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jueves, 2 de octubre de 2014

UNAMUNO AL DESNUDO

En este inicio de octubre lluvioso, como corresponde a la estación otoñal y tan necesario además en estas tierras asediadas por la sequía, contamos una curiosa anécdota del ilustre escritor vasco. No es figurado el título de esta entrada, como comprobarán a continuación.

Las fuertes desavenencias con el dictador Primo de Rivera ocasionaron que don Miguel de Unamuno fuera destituido de sus cargos docentes y exiliado a Fuerteventura, un destino alejado e inhóspito en aquellos años veinte, una especie de cárcel de arena.

Así, el 12 de marzo de 1924 llega a Puerto Cabras el insigne profesor de Griego y rector de la Universidad de Salamanca. Poco tiempo tardó don Miguel en descubrir el agradable clima de la isla y eso influye en su carácter, de por sí serio, sintiéndose el intelectual feliz, cómodo, vivo. Tanto es así que Unamuno se dedicó a tomar baños de sol en la azotea del hotel donde se hospedaba -hoy su casa museo-. Y tomaba el sol completamente en cueros.

Tal costumbre escandalizó a los vecinos, quienes calificaban esta actitud de indecente. Cuando el posadero le trasladó las quejas a don Miguel, este contestó: "Yo no los miro a ellos. Que no me miren ellos a mí." Severo y seco el escritor, sobre todo cuando le parecían absurdos los planteamientos del interlocutor.

No asustaba en absoluto el sol al escritor del norte, quien paseaba por la isla sin sombrero, moda que pronto empezaron a imitar los autóctonos, quienes al principio se sorprendían de que soportara los rigores solares y mantuviera la cabeza destocada ya a su avanzada edad. Sin duda, valoraba don Miguel la luz solar.

Cuatro meses duró el exilio de Miguel de Unamuno en Fuerteventura, que supusieron al final más que un castigo un regalo para el escritor, pero también para los majoreros y su isla. Pues la presencia del intelectual y sus comentarios positivos en los foros literarios de Madrid, París, Buenos Aires... la colocó en el mapa cultural mundial. Una isla que hasta ese momento tenía fama de tierra pobre y mezquina, cuyos habitantes eran rudos e ignorantes. Sin embargo, Unamuno va a presentar una isla mucho más trascendente, mucho más metafísica, y tan cautivadora que no se cansará en sus poemas y cartas de destacar la fuerza, la viveza y hasta el enamoramiento que sintió por Fuerteventura y por sus entrañables amigos majoreros.

"En mi vida he dormido mejor. En mi vida he digerido mejor mis íntimas inquietudes.", escribiría en sus artículos y cartas. Incluso esta experiencia inolvidable quedó plasmada en su obra De Fuerteventura a París (1925) Efectivamente, Unamuno fue indultado de su exilio el 9 de julio, pero prefirió viajar a París y después se instaló en Hendaya (país vasco francés) hasta que en 1930 cayó la dictadura de Primo de Rivera y regresó a Salamanca.

Mucho le debe Fuerteventura a don Miguel de Unamuno, que se convirtió en su padre intelectual, un modelo a seguir.

Sin olvidar que fue, a principios del siglo XX, el primer nudista de la isla.

CDR

2 comentarios:

  1. Genuino don Miguel y sobrosa anécdota para los cazadores de pequeñas historias de la literatura, una más que desconocía. Me la apunto.
    Pmd.

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  2. Original y chocante. Me encantan estas anécdotas, sobre todo cuando proceden de grandes maestros de nuestra Literatura.
    Tati.

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