien y cuando despertó no recordaba nada del presente ni del pasado reciente, ni siquiera que estaba escribiendo una novela. Así, el protagonista, realiza una vuelta atrás en el tiempo, regresando al pueblo de su infancia, La Araña, para escribir la historia familiar. Poco a poco se van desvelando los secretos de su familia desde los años de posguerra hasta los setenta, cuando el padre compra un billete de lotería de Navidad, que resulta premiado con el Gordo y por fin pueden realizar el viaje soñado por el progenitor a Nueva York. Sin embargo, esta situación que debería de ser afortunada –el padre acaba de renunciar a su trabajo– supondrá el principio del fin. Para el protagonista, por su parte, este tiempo recluido en la antigua casa de su infancia, conformará el proceso de reconstrucción de la propia identidad. El hilo conductor de la historia será el amigo común de sus padres, Javier Cisneros, cuya muerte supone el inicio de la caída en picado del padre, de la relación matrimonial, como si esta fuera el detonante que hace saltar los silencios reprimidos y una cotidianeidad forzada. 

Este excelente relato, construido con materiales sencillos, pues la historia gira sobre sí misma a partir de unos pilares asentados desde el principio, consigue sin embargo explorar acertadamente los recovecos de la intimidad y convertir la literatura, a través de sus páginas, en una forma de conocimiento. Garriga Vela continúa en la línea de sus obras anteriores, en las que la memoria y el recuerdo son protagonistas. En forma de espiral, el lector es llevado hacia atrás continuamente para descubrir algo más de la historia, lo que en realidad le encamina hacia adelante. Finalmente, el círculo se cierra y todo cobra sentido. La indagación del protagonista sobre las extrañas relaciones entre los otros personajes, sus padres, el Comunista, el Polaco, el propio Cisneros, así como la influencia subyacente de la cementera Goliat, le llevan a una comprensión del pasado que solo desde la edad adulta puede alcanzar, pues su mirada infantil le impedía desentrañar el verdadero significado de esos recuerdos. Descubre así la desdicha y la culpa de sus padres por el pasado, la identificación de él mismo con su padre –alcanzada la edad que él tenía cuando sucedieron los hechos– y finalmente la reconstrucción de su propia personalidad. Lo que busca en realidad el protagonista es precisamente eso, explicarse a sí mismo, hasta el punto de que en algún momento siente haber usurpado la identidad de sus padres, al introducirse de lleno en sus secretos y desvelar sus más íntimas inquietudes y anhelos. Se trata de rehacer esas vidas en el pasado para dar sentido a la suya presente. Lo cual entronca con la preocupación constante del autor por la memoria, el pasado y el olvido. “Sin memoria no somos nada”, dice el protagonista. Y es que la memoria no solo preserva el recuerdo de las cosas que ya no están, sino que además es fundamental para la construcción del yo. Este motivo manejado habitualmente por Garriga Vela de una forma casi confesional, cobra en El cuarto de las estrellas un tono más ficcional, sea real o aparente, demostrando la madurez literaria alcanzada. Siendo el tema principal la memoria, por otra parte no se deben obviar el tratamiento de otros motivos como las relaciones amorosas y familiares, o cómo afecta a las personas un contexto asfixiante e incluso opresor. 

No es casual, efectivamente, la ambientación de la novela en el pueblo de La Araña, un pueblo aislado, sometido por la omnipresencia de la cementera, que nos introduce en un ambiente hosco, claustrofóbico, invisible para los demás. Como el resto de escenarios de la novela, desde el bar del Comunista, al que se accede por un pasadizo bajo tierra, hasta el claroscuro estanco de Cisneros, acabando en el sótano de la casa de este, donde se ubica ese cuarto de las estrellas que da título a la novela. Un lugar que entierra, literalmente, muchos de los secretos de la familia y que se relaciona con la afición compartida por el niño protagonista y Javier por el cine y los actores que interpretaban las películas que veían juntos.

Esta inusual novela, de gran calidad expresiva, muestra una forma de escribir intimista y sencilla, pero a la vez llena de potentes metáforas –impactante el uso metafórico que hace el autor a lo largo de la historia del funambulista Philippe Petit haciendo equilibrio en una cuerda entre las Torres Gemelas–, mezcolanza que dota su relato de notas de realidad y de ficción. El misterio es un ingrediente que se desliza sutilmente por los recovecos del argumento, de manera que lo que parecía en principio tan sencillo está realmente elaborado y engarzado de forma magistral. La información se va dosificando y relacionando para dar lugar a una atenta composición, en la que destacan, asimismo, el cuidado de los detalles y el manejo de las alusiones. No en vano, Garriga Vela es un buen contador de cuentos.

Un autor, un relato, que requiere de lectores avezados para descubrir y disfrutar de su verdadera altura literaria.

¡Feliz lectura!

CDR

lunes, 5 de octubre de 2015

SOY MAMI: MARCOS

Hace un año no pude escribir porque tenía entre mis brazos a un niño recién nacido y porque mi estado anímico y físico tampoco me lo permitían.

No pude escribir y describir la oleada de sentimientos que me invadía, las sensaciones que se inauguraban para mí, los cambios que se empezaban a producir y de los que aún no tenía plena conciencia. En alguna entrada hablé aquí al respecto, pero la verdad es que echo de menos no tener constancia escrita de aquellos días, que no volverán -como cada día de nuestras vidas-, tan intensos y tan importantes.

Hoy, un año después del nacimiento de Marcos, inmersa de pleno en el trabajo, igualmente no puedo escribir todo lo que me gustaría, casi nada, la verdad. Hoy es un niño de doce meses, activo, inquieto, despierto y curioso el que me impide sentarme tranquila a reflexionar sobre lo que sigue ocurriendo en mi interior, es tan fuerte que a veces me deja sin respiración, es inexplicable lo que supone para mí ser su mamá. No dudo que será lo mismo que cada madre siente hacia su hijo o hija, hacia cada uno de ellos. Pero para mí es inédito, era impensable hace unos años cuando ser madre no formaba parte de mis preferencias. Y hoy es lo primero, no lo único, pero sí lo más importante.

Hoy mi vida va a otro ritmo, porque Marcos no tiene prisa, él afortunadamente no entiende de obligaciones, ni de horarios, ni de lo que viene bien o no ahora o luego, ni de lo que es políticamente correcto. Él solo quiere descubrir, tocar, morder, mirar, subir, bajar, reptar, gatear, dar pasitos, balbucear, aprender. Se me ensancha el corazón cada vez que sus ojos limpios se sorprenden de las cosas más insignificantes y consabidas para nosotros, los adultos. Qué bonito vivir en el asombro. Ojalá pueda seguir así mucho tiempo. Lástima que no, dirán, y yo digo que lástima que no seamos capaces de conservar esa capacidad, la de admirarnos por las cosas pequeñas, disfrutar sin complejos, ser como verdaderamente somos, dejar a veces lo que debemos hacer y recordarnos lo que de verdad queremos hacer, reírnos, llorar, expresarnos... cuidar y conservar siempre al niño que llevamos dentro. Pero en todo caso, si no esto, al menos dejar a los niños que lo sean mientras lo son, alimentar sus ilusiones, no obligarlos a crecer, a someterse a reglas de adultos sin sentido. Ya tendrán tiempo para eso.

Y el tiempo pasa rápido, hoy Marcos tiene un año y parece que fue ayer cuando era un bebé pequeñito y frágil. Es algo que acuso más desde que soy mamá, cómo vuelan los días y los meses, y los años. No quiero que crezca, o mejor dicho, sí, quiero que crezca, sano y fuerte, y despacio, a su ritmo y no al nuestro, que sea un niño, que juegue, que se ensucie, que grite en lugares donde no se puede gritar, que vaya descalzo, que corra, que trepe, que coma con los dedos... que sea feliz y que siga siéndolo a pesar de crecer.

Y es ahora cuando tiene que estar a mi lado, dormir conmigo, entre mis brazos, refugiarse en mi pecho, llorar si me voy, sonreír cuando llego, porque ahora es cuando más me necesita. Después, ya se alejará solo, ya rechazará mis besos, ya no querrá compartir su espacio conmigo... o tal vez sí, si ahora le dejo hacerlo. Eso ya llegará, ya veremos qué ocurre, pero mientras tanto, sigo disfrutando de mi pequeño Marcos, comiéndomelo a besos, te quiero te quiero te quiero te quiero...



CDR

jueves, 17 de septiembre de 2015

ESPINAS

En esta medianoche de septiembre he abierto un libro antes de acostarme. Ha sido algo casual, ojear un libro ordenado junto con otros encima del mueble del dormitorio. Y he encontrado este cuento de Jorge Bucay que a continuación reproduzco:

"En un reino encantado donde los hombres nunca pueden llegar, o quizás donde los hombres transitan eternamente sin darse cuenta...
En un reino mágico, donde las cosas no tangibles, se vuelven concretas...

Había una vez...
Un estanque maravilloso.
Era una laguna de agua cristalina y pura donde nadaban peces de todos los colores existentes y donde todas las tonalidades del verde se reflejaban permanentemente...
Hasta ese estanque mágico y transparente se acercaron a bañarse haciéndose mutua compañía, la tristeza y la furia.

Las dos se quitaron sus vestimentas y desnudas, las dos, entraron al estanque.
La furia, apurada (como siempre está la furia), urgida -sin saber por qué- se baño rápidamente y más rápidamente aún salió del agua...

