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sábado, 14 de abril de 2018

SECRETOS

Es primavera, pero el tiempo persiste ventoso y frío, se alarga la tregua antes del calor intenso que sin duda llegará. Y mientras tanto, seguimos leyendo. Un buen libro es adecuado siempre. La propuesta de hoy es una interesante novela que, más allá del argumento y de la excelente galería de personajes, nos desvela el lado más humano de uno de los grandes poetas de la literatura hispana.



Desde la sombra, de ahí parte La mujer de Isla Negra (2015), novela basada en Pablo Neruda, que muestra a un hombre genial pero también dominante, caprichoso, infantil, embustero, contradictorio y cobarde a la hora de resolver sus conflictos personales, alejado de la imagen de hombre entrañable y bonachón, fértil poeta, que otras adaptaciones han hecho de su persona (Ardiente paciencia, de Antonio Skármeta, 1983, que más tarde se volvería a publicar con el título más conocido de El cartero de Neruda.) Se discierne así la dicotomía entre la vida pública y la vida privada del poeta. En definitiva, Fasce da la visión de un ser humano con sus virtudes y defectos, más cercana al hombre que verdaderamente fue. Pues es esta una ficción con personajes reales, ambientada entre 1953 y 1961, en la casa que el poeta chileno tenía en Isla Negra e inspirada por la lectura de una biografía de Delia del Carril por parte de la autora. Tercera novela de María Fasce (1969), nacida en Buenos Aires y residente en Madrid, directora literaria de Alfaguara y escritora, con una cumplida trayectoria –relatos, novelas y una obra de teatro– además de traductora, periodista, crítica literaria y de cine.

Sin embargo, no es Neruda el protagonista de esta historia, como el propio título anuncia, sino que la trama se desarrolla en torno a Elisa Luna, una adolescente que llega a Isla Negra desde Temuco con su madre Raquel, como asistenta, una mujer invisible a ojos de Pablo, aunque guarde un gran secreto; y se sustenta de las diferentes mujeres que pasan por la casa y la vida del escritor chileno en este periodo. Además de estas dos, la aristócrata argentina Delia del Carril, esposa de Neruda, veinte años mayor que él, y la amante de este, Matilde Urrutia, con la que finalmente también se casará. Elisa vive impresionada por la sofisticación de Delia, quiere parecerse a ella e incluso acepta permanecer en la casa sin su madre por quedarse bajo su protección. No en vano Delia era apodada la Hormiga, por su pequeña estatura y su acción frenética, una verdadera activista comunista que influyó en las ideas políticas de Neruda. Y la entrega de esta a Pablo era completa, pues comprende y acepta todas sus debilidades, haciendo las veces de la madre que él perdió prematuramente. Pero las infidelidades del poeta son constantes, Elisa las espía entre los objetos de la recargada casa, a la vez que se empapa de su poesía y accede a los libros de la biblioteca. Aprende el uso de las buenas costumbres y el gusto literario de la mano de Delia. Así, la chica aborrece a Matilde, que le parece vulgar y superficial. Se puede considerar que el matrimonio con Delia llegó a ser de conveniencia, el poeta con cincuenta años vivía su amor real con Matilde y Delia, a sus setenta, simplemente mantenía el vínculo legal con el marido. Sin embargo, la situación se hace insostenible después de dieciocho años de feliz convivencia y, tras una dolorosa separación, ríos de tinta verde con la que escribía Neruda, Delia se refugia en su añorado París. Al mismo tiempo que todo esto ocurre, asistimos a la evolución de la joven, que en la casa pasa de adolescente a mujer, descubriendo su cuerpo, el deseo y el amor, y hundiéndose sin darse cuenta en una espiral que la aleja de sus raíces. Después de unos años, tras una estancia en París, Elisa regresa a Isla Negra para reconciliarse con su pasado.

Es destacable en esta novela de construcción y prosa sencillas, casi poética, la descripción de diferentes tipos de feminidad. Si bien la narradora es Elisa y su punto de vista es el prisma por el que todo el relato se filtra, aparecen tipos diferenciados de mujer, todas ellas marcadas de una forma u otra por el carismático y seductor Pablo Neruda: la mujer sufridora en silencio (Raquel), la esposa culta, elegante y sensible (Delia), la amante pasional y vulgar (Matilde) y la joven mujer que madura, abandona su infancia y se encuentra consigo misma (Elisa), influida esta por todas las demás. Las mujeres de Neruda en este espacio de tiempo que la novela recrea, pero que fue un continuo en la vida del poeta, hombre enamoradizo e inspirado en numerosas musas. Un poeta que escribió versos memorables y también algunos malos versos, como todo gran artista.

La novela, como se viene diciendo, se basa en personajes y situaciones reales, si bien la autora se ha tomado la libertad de modificar los tiempos en que algunas cosas sucedieron verdaderamente, inventando además hechos y situaciones a favor de la ficción literaria. Así, el relato queda dividido en cuatro partes. La primera, a lo largo de veintisiete capítulos, cuenta la llegada de Elisa y Raquel a la casa de Neruda en Isla Negra, cómo la niña va descubriendo la intimidad de los rincones, extrañándose de las reacciones que a veces percibe en su prudente madre, y conociendo al hombre que escribe versos siempre con tinta verde. Poco tiempo después, llega también Delia, la esposa, una mujer brillante que llena la casa con su elegancia, su perfume y sus cuadros. En la segunda parte, de catorce capítulos, se relata el proceso de maduración de Elisa, su relación con Aldo, la decisión de quedarse sin su madre y el viaje que tendrá que hacer a Temuco por motivos de la salud de esta. Los quince capítulos de la tercera parte narran la estancia de Elisa en París, su reencuentro con Delia, su matrimonio con Philippe, su descenso a los infiernos. Para volver a Isla Negra, en la cuarta parte, de ocho capítulos, y comprender todo lo que había estado martirizándola.

Por lo que respecta al estilo, no hay duda, y ella misma lo confiesa, que María Fasce es seguidora y admiradora de autores norteamericanos como Capote, Fitzgerald, Cheever, Carver o Hemingway; se adivina así en la sencillez del vocabulario, claridad sintáctica y prosa fluida, de modo que el lector queda atrapado por la historia, sin que su atención se desvíe con los artificios del lenguaje. Capítulos breves, que sugieren entre líneas secretos que el lector intuye y poco a poco irá desvelando. No obstante esta naturalidad lingüística, encontramos en la novela descripciones estéticas bellísimas, que destilan sensibilidad y conmueven el corazón. Una narración desnuda, que no deja indiferente, para deleitarse con su lectura, conocer una parte más oscura del célebre poeta chileno y, más allá, reflexionar sobre cómo actuamos y lo que verdaderamente somos.

¡Feliz lectura!

CDR

domingo, 17 de septiembre de 2017

APRENDIZAJE

En este domingo preotoñal, ya con temperaturas fresquitas y rutina casi vuelta a instalar en casa, es una magnífica opción retomar también el hábito de la lectura y coger entre manos un buen libro. Mi recomendación hoy es una interesante novela de Muñoz Molina, con tintes policíacos, mucha introspección, y asentada sobre hechos reales. 


La larga y prolífica trayectoria literaria de Antonio Muñoz Molina (Úbeda, Jaen, 1956) avala esta última novela del autor, titulada Como la sombra que se va (2014), una ingente obra tanto por su argumento, como por su volumen, muy ambiciosa. Desde que en 1986 apareciera su primera novela, Beatus Ille, Muñoz Molina no ha dejado de escribir, colaborando con sus novelas, relatos, ensayos, con su vocación literaria en fin, al engrandecimiento de la literatura hispánica contemporánea. En 1995 fue elegido miembro de la Real Academia de la Lengua y ha recibido numerosos reconocimientos. Galardonado en 2013 con el Premio Príncipe de Asturias de las Letras, los soportes argumentales que utiliza en esta novela son, por un lado, los días que pasa en Lisboa el asesino de Martin Luther King, James Earl Ray, tras el crimen y, por otro, los días transcurridos en la misma ciudad de un joven funcionario con fuerte inclinación a la escritura, que resulta ser el propio Muñoz Molina, para terminar su novela. Así, de la rememoración del proceso de El invierno en Lisboa (1987) y de la lectura de los archivos del FBI sobre el crimen racial de King, surge hoy una trama que nada tiene que envidiarle a las novelas policíacas y, al mismo tiempo, una profunda reflexión sobre la escritura, que se convierte en una verdadera teoría de la novela, sin abandonar ingredientes tan importantes como el amor, la familia o la condición humana.

La curiosidad nunca saciada del lector por saber si lo que lee tiene que ver verdaderamente con el autor de la novela queda en este caso totalmente satisfecha por la franqueza que se muestra en un relato introspectivo a la vez que pulcramente escrito, como ya nos tiene acostumbrados el escritor jienense. Una novela a tres voces que no presenta, sin embargo, ningún tipo de desequilibrio ni supone confusión alguna para el lector. De hecho, uno de sus grandes aciertos es la unidad de la que está dotada. Por momentos, el joven escritor, el escritor de hoy –que siendo la misma persona, se diferencian por un espacio temporal de casi treinta años– y el asesino parecen mezclarse en una conciencia única coincidente en el sufrimiento vital. Mientras que la ciudad de Lisboa vertebra el argumento con su omnipresencia y su poderosa influencia sobre los personajes. Ambos huyen de algo y Lisboa es el refugio que encuentran para de una u otra forma solucionar sus problemas; y es Lisboa donde se desatan los recuerdos del escritor presente, como si de una especie de palpitación se tratase, que le llevan a elaborar esta trama. 

