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miércoles, 3 de junio de 2015

10 EN LECTURA

"Un niño que lee es un adulto que piensa."

A raíz de una intervención de Elvira Lindo en La ventana de Carles Francino (programa radiofónico de la Ser), espoleado mi interés como profesora y ahora también como madre, he reflexionado sobre la importancia de la lectura desde edad temprana y comento a continuación los diez puntos fundamentales, creo, para conseguir que leer sea el placer que realmente es y no se convierta en una obligación tediosa.

1. Paciencia. Enseñar a los niños, desde bebés, a ser pacientes, pues esta capacidad está muy relacionada con la concentración y la calma necesarias para leer. Las pantallas están muy bien (son útiles para infinidad de cosas), pero dejar aparcado a un niño delante de la televisión o entretenerlo con un móvil propicia una sobreestimulación nociva a varios niveles, anulando la tendencia natural a la relajación y la autoescucha.

2. Leer en voz alta. Desde el principio, incluso antes de nacer, está demostrado que el feto escucha la voz de su madre. Acostumbrar el oído infantil a la cadencia lectora, avivando su imaginación con diferentes tonos e implicándose verdaderamente en una lectura divertida y amena.

3. Alargar el momento. Buscar un rato cada día para leer, primero al niño, luego con el niño. Sin prisas. No posponer, no sustituir la lectura, inculcar en el pequeño ese hábito, demostrando que disfrutamos de su compañía y de compartir ese tiempo.

4. Ir a la librería. Acercarse con el niño a una buena librería, con sección infantil-juvenil, acostumbrarlo a ver y a tocar libros, y en cuanto tenga edad para ello, animarlo a que vaya solo e incluso asignarle una cantidad (semanal, mensual, como se pueda) para que compre sus propios libros, elegidos por él, por supuesto. Regalarle libros también, porque de este modo demostramos que para nosotros tienen valor. Desde luego, un libro es una inversión menor que otras que habitualmente hacemos hoy para nuestros hijos.

5. La biblioteca. El hecho de hacer socio al niño de la biblioteca pública revierte en varios aspectos: sentido de independencia (les encanta tener un carnet nominativo con su foto) y sentido de responsabilidad, ya que deben cuidar el libro y devolverlo en la fecha señalada. Además de potenciar su capacidad y su criterio para seleccionar las lecturas.

6. Espacio propio. Es bueno destinar desde el principio un espacio en la casa para guardar los libros del niño, puede ser como una pequeña biblioteca propia en algún rincón agradable, o un simple estante en la biblioteca común o en el salón, donde el pequeño acudirá a leer, a revisar su colección, sacará los libros que quizás ya no le interesen por su edad e irá incorporando nuevas lecturas.

7. La siesta. Volviendo al hábito de la tranquilidad, si enseñamos al niño a respetar nuestro tiempo de descanso, por ejemplo después de comer, seguramente le apetecerá leer o bien para coger el sueño también, o bien para aprovechar un rato de silencio cotidiano en vivir aventuras y sentir emociones entre las páginas. Se trata de favorecer tiempos en que la lectura sea una alternativa atractiva.

8. Bueno o malo. Mentalizarse de que leer es positivo, aunque según nuestro criterio adulto o incluso especializado los gustos de nuestros hijos sean malos. No censurar sus lecturas, aunque sí revisarlas, acompañarles en su evolución lectora e interesarnos por sus intereses, valga la redundancia.

9. Ilustraciones. La lectura no se nutre solo de palabras, no es mejor un libro con mucho texto solo por eso. Existen álbumes ilustrados, libros gráficos, cómics interesantísimos que no solo ampliarán el horizonte lector de nuestros pequeños y jóvenes, sino que además activarán su imaginación, potenciarán su sentido del humor y su creatividad.

10. Diversión. Nada que esté ligado al imperativo aparece a priori como atractivo. Leer debe ser voluntario, al principio por supuesto guiado, una semilla que plantamos e irá creciendo al compás de nuestros hijos. Para ellos somos nosotros el mejor ejemplo. Quizás algunos seamos lectores sin haber visto a nuestros padres leer, pero el acceso libre a los libros y la confianza en el criterio infantil, juvenil condicionan la seguridad adulta. Si leer se establece como parte de nuestra rutina familiar, será difícil evitarla. Hacer de esa rutina algo divertido puede parecer una tarea difícil que, por contra, se instaurará sola en poco tiempo. 

Este decálogo, indudablemente, se podría ampliar, simplificar, modificar, seguramente es discutible y no absoluto. Sin embargo, me parecen fundamentales estas premisas para hacer de nuestros hijos unos lectores que, como enuncia la frase inicial, sean unos adultos pensantes. Al menos no tan manipulables, con capacidad crítica, con criterio y gustos propios, con léxico variado, ortografía asimilada... Y, en definitiva, con mayores recursos y más vida leída.

CDR

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