Pero la furia es ciega, o por lo menos, no distingue claramente la realidad, así que desnuda y apurada, se puso, al salir, la primera ropa que encontró...

Y sucedió que esa ropa no era la suya, sino la de la tristeza...

Y así vestida de tristeza, la furia se fue.

Muy calma, y muy serena, dispuesta como siempre, a quedarse en el lugar donde está, la tristeza terminó su baño y sin ningún apuro (o mejor dicho sin conciencia del paso del tiempo), con pereza y lentamente, salió del estanque.

En la orilla encontró que su ropa ya no estaba.

Como todos sabemos, si hay algo que a la tristeza no le gusta es quedar al desnudo, así que se puso la única ropa que había junto al estanque, la ropa de la furia.

Cuentan que desde entonces, muchas veces uno se encuentra con la furia, ciega, cruel, terrible y enfadada, pero si nos damos el tiempo de mirar bien, encontramos que esta furia que vemos, es sólo un disfraz, y que detrás del disfraz de la furia, en realidad... está escondida la tristeza."

Y justo este cuento, en este justo momento, me ha parecido estar escrito para mí.

Además, al cuento acompaña una ilustración muy sencilla, en blanco y negro, de una flor algo mustia que enseguida me ha hecho pensar en espinas.

No haré ahora una entrada de pequeñeces con las diferentes acepciones de la palabra, me refiero a espinas clavadas, heridas de vida.

Pero ha sido solo un momento, cuando cierre este texto se me habrá pasado. La furia hace tiempo desapareció, siempre quedará la tristeza, agazapada, pero sobre todo, mucha felicidad, que aunque no aparece en este cuento, afortunadamente también es protagonista en la historia de la vida.

CDR

viernes, 21 de agosto de 2015

UN AÑO SIN TI

Lo peor de la muerte es que la vida sigue.

Y no entiendo cómo todo puede seguir igual sin ti, papá, cómo podemos continuar adelante con ese vacío tan grande que dejaste ya hace un año. Entonces esperábamos a Marcos y no pude acompañarte. Y tú no pudiste esperarle porque tenías que estar en otro lugar para él.

Después de este tiempo comprendo un poco más, no mucho, tengo momentos muy oscuros, como al principio cuando te fuiste y no pude decirte cuánto te quiero, cuánto te agradezco todo lo que me has dado y cuánto me hubiera gustado ayudarte más. Pero entiendo que todo pasa por alguna razón, por incomprensible que nos resulte y sobre todo, agradezco que no tuvieras que sufrir más. Ahora, lo sé, estás con nosotros de otra manera, porque no eras un cuerpo con un alma, siempre fuiste y serás un alma, que en un momento dado tuvo un cuerpo físico. Y tuvimos la suerte de que fueses nuestro padre, ahora eres eso y mucho más. No sé cómo, pero lo sé. No lo entiendo, pero lo sé. No me lo creía, pero ahora lo sé.

Hoy me imagino el océano con sus olas infinitas. Las veo, son diferentes, pero todas son agua.
Hoy te imagino como una ola. Veo cómo eres creado, veo cómo surges a a la superficie, te quedas un rato y luego regresas al océano. Veo cómo desapareces, pero sé que sigues en el agua.

Ojalá nos hubieran enseñado que cuando una nube está a punto de convertirse en lluvia no tiene miedo, porque sabe que transformarse en agua y caer sobre los campos es maravilloso. Ojalá nos hubieran enseñado que el momento de irse no es un momento de muerte, sino de continuación.

Echarte de menos, papá, es el precio que pagamos por haberte tenido, por haber tenido la suerte de que fueras como eras, por eso duele tu ausencia y por eso cuesta aceptar que ya no estás de la misma forma.

Un año sin ti. La vida sigue, pero no es igual.

"El ratón.
Al ratón le gusta meterse por todas partes, es animado y juguetón, y va siempre por delante de los demás.
El oso.
El oso es muy comodón y le encanta hibernar. Al recordar su mocedad, se ríe de las correrías del ratón.
El búfalo.
Al búfalo le gusta recorrer las praderas. Confortablemente instalado, repasa su vida y anhela desprenderse de su pesada carga para convertirse en águila.
El águila.
Al águila le entusiasma sobrevolar el mundo desde las alturas, no a fin de contemplar con desprecio a la gente, sino para animarla a  que mire hacia lo alto." (Elisabeth Kübler-Ross)

Todo tiempo nos parece poco, pero doy gracias de que pudieras completar la rueda de la vida, papá.
Te quiero.

CDR

martes, 11 de agosto de 2015

MUJERES: FEMINISTAS MEDIEVALES

Más allá de la imagen que construyeron sobre ella clérigos y trovadores, la mujer medieval no se limitó a ejercer de bruja o de santa, no solo se dedicó a coser y rezar, sino que en la vida real interpretó los más variados personajes.

Es cierto que el argumentario que encontramos en los textos de los monjes pasa por afirmaciones como "Llorar, hablar, hilar, es lo que Dios concedió a la mujer." Sin embargo, la misoginia que destilan estos escritos provenía solo en parte de la teología. Al fin y al cabo, los teólogos de la época reconocían que las mujeres tenían alma, de lo contrario habría estado prohibido bautizarlas; aunque las consideraban -siguiendo a Aristóteles- como un varón fallido. Pero son los clérigos mucho más rotundos. El bello sexo es para ellos "pérfido y fétido", "fuente insondable de todos los pecados", y la mujer virtuosa, "más rara que el ave fénix o el  cisne negro". Vamos, que el arsenal de improperios que manejaron los frailes es inabarcable. Y tan potente como la seducción de la carne que debía combatir, claro. De hecho, la demonización de la mujer fue la fórmula para exorcizar los placeres del sexo, a los que los monjes obligadamente debían renunciar, y contra los que toda propaganda era poca. Así, el medievo se pobló de brujas y sirenas dispuestas a arrastrar a los hombres a su perdición; aliadas con las fuerzas del mal o disfrazando su animalidad bajo formas hechiceras. No obstante, en contraste con la misoginia clerical, la Iglesia como institución otorga a la mujer un estatus inédito hasta entonces, casi revolucionario, en lo que a libertad y equiparación con el hombre se refiere: el derecho canónico le garantiza la libre elección de marido, en contra de lo que establecen el romano o el islámico. Como vemos, la ambivalencia y la contradicción caracterizan la consideración de la mujer en la Edad Media con sorprendente naturalidad. Pensemos en Eva, por un lado, y en la Virgen María, por otro, como ejemplo de estos extremos.

La Virgen, por cierto, representa un modelo de espiritualidad al que la aristocracia laica opuso otro no menos idealizado, el del amor cortés, difundido por la literatura en toda Europa a partir del siglo XII. Con él da un giro radical la relación hombre-mujer; la dama es la dominadora y el caballero, el que ofrece sumisión. Es más, la dama, en muchos casos -en la lírica occitana- era casada. El mundo caballeresco celebra la belleza carnal y ensalza el amor al margen del matrimonio. Desde luego, como modelos de vida, tanto la Virgen María como la dama del amor cortés resultaban inalcanzables. Pero el arte los reflejó masivamente y tuvieron su eco en la vida práctica.

Pongamos por caso la vida de la escritora Cristina de Pizán, un deslumbrante antecedente del feminismo en el siglo XV. No era noble ni religiosa. Aunque su padre era un sabio erudito -médico del rey de Francia-, a ella la educaron para el matrimonio y la maternidad. Pero, al enviudar con 25 años y seis hijos, decide recuperar el tiempo perdido y se dedica desde entonces al estudio, a escribir y, lo que es más insólito y audaz, a vivir de ello. "Solita estoy y solita quiero estar, para ser patrón de mi propia nave", diría. De Pizán defendió sus intereses financieros en los tribunales "ante jueces hartos de vino y gordos como cerdos", y escribió obras sin cesar que en seguida se hicieron famosas, como Sobre las mudanzas de la Fortuna, La ciudad de las damas, El libro de las Tres Virtudes, etc. En todas denuncia la desigualdad social de las mujeres y las anima a combatirla mediante la educación. "No hay que quedarse agazapada en un rincón como un perrillo. Instruiros y empuñad la pluma". Además, recomienda a las damas "tener corazón de hombre", para poder dirigir a sus vasallos en ausencia del marido. También es autora de algunas baladas, en las que rompe con el concepto de amor cortés, por considerarlo mero juego social. Pero no solo rompe esquemas literariamente, pues se convierte también en famosa polemista, al discutir con ilustres letrados sobre la misoginia de un "best seller" de la época, la Novela de la Rosa, y publicar ese intercambio epistolar en forma de libro.

Cristina de Pizán sabe por experiencia que las mujeres no son como las describen los autores de la época: santas o pecadoras, lúbricas o taimadas. Efectivamente, del centenar de oficios censados, hasta setenta y dos podían desempeñarlos mujeres: había tenderas, juezas, zapateras, panaderas, curtidoras, músicas, albañilas, juglaresas... Y veintiséis eran exclusivamente femeninos, la mayoría relacionados con la industria textil. Y sí, también con la prostitución, regulada y muy floreciente. Una "obrera del amor" ganaba en dos citas el equivalente al salario de una campesina. Aunque, a cambio, debía pagar impuestos y gastar parte en afeites y oropeles. Acudía a trabajara domicilio o recibía a las citas en la mancebía. Las cortesanas cubrían las necesidades tanto del corazón como de la carne. No entregaban sus favores a cualquiera y más que comprarse, se negociaban o se conquistaban. Presumían de sus éxitos y de sus audacias sexuales. Incluso algunas se vestían de hombre en alusión a la sodomía y eran motivo de escándalo porque desafiaban por igual la jerarquía del dinero y la de los sexos.