Porque el punto de partida es un viaje del autor en 2012 a la capital portuguesa para encontrarse con su hijo menor, el que tenía apenas un mes de vida cuando él se ausentó de casa en las entrañables fechas navideñas, con el consecuente sentimiento de lucha interna entre la empecinada vocación literaria y las obligaciones familiares. El recuerdo doloroso del pasado y de la historia de Earl Ray, magistralmente enlazados, desencadenan una narración en dos tiempos desde la perspectiva del presente. Sin embargo, no es tan sencillo como pueda parecer: tres voces, una ciudad, ausencia de diálogos, acción latente, proceso creativo. Todos estos elementos, sometidos a la pluma soberbia de Muñoz Molina, dan como resultado una visión sobre la cara más desoladora de la historia americana, así como un pormenorizado recorrido por lo que es la confección de una novela, elección de la voz narrativa, desarrollo de la trama e inevitable desenlace. Efectivamente, la descripción del hombre blanco, lector de novelas de detectives, obras esotéricas y enciclopedias obsoletas, profundamente racista, que decide acabar con la vida del carismático líder negro, cobra absoluto sentido con la propia descripción de la víctima en las últimas horas antes de morir. No importa el brillo del personaje, su capacidad retorica ni de mover a las multitudes, sino que se muestran sus debilidades y su agobio existencial. De modo que la sordidez, la miseria y la mezquindad humanas arrojan luz sobre los grandes misterios humanos y, en este caso, incluso políticos. Expuesta queda también, como nexo de unión, la propia desdicha del autor ante las elecciones que uno mismo hace pero a las que parece estar abocado fatalmente; lo casual, lo inopinado suele dirigir la realidad. Destaca, desde luego, la magnífica labor de documentación realizada por el de Úbeda para ambientar la historia y dejar bien atado todo lo que se refiere a la realidad histórica. No obstante, empezamos leyendo una novela sobre el asesino de Luther King, que se hace pasar por otro en su huida, y acabamos sabiendo muchísimo del autor que escribe su propia historia de rencuentro consigo mismo y con el amor, amparándose en la recreación de este importante episodio americano. Finalmente, el resultado es un apasionante relato de intriga, secretos, recuperación de la memoria y reflexión literaria.

Como la sombra que se va aborda temas recurrentes en la obra de Muñoz Molina, desde el juicio que aportan los años y la experiencia. La atmósfera asfixiante, la meticulosa descripción del mal en Plenilunio (1997) aparecen aquí claramente, o el perfil del psicópata al que se enfrenta el protagonista nos recuerda sobremanera al dibujo del asesino Ray; la dificultad para encontrar el punto de vista narrativo, que llevó a un proceso de siete años para Beatus Ille, está tratado aquí de forma soberbia; la fragilidad del instante, la construcción de la propia identidad, la evocación del pasado como forma de entender el presente, manejados en todos sus escritos, sobresalen en esta novela madura de transparencia narrativa. Si la publicación de El invierno en Lisboa cambió la vida del autor, al consagrarlo como escritor y sacarlo de su anodina existencia de funcionario, es en el presente, con esta magnífica novela, cuando se consolida el proceso de aprendizaje. Un relato sobre la dificultad de aprender a vivir, de aprender a escribir. En cuanto a las confesiones personales que se realizan, suponen, por su franqueza y claridad, un verdadero examen de conciencia que conecta con el interés de Muñoz Molina por la vulnerabilidad de los derechos humanos. Una vez abiertos los archivos del FBI sobre el magnicidio y situado en la misma Lisboa por la que vagó el asesino durante diez días, como él años después con sus cargas a cuestas, escribir esta historia de obsesiones se convierte en un perfecto ejercicio expiatorio. Un autorretrato del propio autor, donde aparecen sus ideales literarios, su maestro Onetti, sus culpas, su salvación.

No tiene desperdicio.

¡Feliz lectura!

CDR

miércoles, 6 de septiembre de 2017

VENENOS

Según el Diccionario de la Real Academia, el veneno, sea del tipo que sea, es algo nocivo para la salud, capaz de producir graves alteraciones funcionales e incluso causar un daño mortal.

Y cierto es que de todas las formas de morir (sobre todo a manos ajenas), el envenenamiento es un continuo en la historia del mundo. Esto lo sabe muy bien Adela Muñoz Páez, catedrática de Química Inorgánica de la Universidad de Sevilla y autora de un libro muy interesante que ha caído en mis manos por casualidad, Historia del veneno. De la cicuta al Polonio (Debate, 2012)


Se trata de un magnífico recorrido por la historia de los tóxicos, en el que Muñoz Páez hace gala de sus conocimientos profesionales, pero además, relata de forma muy amena las diferentes maneras de ser de este afán ancestral por deshacerse del prójimo de un modo, digamos, no sangriento. Desde el instinto criminal puro y duro, hasta las más variadas motivaciones inspiradas por el poder, el dinero y el amor. Los tres grandes.

El repaso que hace la autora nos acerca al último suspiro de Sócrates -la gracias a él conocida cicuta-, para nombrar los venenos de Estado usados para ejecutar a los condenados. Y nos lleva de paseo por los senderos del también famoso cianuro, el talio y hasta el polonio, ya en la actualidad, como parte del refinamiento tecnológico en envenenamiento. Volvemos en sus páginas a la  muerte de Cleopatra por mordedura de una serpiente que nunca se encontró; los asesinatos a la carta en el Imperio Romano; la creación de un tribunal especial para investigar el uso de los venenos en la corte del Rey Sol (s. XVII), debido a la proliferación de estos; el asesinato de Rasputín en la corte de los zares; sin olvidar el misterio de las pócimas secretas de las hechiceras o de los alquimistas; o incluso el singular ensayo de Mitríades VI para encontrar el antídoto universal.

Plantas, sustancias químicas y farmacológicas, pruebas, experimentos, investigaciones, crímenes, suicidios... un surtidísimo catálogo venenoso que nos recuerda episodios tan tristes como el exterminio de la Segunda Guerra Mundial, para centrarse finalmente en la historia española, donde si bien no abundan los envenenamientos (aquí somos más de garrote, navaja, tiro), leemos no pocas historias de sustancias letales.

Un libro curioso que, aparte de ilustrarnos sobre venenos, deja, al menos esporádicamente, cierto regusto de inquietud...

CDR

jueves, 31 de agosto de 2017

EL PODER

El verano pasado, mi polifacética e inquieta compañera y amiga Esperanza Manzanera me invitó a participar en un proyecto solidario que consistía en publicar un libro cuyos beneficios estarían destinados a la protectora de animales APA Nueva Vida de Huércal-Overa (Almería) Fue la manera que se le ocurrió de ayudar a los pobres animales abandonados y de contribuir a la maravillosa labor que realiza diariamente la protectora, con su presidenta, Eli Alheña, a la cabeza.

Se le ocurrió, se lo curró... y salió. El libro del perrillo solo vio la luz en diciembre de 2016, con la ayuda de otros tantos autores, escritores, fotógrafos, pintores, personas altruistas todas y, sobre todo, amantes de los animales, que dimos lo mejor de nosotros mismos en nuestros relatos, dibujos, fotografías, para hacer real y efectiva la ayuda que tan loablemente a Esperanza le nació dar.

Hoy el libro sigue a la venta, por supuesto. Y sigue teniendo tanta importancia como entonces su venta, porque desgraciadamente los animales siguen siendo abandonados, cuando no maltratados, y siguen necesitando comida y cuidados. Es, pues, algo más que un libro, una joya para regalar, para regalarte, para que continúe dando sentido a la conciencia y al talento que lo hicieron posible.

Si vives en Huércal, lo encontrarás en las papelerías Paqui y Bulevar. Y si no, date una vuelta por Amazon y te lo envían a casa rápidamente. Tú puedes cambiar la realidad si no te gusta. No hay excusas, sabes de sobra que los pequeños gestos cuentan.













