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martes, 26 de mayo de 2015

VIAJE AL INTERIOR

Vamos apurando ya mayo, parece que fue ayer cuando empezó. Aún es martes, quizás con el trabajo no tenemos tanto tiempo de leer y con el buen tiempo preferimos salir a dar un paseo antes que sentarnos con un libro. De todas formas, nunca viene mal tener preparadas buenas lecturas para cuando el cuerpo nos lo pida o el quehacer diario nos lo permita. Vale la pena la propuesta de hoy:



No es desconocido el talento de José Luis de Juan (Mallorca, 1956), autor de relatos, novelas, poesía, ensayo, crítica literaria. Titulado además en Derecho y Ciencias de la Información. Ya a los diecisiete años ganó un premio por un cuento sobre Hemingway, pero no fue hasta dos décadas después cuando empezó a publicar, El apicultor de Bonaparte, La mano que formula el deseo, Este latente mundo o Sobre ascuas, en novela; el ensayo Incitación a la vergüenza, entre otros; Versión del este, en poesía; en incluso algún libro de viajes, como Campos de Flandes. En la actualidad colabora asiduamente en prensa escribiendo sobre literatura y viajes.

Un poema de Robert Graves, concretamente sus versos finales, inspira el título de esta la séptima novela del escritor mallorquín: La llama danzante. Y aunque parezca una simple anécdota, unas pocas líneas en la obra, resulta revelador al final, conocida la lucha interna de los personajes y el propósito de amor que a los protagonistas mueve de no mirar nunca atrás, inevitable casi siempre.

Juan, un historiador y fotógrafo mallorquín, y Lotte, una guionista alemana, emprenden viaje por Arizona y California en un viejo Chevrolet prestado. Ambos están separados, tienen hijos de la anterior relación y, tras varios años juntos, siguen luchando por mantener viva la llama de su amor, intentando olvidar la huella que otras personas dejaron en sus vidas. Este viaje supone el postrer intento de enderezar su incierta vida juntos. Mientras él fotografía los paisajes desérticos y visita las misiones fundadas por Fray Junípero Serra, ella escribe el guión para su próxima película. Este trayecto no solo será físico, sino que supondrá un verdadero viaje al interior, una búsqueda de la propia identidad. Juan ya había viajado con su esposa e hijos a la misma zona y con esta premisa se van introduciendo una serie de flashbacks que comportan también un viaje en el tiempo. Pues Lotte, por su parte, se encuentra con una amiga del pasado, Sylvia, personaje que viene a ser el contrapunto, la piedra en el zapato de la idílica relación de la pareja. En eso basa el autor su argumento, en una road novel conjugada con una fenomenal historia de amor y de pasión. Efectivamente, el erotismo es uno de los ingredientes de esta intrépida novela que incluye notas del género negro, además de reflexiones sobre la amistad, la confianza, el ser uno mismo, la soledad. Una mixtura de lirismo, intriga, diálogo con el pasado y ansias de vivir el presente.

Premiada con el Camilo José Cela de la Ciutat de Palma de novela 2012, en esta novela José Luis de Juan maneja con maestría diferentes tramas, distintos tiempos y texturas narrativas para conformar una perfecta sinfonía que cautiva al lector y le acompaña por este singular recorrido. Como una novela de viaje se podría considerar La llama danzante, no en vano aparece exquisitamente publicada en la colección “paisajes narrados” de la editorial Minúscula. Las imágenes que consigue el mallorquín son extraordinarias, fundiendo la orografía del paisaje con la propia piel de los protagonistas. Por otra parte, la galería de personajes se completa con seres fascinantes, como Zeynel, un militante kurdo del PKK torturado por los turcos, establecido en Los Ángeles; la delgadísima, promiscua y sensual Sylvia, poetisa que recuerda a la Plath; los secundarios Hansel y Gretel, hijos de Lotte; su impresentable marido, Franz; o la omnipresente Berit, amiga íntima de la alemana, que se suicidó dejando un halo de misterio.