En el extremo opuesto de la escala moral, pero igualmente innovadoras de la corrección establecida, estaban las beguinas, monjas que consiguieron que la Iglesia les reconociera el derecho a vivir fuera del monasterio, desempeñando labores laicas de ayuda a los necesitados, y a romper con sus votos si querían.

Por otra parte, las abadesas lograron en muchas congregaciones un poder amplísimo y equivalente al de los hombres. Podían nombrar curas y capellanes, dirigir monasterios mixtos y reservados solo a hombres; asistir a concilios, incluso convocar sínodos. A no menor escala, las damas compartían el gobierno y la defensa de los señoríos, en ausencia del marido o con él. De hecho, no era raro ver a mujeres guerreando a la cabeza de tropas masculinas. Doña Urraca, reina de Castilla y León, pasó trece años combatiendo al mando de su propio ejército para defender el trono de su hijo. Además, en tiempos de las cruzadas, los cronistas árabes describen el brío con que luchaban las mujeres. No en vano, hasta podían formar órdenes de caballería, y en  España estaban presentes en la de Calatrava.

Así pues, nada más lejos de la imagen lánguida que el romanticismo nos dejó de la mujer gótica. Un libro, con el expresivo título de Bella dama sin piedad, se encargó en el siglo XV de dar la estocada mortal al alambicado mundo caballeresco y cortés. Aunque lo escribió un hombre, Alain Chartier, retrata la sensibilidad de la mujer de la época cuando la protagonista equipara al amante con el cortesano, vil y adulador; y, cuando antes sus ofrecimientos, afirma que es libre y piensa seguir siéndolo. ¿Qué mayor reivindicación que la del valor político y existencial masculino por excelencia, la libertad?

Un largo camino marcado ya, como ven, en las sombras del medievo -mujeres olvidadas- y que aún hoy seguimos recorriendo.

CDR

lunes, 10 de agosto de 2015

ARCOÍRIS

Dícese del fenómeno óptico que presenta en forma de arco de bandas concéntricas los siete colores elementales, causado por la refracción o reflexión de la luz solar en el agua pulverizada, generalmente perceptible en la lluvia.

Definición objetiva, aséptica, pero cuántas sensaciones nos transmite un bello arcoíris tras una tormenta, por ejemplo en este agosto de tardes lluviosas.

Quién no se ha imaginado dentro de un arcoíris, fundirse en los siete colores, proyectar entre sus dedos los rayos de luz hacia el infinito...



Cuánta belleza, cuánta paz nos transmite un arcoíris.

Además, los arcoíris son divertidos, un gorro de lana, una bufanda, una camiseta, una torre de cubos... como un arcoíris.

Y yo tengo mi particular arcoíris gateando por casa, llenando de ilusión y de esperanza mi vida. Porque la belleza de un arcoíris no niega la ferocidad de una tormenta. Eso es Marcos para mí, mi bebé arcoíris, la luz después de las sombras, sonrisas tras las lágrimas, colores para pintar la oscuridad.

CDR

martes, 16 de junio de 2015

CAMBIAR EL MUNDO

Dando clase aprendemos, qué duda cabe, porque los alumnos nos enseñan, si es que sabemos reconocer sus enseñanzas, si es que no somos tan prepotentes como para creer que al ser sus profesores, no pueden ellos aleccionarnos en nada.

Hoy ha sido uno de esos días en que se ha afianzado en mí la sensación de que a veces no estamos a la altura y de que por más que a algunos alumnos no les guste la asignatura que imparto, no merecen ser evaluados (medidos, etiquetados) según los parámetros que la ley nos marca. Porque si un chaval de dieciséis años "no es capaz" de aprobar un examen de Lengua, pero sabe argumentar y defender una idea con correctísima expresión -no en un trabajo preparado para exponer, sino en un debate improvisado-, y demuestra una pasmosa madurez, quizás (no, seguro) no merezca un boletín de notas plagado de suspensos y por tanto de frustraciones, tal vez (no, seguro) merezca que se le considere como individuo y se le valoren sus capacidades, sus destrezas y sus competencias. Sí, eso es muy bonito a nivel teórico, hasta se supone que se refleja en su expediente (las famosas ocho competencias), pero en la práctica, la realidad es que el currículo sigue basado en contenidos y la evaluación, en notas objetivas arrojadas de un examen escrito.

Y no es culpa de los docentes, creo que muchos somos conscientes de ello, es culpa de los Gobiernos (este, ese, aquel) que no legislan para mejorar la educación, para adecuarla a los tiempos -al fin y al cabo, lo que interesa no es precisamente una ciudadanía formada, preparada para pensar por sí misma, crítica-, sino que se limitan a retocar para apropiarse de la ley en cuestión, sin abordar los profundos cambios que son necesarios (insisto, no les interesa, les da miedo.) Y nosotros, el profesorado, con aulas masificadas, una programación que cumplir, estadísticas que mejorar, lo único que podemos hacer es aportar nuestro granito de arena si tenemos la suerte de darnos cuenta de ese diamante en bruto cuyo brillo asoma casi por casualidad en el día a día anodino, programado al milímetro. Y lamentarnos cuando acaba el curso de no haber podido descubrir siquiera el potencial de todos y cada uno de nuestros alumnos, porque se cuentan hasta por centenares.

En momentos así me rebelo y me digo que no voy a seguir aborregando chavales, me prometo que voy a introducir más cambios, a flexibilizar más la programación, a sacrificar más el temario. Y entonces el pitido de un correo me devuelve a la realidad. Ya urge finalizar evaluaciones, estadísticas, informes, memorias... Firmado: Dirección.

¿No somos más que números? (algo de lo que tanto nos quejamos), ¿también nuestros alumnos?

Sin embargo, sé que el cambio es posible.

"Mucha gente pequeña en lugares pequeños haciendo cosas pequeñas pueden cambiar el mundo." (Eduardo Galeano)

CDR

miércoles, 3 de junio de 2015

10 EN LECTURA

"Un niño que lee es un adulto que piensa."

A raíz de una intervención de Elvira Lindo en La ventana de Carles Francino (programa radiofónico de la Ser), espoleado mi interés como profesora y ahora también como madre, he reflexionado sobre la importancia de la lectura desde edad temprana y comento a continuación los diez puntos fundamentales, creo, para conseguir que leer sea el placer que realmente es y no se convierta en una obligación tediosa.

1. Paciencia. Enseñar a los niños, desde bebés, a ser pacientes, pues esta capacidad está muy relacionada con la concentración y la calma necesarias para leer. Las pantallas están muy bien (son útiles para infinidad de cosas), pero dejar aparcado a un niño delante de la televisión o entretenerlo con un móvil propicia una sobreestimulación nociva a varios niveles, anulando la tendencia natural a la relajación y la autoescucha.

2. Leer en voz alta. Desde el principio, incluso antes de nacer, está demostrado que el feto escucha la voz de su madre. Acostumbrar el oído infantil a la cadencia lectora, avivando su imaginación con diferentes tonos e implicándose verdaderamente en una lectura divertida y amena.

3. Alargar el momento. Buscar un rato cada día para leer, primero al niño, luego con el niño. Sin prisas. No posponer, no sustituir la lectura, inculcar en el pequeño ese hábito, demostrando que disfrutamos de su compañía y de compartir ese tiempo.

4. Ir a la librería. Acercarse con el niño a una buena librería, con sección infantil-juvenil, acostumbrarlo a ver y a tocar libros, y en cuanto tenga edad para ello, animarlo a que vaya solo e incluso asignarle una cantidad (semanal, mensual, como se pueda) para que compre sus propios libros, elegidos por él, por supuesto. Regalarle libros también, porque de este modo demostramos que para nosotros tienen valor. Desde luego, un libro es una inversión menor que otras que habitualmente hacemos hoy para nuestros hijos.

5. La biblioteca. El hecho de hacer socio al niño de la biblioteca pública revierte en varios aspectos: sentido de independencia (les encanta tener un carnet nominativo con su foto) y sentido de responsabilidad, ya que deben cuidar el libro y devolverlo en la fecha señalada. Además de potenciar su capacidad y su criterio para seleccionar las lecturas.

6. Espacio propio. Es bueno destinar desde el principio un espacio en la casa para guardar los libros del niño, puede ser como una pequeña biblioteca propia en algún rincón agradable, o un simple estante en la biblioteca común o en el salón, donde el pequeño acudirá a leer, a revisar su colección, sacará los libros que quizás ya no le interesen por su edad e irá incorporando nuevas lecturas.

7. La siesta. Volviendo al hábito de la tranquilidad, si enseñamos al niño a respetar nuestro tiempo de descanso, por ejemplo después de comer, seguramente le apetecerá leer o bien para coger el sueño también, o bien para aprovechar un rato de silencio cotidiano en vivir aventuras y sentir emociones entre las páginas. Se trata de favorecer tiempos en que la lectura sea una alternativa atractiva.

8. Bueno o malo. Mentalizarse de que leer es positivo, aunque según nuestro criterio adulto o incluso especializado los gustos de nuestros hijos sean malos. No censurar sus lecturas, aunque sí revisarlas, acompañarles en su evolución lectora e interesarnos por sus intereses, valga la redundancia.