Y por si sientes curiosidad -ojalá consiga que aumente y quieras, necesites, comprar el libro- aquí va mi aportación al mismo, mi relato "El poder":

Sofía inspecciona minuciosamente la nueva casa. Aris y Mine no son problema, porque puede acceder a lugares vedados para ellos, que se limitan a husmear por los rincones y olfatear el pasillo, las escaleras y los bajos de las puertas. Sofía es curiosa y, con la agilidad que la caracteriza, sube y baja, entra y sale, sin que los otros miembros de la familia ni siquiera se percaten. Todos están muy atareados con la mudanza, descargando cajas, abriendo bultos y colocando cosas. Además, Sofía se lleva muy bien con sus hermanos caninos. Ella llegó la última y los dos Terrier la recibieron con cordialidad, le hicieron en seguida un hueco e incluso se podría decir que la adoptaron, pues Sofía fue abandonada cuando tenía tan solo cuatro semanas y prácticamente no recordaba a su verdadera madre, si bien conservaba un vago recuerdo de su olor y del calorcito de su cuerpo. Cuando Alicia la encontró y la llevó a casa, a sus padres no pareció hacerles mucha gracia la idea, el piso era pequeño y ya tenían dos perros, pero su buen corazón les impidió dejarla, primero la tuvieron de acogida, pero antes del mes ya habían decidido quedársela. Ahora, no es que le entusiasmara, ¡era una gata!, pero hasta salía a dar paseos con Alicia, Aris y Mine. Lo que más le gustaba -aparte de la ilusión que le hacía a la niña y el orgullo de sus compañeros- era ver la cara de la gente cuando los veía. Ese era uno de los alicientes de mudarse, pues al fin y al cabo en el otro barrio ya estaban acostumbrados a verlos… Le encantaba entonces, cuando alguien cuchicheaba o abiertamente los señalaba, exagerar su paso y fingir su pose perruna, se lo pasaba bomba. Sofía, como buena felina, era independiente y orgullosa, pero lo cierto es que tenía verdadero cariño a su familia y no le importaba hacer algún pequeño sacrificio; les debía mucho, a todos.

En su revisión a la casa, Sofía descubre una estancia amplia y luminosa que promete ser su segundo hogar. La mesa grande debajo del ventanal, las estanterías y los sillones anuncian que se trata del despacho de Joan, donde ella pasa tantas horas. No cree que en esta casa sea diferente, siempre le ha permitido estar con él mientras trabaja, y no piensa abandonar esa costumbre. Le fascina la profesión de su dueño. Ya no solo por el rimbombante título que reza la placa: Joan Díaz, neurocientífico, bioquímico y quiropráctico, especialista en desarrollo personal. Sino también por el contenido de sus charlas, por la firmeza de sus palabras, por la pasión y entrega con sus pacientes. Y además, porque su estilo de vida era coherente con su trabajo, no era un mero charlatán, no, creía en lo que hacía y así lo reflejaba en su vida y en su personalidad. Sofía había aprendido mucho en los dos años que llevaba con él. Al principio, se refugiaba en el despacho porque era un lugar con mucho sol y oía la voz de Joan como música de fondo de sus dulces sueños gatunos. Pero poco a poco, su discurso fue calando en el pequeño cerebro de Sofía hasta que un día se dio cuenta de que acudía “a la consulta” y se mantenía con las orejas erguidas como dos antenas, aunque tuviera los ojos cerrados, así asimilaba mejor la información.

Rememorando esto, con cierta nostalgia por su antigua casa, la peluda gatita gris sube a la ventana y mira hacia abajo. Viven a partir de ahora en un dúplex y parece ser que en el piso inferior hay un bonito patio. Le llaman la atención a primera vista las macetas de coloridas plantas y los bonitos azulejos, sin embargo de pronto se fija en que hay una verja que divide el patio en dos partes muy desiguales y que en la más pequeña, detrás de la valla, está tumbado un chucho pardo y delgado, bajo el suave sol matinal. Quizás ahora se está bien ahí, pero Sofía no puede evitar pensar en que ya es casi pleno verano. Venga, no te adelantes, Sofi. Las cosas no siempre son lo que parecen. Seguro que es un lugar temporal. La gata aparta la vista y se sacude, quiere quitarse de encima la mala impresión que le ha causado el dichoso patio de abajo, y salta al suelo, deslizándose por la puerta entreabierta justo cuando Joan entra con una caja de libros para colocar.

El día transcurre rápido con el ajetreo de la mudanza. A la hora de la cena, Aris y Mine ya se han instalado en su cómodo sofá debajo del hueco de la escalera y Sofía dormita también en las rodillas de Alicia, aburrida momentáneamente de tanta novedad. Llega la hora de acostarse, Joan y Eva dan un beso a Alicia antes de retirarse y la niña coge a Sofía para llevársela a su habitación. Ella se deja llevar con mucho gusto y decide que sí, que dormirá con Alicia esta noche, pero todavía no tiene claro dónde se instalará. Espera que le compren una nueva cama, la suya la tiraron al dejar el otro piso porque estaba muy estropeada. Aris y Mine son más cuidadosos, le dicen, y qué culpa tiene ella de que la naturaleza la haya dotado de unas maravillosas uñas que debe afilar periódicamente. La verdad es que lleva ya tres rascadores y dos camas en su corta existencia, pero ese es el precio a pagar por no tocar nada de la casa, esas cortinas y esos respaldos y asientos tan tentadores. Al poco de dormirse, cuando aún estaba en el primer sueño, como suele decirse, Sofía se despierta sobresaltada por unos golpes y unos quejidos. Solo le hace falta centrarse un poco para entender que se trata del galgo que vio en el patio por la mañana. El pobre se lanza desesperado contra la verja de metal y gimotea queriendo llamar la atención de quienes no parecen hacerle caso. La gata no lo ve, pero se lo imagina nítidamente, tiene un fino oído y el ruido no deja lugar a dudas. Así continúa sobrecogida Sofía, preguntándose cómo es posible tal situación, recriminándose pensar mal, es la primera noche y puede que eso no sea lo habitual. No se imagina que alguien sea capaz de tener un animal en otras condiciones muy diferentes a las que ella y sus hermanos Terrier disfrutan. Aunque pensándolo bien, sí, ella misma fue víctima de un cruel abandono y ha escuchado muchas veces a Alicia hablar con sus padres de situaciones injustas para las pobres mascotas. Poco a poco, después de mucho tiempo, los golpes y lloros cesan y Sofía no puede evitar quedarse dormida, si bien con la firme idea en la cabeza de hacer algo al respecto.

Afortunadamente, Eva tiene la costumbre de airear la casa todas las mañanas. Ya hace algo de calor, pero Alicia es friolera y todavía no abre la ventana por la noche. Y en cuanto todos se levantan y se ponen a sus tareas, Alicia se va al cole, la lleva su madre que aprovechará la mañana para hacer unas compras, y Joan sigue acondicionando su despacho y, bueno, los perros aún dormirán un buen rato más después de su primer paseo, Sofía sale por la ventana y baja rápida y ágilmente por las repisas hasta el patio del vecino de abajo. El galgo parduzco parece adormecido, pero se levanta en cuanto nota la presencia felina y se pone a ladrar, como es normal. Suponía que reaccionarías así, quiero ayudarte, ser tu amiga, me llamo Sofía, ¿y tú? Como respuesta solo recibe silencio, un enérgico movimiento de rabo y un tímido acercamiento por debajo de la valla. No está mal para empezar, al menos creo que le he caído bien. Y de pronto, la puerta que comunica el patio con la casa se abre y sale un hombre, escoba en mano, calla, chucho. Largo de aquí, maldito gato. Sofía trepa veloz por las ventanas. No parece que a este señor le gusten mucho los animales, bufa Sofía, malhumorada.

Hoy la gata no tiene un buen día, todos lo han notado, porque se mueve inquieta por la casa, no ha jugado como de costumbre con Aris y Mine, casi ni ha comido, lo achacan a la mudanza, se está adaptando, dice Joan cuando Alicia se queja porque Sofía se revuelve cuando la niña intenta mantenerla en su regazo después de comer. Solo cuando escucha a Eva comentar a su marido algo sobre el perro de abajo, no es justo, se para frente a ellos y empieza a maullar. No puedo hacer nada, dice él, todavía es pronto, esperemos a ver. Sofía no piensa esperar. De él ha aprendido que uno tiene que tomar las riendas de su vida y que la realidad puede cambiar si cambian tus pensamientos, que no hay que conformarse con una existencia que no te gusta. Y efectivamente, cuando llega la noche, y se repiten los golpes y lloros del galgo, Sofía es presa ya de una fuerte determinación. El sueño la vence a ratos, pero pasa toda la noche concentrándose en lo que quiere conseguir, pidiendo que al día siguiente el vecino no esté y pueda hablar tranquilamente con Valentín, así ha decidido llamarlo, es el nombre que se le ocurrió al verlo, y le parece que le viene ni que pintado al delgaducho y triste de abajo.

La gata repite la operación de bajar al patio y hoy el galgo no le ladra, diría que te alegras de verme, amigo. Las persianas están bajadas y Sofía se siente satisfecha, no hay nadie en casa. Mira, Valentín, voy a ser clara, así no puedes seguir, debes ir con tu mente más allá del espacio y de tu cuerpo, visualizar la vida que quieres y cambiar tus pensamientos para que este cuchitril donde vives cambie. Tú ahora crees que esto es lo que te mereces, seguro que siempre te han tratado como si no valieses nada, pero no, todo lo bueno que puedas imaginar te espera ahí afuera. Al galgo le cuesta reaccionar, la escucha embelesado porque nadie nunca le había hablado con cariño… ¿Cómo me has llamado? Pero bueno, de todo lo que te he dicho, ¿solo te ha impresionado el nombre? Me gusta, y vuelve a mover el rabo con alegría.

