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miércoles, 9 de noviembre de 2016

ME SUMO

Hoy he encontrado un poema que conecta perfectamente con lo que siento; con la sensación de ser arrastrados por horarios que no concuerdan con los ritmos naturales, de necesidades creadas que en realidad son innecesarias, de falsas apariencias, de obligaciones impuestas que nos esclavizan a cambio de no se sabe muy bien qué, porque al final, el sabor de boca con el que nos acostamos cada noche es el de la insatisfacción.

Porque no tenemos tiempo para las pequeñas cosas, las esenciales y verdaderas, para las personas queridas, ni para nosotros mismos. Porque vivimos con miedo, con haberes y deberes, con derechos encogidos, con una libertad cada vez más ambigua y limitada, con falsas promesas de grandeza, y nostalgia de lo que en verdad queremos, pensamos y sentimos. Como si no pudiéramos conseguirlo. Como participantes de una carrera en la que la meta se aleja a medida que nosotros avanzamos, cada vez más agotados.

Y sí, poco a poco voy cambiando; y sí, hay muchos movimientos de cambio, pero creo que no es suficiente, que sabemos pero no hacemos, que nos conformamos al son del estribillo "la vida es así". Y no lo es, no tiene por qué serlo.

Por eso me sumo a este bello "Manifiesto" de Jesús Munárriz:

En defensa del cardo y de la ortiga,
en defensa del burro y su rebuzno
y de su condición intrascendente,

a favor de los bosques y su antiguo
modo de ser, a favor de la piedra
que el invierno cubrió de oscuro musgo,

para que vivan peces en las aguas,
pájaros en el aire, rododendros
en los jardines, luces en la noche,

y los hombres se olviden de la prisa
con que van a la nada y no se enteran,
víctimas de un progreso establecido,

para que todo cobre otro sentido
una vez asumido el sinsentido que es todo,
y concentrados en su paso

veamos sin dolor pasar el tiempo
y vivamos minutos, horas, días,
bocanadas de ser, riqueza única,

para que todo vuelva a ser sí mismo,
lo que pasó, lo que es, lo que perdura,
lo que no deja huella de su paso,

para que no dé miedo tener hijos
ni dejar de tenerlos, y el amor vuelva
a ser verdadero, a ser inmenso,

para poder tomar el sol y el aire
y sentarse en la hierba con la gente
y ponerse a charlar largo y tendido,

a favor del cansancio y del descanso,
a favor de los ciclos naturales
y de la rebeldía ante los ciclos,

por los colores y por los sonidos,
por los gustos, los tactos, los olores,
por el juego y el sueño, y los amigos,

en defensa de lo que se ha perdido,
de la paz verdadera, del sosiego,
de la palabra limpia y del silencio.

(De Esos tus ojos, 1981)

Después de 35 años, me parece que hoy no puede ser más acertado este manifiesto, porque no hemos avanzado mucho en conseguir estas reivindicaciones, sino todo lo contrario. No sé si sirve de mucho alzar la voz, pero lo que sí es seguro es que necesitamos un cambio y este puede ser un buen punto de partida, tomar conciencia del sinsentido que es todo y recuperar el sentido común que nos lleve a una vida plena, auténtica. Me sumo, me sumo por completo.

CDR