9. Ilustraciones. La lectura no se nutre solo de palabras, no es mejor un libro con mucho texto solo por eso. Existen álbumes ilustrados, libros gráficos, cómics interesantísimos que no solo ampliarán el horizonte lector de nuestros pequeños y jóvenes, sino que además activarán su imaginación, potenciarán su sentido del humor y su creatividad.

10. Diversión. Nada que esté ligado al imperativo aparece a priori como atractivo. Leer debe ser voluntario, al principio por supuesto guiado, una semilla que plantamos e irá creciendo al compás de nuestros hijos. Para ellos somos nosotros el mejor ejemplo. Quizás algunos seamos lectores sin haber visto a nuestros padres leer, pero el acceso libre a los libros y la confianza en el criterio infantil, juvenil condicionan la seguridad adulta. Si leer se establece como parte de nuestra rutina familiar, será difícil evitarla. Hacer de esa rutina algo divertido puede parecer una tarea difícil que, por contra, se instaurará sola en poco tiempo. 

Este decálogo, indudablemente, se podría ampliar, simplificar, modificar, seguramente es discutible y no absoluto. Sin embargo, me parecen fundamentales estas premisas para hacer de nuestros hijos unos lectores que, como enuncia la frase inicial, sean unos adultos pensantes. Al menos no tan manipulables, con capacidad crítica, con criterio y gustos propios, con léxico variado, ortografía asimilada... Y, en definitiva, con mayores recursos y más vida leída.

CDR

martes, 26 de mayo de 2015

VIAJE AL INTERIOR

Vamos apurando ya mayo, parece que fue ayer cuando empezó. Aún es martes, quizás con el trabajo no tenemos tanto tiempo de leer y con el buen tiempo preferimos salir a dar un paseo antes que sentarnos con un libro. De todas formas, nunca viene mal tener preparadas buenas lecturas para cuando el cuerpo nos lo pida o el quehacer diario nos lo permita. Vale la pena la propuesta de hoy:



No es desconocido el talento de José Luis de Juan (Mallorca, 1956), autor de relatos, novelas, poesía, ensayo, crítica literaria. Titulado además en Derecho y Ciencias de la Información. Ya a los diecisiete años ganó un premio por un cuento sobre Hemingway, pero no fue hasta dos décadas después cuando empezó a publicar, El apicultor de Bonaparte, La mano que formula el deseo, Este latente mundo o Sobre ascuas, en novela; el ensayo Incitación a la vergüenza, entre otros; Versión del este, en poesía; en incluso algún libro de viajes, como Campos de Flandes. En la actualidad colabora asiduamente en prensa escribiendo sobre literatura y viajes.

Un poema de Robert Graves, concretamente sus versos finales, inspira el título de esta la séptima novela del escritor mallorquín: La llama danzante. Y aunque parezca una simple anécdota, unas pocas líneas en la obra, resulta revelador al final, conocida la lucha interna de los personajes y el propósito de amor que a los protagonistas mueve de no mirar nunca atrás, inevitable casi siempre.

Juan, un historiador y fotógrafo mallorquín, y Lotte, una guionista alemana, emprenden viaje por Arizona y California en un viejo Chevrolet prestado. Ambos están separados, tienen hijos de la anterior relación y, tras varios años juntos, siguen luchando por mantener viva la llama de su amor, intentando olvidar la huella que otras personas dejaron en sus vidas. Este viaje supone el postrer intento de enderezar su incierta vida juntos. Mientras él fotografía los paisajes desérticos y visita las misiones fundadas por Fray Junípero Serra, ella escribe el guión para su próxima película. Este trayecto no solo será físico, sino que supondrá un verdadero viaje al interior, una búsqueda de la propia identidad. Juan ya había viajado con su esposa e hijos a la misma zona y con esta premisa se van introduciendo una serie de flashbacks que comportan también un viaje en el tiempo. Pues Lotte, por su parte, se encuentra con una amiga del pasado, Sylvia, personaje que viene a ser el contrapunto, la piedra en el zapato de la idílica relación de la pareja. En eso basa el autor su argumento, en una road novel conjugada con una fenomenal historia de amor y de pasión. Efectivamente, el erotismo es uno de los ingredientes de esta intrépida novela que incluye notas del género negro, además de reflexiones sobre la amistad, la confianza, el ser uno mismo, la soledad. Una mixtura de lirismo, intriga, diálogo con el pasado y ansias de vivir el presente.

Premiada con el Camilo José Cela de la Ciutat de Palma de novela 2012, en esta novela José Luis de Juan maneja con maestría diferentes tramas, distintos tiempos y texturas narrativas para conformar una perfecta sinfonía que cautiva al lector y le acompaña por este singular recorrido. Como una novela de viaje se podría considerar La llama danzante, no en vano aparece exquisitamente publicada en la colección “paisajes narrados” de la editorial Minúscula. Las imágenes que consigue el mallorquín son extraordinarias, fundiendo la orografía del paisaje con la propia piel de los protagonistas. Por otra parte, la galería de personajes se completa con seres fascinantes, como Zeynel, un militante kurdo del PKK torturado por los turcos, establecido en Los Ángeles; la delgadísima, promiscua y sensual Sylvia, poetisa que recuerda a la Plath; los secundarios Hansel y Gretel, hijos de Lotte; su impresentable marido, Franz; o la omnipresente Berit, amiga íntima de la alemana, que se suicidó dejando un halo de misterio.

En cuatro bloques se estructura la novela, identificados con las etapas del viaje. El primero, “Cactus”, se centra en el recorrido por el desierto de Arizona y su título sugiere las imágenes de Lotte desnuda que Juan tomará entre las agresivas plantas en el desnudo paisaje. No tiene desperdicio la persecución por parte de dos fornidos camioneros para conseguir los favores sexuales de la pareja y el posterior encuentro violento en el casino. El segundo bloque, “Los Ángeles”, narra las peripecias de los protagonistas en la capital californiana, donde compartirán mucho de su tiempo con el amigo Zeynel y su entorno. En cuanto a “Temblores”, la tercera parte, hace referencia a los terremotos sufridos en California por el protagonista en el pasado cuando visitó la zona y en la actualidad acompañado por Lotte y Sylvia, resultando herida esta última. En este punto, los temblores resquebrajan de alguna forma la confianza de la pareja. Se ponen en evidencia más que nunca las diferencias que los separan, la edad, el origen, el cosmopolitismo de Lotte frente a la añoranza por el pueblo de la infancia de él. Y finalmente, el cuarto bloque, “San Marcos”, cuenta la parte del viaje que Juan hace solo por San Francisco, pasando por las peligrosas tierras fronterizas mexicanas. Tras un encuentro con policías corruptos en una pelea de gallos, nadar en el océano abierto contra furiosas olas y conocer a los horribles manatíes de la laguna de Chápala, el protagonista consigue ponerse a salvo de todo, incluso se diría que de sí mismo. El desenlace queda totalmente abierto, como si algo tan amplio, tan complejo como lo tratado no se pudiera concluir de forma alguna, es el propio lector el que debe imaginar el destino de Juan, que parece haber quedado suspenso en un paraíso californiano con Jesús y su dulce hermana Lucía.

Dueño de una prosa magnífica, José Luis de Juan logra el equilibrio perfecto entre acción y descripción, fluidez y lentitud a lo largo de esta novela que destila elegancia, saber hacer, sobriedad y estilo. Un escritor con una personalidad propia, capaz de analizar la complejidad del mundo, las relaciones humanas desde un punto de vista original, sin ajustarse a tópicos o convenciones, narrando en tercera persona, en un tono distante, una ficción con visos de realidad. Mezclando viajes y literatura, lo cierto es que La llama danzante nos conduce por un recorrido de vértigo a nuestra búsqueda personal.

¡Feliz lectura!

CDR

miércoles, 20 de mayo de 2015

QUÉ MÁS QUISIERA

Hoy conozco la noticia de que se ha otorgado el Premio Princesa de Asturias de Comunicación y Humanidades a Emilio Lledó (Sevilla, 1927), pocos meses después de recibir el Nacional de las Letras por su dilatada trayectoria como referente intelectual y ético.

Recuerdo una entrevista suya que escuché en la radio, en mis viajes en coche hacia el trabajo, quizás con motivo de alguno de sus merecidos premios, en la que se le preguntaba sobre su papel como filósofo. Lledó contestó que qué más quisiera él que conocer el significado de la justicia, el significado de la amistad, del bien y del mal... qué más quisiera él que ser filósofo. Pues tendrá que aceptarlo, porque así justamente se le reconoce y se le premia por ello una vez más. No en vano es catedrático de la Historia de la Filosofía y ha dedicado muchos años a su enseñanza.

Su trabajo intelectual se mueve entre la interpretación de textos claves de la historia de la Filosofía, con especial mirada a los diálogos de Platón y la ética de Aristóteles y la meditación teórica sobre esta labor interpretativa. Todo ello con una especial atención al lenguaje. Desde 1993 es miembro de la Real Academia Española de la Lengua y entre sus publicaciones destaca Filosofía y lenguaje (1971) y Lenguaje e historia (1978). También el balance La filosofía, hoy (1975). En los 80 llegó su monografía El epicureísmo, muy reeditada. Su ensayo El silencio de la escritura obtuvo el Premio nacional de Ensayo.