Pasan los días y las noches. Al principio, Sofía cree que su amigo Valentín no le hace ni caso, sigue escuchando sus lamentos contra la verja, pero cada vez menos. Por eso baja cada mañana y le habla con una profunda convicción de todo lo que ha aprendido en la consulta de su amo, de los cambios que relatan los pacientes, de que todo está demostrado científicamente, de que ella misma también trabaja en pensar una vida mejor para él. Nunca más se ha vuelto a encontrar con el vecino. Sofía sabe cómo hacer realidad sus deseos. Y un día de finales de julio, cuando la peluda gata gris baja al patio, Valentín no está. No le sorprende, no duda ni un momento de que lo ha conseguido, pero cuando vuelve a casa y se acuesta en su cama nueva, no puede evitar una punzada de tristeza en el pecho.

La familia se va de vacaciones. Una semana en un pueblecito del interior, no muy lejos, para desconectar un poco. Sofía, como no podía ser de otra manera, se va con ellos, es una más de la familia, nunca la dejarían sola ni a cargo de nadie. Cuando llegan a la casa rural que han alquilado, llaman al dueño y le avisan para que venga a darles las llaves, mientras ellos dan una vuelta por los alrededores. Sofía va equipada con su arnés, cogida a la correa con sus inseparables Aris y Mine. Llega la furgoneta y baja una mujer mayor de aspecto jovial, seguida de un espléndido galgo pardo. Ambos le dan la bienvenida efusivamente, no se preocupen, no hace nada, Lord es muy bueno. Tranquila, nos encantan los animales. Alicia acaricia entusiasmada el lomo áspero del galgo, los Terrier lo olfatean y Sofía simplemente no cabe en sí de alegría. Entran a la casa y en cuanto los demás se despistan, el perro y la gata se lamen reconociéndose. Mi dueño fue denunciado y… Calla, no quiero saber los detalles, solo que eres feliz. Mucho. Y, ¿qué hiciste con tu nombre?, bromea Sofía. Se lo pusiste a un pobre chucho desvalido y atemorizado que ya no existe. Me diste un nombre viejo y una existencia nueva, me fui sin darte las gracias. Sofía ronronea complacida y se escabulle hacia el interior de la casa. No quiere ponerse sentimental. Se verían unas cuantas veces más Lord y Sofía en esa semana y sobre todo, por siempre, conservarían un vínculo más allá de la distancia.

El primer día de consulta de vuelta en septiembre, el doctor Díaz recibe una llamada de un paciente, mantienen una larga conversación. Sofía escucha sin prestar mucha atención esta vez, no se puede estar siempre al cien por cien. Sin embargo, de pronto planta las orejas cuando Joan despide a su interlocutor: No subestimes el poder de tus pensamientos. Ya ves que son capaces de alterar la realidad. Buen día, Luis. Sofía sonríe, se arrebuja sobre su cuerpo y se deja llevar a un nivel sin pensamientos, mientras disfruta de los rayos de sol que entran por la ventana.

Gracias.

CDR

lunes, 31 de julio de 2017

RINCONES

Ejercer de madre a tiempo completo no ha mermado en absoluto mi pasión por los libros. Sí es cierto que ya no estoy tan al tanto de las novedades y que mis lecturas van un poco a la zaga, pero nunca viene mal un buen libro, sea cual sea su fecha de publicación. Así que este lunes, último día de julio, les recomiendo una lectura interesante de verdad, la historia personal y sincera de uno de nuestros mejores autores contemporáneos.



La biografía de una persona puede ser muy sencilla, aunque se trate de un escritor con una considerable trayectoria literaria. Es el caso de Fernando Marías, él mismo la resume en que nació en Bilbao en 1958 y vive en Madrid desde 1975, como si nada más hubiera que destacar. Y sin embargo, es su última novela, La isla del padre, ganadora del Premio Biblioteca Breve 2015 de Seix Barral, una verdadera novela autobiográfica en la que el autor hace un ejercicio de indagación íntima, narrando la relación con su padre desde que, siendo niño, preguntó a su madre quién era ese hombre desconocido que había llegado a casa, como si el pequeño temiese a un adversario, hasta la finalización de este libro, tras la muerte del progenitor. El punto de partida es, pues, ese Miedo Mutuo instalado entre ambos –la amenaza para el niño, que vivía con su madre y su abuela; que su hijo no lo quisiera, para el padre– en un repaso pormenorizado de cómo consiguieron superarlo. Es asimismo un despliegue de literatura en una narración de aventuras poco convencional, evocadora de viajes a tierras lejanas y, más aún, un homenaje muy personal a la figura del padre, a base de anécdotas, reflexiones, pensamientos, que sirve incluso para curar la herida de lo no dicho, algo que lastra toda relación humana. Por otra parte, resulta evidente a lo largo de la historia la estela de dolor que supone la pérdida del padre y la indeleble huella imprimida por este en el hijo. Escribir una novela como alternativa al duelo. Escribir una novela para airear los rincones más íntimos. Se trata, en definitiva, de la exposición del crecimiento vital del escritor, que regresa a los años cruciales de su infancia y adolescencia para darse cuenta de que ese tiempo es el que lo ha conformado como lo que es en el presente.

Apasionado del cine desde niño, con temprana vocación de guionista, Marías hace un recorrido por la cinematografía de la época, poniendo de manifiesto la importancia que tenían las películas para conocer el mundo y obtener una interpretación de la vida diferente a la que los curas enseñaban en la escuela. En el gris y triste Bilbao franquista de los años setenta, el adolescente Marías descubre su vocación artística ante una pantalla blanca donde se proyectan los anhelos. Como su padre dejó su trabajo en un taller mecánico para ser marino y viajar, él se fue a Madrid para ser guionista, y acabó siendo escritor. El cine es un elemento fundamental en esta novela, en la que Leonardo Marías se convierte en un personaje de ficción. Interesante perspectiva también sobre el proceso de escritura, anotaciones, manías, recursos, abundantes referencias literarias. Y reflexión sobre cómo el azar influye en nuestras vidas hasta tal punto que el mínimo soplo de brisa puede cambiar el modo en que las cosas sucedieron y por lo tanto nuestra vida.

Como si de un ritual se tratase, Marías vuelve a la casa familiar de Bilbao para terminar su libro, cuando lo acabe se venderá la casa y nunca más nadie de su familia la habitará, como así ha sido los últimos cien años. Una liberación de los espectros que contribuye al ejercicio literario, así como a la intención personal de conocerse mejor y explicarse a sí mismo y su historia familiar. Y sin embargo, no por ser biográfica, deja de ser esta novela una ficción literaria, pues la memoria aparece cuajada de fantasía, el padre rodeado de un halo de misterio y algunas intrigas, como la del arcano H, cuyo secreto logrará descifrar el escritor al final por un capricho del azar, sin decepción alguna. La memoria no es objetiva, así, siendo real la base de los hechos narrados, lo demás es fruto del recuerdo, aderezado de literatura, interpretado por el narrador; la memoria puesta al servicio de la escritura. La novela, escrita en primera persona, alterna diferentes tipos de narración, el Marías escritor se aleja del Marías personaje, a veces por medio de un humor muy intencionado que pone de manifiesto, por ejemplo, lo ridículo del ser humano, sus aspectos más cómicos. Y todo ello por medio de una prosa fluida de tono sereno, sin pudor, con tintes poéticos en ocasiones y sentencias magistrales que condensan universales como el cariño, la admiración, lo aprendido del hijo por su padre.

Una relación, la paterno-filial, tan antigua como la propia humanidad ha dejado numerosos ejemplos en la literatura, donde se reparten reproches y afectos a partes iguales. Jorge Manrique, Kafka, Delibes, Roth, entre otros, se encuentran en La isla del padre, sin embargo, esta historia es diferente en tanto que no busca lo mismo, ni atisbo de ira, ni de agravio, ni elegía por la muerte, ni redención. Es simplemente un testimonio sincero, una mirada valiente hacia el pasado y hacia el interior, tan natural, tan desnudo, que se convierte en la historia de todos los hijos y todos los padres. Una novela que empezó a escribirse mucho antes de la muerte del padre, desde pinceladas que el autor fue bosquejando y que, tras la despedida definitiva, hubieron de cobrar forma. Y no se trata de una historia triste, pese a la descripción de la enfermedad en los últimos años, pese a la pérdida, es una historia de esperanza, narrada desde la alegría de vivir, es lo mejor que puede enseñarnos la muerte. En cuanto al título, La isla del padre lo obtuvo tardíamente, cuando ya la novela estaba muy avanzada y el escritor descubrió, en una tranquila conversación con su sobrina, que era dueño de una isla, regalo del padre a él y a sus hermanos en uno de sus viajes. Un juego mental del marino, fantasías a bordo del barco que tan lejos de su familia lo tenía la mayor parte del tiempo. Algo que casa perfectamente con la imaginación del niño que fue Marías y pensaba las islas como grandes trozos de piedra donde se refugiaban los marinos. De adulto, la isla, el padre, como un lugar seguro al que volver.

Desde Homero, es el viaje una metáfora literaria que identifica un tránsito vital. Ese es el itinerario de esta magnífica novela de Fernando Marías, en la que hace un viaje sentimental y literario desde la sombra del padre hasta sus propias tinieblas, al pasado y desde el presente, para resurgir tranquilo, sanado, reconciliado no con un padre con quien nunca estuvo en pugna, sino consigo mismo.

