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viernes, 29 de agosto de 2014

PARENTESCOS INSÓLITOS: PIRÓMANO Y PIROPO

Voy a intentar seguir sorprendiéndoles con las curiosas relaciones etimológicas que se establecen entre las palabras de nuestra lengua. En esta ocasión, con dos vocablos que, admitirán, poco o nada parecen tener en común.

Pues veamos:
Pirómano es aquel que tiene una tendencia patológica hacia la provocación de incendios. ¿Y qué tiene eso que ver con la castiza costumbre, tan celtibérica, de lisonjear públicamente a las mujeres hermosas? Resulta que la indudable semejanza gráfica y fonética de ambas palabras nos remonta hasta el griego pyr, pyrós, que significa "fuego", de donde el castellano ha tomado directamente la pira funeraria y varios tecnicismos como pirómano, pirita, piromancia, pirograbado, pirotecnia o pirofosfato. Por su parte, en medicina se denomina pirosis a la desagradable sensación de ardor que asciende desde el estómago hacia la garganta, provocado por el contacto del contenido ácido del estómago con la mucosa esofágica. No es extraño, por supuesto, este uso metafórico del fuego, pues también en el lenguaje común es frecuente denominar "ardor" o "quemazón" a la sensación que produce la acidez gástrica. Algo parecido sucede con la fiebre, que, como comporta un aumento de la temperatura, se ha comparado desde antiguo con el fuego o el calor (está ardiendo de fiebre, me dio una calentura). De hecho, ya los médicos griegos acudían a la raíz pyr para dar nombre la fiebre (pyretós), origen de numerosas palabras de uso habitual en medicina, como antipirético (medicamento eficaz contra la fiebre), hiperpirexia (hipertemia o fiebre) o pirógeno (sustancia capaz de provocar fiebre), entre otras.

Bien, y ahora toca demostrar que todo esto tiene efectivamente relación con los piropos. En este sentido, encontramos que los romanos llamaban pyropus -del griego pyropos, "parecido al fuego"- a una aleación de cobre y oro de color rojo brillante, como el fuego. De forma similar, ya en castellano antiguo (siglo XV) se utilizaba la palabra piropo para designar una piedra preciosa de color rojo fuego, parecida al granate o al rubí, que pronto fue aceptada como metáfora y símbolo literario de lo brillante.

Así, por motivos evidentes, en la literatura y en el lenguaje apasionado de los enamorados, es usual comparar o identificar los rasgos del ser amado con piedras preciosas y otros objetos de gran valor (cabellos de oro, ojos verdes como esmeraldas, piel de marfil, las perlas de tus dientes...)

De esta forma, con el tiempo, la palabra piropo evolucionó a una comparación aduladora para una mujer bonita, hermosa, como una joya.

Por qué algunos piropos son tan vulgares y pasaron de los libros de poesía y las declaraciones románticas a los andamios, no es cuestión a tratar en esta entrada, pues nada tiene que ver con la etimología, sino con la condición humana. De ello hablaremos otro día.

CDR     

2 comentarios:

  1. ¡No sé lo que prefiero, si un pirómano o un piropo, o ninguna de las dos! Seguramente, algunas mujeres no estarán muy de acuerdo con los piropos... aunque algunos sean ingeniosos. En fin, una curiosidad más, gracias bloggera.
    Pmd.

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  2. Curiosa relación. Yo prefiero un piropo, sobre todo si es gracioso, que los hay.
    Tati.

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