A los 87 años, una mente lúcida y crítica, no se abstiene de opinar sobre la situación actual: un país que pone la economía por encima de los valores fundamentales, anda por mal camino. Las Humanidades, según Lledó, sirven para explicarnos, para mejorarnos, para mirarnos en el espejo y no avergonzarnos. Qué más quisieran muchos.

CDR

lunes, 11 de mayo de 2015

ERES...

Eres el viento soplando.

Eres la nieve brillando bajo el sol.

Eres la lluvia regando el campo.

Eres el pájaro que trina en la mañana.

Eres la estrella que tilila en el cielo.


Porque no moriste...

Solo te fuiste antes.


No voy a recordarte con lágrimas

como aquel que no tiene esperanza.


Porque no moriste...

Solo te fuiste antes.

Aunque tu cuerpo no esté,

siempre sentiré tu presencia.

Eres el silencio de nuestro hogar.

Eres la brisa que acaricia nuestros rostros.

Eres un dulce recuerdo.

Eres una bonita página en nuestra memoria.


Porque no moriste...

Solo te fuiste antes.


(Dos años. Y para siempre, Olga)
CDR

sábado, 18 de abril de 2015

AMORES EN LA MITOLOGÍA (VIII)

Hoy es un buen día para narrar una historia de amores marinos dentro del Olimpo de los dioses.

Hijo de Rea y Cronos, al igual que Zeus y Hades, Poseidón recibió como herencia el reino de los mares. La historia de Poseidón es rica en acciones legendarias, fue uno de los primeros en plegarse a Zeus en la batalla contra los Gigantes. También conspiró contra Zeus junto a Hera y a Apolo, por lo que fue castigado a trabajar en la construcción de las murallas de Troya. Pero en sus dominios marinos, su poder no era discutido y manejaba a su antojo las corrientes, los vientos y las tempestades.

Si bien no destacó tanto en amoríos como su poderoso -e insaciable- hermano dios del rayo, Poseidón tampoco fue esquivo a la llamada de Eros, cayendo en las redes de la pasión numerosas veces. Y por supuesto, recurrió al rapto, como tantos otros dioses, para conseguir pareja. De hecho, así fue el principio de su matrimonio con Anfítrite.

Cuenta el mito que:

"Anfítitre era una ninfa perteneciente al conjunto de hijas de Nereo y Dóride. Un día, la hermosa joven se hallaba junto a otras Oceánidas divirtiéndose en la isla de Naxos, cuando el dios del mar la observó y quedó completamente prendado de su belleza. Anfítrite percibió la mirada del dios y, temerosa de su reacción, se sumergió en el mar, alejándose presurosa, más allá de las columnas de Heracles. Como se puede imaginar, Poseidón no se resignó a semejante desplante y envió a un delfín para que se la encontrase. El delfín cruzó las aguas, buscando sin pausa el objeto del amor de su amo y por fin halló a la ninfa extenuada de su huida. Indefensa, Anfítrite rindió sus fuerzas y dejó ser cargada a lomos del pez para afrontar su destino. El regreso del delfín regocijó a Poseidón, ansioso por unirse a la bella ninfa. Tal fue su alegría que decidió que desde entonces los delfines ocuparían un puesto privilegiado en su reino.



El casamiento entre Poseidón y Anfítrite tuvo lugar de inmediato, en el fabuloso palacio submarino del dios, rodeados de seres escamados y prodigiosos, y en medio del fasto que tal ocasión merecía. El tiempo confirmaría que no era este un capricho pasajero del dios; siempre que se presentaba al dios del mar aparecía junto a él su esposa, de pie en la cuadriga que este conducía, acompañada de delfines y otras criaturas marinas. Muy pronto dio fruto la unión del dios y la ninfa, nació Tritón, un niño con torso y rostro humanos, pero con los costados cubiertos de algas, y en lugar de extremidades inferiores lucía una gran cola de pez."

No obstante, por más que fue la esposa visible en el Olimpo, Anfítrite tuvo que pelear continuamente contra las infidelidades de su marido (Escila, Halia, Medusa, Amimone...), basta decir que la mayoría de los hijos de Poseidón fueron extramatrimoniales. El adulterio estaba a la orden del día, desde luego.

Por otra parte, digno hijo de su padre, sobrino de su tío... heredero de los dioses, Tritón era muy aficionado a perseguir jovencitas. Pero esto es historia para otro día.

Los amoríos divinos hay que dosificarlos.

CDR

sábado, 21 de marzo de 2015

SOY MAMI: EL PARTO ES NUESTRO

Hace un tiempo se me pasó por la cabeza crear un nuevo blog para escribir sobre las inéditas inquietudes que me están surgiendo a raíz de la maternidad. Pero, por otro lado, me dije "estás loca", si casi no puedo ya con un blog, cómo voy a manejar dos. La idea surgió por el hecho de no saturar mi "Va de letras" con temas que quizá a la mayoría de mis seguidores (si es que aún me queda alguno) no les interesen. Sin embargo, seguí pensando y llegué a la conclusión de que puesto que en la propia descripción del blog dice "Blog personal de una géminis atípica. Palabras y más palabras", no se trata de una página concreta de nada y en ella puedo escribir sobre todo lo que tenga que ver conmigo y la cosas que me pasan por la cabeza.

En definitiva, todo este rollo es para inaugurar esta nueva sección "Soy mami", en la que hablaré, como ya he explicado, de temas que me interesan como mamá. Y qué mejor manera de empezar que tratando el parto, ya que es precisamente lo que hace efectiva la maternidad.

Es evidente que hemos llegado hasta aquí, a través de miles de años de evolución, gracias al perfecto mecanismo que se pone en marcha desde la concepción hasta el alumbramiento. No podemos negar que somos mamíferos y que, como tales, las mujeres estamos diseñadas y preparadas para parir. Sin embargo, la llegada de la tecnología en nuestras vidas a partir del siglo XVII (hace cuatro días, como aquel que dice), ha terminado por afectar a nuestros ciclos biológicos. Y de una manera muy especial, y preocupante, al nacimiento humano y, por tanto, a la mujer. Por poner un ejemplo, el número de cesáreas en la actualidad es alarmante, según la OMS (y España va a la cabeza), de manera que una operación que debería ser salvífica (gracias al desarrollo de la medicina) se ha convertido en un acto banal, al que muchas mujeres son sometidas sin ser informadas de sus riesgos. Muchas cesáreas no están asociadas a necesidades médicas, sino a un mal entendido "parto sin problemas". Por otro lado, también se produce un abuso de la anestesia, que solo debería usarse en caso de ser necesario y no generalmente, publicitando un parto sin dolor, porque la epidural afecta al bebé y al proceso natural de trabajo de parto para la madre. Y así, podríamos extendernos al uso de la oxitocina sintética y algunas maniobras que son peligrosas y sin embargo se practican asiduamente en los paritorios. Como también es muy dudosa la postura en la que se obliga a las mujeres a parir, pues esta no favorece el proceso sino que se ajusta a la facilidad que tendrá el obstetra para acceder al canal del parto. Y un (demasiado) largo etcétera. De tal manera que un fenómeno natural femenino que ha supuesto durante milenios la reproducción humana, se ha visto en los últimos años medicalizado e instrumentalizado hasta el extremo de que las mujeres hoy temen al parto, creen que no son capaces de dar a luz sin anestesia e incluso algunas ansían (e incluso piden voluntariamente) una cesárea. Sin embargo, en la actualidad cada vez más mujeres estamos haciéndonos conscientes de esta realidad, informándonos antes de dar a luz, algunas por desgracia traumatizadas después de un parto en el que han sido sometidas a lo que no puede denominarse de otra forma que violencia obstétrica, y se está produciendo un cambio hacia un parto más humanizado. Porque el embarazo, el parto, no son procesos patológicos y, más allá del seguimiento rutinario para comprobar que todo va bien, no deberían aplicarse técnicas invasivas si no fuese estrictamente necesario para salvaguardar la vida de la madre y/o del bebé.

Si las indicaciones del parto son buenas, la mujer parturienta solo necesita acompañamiento, que se priorice y se cuide de la vulnerabilidad psicológica del momento y se apoye el momento único y sagrado de dar a luz una nueva vida, teniendo en cuenta que tal instante sea lo menos traumático posible también para el recién nacido, dejando que el cordón umbilical siga latiendo unos minutos, sin separarlo de su madre, favoreciendo el piel con piel y el inicio inmediato de la lactancia. El bebé sabe cuándo tiene que nacer, debido a una compleja danza hormonal coordinada por la hipófisis, y la madre está, como se ha dicho, perfectamente preparada para soportar el trance. La medicalización del parto y el modo patriarcal e intervencionista que se practica interfieren en un delicado proceso biológico cuyo equilibrio afecta a numerosos aspectos de ese nuevo estado de la madre y del neonato.

Y aquí dejo la exposición teórica, creo que ha quedado bastante claro lo que quiero decir. Es un tema muy extenso que me tiene muy removida, he conocido últimamente historias espeluznantes que se producen a diario en nuestros hospitales, de mujeres que son relegadas de su propio parto y poco menos que violadas en el potro, despojadas de su dignidad y privadas de la esencia de nuestra naturaleza animal en pro de una asepsia más que discutible.  No busco polémica al escribir sobre esto, estoy informada y sé lo que digo. Habrá de todo, por supuesto, pero esta es la tendencia predominante. Y cuando los colectivos sanitarios se movilizan ante la aparición de alternativas (seguras y elegidas libremente por mujeres empoderadas), es por el miedo a perder el control, a que nos demos cuenta masivamente de que el parto es nuestro.