¡Feliz lectura!

CDR

martes, 20 de octubre de 2015

CONTRA EL OLVIDO

Ya inmersos de lleno en el otoño, en este martes gris de llovizna, una buena lectura para esos ratos de té y manta en el sofá.



Caballero de la orden de los Finnegans, José Antonio Garriga Vela (Barcelona, 1954), no es un narrador de éxito, entendiéndose como tal aparecer en la lista de los más vendidos. Y quizá esto precisamente nos hable de su calidad literaria. Este escritor catalán, licenciado en Derecho y afincado en Málaga debutó como novelista con Una visión del jardín (1985), si bien el verdadero reconocimiento le llegó con Muntaner, 38 (Premio Jaén de Novela 1996). Con El vendedor de rosas (2000) fue comparado por algunos críticos con Paul Auster, por el desasosiego y extrañamiento de sus personajes. Su cuarta novela, Los que no están, ganó el Premio Alonso García-Ramos de Novela 2001, historia en la que ya ahonda en los tortuosos caminos de la memoria. En 2009 obtuvo el Premio Dulce Chacón a la mejor novela publicada en lengua española en 2008 por Pacífico. Además, ha escrito algunos libros de cuentos, como El anorak de Picasso (2010) y también varias obras de teatro, Formas de la huida (1989), por ejemplo. No es prolífico este autor, posiblemente debido a su interés por hilar fino y hacer corresponder cada pensamiento con cada palabra escrita, con cada personaje proyectado de su pluma. 

En cuanto a su última novela, El cuarto de las estrellas, ha sido galardonada con el Premio Café Gijón 2013. Una historia que parte de un episodio personal del autor, un mareo que le hizo caer, se golpeó en la sien y cuando despertó no recordaba nada del presente ni del pasado reciente, ni siquiera que estaba escribiendo una novela. Así, el protagonista, realiza una vuelta atrás en el tiempo, regresando al pueblo de su infancia, La Araña, para escribir la historia familiar. Poco a poco se van desvelando los secretos de su familia desde los años de posguerra hasta los setenta, cuando el padre compra un billete de lotería de Navidad, que resulta premiado con el Gordo y por fin pueden realizar el viaje soñado por el progenitor a Nueva York. Sin embargo, esta situación que debería de ser afortunada –el padre acaba de renunciar a su trabajo– supondrá el principio del fin. Para el protagonista, por su parte, este tiempo recluido en la antigua casa de su infancia, conformará el proceso de reconstrucción de la propia identidad. El hilo conductor de la historia será el amigo común de sus padres, Javier Cisneros, cuya muerte supone el inicio de la caída en picado del padre, de la relación matrimonial, como si esta fuera el detonante que hace saltar los silencios reprimidos y una cotidianeidad forzada. 

Este excelente relato, construido con materiales sencillos, pues la historia gira sobre sí misma a partir de unos pilares asentados desde el principio, consigue sin embargo explorar acertadamente los recovecos de la intimidad y convertir la literatura, a través de sus páginas, en una forma de conocimiento. Garriga Vela continúa en la línea de sus obras anteriores, en las que la memoria y el recuerdo son protagonistas. En forma de espiral, el lector es llevado hacia atrás continuamente para descubrir algo más de la historia, lo que en realidad le encamina hacia adelante. Finalmente, el círculo se cierra y todo cobra sentido. La indagación del protagonista sobre las extrañas relaciones entre los otros personajes, sus padres, el Comunista, el Polaco, el propio Cisneros, así como la influencia subyacente de la cementera Goliat, le llevan a una comprensión del pasado que solo desde la edad adulta puede alcanzar, pues su mirada infantil le impedía desentrañar el verdadero significado de esos recuerdos. Descubre así la desdicha y la culpa de sus padres por el pasado, la identificación de él mismo con su padre –alcanzada la edad que él tenía cuando sucedieron los hechos– y finalmente la reconstrucción de su propia personalidad. Lo que busca en realidad el protagonista es precisamente eso, explicarse a sí mismo, hasta el punto de que en algún momento siente haber usurpado la identidad de sus padres, al introducirse de lleno en sus secretos y desvelar sus más íntimas inquietudes y anhelos. Se trata de rehacer esas vidas en el pasado para dar sentido a la suya presente. Lo cual entronca con la preocupación constante del autor por la memoria, el pasado y el olvido. “Sin memoria no somos nada”, dice el protagonista. Y es que la memoria no solo preserva el recuerdo de las cosas que ya no están, sino que además es fundamental para la construcción del yo. Este motivo manejado habitualmente por Garriga Vela de una forma casi confesional, cobra en El cuarto de las estrellas un tono más ficcional, sea real o aparente, demostrando la madurez literaria alcanzada. Siendo el tema principal la memoria, por otra parte no se deben obviar el tratamiento de otros motivos como las relaciones amorosas y familiares, o cómo afecta a las personas un contexto asfixiante e incluso opresor. 

No es casual, efectivamente, la ambientación de la novela en el pueblo de La Araña, un pueblo aislado, sometido por la omnipresencia de la cementera, que nos introduce en un ambiente hosco, claustrofóbico, invisible para los demás. Como el resto de escenarios de la novela, desde el bar del Comunista, al que se accede por un pasadizo bajo tierra, hasta el claroscuro estanco de Cisneros, acabando en el sótano de la casa de este, donde se ubica ese cuarto de las estrellas que da título a la novela. Un lugar que entierra, literalmente, muchos de los secretos de la familia y que se relaciona con la afición compartida por el niño protagonista y Javier por el cine y los actores que interpretaban las películas que veían juntos.

Esta inusual novela, de gran calidad expresiva, muestra una forma de escribir intimista y sencilla, pero a la vez llena de potentes metáforas –impactante el uso metafórico que hace el autor a lo largo de la historia del funambulista Philippe Petit haciendo equilibrio en una cuerda entre las Torres Gemelas–, mezcolanza que dota su relato de notas de realidad y de ficción. El misterio es un ingrediente que se desliza sutilmente por los recovecos del argumento, de manera que lo que parecía en principio tan sencillo está realmente elaborado y engarzado de forma magistral. La información se va dosificando y relacionando para dar lugar a una atenta composición, en la que destacan, asimismo, el cuidado de los detalles y el manejo de las alusiones. No en vano, Garriga Vela es un buen contador de cuentos.

Un autor, un relato, que requiere de lectores avezados para descubrir y disfrutar de su verdadera altura literaria.

¡Feliz lectura!

CDR

martes, 26 de mayo de 2015

VIAJE AL INTERIOR

Vamos apurando ya mayo, parece que fue ayer cuando empezó. Aún es martes, quizás con el trabajo no tenemos tanto tiempo de leer y con el buen tiempo preferimos salir a dar un paseo antes que sentarnos con un libro. De todas formas, nunca viene mal tener preparadas buenas lecturas para cuando el cuerpo nos lo pida o el quehacer diario nos lo permita. Vale la pena la propuesta de hoy:



No es desconocido el talento de José Luis de Juan (Mallorca, 1956), autor de relatos, novelas, poesía, ensayo, crítica literaria. Titulado además en Derecho y Ciencias de la Información. Ya a los diecisiete años ganó un premio por un cuento sobre Hemingway, pero no fue hasta dos décadas después cuando empezó a publicar, El apicultor de Bonaparte, La mano que formula el deseo, Este latente mundo o Sobre ascuas, en novela; el ensayo Incitación a la vergüenza, entre otros; Versión del este, en poesía; en incluso algún libro de viajes, como Campos de Flandes. En la actualidad colabora asiduamente en prensa escribiendo sobre literatura y viajes.

Un poema de Robert Graves, concretamente sus versos finales, inspira el título de esta la séptima novela del escritor mallorquín: La llama danzante. Y aunque parezca una simple anécdota, unas pocas líneas en la obra, resulta revelador al final, conocida la lucha interna de los personajes y el propósito de amor que a los protagonistas mueve de no mirar nunca atrás, inevitable casi siempre.

Juan, un historiador y fotógrafo mallorquín, y Lotte, una guionista alemana, emprenden viaje por Arizona y California en un viejo Chevrolet prestado. Ambos están separados, tienen hijos de la anterior relación y, tras varios años juntos, siguen luchando por mantener viva la llama de su amor, intentando olvidar la huella que otras personas dejaron en sus vidas. Este viaje supone el postrer intento de enderezar su incierta vida juntos. Mientras él fotografía los paisajes desérticos y visita las misiones fundadas por Fray Junípero Serra, ella escribe el guión para su próxima película. Este trayecto no solo será físico, sino que supondrá un verdadero viaje al interior, una búsqueda de la propia identidad. Juan ya había viajado con su esposa e hijos a la misma zona y con esta premisa se van introduciendo una serie de flashbacks que comportan también un viaje en el tiempo. Pues Lotte, por su parte, se encuentra con una amiga del pasado, Sylvia, personaje que viene a ser el contrapunto, la piedra en el zapato de la idílica relación de la pareja. En eso basa el autor su argumento, en una road novel conjugada con una fenomenal historia de amor y de pasión. Efectivamente, el erotismo es uno de los ingredientes de esta intrépida novela que incluye notas del género negro, además de reflexiones sobre la amistad, la confianza, el ser uno mismo, la soledad. Una mixtura de lirismo, intriga, diálogo con el pasado y ansias de vivir el presente.

