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viernes, 5 de octubre de 2012

MUJERES:EVANGELIZADORA MÍSTICA

Tras un paréntesis debido a fuerzas mayores (la bravura de la naturaleza), retomamos nuestro homenaje a mujeres singulares con la historia de Luisa Carvajal y Mendoza (1566 o 68-1614), entregada a la vida espiritual desde niña, algo común en una época en que las mujeres se debatían entre una fuerte bipolaridad: o eran consideradas santas o pecadoras. En el camino de perfección que muchas ansiaban sufrían duras pruebas. Como es el caso de esta cacereña, hija de Francisco de Carvajal y María de Mendoza (hermana de Francisco Hurtado de Mendoza, primer marqués de Almazán), sexta hija después de cinco varones, que quedó huérfana a muy temprana edad. A los seis años fue separada de sus hermanos y enviada a vivir a Madrid con su tía abuela materna, María Chacón. En 1576 murió la tía también y de nuevo la niña hubo de trasladarse, esta vez a Soria, con su tío, el marqués de Almazán, esposa e hijas. Allí recibió Luisa una educación doméstica e intelectual esmerada, centrada en el aprendizaje del latín, el conocimiento cristiano y la práctica de la caridad, como correspondía a todas las nobles de la época.

Durante su adolescencia, Luisa Carvajal y Mendoza fue sometida por su tío a terribles sesiones de sadismo, que ella misma cuenta en su autobiografía con total naturalidad, llamándole "mi buen tío." La joven entendía que los latigazos sobre su cuerpo desnudo y las demás humillaciones y barbaridades cometidas con ella eran buenas para su desarrollo espiritual. Sin embargo, reconocía el sufrimiento que sentía: "Y muchas veces me pareció que no pudiera sentir más la misma muerte, y más cuando se resolvía en que la disciplina fuese de los pies a la cabeza, con una toalla puesta por la cintura, de la manera que se pinta un crucifijo, y atada a una columna que para eso había hecha a propósito, y los pies en la fría tierra, y una soga de cáñamo a la garganta, con cuyos cabos se ataban las muñecas y manos a la columna." ¿Me equivoco al afirmar que hoy en día se consideraría con problemas psicológicos a una persona que aguantase gustosa estas torturas? Pues entonces, los contemporáneos veían esto como prueba de la santidad de estas mujeres, que podrían así superar el estadio terrestre corporal, igualando en su dolor al Hijo de Dios y, por tanto, reunirse con él en los cielos. A los diecisiete años, escribe Luisa que desea ser una mártir. Así, a medida que se intensifica las "disciplina" de su tío, aumenta el amor de la chica por Jesús, llegando a convertirse en su ideal de esposo y padre. Puede decirse, a este respecto, que el amor de las místicas supera la índole de lo estrictamente espiritual, para expresarse en términos de pura sensualidad, amor físico y, por lo tanto, humano.

En 1591, se independiza Luisa, ya que su tío le permite irse a vivir a otra casa con una criada. Al año siguiente mueren el marqués y su esposa, Carvajal reclama su herencia paterna y la dona a los jesuitas, con quien había estrechado la relación en esos años. Decidida a rechazar tanto el matrimonio como el convento, Luisa abandona las costumbres de la nobleza, empieza a vestir hábitos de monja en su propia casa y comienza una asociación religiosa en el palacio de su tío con los miembros de la servidumbre. Le costó a la joven obtener los bienes de su tío, porque el testamento especificaba que sólo podría heredar casándose u ordenándose religiosa -únicas dos opciones de una mujer en el siglo XVI- Pero ella se rebeló contra la pasividad femenina e inició un pleito por sus derechos de herencia, que finalmente ganó. En 1593, Luisa Carvajal y Mendoza tomó los votos de pobreza, obediencia, martirio y mayor perfección. A partir de ahí, se crea en su casa una especie de beaterío de mujeres solteras, devotas de los principio cristianos primitivos. Siguió el vínculo con la Orden de los jesuitas.

En torno a 1598 empezó a escribir sus experiencias de éxtasis, desarrollando la mayor parte de su producción poética. Enferma a causa de sus propios malos tratos, tuvo que luchar ya el resto de su vida con fuertes dolores, jaquecas, parálisis de los miembros, incapacidad de hablar, ceguera temporal... síntomas todos ellos asociados a ese éxtasis tan codiciado por las místicas.

Desde los diecisiete años expresa Luisa su deseo de visitar Inglaterra y perseveró en ello, a pesar de las dificultades del viaje para una mujer sola. En 1605, partió hacia Londres (en la aduana le fueron confiscados sus instrumentos de tortura), con el firme propósito de luchar contra la opresión de los católicos y de convertir a los herejes ingleses. En unos años en que los católicos conspiraban para derrocar el gobierno del rey Jaime I y eran perseguidos por ello, Carvajal se dedicó a la peligrosa tarea de protegerlos. De esta época es la abundante producción epistolar de la religiosa. Aprendió trabajosamente el inglés para llevar a cabo su labor evangelizadora, afanándose en convertir anglicanos a la religión católica en hospitales y cárceles, sin ocultar nunca su fanatismo religioso. Fue encarcelada en dos ocasiones por su hostigamiento al anglicanismo, motivando fuertes discusiones con sus defensores, arrancando carteles, provocando disturbios. Hasta que el asunto se convirtió en un problema diplomático y, aunque el embajador español consiguió liberarla, Felipe III dictó una orden obligándola a volver a España. Antes de poder cumplir esa orden, Luisa, muy enferma, murió en casa de Gondomar -el embajador-, el 2 de enero de 1614, el mismo día de su cumpleaños. En su testamento, pide sepultura en una iglesia jesuita. Sin embargo, pese a la relación con la Orden, sus donaciones y entrega personal, no se cumplió su última voluntad. Fue la iglesia de la Encarnación de Madrid la que aceptó sus restos mortales, y allí descansan, en un pequeño féretro arrinconado contra la pared.

Aunque su obra literaria no consiguió renombre en su época -ni después-, Luisa Carvajal y Mendoza sigue la corriente establecida por Juan de la Cruz, Teresa de Ávila y fray Luis de León. El historiador Manuel Serrano Sanz dijo de ella que fue: "la más ilustre poetisa religiosa de cuantas florecieron en España durante el siglo XVII."

Para terminar, un ejemplo de su pluma, pues de su personalidad y temperamento ya hemos dado buena cuenta:

Esposas dulces, lazo deseado,
ausentes trances, hora victoriosa,
infamia felicísima y gloriosa,
holocausto en mil llamas abrasado.

Di, Amor, ¿por qué tan lejos apartado
se ha de mí aquesta suerte venturosa,
y la cadena amable y deleitosa
en dura libertad se me ha trocado?

¿Ha sido, por ventura, haber querido
que la herida que al alma penetrada
tiene con dolor fuerte desmedido,

no quede socorrida ni curada,
y, el afecto aumentado y encendido,
la vida a puro amor sea desatada?


(De deseos de martirio)

CDR

2 comentarios:

  1. ¡Qué personalidades históricas...! Una vida casi de novela, que muchos conocerán a través de este blog. Bien, una vez más, por estas excelentes entradas, inteligentes y magistrales.
    Pmd

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  2. ¿Amor espiritual o humano? De una manera o de otra una luchadora nata.
    Tati.

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