...

Hace cinco meses y medio que di a luz en el hospital comarcal La Inmaculada de Huércal Overa (Almería). Llevo desde ese mismo día queriendo contar mi experiencia y agradecer el trato recibido, pero el tiempo pasa muy deprisa y se consume increíblemente con un bebé en casa. No obstante, no quiero dejar de hacerlo porque para mí sigue teniendo mucho sentido. A día  de hoy estoy mucho más informada que en ese mismo momento sobre cómo debe ser un parto y sobre qué se debe esperar del personal que lo atiende, y por eso mismo he de escribir sobre esto, porque tuve la gran suerte de ser tratada en todo momento con humanidad y fui respetada en mis decisiones. En mi caso, yo no hubiera podido prescindir del hospital porque mi embarazo fue de riesgo a partir de la semana 25, tampoco es lo que quería. Pero cuando se acercaba el momento de salir de cuentas, sí estaba segura de que no quería que me indujesen el parto, ni me pusiesen epidural, quería un parto natural si fuese posible. Y así fue. Pude estar tranquila en la sala de dilatación (de pie, paseando, como me sintiese más cómoda) con mi marido hasta que llegó el momento, no se me coaccionó para tomar medicamentos, aunque se me ofreció la posibilidad, no se me trasladó al paritorio porque todo iba bien, y di a luz a mi hijo sin más mediación que la ayuda inestimable del matrón que me atendió. De inmediato me pusieron al niño sobre el pecho, dejaron el cordón hasta que el mismo papá lo cortó, me preguntaron respetuosamente si iba a darle lactancia materna y me apoyaron con las dudas y problemas que me surgieron con la misma. Estuve con mi niño encima durante dos horas y lo que pasó después, la intervención a la que tuve que someterme y que recuerdo como una tortura, nada tiene que ver con un parto no respetado. Al contrario, agradezco la preocupación de la matrona que descubrió que algo no iba bien y del ginecológo que lo solucionó, por muy doloroso que me resultase.

Este breve resumen no alcanza quizás a explicar el buen trato recibido y la profesionalidad de todo el personal de ginecología que me atendió durante el embarazo y el parto. No puedo nombrarlos porque me dejaría a alguien y porque tampoco conozco todos los nombres, pero sí conservo algunos (por haber coincidido varias veces o por su especial ocupación conmigo) y todos los rostros de aquellos que me acompañaron en esta experiencia única e inolvidable.

Aunque parezca una contradicción la primera parte de esta entrada con la segunda, no, es precisamente eso lo que pretendo expresar, que es posible conjugar el avance médico con la preservación de los procesos naturales e instintivos. Y que a veces, donde menos te lo esperas, existe un hospital respetuoso que echa abajo la mala fama alimentada por la mayoría.

Puede que ahora sea más radical que hace cinco meses, conozco otras opciones y a otras personas que han enriquecido mi visión, pero creo que si tuviera otro hijo, desearía tenerlo en el mismo hospital.

CDR

jueves, 19 de marzo de 2015

DECEPCIÓN

Yo, la primera,
me culpo
de esta gran decepción.

Porque las palabras
se las lleva el viento,
porque de boquilla
todos somos buenos.
Dijimos, prometimos...

Porque la vida sigue,
pero no para todos igual,
porque la soledad pesa,
algunos actos duelen
y el rechazo hiere.

Indiferencia,
cada uno a lo suyo...
Tú, ella, él, yo,
todo nuestro alrededor.
¿Es eso lo que se esperaba de nosotros?
Creo que no.

Las flores en vida, por favor.
Promesas cumplidas.
Dar lo que recibimos.
Enseñar a nuestros hijos.
...

Somos una gran decepción.

(O al menos así lo siento yo.)

CDR

martes, 17 de marzo de 2015

ESTRELLAS

Del latín stella, estrella es cada uno de los cuerpos celestes que brillan en el cielo, excepto la Luna. No es necesario brillar mucho para que se considere estrella a cualquier individuo que salga en televisión; el falso brillo ciega mucho.

Cualquier objeto formado por rayos que parten de un centro común o por un círculo rodeado de puntas también es un estrella. Y ese signo se ha convertido en indicador de la graduación de jefes y oficiales en las fuerzas armadas. Igualmente son estrellas las que nos indican la categoría de un establecimiento hotelero. A veces es muy importante alcanzar las estrellas.

Si alguien ha nacido con buen sino, con suerte, se dice que tiene buena estrella. También se utiliza como sinónimo de destino, hado, mi estrella me condujo a ti. Hay quien nace con estrella y hay quien nace estrellado, según la sabiduría popular. Por cierto, que si recibes un fuerte golpe y este te produce lucecillas en la visión, se podría decir que has visto las estrellas.

Además de las que aparecen cada noche en el cielo si está despejado, también puede verse ocasionalmente alguna estrella fugaz, repentina y veloz, se apaga pronto. Pide un deseo por si acaso antes de que se desvanezca.

Querer contar las estrellas es algo muy difícil, imposible, como lo será el empeño que a tal locución dé lugar. Usada en aposición -ya que estamos con la lingüística-, indica que lo designado por el sustantivo al que se pospone es lo más destacado en su género, proyecto estrella.

Más olvidada está la estrella de mar, Equinodermo cuyo cuerpo formado por placas calcáreas tiene esa forma, con cinco puntas.

Si tiene seis, será una estrella de David, símbolo del judaísmo y que ya nada tiene que ver con el mar.

Con caldo, que al fin y al cabo es agua, se puede cocer esa pasta de estrellitas que tanto gusta a los niños.

Qué confusión con estrellar, pues no es lo mismo el adjetivo relativo a las estrellas que estrellarse, hacerse pedazos, fracasar, chocar con otra opinión... ni freír un huevo. Otra cosa es estrellar sembrando de estrellas.



CDR

lunes, 9 de febrero de 2015

PARENTESCOS INSÓLITOS: TURBANTE Y TULIPÁN

Rebuscamos hoy en las raíces etimológicas de estas dos palabras a simple vista tan diferentes, para sorprendernos, una vez más, al descubrir la insólita relación que las une.

De buenas a primeras podríamos pensar que "turbante" es un adjetivo formado a partir del verbo "turbar", como "cantante" de "cantar", "ayudante" de "ayudar", etc. De hecho, los etimólogos españoles estuvieron durante años pergeñando posibles orígenes de esa palabra que designa el tocado típico de musulmanes e hindúes, a partir de una faja de tela enrollada en la cabeza. Por ejemplo, Covarrubias dice de éste que es "cobertura de cabeça de la qual usan los africanos y los demás moros y turcos; es una toca que va dando bueltas a la cabeça y se remata en punta; y assí se dixo a turbine, que es el remolino o el trompo, por tener la mesma figura." Casi ciento treinta años después, en 1739, Lope Hurtado de Mendoza anda ya tras la pista acertada cuando, en el tomo VI del Diccionario de Autoridades, afirma que "turbante viene de la palabra Dulbent o Tulbent,que en lengua turquesa significa según Menage la tela de algodón, que es de lo que se hacen."

Efectivamente, en turco moderno el turbante sigue llamándose tülbend, si bien están documentadas otras variantes como tülbant, tülbent o tulband, más próximas al nombre persa original dolband o dulband. Esta palabra llegó a nuestra lengua en el siglo XV a través del italiano turbante, que lo había tomado poco antes del turco durante los enfrentamientos bélicos con el Imperio Otomano en pleno auge.

Como acabamos de ver, el italiano nos dio la forma rb, pero en las fuentes de la época se documentan con facilidad las variantes más directas del turco, con sonido lb. Así, durante el siglo XVI hallamos en francés las formas turban (que se impondrá a la larga), turbant y tourbelon alternando con otras como toliban, tolliban, tulban y tolopan. Y algo parecido sucedió en alemán, donde Turbantas, Tarbentesi, Turbat y Turbant alternaron con Duliban, Tulbant y Tolopa; la principal diferencia es que en el caso del alemán ninguna de ellas se impuso, ya que a finales del siglo XVII, en plena influencia creciente del francés, el alemán importó de este idioma el vocablo Turban, que ha seguido usándose hasta hoy.

Por otra parte, y he aquí la curiosidad, también en turco parece haber existido otra variante tuliband o tupilant que dio nombre, por comparación de su forma con la de un turbante, a la flor que llamamos tulipán. El tulipán no sólo es el símbolo nacional de Holanda, sino también uno de los productos esenciales de su economía, puesto que ese pequeño país europeo exporta anualmente unos dos mil millones de bulbos de tulipán. Sin embargo, es poco conocido que esta flor no es originaria de Holanda y, aún más, que incluso llevó al borde de la ruina a la nación a mediados del siglo XVII.