Premiada con el Camilo José Cela de la Ciutat de Palma de novela 2012, en esta novela José Luis de Juan maneja con maestría diferentes tramas, distintos tiempos y texturas narrativas para conformar una perfecta sinfonía que cautiva al lector y le acompaña por este singular recorrido. Como una novela de viaje se podría considerar La llama danzante, no en vano aparece exquisitamente publicada en la colección “paisajes narrados” de la editorial Minúscula. Las imágenes que consigue el mallorquín son extraordinarias, fundiendo la orografía del paisaje con la propia piel de los protagonistas. Por otra parte, la galería de personajes se completa con seres fascinantes, como Zeynel, un militante kurdo del PKK torturado por los turcos, establecido en Los Ángeles; la delgadísima, promiscua y sensual Sylvia, poetisa que recuerda a la Plath; los secundarios Hansel y Gretel, hijos de Lotte; su impresentable marido, Franz; o la omnipresente Berit, amiga íntima de la alemana, que se suicidó dejando un halo de misterio.

En cuatro bloques se estructura la novela, identificados con las etapas del viaje. El primero, “Cactus”, se centra en el recorrido por el desierto de Arizona y su título sugiere las imágenes de Lotte desnuda que Juan tomará entre las agresivas plantas en el desnudo paisaje. No tiene desperdicio la persecución por parte de dos fornidos camioneros para conseguir los favores sexuales de la pareja y el posterior encuentro violento en el casino. El segundo bloque, “Los Ángeles”, narra las peripecias de los protagonistas en la capital californiana, donde compartirán mucho de su tiempo con el amigo Zeynel y su entorno. En cuanto a “Temblores”, la tercera parte, hace referencia a los terremotos sufridos en California por el protagonista en el pasado cuando visitó la zona y en la actualidad acompañado por Lotte y Sylvia, resultando herida esta última. En este punto, los temblores resquebrajan de alguna forma la confianza de la pareja. Se ponen en evidencia más que nunca las diferencias que los separan, la edad, el origen, el cosmopolitismo de Lotte frente a la añoranza por el pueblo de la infancia de él. Y finalmente, el cuarto bloque, “San Marcos”, cuenta la parte del viaje que Juan hace solo por San Francisco, pasando por las peligrosas tierras fronterizas mexicanas. Tras un encuentro con policías corruptos en una pelea de gallos, nadar en el océano abierto contra furiosas olas y conocer a los horribles manatíes de la laguna de Chápala, el protagonista consigue ponerse a salvo de todo, incluso se diría que de sí mismo. El desenlace queda totalmente abierto, como si algo tan amplio, tan complejo como lo tratado no se pudiera concluir de forma alguna, es el propio lector el que debe imaginar el destino de Juan, que parece haber quedado suspenso en un paraíso californiano con Jesús y su dulce hermana Lucía.

Dueño de una prosa magnífica, José Luis de Juan logra el equilibrio perfecto entre acción y descripción, fluidez y lentitud a lo largo de esta novela que destila elegancia, saber hacer, sobriedad y estilo. Un escritor con una personalidad propia, capaz de analizar la complejidad del mundo, las relaciones humanas desde un punto de vista original, sin ajustarse a tópicos o convenciones, narrando en tercera persona, en un tono distante, una ficción con visos de realidad. Mezclando viajes y literatura, lo cierto es que La llama danzante nos conduce por un recorrido de vértigo a nuestra búsqueda personal.

¡Feliz lectura!

CDR

jueves, 22 de enero de 2015

LA HUIDA

Jueves, en este tramo final de enero frío y ventoso, retomamos las recomendaciones de lecturas con una interesante novela, original, muy apropiada para un fin de semana de invierno.

  
En el vasto panorama narrativo actual despunta Lara Moreno (Sevilla, 1978), autora de varios libros de relatos y poemarios; algunos de sus cuentos aparecen ya en antologías del género. Por si se va la luz es su primera novela, por la que ha apostado la editorial Lumen con gran acierto. Elegida Nuevo Talento de Literatura FNAC. Una escritora emergente que tiene mucho que decir. 

Movida por la preocupación y el miedo ante una realidad que pretendemos ignorar, como es el cambio climático, Lara Moreno propone una huida, una vuelta a los orígenes, la búsqueda de una vida más simple, que al mismo tiempo será más dura, por la sordidez que supone volver a enfrentarse a los elementos para una pareja de treintañeros urbanitas: Martín, un investigador comprometido con el medio ambiente y Nadia, una sensible y excéntrica artista. La abstracción, lo indeterminado juegan un importante papel en esta novela, pues el nombre del pueblo en el que se aíslan nunca se menciona –es simplemente un lugar en alguna parte, como una nada– y la autora juega sutilmente con indicios apocalípticos de una sociedad hipertecnológica e hiperconsumista, que abarrota el planeta con sus residuos. En el pueblo al que llegan Nadia y Martín, acompañados por una supuesta organización que se dedica a eso, tienen, por el momento, agua, luz eléctrica y poco más. Ellos llegan con lo básico y deberán aprender a sobrevivir con su trabajo en la tierra y por medio del trueque con los otros habitantes y unos gitanos que se acercan periódicamente para abastecerlos. El hecho de que Nadia compre una antigua máquina de escribir antes del viaje representa una metáfora del abandono absoluto de la tecnología, un retroceso, un reto para las convicciones personales. Y a la vez, un gesto que habla de los hábitos adquiridos, la máquina es para que Martín siga escribiendo, “por si se va la luz”. Como si eso tuviera alguna importancia allí a donde van.

Se trata de una novela coral en la que cuatro de los personajes (Nadia, Martín, Enrique y Damián) se alternan para contar en primera persona sus vivencias y otros tres (Elena, Ivana y Zhenia) tienen voz a través de un narrador omnisciente. La verdadera acción de la novela transcurre en el interior de los personajes. ¿Y no es así como ocurre en la vida misma? Vivir no es más que una serie de encuentros y desencuentros, con los demás y sobre todo con nosotros mismos. Así, el tema de la soledad vertebra toda la narración. El pueblo es una isla, rodeado de bosques, y en realidad cada uno de los personajes es una isla, víctimas del hastío, nada les motiva. Huyendo de la rutina y buscando romper las reglas del tiempo y de la propiedad, a veces se encuentran sumidos en esa misma espiral de tedio. Lo que intenta hacer Lara Moreno es algo tan ambicioso como indagar en la condición humana. Desde Damián y Elena, los más viejos del lugar, hasta la niña Zhenia, hace un repaso por todos los sentimientos, emociones, estados y preocupaciones del ser humano. Aunque en la galería de personajes que forman Por si se va la luz todos ellos quedan perfectamente perfilados y expuestos, aunque es una novela de protagonista múltiple, sin secundarios, Nadia destaca sobre todo por su conflicto interior, por su fuerte personalidad que la arrastra a seguir a Martín en contra de sus principios por pura cabezonería, porque en realidad no se encuentra a gusto en ningún sitio, porque no admite que huye de sí misma, y observa la situación y a los demás con cierta prepotencia. Poco a poco su frivolidad se irá apaciguando, como todos los personajes encontrará algo a lo que aferrarse.

No se trata en modo alguno de una visión idílica del campo como contraposición a la ciudad. En este sentido se podría relacionar con una tendencia literaria actual hacia el tema rural (Belfondo, de Jenn Díaz o Intemperie,de Jesús Carrasco), que sería una simple coincidencia generacional promovida tal vez por la situación presente de crisis, de cierta sensación de desbordamiento ante el progreso de las nuevas tecnologías y la acción imparable del ser humano sobre la Tierra. Más allá de las líneas de Por si se va la luz subyace una amplio bagaje lector por parte de la escritora. Enrique y Nadia comparten en un momento dado el amor por los libros y se producen una serie de encuentros literarios en los que se citan libros y autores. No son casuales las alusiones a Kapuściński o a Sylvia Plath, entre otros. La literatura se convierte de pronto en algo vital. Para ella porque ya no tiene otro entretenimiento, no comprende cómo antes podía estar tanto tiempo delante del ordenador o chateando con sus amigos. Para él, una vuelta a algo que ya casi había olvidado.

Con una prosa que roza en ocasiones la prosa poética, aunque siempre clara y directa, las escenas más bellas y sutiles se combinan con otras de extrema crudeza, la escritora sevillana sorprende con un relato de trama casi inexistente que se aferra a la fuerza del paisaje y de los personajes para desarrollar el argumento. Inquietud, desasosiego, miedo, para una narración cruda e intensa que hará partícipe al lector de esas mismas sensaciones. Sin embargo, existe un punto de esperanza. La aceptación, el perdón, la muerte como algo natural despojada de todo drama, el anuncio de una nueva vida. La novela se divide en dos partes: Invierno y Verano, lo que tiene que ver con lo radical de la historia, pues ambas son las dos estaciones más extremas. El frío y el calor pondrán a prueba a los personajes. Al final, un breve epílogo no para cerrar el relato, sino para dejarlo abierto y que el lector siga planteándose preguntas una vez terminado el libro.

