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lunes, 5 de octubre de 2015

SOY MAMI: MARCOS

Hace un año no pude escribir porque tenía entre mis brazos a un niño recién nacido y porque mi estado anímico y físico tampoco me lo permitían.

No pude escribir y describir la oleada de sentimientos que me invadía, las sensaciones que se inauguraban para mí, los cambios que se empezaban a producir y de los que aún no tenía plena conciencia. En alguna entrada hablé aquí al respecto, pero la verdad es que echo de menos no tener constancia escrita de aquellos días, que no volverán -como cada día de nuestras vidas-, tan intensos y tan importantes.

Hoy, un año después del nacimiento de Marcos, inmersa de pleno en el trabajo, igualmente no puedo escribir todo lo que me gustaría, casi nada, la verdad. Hoy es un niño de doce meses, activo, inquieto, despierto y curioso el que me impide sentarme tranquila a reflexionar sobre lo que sigue ocurriendo en mi interior, es tan fuerte que a veces me deja sin respiración, es inexplicable lo que supone para mí ser su mamá. No dudo que será lo mismo que cada madre siente hacia su hijo o hija, hacia cada uno de ellos. Pero para mí es inédito, era impensable hace unos años cuando ser madre no formaba parte de mis preferencias. Y hoy es lo primero, no lo único, pero sí lo más importante.

Hoy mi vida va a otro ritmo, porque Marcos no tiene prisa, él afortunadamente no entiende de obligaciones, ni de horarios, ni de lo que viene bien o no ahora o luego, ni de lo que es políticamente correcto. Él solo quiere descubrir, tocar, morder, mirar, subir, bajar, reptar, gatear, dar pasitos, balbucear, aprender. Se me ensancha el corazón cada vez que sus ojos limpios se sorprenden de las cosas más insignificantes y consabidas para nosotros, los adultos. Qué bonito vivir en el asombro. Ojalá pueda seguir así mucho tiempo. Lástima que no, dirán, y yo digo que lástima que no seamos capaces de conservar esa capacidad, la de admirarnos por las cosas pequeñas, disfrutar sin complejos, ser como verdaderamente somos, dejar a veces lo que debemos hacer y recordarnos lo que de verdad queremos hacer, reírnos, llorar, expresarnos... cuidar y conservar siempre al niño que llevamos dentro. Pero en todo caso, si no esto, al menos dejar a los niños que lo sean mientras lo son, alimentar sus ilusiones, no obligarlos a crecer, a someterse a reglas de adultos sin sentido. Ya tendrán tiempo para eso.

Y el tiempo pasa rápido, hoy Marcos tiene un año y parece que fue ayer cuando era un bebé pequeñito y frágil. Es algo que acuso más desde que soy mamá, cómo vuelan los días y los meses, y los años. No quiero que crezca, o mejor dicho, sí, quiero que crezca, sano y fuerte, y despacio, a su ritmo y no al nuestro, que sea un niño, que juegue, que se ensucie, que grite en lugares donde no se puede gritar, que vaya descalzo, que corra, que trepe, que coma con los dedos... que sea feliz y que siga siéndolo a pesar de crecer.

Y es ahora cuando tiene que estar a mi lado, dormir conmigo, entre mis brazos, refugiarse en mi pecho, llorar si me voy, sonreír cuando llego, porque ahora es cuando más me necesita. Después, ya se alejará solo, ya rechazará mis besos, ya no querrá compartir su espacio conmigo... o tal vez sí, si ahora le dejo hacerlo. Eso ya llegará, ya veremos qué ocurre, pero mientras tanto, sigo disfrutando de mi pequeño Marcos, comiéndomelo a besos, te quiero te quiero te quiero te quiero...



CDR

2 comentarios:

  1. Eso es ser madre, y tener un precioso hijo, un niño que, además, derrocha simpatía, cariño, inteligencia y se ríe cuando nos ve, por eso y otras muchas cosas queremos... tanto, a Marcos.
    Pmd.

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  2. ¿Cómo no se puede querer a un niño como Marcos? Imposible. Es el más simpático, el más guapo y el más TODO. Te queremos Marcos.
    Tati.

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