Cien años antes, el tulipán se había difundido por Europa gracias al naturalista austríaco Conrad Gesner, pero fue en Holanda donde su cultivo causó auténtico furor, una verdadera "tulipanmanía" que describió muy bien Charles Mackay en su obra Memoirs of extraordinary popular desilusions and the madness of crowds" (1841): "La demanda de tulipanes de especies raras aumentó tanto en el año 1636 que se crearon mercados para su compraventa en la Bolsa de Amsterdam, así como en Rotterdam, Haarlem, Leiden, Alkmar, Hoorn y otras ciudades [...] Al principio, como en todas estas manías de juego, la confianza estaba en su punto culminante, y todo el mundo ganaba. Los traficantes de tulipanes especulaban con el alza y la caída de las existencias, y obtenían cuantiosos beneficios comprando cuando los precios bajaban y vendiendo cuando aumentaban. Muchas personas se hicieron ricas súbitamente. Un cebo de oro pendía tentador ante los ojos de los hombres que,uno tras otro, corrían hacia los mercados de tulipanes como las moscas a un panal de rica miel [...] Nobles, burgueses, granjeros, peones, marinos, lacayos, sirvientas e incluso deshollinadores y traperas especulaban con tulipanes. Personas de toda condición liquidaban sus propiedades e invertían el producto en flores. Se ofrecían a la venta casas y campos a precios ruinosamente bajos, o bien se entregaban como pago en las transacciones efectuadas en el mercado de tulipanes."

En los documentos de la época hallamos ejemplos increíbles de las cifras astronómicas que llegaron a pagarse por los bulbos de tulipán. La especulación "tulipánica" alcanzó su momento culminante  en enero de 1637. Al parecer, en el transcurso de dicho mes los precios se multiplicaron por veinte. Los especuladores más espabilados empezaron a vender, y un sentimiento de pánico se apoderó de la sociedad holandesa. De repente, los antiguos propietarios se encontraron sin sus propiedades anteriores y en posesión tan solo de un producto carente de todo valor intrínseco, que nadie quería comprar. La economía holandesa, una de las más prósperas y estables del mundo hasta ese momento, quedó destrozada por la inflación y la posterior depresión, que duró años.

En fin, no es que nos interesen ahora las repercusiones económicas del tulipán; toda esta historia es para aclarar más bien sus repercusiones léxicas. Así, es interesante destacar que el latín botánico usó equivocadamente el sustantivo Tulipa para dar nombre al género de estas plantas, pues los sabios de la época interpretaron por error el nombre tulipan como si fuera un acusativo latino, y asumieron que el nominativo era tulipa. Ello explica el nombre actual del tulipán en francés, tulipe, y, lo que tiene aún mayor trascendencia para nosotros, que en español llamemos tulipas, a imitación del francés, a las pantallas de vidrio de algunas lámparas, con forma parecida a la de un tulipán.

La lengua nunca deja de sorprendernos.

CDR 

jueves, 22 de enero de 2015

LA HUIDA

Jueves, en este tramo final de enero frío y ventoso, retomamos las recomendaciones de lecturas con una interesante novela, original, muy apropiada para un fin de semana de invierno.

  
En el vasto panorama narrativo actual despunta Lara Moreno (Sevilla, 1978), autora de varios libros de relatos y poemarios; algunos de sus cuentos aparecen ya en antologías del género. Por si se va la luz es su primera novela, por la que ha apostado la editorial Lumen con gran acierto. Elegida Nuevo Talento de Literatura FNAC. Una escritora emergente que tiene mucho que decir. 

Movida por la preocupación y el miedo ante una realidad que pretendemos ignorar, como es el cambio climático, Lara Moreno propone una huida, una vuelta a los orígenes, la búsqueda de una vida más simple, que al mismo tiempo será más dura, por la sordidez que supone volver a enfrentarse a los elementos para una pareja de treintañeros urbanitas: Martín, un investigador comprometido con el medio ambiente y Nadia, una sensible y excéntrica artista. La abstracción, lo indeterminado juegan un importante papel en esta novela, pues el nombre del pueblo en el que se aíslan nunca se menciona –es simplemente un lugar en alguna parte, como una nada– y la autora juega sutilmente con indicios apocalípticos de una sociedad hipertecnológica e hiperconsumista, que abarrota el planeta con sus residuos. En el pueblo al que llegan Nadia y Martín, acompañados por una supuesta organización que se dedica a eso, tienen, por el momento, agua, luz eléctrica y poco más. Ellos llegan con lo básico y deberán aprender a sobrevivir con su trabajo en la tierra y por medio del trueque con los otros habitantes y unos gitanos que se acercan periódicamente para abastecerlos. El hecho de que Nadia compre una antigua máquina de escribir antes del viaje representa una metáfora del abandono absoluto de la tecnología, un retroceso, un reto para las convicciones personales. Y a la vez, un gesto que habla de los hábitos adquiridos, la máquina es para que Martín siga escribiendo, “por si se va la luz”. Como si eso tuviera alguna importancia allí a donde van.

Se trata de una novela coral en la que cuatro de los personajes (Nadia, Martín, Enrique y Damián) se alternan para contar en primera persona sus vivencias y otros tres (Elena, Ivana y Zhenia) tienen voz a través de un narrador omnisciente. La verdadera acción de la novela transcurre en el interior de los personajes. ¿Y no es así como ocurre en la vida misma? Vivir no es más que una serie de encuentros y desencuentros, con los demás y sobre todo con nosotros mismos. Así, el tema de la soledad vertebra toda la narración. El pueblo es una isla, rodeado de bosques, y en realidad cada uno de los personajes es una isla, víctimas del hastío, nada les motiva. Huyendo de la rutina y buscando romper las reglas del tiempo y de la propiedad, a veces se encuentran sumidos en esa misma espiral de tedio. Lo que intenta hacer Lara Moreno es algo tan ambicioso como indagar en la condición humana. Desde Damián y Elena, los más viejos del lugar, hasta la niña Zhenia, hace un repaso por todos los sentimientos, emociones, estados y preocupaciones del ser humano. Aunque en la galería de personajes que forman Por si se va la luz todos ellos quedan perfectamente perfilados y expuestos, aunque es una novela de protagonista múltiple, sin secundarios, Nadia destaca sobre todo por su conflicto interior, por su fuerte personalidad que la arrastra a seguir a Martín en contra de sus principios por pura cabezonería, porque en realidad no se encuentra a gusto en ningún sitio, porque no admite que huye de sí misma, y observa la situación y a los demás con cierta prepotencia. Poco a poco su frivolidad se irá apaciguando, como todos los personajes encontrará algo a lo que aferrarse.

No se trata en modo alguno de una visión idílica del campo como contraposición a la ciudad. En este sentido se podría relacionar con una tendencia literaria actual hacia el tema rural (Belfondo, de Jenn Díaz o Intemperie,de Jesús Carrasco), que sería una simple coincidencia generacional promovida tal vez por la situación presente de crisis, de cierta sensación de desbordamiento ante el progreso de las nuevas tecnologías y la acción imparable del ser humano sobre la Tierra. Más allá de las líneas de Por si se va la luz subyace una amplio bagaje lector por parte de la escritora. Enrique y Nadia comparten en un momento dado el amor por los libros y se producen una serie de encuentros literarios en los que se citan libros y autores. No son casuales las alusiones a Kapuściński o a Sylvia Plath, entre otros. La literatura se convierte de pronto en algo vital. Para ella porque ya no tiene otro entretenimiento, no comprende cómo antes podía estar tanto tiempo delante del ordenador o chateando con sus amigos. Para él, una vuelta a algo que ya casi había olvidado.

Con una prosa que roza en ocasiones la prosa poética, aunque siempre clara y directa, las escenas más bellas y sutiles se combinan con otras de extrema crudeza, la escritora sevillana sorprende con un relato de trama casi inexistente que se aferra a la fuerza del paisaje y de los personajes para desarrollar el argumento. Inquietud, desasosiego, miedo, para una narración cruda e intensa que hará partícipe al lector de esas mismas sensaciones. Sin embargo, existe un punto de esperanza. La aceptación, el perdón, la muerte como algo natural despojada de todo drama, el anuncio de una nueva vida. La novela se divide en dos partes: Invierno y Verano, lo que tiene que ver con lo radical de la historia, pues ambas son las dos estaciones más extremas. El frío y el calor pondrán a prueba a los personajes. Al final, un breve epílogo no para cerrar el relato, sino para dejarlo abierto y que el lector siga planteándose preguntas una vez terminado el libro.

Lara Moreno pretende cuestionar la vida en la ciudad, la situación límite en que nos encontramos, pero no trata de política ni critica nada; no ha inventado una historia de ciencia ficción para anunciar el fin del mundo, ni ha creado un sitio exótico ni extravagante. Simplemente ha ubicado a sus personajes en un pueblo abandonado, que puede ser cualquiera de los miles que hay en España –que no nos quedan tan alejados, tan ajenos como pretendemos– y les ha hecho tomar una drástica decisión que tendrán que asumir hasta sus últimas consecuencias. Una excusa perfecta para hablar de las ganas de huir, aislarse, llegar a un lugar del que nunca se vuelve.

¡Feliz lectura!

CDR

martes, 20 de enero de 2015

FELICIDAD VS. REALIDAD

Hace unos días leí en ABC una entrevista al filósofo navarro Gregorio Luri, a propósito de la publicación de su libro Mejor educados. Me llamó la atención el titular: "Los padres que quieran hijos felices tendrán adultos esclavos de los demás."  Como no dejo de pensar en ello, aquí les expongo mi reflexión.