Lara Moreno pretende cuestionar la vida en la ciudad, la situación límite en que nos encontramos, pero no trata de política ni critica nada; no ha inventado una historia de ciencia ficción para anunciar el fin del mundo, ni ha creado un sitio exótico ni extravagante. Simplemente ha ubicado a sus personajes en un pueblo abandonado, que puede ser cualquiera de los miles que hay en España –que no nos quedan tan alejados, tan ajenos como pretendemos– y les ha hecho tomar una drástica decisión que tendrán que asumir hasta sus últimas consecuencias. Una excusa perfecta para hablar de las ganas de huir, aislarse, llegar a un lugar del que nunca se vuelve.

¡Feliz lectura!

CDR

jueves, 25 de septiembre de 2014

SUEÑO Y REALIDAD

En esta tarde lluviosa de otoño, cuando ya la luz es gris y van quedando atrás los calores del estío, recomendamos una interesante lectura.

Con este verso de Salvatore Cuasimodo, “oscura monótona sangre”, titula el periodista argentino Sergio Olguín (Buenos Aires, 1967) su novela. Una historia que conquistó al jurado del V Premio Tusquets Editores de Novela.

Se trata de un relato vibrante que atrapa desde el primer momento, con un estilo inconfundiblemente periodístico por su sencillez, sobriedad y concisión, a la vez que de una rotunda calidad literaria.

Oscura monótona sangre (2010) está ambientada en Buenos Aires, con un vocabulario porteño auténtico que no hace a esta novela, sin embargo, localista, ya que puede ser entendida por cualquier lector y lo que aquí ocurre podría pasar en cualquier ciudad del mundo. El contraste entre la riqueza y la pobreza es algo tristemente universal, así como la lucha del ser humano consigo mismo.

La trama se nutre, como en anteriores novelas de Olguín (El equipo de los sueños, 2005, Lanús, reeditada en 2008), del propio medio de la ciudad, desde la corrupción hasta las drogas, pasando por la marginalidad y la violencia. Pero no se trata de un thriller al uso, sino que se narra la historia de una obsesión erótica, que lleva al personaje a una paulatina e inevitable degradación. Huyendo, además, de cualquier tipo de enjuiciamiento moral, el lector se sitúa en esa misma postura neutra. En este sentido, como el propio autor confiesa, es evidente la influencia de Simenon, maestro en relatos de intriga con incremento emocional, normalmente de base sexual amorosa.

Julio Andrada es un empresario boyante y ejemplar que somete su vida a una rigurosa rutina, lo que le permite tenerlo todo bajo control. De origen humilde, Andrada ha ido escalando posiciones en la sociedad hasta convertirse en un vecino respetable. No obstante un día, por el azar de una conversación, algo instintivo y superior a su voluntad lo arrastra a “la villa”, un barrio miseria de las afueras. Allí conoce a Daiana, una joven prostituta de quince años, que será el motor de su desgracia. A partir de aquí, el protagonista se debatirá entre lo que siente y lo que es correcto, entre lo que ha sido y lo que cree ser, entre la apariencia y la verdad. Dispuesto a traspasar todas las fronteras, Andrada se encontrará cayendo en un abismo mientras él creía subir al cielo. 

Efectivamente, este relato lineal y sin ostentaciones, nos muestra la progresión del personaje desde “la villa” hasta “el cielo”, donde finalmente éste se pregunta sobre la posibilidad de acariciar un sueño. Lo que se desea se convierte en real con sólo desearlo, pero las ilusiones, las fantasías, están hechas de ese material onírico que se nos escapa de las manos; la realidad se impone con dureza.

Las últimas novelas de Olguín, La fragilidad de los cuerpos (2013) y Las extranjeras (2014), que tampoco tienen desperdicio, las dejaremos para más adelante.

¡Feliz lectura!

CDR

miércoles, 10 de septiembre de 2014

TEJIDO DE CUENTOS

El libro que hoy recomiendo no es actual, teniendo en cuenta que hace ya un lustro que se publicó; una buena lectura en cualquier caso para acercarse a la narrativa breve actual, una antología de autores contemporáneos que no tiene desperdicio. Recuperado quizá por casualidad entre los muchos volúmenes de las estanterías, les propongo este pequeño libro lleno de grandes relatos.


La esencia siempre viene en frascos pequeños. Y en eso pensamos al terminar este libro, en algo menudo que encierra una maravillosa fragancia. Tan injustamente tildado de género menor, el cuento se presenta aquí con maestría, demostrando que la concisión no implica liviandad. Al menos las modas sirven para algo si proliferan cuentos y cuentistas como los que en Atmósferas (2009) se recogen. Cortázar afirma que no hay leyes para escribir cuentos, y así estos veintitrés son diferentes unos de otros, impregnados del estilo personal de su autor, creados cada uno con su propio clima. Extensión diversa, descripción, diálogo, lenguaje más o menos coloquial, artificiosidad en distinta medida y temática variada. Sin embargo, hay algo que los aúna: su capacidad de aglutinar una realidad, mucho más allá de la anécdota elegida para el relato. Estas historias parten de situaciones concretas para hablarnos de temas universales. La superstición, el otro yo interior, el cansancio vital, la ambición, la especie en peligro, la admiración, el futuro y el pasado conforman un panorama apto para todos los gustos.

En “Golpe de sol sobre tapete de hule azul”, Busutil describe, a pinceladas, todos los matices de la monotonía y la decepción. Ese bodegón que contemplamos es el cuadro de naturalezas muertas en que se convierte la vida de muchas personas cuyas ilusiones ha ido devorando la rutina. Otro tema recurrente es el de la muerte. Ese miedo vehemente a un destino fatal, temiendo el momento en que los “dados negros” caigan en nuestra parte del tablero. Negra guadaña o sombra sobre nuestras cabezas, la Muerte siempre acaba alcanzándonos. Y detrás quizá algo insólito, como encontramos en “Vida después”. En ocasiones intuimos que Dios debe estar demasiado ocupado para nuestras insignificancias, realmente estamos solos. La posibilidad de un paraíso hecho a medida es el consuelo que le queda a Javier tras la muerte de su tío, quien no se lleva consigo la bella manía de leer las nubes; así nos recuerda José Castillejo Valero la pervivencia del Calendario Zaragozano, fuente de precisas predicciones. Dentro de esta línea, destaca “Taxidermia”, de Francisco Antonio Carrasco, donde sentimos la turbación de un hombre que no acepta el alivio del más allá, necesita el contacto directo, la conversación aquí y ahora. Con un lenguaje sencillo y cercano, y tratando hábilmente casi con humor un asunto tan crudo, se muestra la imposibilidad de atrapar la calidez humana en una cabeza muerta y vacía, por muy lograda que esté.

Los tiempos, las circunstancias cambian, nunca la esencia del individuo. Así lo plasma Miguel Ángel Muñoz en “Pronto seré bueno”: el niño de ayer, de hoy y de siempre, que encuentra placer en la maldad, pospone eternamente dicha consigna. Además surge lo relativo del valor de las cosas, como en “Argentina 78” y “Con Senel en la Habana”. Un alto precio pagó Silvita poniendo en práctica un truco a medias con quien más deseaba que se esfumara, para después pasar toda la vida echando de menos; un cuento sorprendente de Ana María Shua, que nos deja un sabor agridulce por su contundencia. Sobre todo cuando la vida es un agujero, el hombre es su peor enemigo, según la “Teoría del hueco”, original relato con mucho de reflexión.

Y esto es sólo una muestra de lo que el lector encontrará en este libro, donde se reúne una notable nómina de autores: Salvador Compán, Manuel Moyano, Iban Zaldua, Teresa Morales Rodríguez, Óscar Esquivias, Juan Pérez Cubillo, entre otros. En Atmósferas, con hilos de tradición clásica, fantasía borgiana, retazos de realismo mágico, misterio y cotidianeidad se teje este universo de ambientes que nos envuelve y no nos deja indiferentes.


¡Feliz lectura!

CDR

miércoles, 20 de agosto de 2014

RETRATO FAMILIAR

Seguimos con lecturas recomendadas en este verano que vamos apurando -el mes de septiembre, por más que sea casi estival ya no es lo mismo- con la última novela de Enriqueta Antolín, una propuesta diferente, original, de una autora que desentraña con acierto la maraña de la memoria.

  
Enriqueta Antolín (Palencia, 1941) debutó en la narrativa a principios de los noventa con la trilogía La gata con alas, Regiones devastadas y Mujer de aire, demostrando desde el principio una gran capacidad para plasmar la nostalgia de la niñez y de la adolescencia con la mirada retrospectiva del paso del tiempo. Pero es con Qué escribes, Pamela (2012) -finalista del Premio de la Crítica de Castilla y León en 2013-, cuando la autora muestra su madurez narrativa en esta novela originalísima, poco convencional.