En cuatro bloques se estructura la novela, identificados con las etapas del viaje. El primero, “Cactus”, se centra en el recorrido por el desierto de Arizona y su título sugiere las imágenes de Lotte desnuda que Juan tomará entre las agresivas plantas en el desnudo paisaje. No tiene desperdicio la persecución por parte de dos fornidos camioneros para conseguir los favores sexuales de la pareja y el posterior encuentro violento en el casino. El segundo bloque, “Los Ángeles”, narra las peripecias de los protagonistas en la capital californiana, donde compartirán mucho de su tiempo con el amigo Zeynel y su entorno. En cuanto a “Temblores”, la tercera parte, hace referencia a los terremotos sufridos en California por el protagonista en el pasado cuando visitó la zona y en la actualidad acompañado por Lotte y Sylvia, resultando herida esta última. En este punto, los temblores resquebrajan de alguna forma la confianza de la pareja. Se ponen en evidencia más que nunca las diferencias que los separan, la edad, el origen, el cosmopolitismo de Lotte frente a la añoranza por el pueblo de la infancia de él. Y finalmente, el cuarto bloque, “San Marcos”, cuenta la parte del viaje que Juan hace solo por San Francisco, pasando por las peligrosas tierras fronterizas mexicanas. Tras un encuentro con policías corruptos en una pelea de gallos, nadar en el océano abierto contra furiosas olas y conocer a los horribles manatíes de la laguna de Chápala, el protagonista consigue ponerse a salvo de todo, incluso se diría que de sí mismo. El desenlace queda totalmente abierto, como si algo tan amplio, tan complejo como lo tratado no se pudiera concluir de forma alguna, es el propio lector el que debe imaginar el destino de Juan, que parece haber quedado suspenso en un paraíso californiano con Jesús y su dulce hermana Lucía.

Dueño de una prosa magnífica, José Luis de Juan logra el equilibrio perfecto entre acción y descripción, fluidez y lentitud a lo largo de esta novela que destila elegancia, saber hacer, sobriedad y estilo. Un escritor con una personalidad propia, capaz de analizar la complejidad del mundo, las relaciones humanas desde un punto de vista original, sin ajustarse a tópicos o convenciones, narrando en tercera persona, en un tono distante, una ficción con visos de realidad. Mezclando viajes y literatura, lo cierto es que La llama danzante nos conduce por un recorrido de vértigo a nuestra búsqueda personal.

¡Feliz lectura!

CDR

miércoles, 20 de mayo de 2015

QUÉ MÁS QUISIERA

Hoy conozco la noticia de que se ha otorgado el Premio Princesa de Asturias de Comunicación y Humanidades a Emilio Lledó (Sevilla, 1927), pocos meses después de recibir el Nacional de las Letras por su dilatada trayectoria como referente intelectual y ético.

Recuerdo una entrevista suya que escuché en la radio, en mis viajes en coche hacia el trabajo, quizás con motivo de alguno de sus merecidos premios, en la que se le preguntaba sobre su papel como filósofo. Lledó contestó que qué más quisiera él que conocer el significado de la justicia, el significado de la amistad, del bien y del mal... qué más quisiera él que ser filósofo. Pues tendrá que aceptarlo, porque así justamente se le reconoce y se le premia por ello una vez más. No en vano es catedrático de la Historia de la Filosofía y ha dedicado muchos años a su enseñanza.

Su trabajo intelectual se mueve entre la interpretación de textos claves de la historia de la Filosofía, con especial mirada a los diálogos de Platón y la ética de Aristóteles y la meditación teórica sobre esta labor interpretativa. Todo ello con una especial atención al lenguaje. Desde 1993 es miembro de la Real Academia Española de la Lengua y entre sus publicaciones destaca Filosofía y lenguaje (1971) y Lenguaje e historia (1978). También el balance La filosofía, hoy (1975). En los 80 llegó su monografía El epicureísmo, muy reeditada. Su ensayo El silencio de la escritura obtuvo el Premio nacional de Ensayo.

A los 87 años, una mente lúcida y crítica, no se abstiene de opinar sobre la situación actual: un país que pone la economía por encima de los valores fundamentales, anda por mal camino. Las Humanidades, según Lledó, sirven para explicarnos, para mejorarnos, para mirarnos en el espejo y no avergonzarnos. Qué más quisieran muchos.

CDR

lunes, 11 de mayo de 2015

ERES...

Eres el viento soplando.

Eres la nieve brillando bajo el sol.

Eres la lluvia regando el campo.

Eres el pájaro que trina en la mañana.

Eres la estrella que tilila en el cielo.


Porque no moriste...

Solo te fuiste antes.


No voy a recordarte con lágrimas

como aquel que no tiene esperanza.


Porque no moriste...

Solo te fuiste antes.

Aunque tu cuerpo no esté,

siempre sentiré tu presencia.

Eres el silencio de nuestro hogar.

Eres la brisa que acaricia nuestros rostros.

Eres un dulce recuerdo.

Eres una bonita página en nuestra memoria.


Porque no moriste...

Solo te fuiste antes.


(Dos años. Y para siempre, Olga)
CDR