Esta contundente afirmación me da mucha pena. Porque, ¿no es la felicidad lo que todos los padres soñamos y buscamos para nuestros hijos? Pues según este señor, la felicidad solo se puede conseguir a través de la idiocia -les aclaro, deficiencia muy profunda de las facultades mentales-. Y es que ahora resulta que la felicidad no existe, solo momentos puntuales de alegría. Pero no debe preocuparnos, no es que estemos condenados a la infelicidad, porque lo contrario de la felicidad simplemente es la realidad. Parece un trabalenguas, sin embargo, es sencillo: vivir con los pies en la tierra es incompatible con ser feliz, solo puede ser feliz aquel que vive en un mundo ideal, fantástico, imaginado ("un mundo de teletubbies", según Luri.)

No hay duda de que la vida es compleja, es dura. Pero, ¿acaso es incompatible la valentía de afrontar la vida tal como es con la búsqueda de la felicidad? Según este filósofo sí. Y entonces llegamos a lo que creo que lo explica todo: "la sociedad no va a medir a nuestros hijos por su grado de felicidad, sino por lo que saben hacer." Es decir, llegamos a la triste realidad de una sociedad competitiva y cruel que no fomenta personas, sino autómatas altamente cualificados. Viva la profesionalidad, abajo la emotividad, como polos de una dicotomía inquebrantable. Y por favor, "desconfíe del profesor que quiera hacer feliz a su hijo", no es más que un idiota en busca de una utopía. Nosotros aquí persiguiendo la felicidad mientras en China se prepara (martiriza / abusa) a los jóvenes para ser feroces en el mercado escolar y laboral. Bonita idea del mundo como un gran circo romano donde los leones se meriendan a los ingenuos gladiadores. Más disciplina es lo que hace falta, pero férrea, como en la "escuela tradicional", y dejarse de tontunas como la creatividad y la diversidad.

Para cerrar la entrevista y derivar su argumentación hacia un puerto seguro (ganar adeptos a su terrible exposición), habla Luri de las redes sociales. Y es cierto que la gente proclama alegremente su felicidad, pone fotos en momentos alegres, fiestas, reuniones... Cuando todos tenemos preocupaciones, ¿qué sentido tiene este alarde de falsa felicidad? Bueno, esto daría para otra entrada. No soy muy partidaria de las redes sociales tal como son usadas por la mayoría, pero es que a este hombre parece que le da alergia cualquier manifestación jovial. Y si él cita en última instancia a Herodoto cuando dice que "nadie puede considerarse feliz hasta el día de su muerte", yo opino que el filósofo navarro parece estar muy conectado con la corriente ascética, contraria a todos los placeres... aunque no creo que en su versión mística.

Y es que la felicidad no es un término absoluto, porque está claro que hay momentos duros, decepciones, fracasos... La vida no es un camino de rosas, vamos. No obstante, me parece importante fomentar en nuestros hijos y alumnos la resiliencia, que alude a la capacidad humana de sobreponerse a situaciones adversas, y la empatía, para poder identificarse con los demás y no creerse el ombligo del mundo. Estaría bien, a mi parecer, que los niños y jóvenes entendieran la felicidad de otra manera, no como la respuesta a las complejidades de la vida (lo cual evidentemente genera frustración), sino como el disfrute de las pequeñas cosas, de los momentos irrepetibles que se producen cada día, como llegar a ser uno mismo, aceptarse, luchar por mejorar y alcanzar la meta fijada de una forma respetuosa, dando siempre lo mejor, pero sin tener que cargarse a nadie por el camino.

De paso, no estaría mal que algunos adultos lo tuvieran claro también. Pero solo es mi opinión.

Y para que no se me acuse de sacar las cosas de contexto o de haber interpretado mal lo leído, o para que se me acuse con conciencia de causa, aquí les dejo el enlace para acceder a la entrevista:

http://www.abc.es/familia-padres-hijos/20150112/abci-educacion-felicidad-gregorioluri-201412231135.html

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CDR

lunes, 19 de enero de 2015

HISTORIA DE LA CORBATA

La corbata es una prenda utilizada en todo el mundo.

La corbata es símbolo de distinción.

Pero, ¿conocen su historia?

Curiosamente (aunque quizá no tanto si atendemos a la similitud de las palabras), el origen de la corbata tiene que ver con la historia de Croacia. Nos remontamos al año 1635, fecha en la que miles de soldados croatas acuden a París para apoyar al cardenal Richelieu y al rey Luis XIII. Lo más característico de estos milicianos era su atuendo, pues llevaban al cuello un echarpe anudado de una peculiar forma. Los franceses se fijan en este pañuelo y lo incorporan a su vestimenta, poco a poco se va convirtiendo en una prenda clasista, siendo usada por los funcionarios para dar un toque elegante. Es aproximadamente en 1650 cuando se hace oficial el uso de esta prenda, que obtiene un tremendo éxito en la corte de Luis XIV. Será llamada un croate de la.

Con el tiempo, este complemento se va convirtiendo en un símbolo de la élite de toda Europa hasta llegar a América a través de las colonias europeas. Aunque durante la Revolución Francesa, se convierte en insignia de la aristocracia y pierde su valor en el pueblo. En un principio los revolucionarios llevaban la corbata negra y los contrarios a la revolución la portaban blanca.

En el Siglo XVII, la corbata ya ha llegado a Inglaterra, y el modisto Lord Brum-mel alcanzó fama mundial por realizar clases durante una hora de cómo anudarse la corbata, para ello contaba con dos asistentes que lo ayudaban. Se inauguró así el "arte de anudarse la corbata", creando hasta cien nudos diferentes.

Será a mediados del Siglo XIX cuando se vuelva a utilizar en muchos niveles como bandera de la elegancia gracias al dandysmo, movimiento que se da en la sociedad en la que la apariencia es muy importante.

En la década de los años 20 del siglo pasado, Jesse Langsdorf hace suyo el modelo de la actual corbata dotando a esta prenda con preciadas sedas, estampados y colores.

Y volviendo a su origen, hoy en día en casi todas las ciudades de Croacia se pueden adquirir corbatas, claro, pero una de las cunas de este atuendo es Zagreb. Aquí la compañía Kravata-Croata fabrica miles de corbatas para exportar a todo el mundo, su calidad es espectacular, utilizan las mejores sedas italianas para su confección y se realizan a mano. Muchas de las corbatas se realizan con motivos de la historia de Croacia, y en la mayoría de las ocasiones se presentan con un librito que explica los símbolos de la misma, convirtiéndose así en un bonito regalo como recuerdo de la estancia en Croacia.

Además -para que vean que esto es más que una curiosidad sin importancia-, el 18 de Octubre se celebra en muchas ciudades croatas el Dia de la Corbata. Este día se celebra desde 2003, cuando se realizó, en Pula, la instalación de la corbata más grande del mundo, según el libro de los Guinnes, la llamada Kravata Oko Arena. Fue una corbata de 808 metros de largo por 25 metros de ancho, de color rojo.

Impresionante.

Incluso hay quien dijo: “Una corbata bien anudada es el primer paso serio de la vida." ¿Qué les parece?

CDR

miércoles, 14 de enero de 2015

MUJERES: LA CALDERONA

María Inés Calderón (Madrid, 1611 - Guadalajara, 1646) fue una afamada actriz de teatro de la época, apodada la "Calderona". Sin embargo, no ha pasado a la historia por su talento interpretativo, sino por su relación amorosa con el monarca Felipe IV (personaje de la realeza española al que más amoríos se le atribuyen, siendo este uno de los más sonados.)

María Inés fue abandonada siendo un bebé en la puerta de la casa del poeta y dramaturgo Pedro Calderón de la Barca, quien se hizo cargo de ella, la educó y le dio su apellido.


El rey la conoció en su debut teatral en un corral de comedias en Madrid, el Corral de la Cruz, a donde le gustaba escaparse, disfrazado, siendo un veinteañero, en 1627. Él quedó prendado de su belleza y pidió conocerla. Ella también estaba casada y, aunque era amante de Ramiro Núñez de Guzmán, duque de Medina, se enamoró del joven rey. Esta aventura real la obligó a abandonar los escenarios en pleno éxito. El enfado de la reina Isabel de Borbón, que sufría en silencio las aventuras amorosas de su esposo, cuando el rey cedió a María un palco de honor en la Plaza Mayor para asistir a las festividades, hizo que a partir de entonces, la mujer fuese situada en un lugar más discreto, concretamente en un balcón que la gente del pueblo bautizó como "balcón de Marizápalos", nombre de un antiguo baile que la actriz interpretaba en el escenario.

Dos años después de iniciarse este romance, vino al mundo el hijo de María y del monarca, que sería reconocido por su padre en la adolescencia y pasaría a la historia como don Juan José de Austria, con importantes puestos en la política española. A pesar de los deseos de la madre de estar al lado de su hijo, el niño fue al  poco tiempo entregado a una familia de confianza para que lo educase como un príncipe. Fue bautizado como "hijo de la tierra" (así se inscribían los hijos de padres desconocidos), siendo padrino un ayuda de cámara del rey. Juan José pasó los primeros años de su vida en León y allí fue confiada su educación al poeta Luis de Ulloa.

Tras el nacimiento de su hijo, la relación se rompió, pero la Calderona siguió en Madrid hasta que en 1642 se le ordenó ingresar en el monasterio benedictino de San Juan Bautista, en Valfermoso de las Monjas, Guadalajara. Allí fue abadesa entre 1643 y 1646, año en el que falleció. Cuenta la leyenda que la mujer huyó a morir a unas montañas situadas al norte de Valencia.

Otra mujer más que dejó su huella en la historia. Madre del hijo de un rey. Inmortal por siempre en las bellas cumbres de la sierra que lleva su nombre.

CDR