Destaca Antolín por el acierto a la hora de trazar el perfil psicológico de sus personajes, las elipsis y alusiones que le permiten prescindir del relato continuo, así como los cambios de perspectiva que enriquecen la narración. A modo de diario, la voz de Pamela, ya adulta, evoca recuerdos, sensaciones, imágenes, retazos, en definitiva, que como si de un mosaico se tratase acaban componiendo la historia de su familia. Una historia de desencuentros, infidelidades, decepciones, rutina. En el relato aparecen solo los datos esenciales, con sucintas descripciones de lugares y personas, como dejando ver la irrelevancia de estos detalles cuando lo que importa son las acciones y los sentimientos que estas provocan. En este sentido, la sencillez -en cuanto a poca artificiosidad- de la narración, así como su pulcritud, es otra de las cualidades de esta novela.

Aunque el argumento gira en torno a muy pocos personajes (la madre, el padre, el profesor boliviano, la vecina), el continuo cambio de enfoques puede dar la impresión de que son más. Efectivamente, encontramos desde capítulos narrados en primera o en tercera persona, incluso en segunda, hasta algunos relatados desde la perspectiva de los diversos personajes, y numerosos saltos temporales que rompen la sucesión cronológica. Una técnica narrativa que consigue el efecto de unos apuntes no ordenados, de un esbozo inacabado, y que logra forzar la colaboración del lector, que en un momento dado necesita descubrir las interioridades de esta familia. Son precisamente las particularidades de la misma las que explicarían la complejidad psicológica y anímica de Pamela, sujeto de la historia a la vez que destinatario de la misma, ya que esta reconstrucción está más bien orientada a esclarecer los pasajes oscuros de su propia memoria que a pergeñar una crónica dirigida a lectores ajenos. De hecho, a la pregunta del padre, que da título a la novela, la hija responde: “Estoy escribiendo nuestra historia.”… “Pero tú no la vas a leer.” ¿No es eso al fin y al cabo un diario?

Esta novela, sin embargo, es algo más. Una historia de infidelidades, apariencias y de cómo la realidad puede tener varias interpretaciones. Pues Pamela indaga en el pasado de su familia, a partir de la crisis del matrimonio, e imagina lo que escribe en su cuaderno secreto, una forma como otra cualquiera de intentar comprender la situación e incluso de entenderse a sí misma. Porque a pesar del perspectivismo, la interpretación esencial es la de la protagonista.

Acertada propuesta de la editorial Menoscuarto con esta autora palentina que desgraciadamente falleció el pasado mes de noviembre en Madrid, donde residía.

¡Feliz lectura!

CDR

domingo, 20 de julio de 2014

DESTINO INEVITABLE

Esta semana se han cumplido noventa y cinco años del nacimiento de la escritora y filósofa irlandesa Iris Murdoch (15 de julio, 1919 - 8 de febrero, 1999) Es un buen día hoy, por tanto, para recomendar una de sus novelas, de entre las muchas que escribió. A pesar de que habrá quien diga que no es esta una "lectura veraniega"... como si los libros fueran como la ropa, de verano y de invierno. No es ligera esta obra, si a eso se refieren, pero si se acomodan en un sitio fresco, con atuendo apropiado y dispuestos a disfrutar de buena literatura, es una opción a tener en cuenta.




Por qué no termina de despegar una escritora de la talla de Dame Jane Iris Murdoch es poco menos que un misterio. De reconocido prestigio por sus coetáneos, autora de más de una veintena de novelas, numerosos ensayos e incluso varias obras de teatro y poesías, lo cierto es que, tras vagar de editorial en editorial por nuestro país, Iris Murdoch nunca ha tenido el reconocimiento que su talento merece.
Impedimenta, empeñada en la calidad de su selección, rescata ahora esta obra crucial, descatalogada desde hace tiempo, iniciando así la recuperación de algunas de las novelas perdidas de quien debutara en 1954 con Bajo la red –considerada por la revista Time como una de las cien mejores novelas de la literatura inglesa del siglo XX-, así como la traducción de varios de sus títulos inéditos hasta ahora en español.

Henry y Cato se publicó originalmente en 1976, antecesora de la magistral El mar, el mar (1978) y punto de partida de lo que supondrá una larga lista de ambiciosos títulos en la carrera de la autora. En esta novela se reúnen muchas técnicas y temas tratados anteriormente por Murdoch a la vez que abre la puerta a nuevos asuntos que desarrollará en sus siguientes obras. Dedicada en profundidad a la filosofía, autora de la primera obra en lengua inglesa sobre Jean-Paul Sartre, Iris Murdoch revela necesariamente en su narrativa la influencia de grandes pensadores como Platón, Freud o Wittgenstein, considerado este último su referente principal.

Henry Marshalson y Cato Forbes se reencuentran, en el Londres de mediados de los setenta, en un delicado momento existencial. Henry regresa de Estados Unidos, por la muerte de su hermano mayor, para hacerse cargo de una herencia no deseada, después de vivir nueve años una vida sin prejuicios, como profesor universitario. Y Cato, sacerdote en contra de la voluntad de su estricto padre, se halla sumido en una crisis espiritual y de identidad sexual tras enamorarse de un joven del barrio marginal en el que trabaja, lo que hace replantearse toda su escala de valores. Después de varios años sin verse, y en un momento de sus vidas especialmente crítico, los itinerarios de estos dos hijos pródigos vuelven a mezclarse de forma inesperada en una espiral, no exenta de efectos melodramáticos, de despropósitos y venganzas, que les lleva a enfrentarse a sus propios miedos y a los lastres de su propios orígenes familiares en su búsqueda de una redención que amenaza con ser inalcanzable. Henry y Cato son dos seres opuestos a la vez que complementarios, dos almas sin rumbo que buscan la bitácora que los guíe en su senda. Henry, frío, malicioso e inseguro debido a una infancia y juventud a la sombra de su hermano mayor. Y Cato, débil, ambiguo, sometido por los deseos de un padre exigente. Sus caminos se cruzarán y llegarán a mezclarse en una especie de tragicomedia frívola, de argumento intrigante y equívoco.

Estos dos personajes principales se encuentran acompañados de una galería de secundarios indispensables para el desarrollo y resolución de la historia. La severa Gerda Marshalson, el apocado poeta Lucius, la bella y joven Colette, el duro John Forbes, el descarriado Joe Beckett y Stephanie Whitehouse, la supuesta amante de Sandy y exprostituta. Unos caracteres formidables para la trama, aderezada con discursos filosóficos, disertaciones religiosas, monólogos, haikus a media noche, un misterioso revólver, un secuestro, grandes cantidades de dinero de mano en mano, y un final imprevisible. Como si de una buena novela negra se tratase, trascendiendo sin embargo cualquier etiqueta.

En esta novela de Iris Murdoch resalta especialmente el trabajo de caracterización de los personajes, en que las encrucijadas morales y psicológicas de sus protagonistas afectan hondamente al lector. El recorrido que hace Murdoch por los paisajes del alma humana es impresionante, mostrándonos tanto lo más mezquino como lo más amable de estos. Además de captar acertadamente las contradicciones de la sociedad de su tiempo y de combinar de modo magistral los temas de índole moral con una ingeniosa e inesperada trama narrativa. Comparada en este sentido con George Eliot, por su crudeza y mordacidad, es justo reconocer la singular voz de la escritora irlandesa. Existe también en esta novela lugar para el humor negro e incluso para algún matiz fantástico, que difuminan lo realista. Un rotundo acierto de la escritora es precisamente encontrar el equilibrio entre la realidad y lo sobrenatural.

Henry y Cato se divide en dos partes. La primera, “Ritos de paso”, nos abre la puerta a la vida de los personajes, se demora en cruces y desencuentros para lo que posteriormente será una necesaria colisión. Es la más extensa y metafísica; recreándose en la descripción de ambientes, personajes y situaciones, Murdoch muestra su talento narrativo con una prosa fluida, amena y técnicamente perfecta, instintiva pero cuidada al máximo. En la segunda, “El gran maestro”, los acontecimientos se precipitan en una trama aparentemente caótica y desconcertante, en la que la escritora irlandesa hace gala de las mejores estrategias shakesperianas, como si nos encontrásemos viendo la representación de los hechos sobre un escenario. Una compleja combinación de estilos, técnicas y materias.

Y debajo de toda esta demostración de maestría literaria -sentimientos universales, amor, pasión, venganza, miedo, dudas; diversión, intriga, conmoción-, subyace un tema principal recurrente en Murdoch, la pérdida y recuperación de la fe, más allá de los motivos meramente cristianos. Se trata de un análisis profundo de la psicología humana, del alma, del corazón, allí donde se instalan la conciencia y los sentimientos, las acciones, lo que somos capaces de hacer. Y finalmente, cuando cerramos el libro, la certeza de que el destino es inevitable. A lo largo de la historia vemos cómo los dos protagonistas luchan por desasirse de las convenciones que los traban, cómo intentan tomar caminos alternativos a aquellos que sus orígenes les marcan, y cómo precisamente por esos senderos encuentran su verdadero sino, cual víctimas de una confabulación extraordinaria. Tras la escapada, la rebeldía, la locura incluso, solo queda la claudicación y la conformidad. Quizá porque desde el principio solo huían de ellos mismos.

Una joya, tanto por la cuidada y exquisita edición de Impedimenta como por ser uno de los mayores logros literarios del siglo pasado.

¡Feliz lectura!

CDR