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miércoles, 20 de julio de 2016

SIN SALIR DE CASA

El verano es una época ideal para viajar. Pero a veces no se dan las circunstancias ideales para ello. Así que no queda más remedio que valorar lo cercano, lo propio, la rutina, la casa.

En esto llevo pensando estos días, que se evaporan, consumido ya un mes de verano, y hoy de repente he tropezado con este poema del Tao-Te-Ching: "Sin salir de casa se puede conocer el mundo. Sin mirar por la ventana puede conocerse el Tao del cielo. Cuanto más lejos se viaja, tanto menos se sabe."

Seguro que los amantes de los viajes no están de acuerdo, pues conocer otras tierras les resultará más enriquecedor que quedarse en casa sujetos a la costumbre diaria. A mí también me gusta viajar, claro. Pero me parece como poco inquietante este bello pensamiento. Y me ha hecho reflexionar.

Fuera podemos descubrir un nuevo espacio, un nuevo entendimiento, una nueva belleza, una nueva libertad. Sin embargo, viajar también puede convertirse en una huida. En ocasiones, incapaces de encontrar la paz dentro de nosotros mismos, utilizamos la distancia para escapar. En ocasiones, incapaces de hallar la alegría en nuestro corazón, buscamos el deleite fuera, en paisajes lejanos. O incluso simplemente viajamos porque es lo normal, como si estuviera prescrito tener que salir por ser verano, puente o fin de semana. De esta forma, más que viajar lo que hacemos es vagar por el mundo, ajenos, extraños.

Yo creo que todo está en la actitud. Que lo importante es siempre avivar la llama de la curiosidad y alimentar la alegría con la que nuestros ojos miran, para hacer de todo lo que vemos algo extraordinario, sea en nuestro entorno cotidiano o fuera. Cierto es que el mundo está lleno de tesoros que admirar, pero no lo es menos que el viaje más extraordinario es el interior.

Si empezamos por conocer nuestra propia morada, aquella en la que nuestra alma habita, nos reconciliamos con nuestros pensamientos y anhelos, reconocemos nuestra verdad y aceptamos lo que somos, disfrutaremos plenamente de lo que tenemos, de lo que la vida nos ofrece cada instante. Y podremos hacer de cualquier viaje una experiencia rica y auténtica, así como de cada día que pasemos sin salir de casa.

CDR