La palabra red proviene del latín rete y en su acepción original se refiere a un aparejo hecho con hilos, cuerdas o alambres trabados en forma de mallas, y convenientemente dispuesto para pescar, cazar, cercar, sujetar, etc.
Hoy en día están muy de moda las redes sociales, y no parece casual su nombre, pues estas no son más que un entramado que nos enreda sin apenas darnos cuenta, como una pegajosa tela de araña que no nos permite ya movernos con total libertad. Es paradójico, sí, porque hoy, cuando más amigos tenemos y cuando más enterados estamos de todo al momento, es precisamente cuando más esclavos somos de esos equipos informáticos continuamente interconectados que llamamos red.
Este problema se multiplica considerablemente en el caso de los jóvenes -aunque también muchos adultos están enganchados-, porque en estas comunidades virtuales encuentran el lugar apropiado para ser quienes realmente no son, para estar con quienes de verdad no pueden estar, y son una herramienta que algunos utilizan para controlar a sus amigos, parejas y conocidos. Nunca había sido tan elevada la falta de intimidad como ahora, en el momento en que te conectas todo el mundo lo sabe, no tienes escapatoria. Incluso si lo haces desde el móvil aparece tu ubicación. Si alguien te menciona o cuelga una foto contigo, debes realizar el comentario pertinente para no hacerle el vacío. Cuando se inicia una conversación, es preciso contestar aunque no te venga bien para no herir sensibilidades. Y si no contestas y se te ocurre hablar con otra persona para algo más urgente, la otra se enfada porque has pasado de ella. Además, las conversaciones suelen alargarse más de lo que tenías previsto cuando contestaste o saludaste y a posteriori te das cuenta de que has perdido un tiempo que deberías haber aprovechado para otra cosa. Y esto en el mejor de los casos. Cuando eres consciente de cuánto estás dispuesto a dedicar, porque si ya no controlas ni eso, está perdido. Enredado.
Además, la gente más adicta a la red no entiende que tú no lo seas tanto. Que prefieras leer, salir a caminar, irte con tus amigos, o simplemente no hacer nada antes que pasar horas y horas delante del ordenador o dándole a los pulgares con el móvil. No parece que las redes fomenten el respeto y la tolerancia, más bien resulta que pueden llegar a sacar lo peor de cada uno. Por no hablar, como ya se ha mencionado en este blog, de la diferencia entre la persona "virtual" y la persona "real", pues la mayoría no son capaces de mantener conversaciones cara a cara mientras pasan las horas chateando. Las habilidades sociales están de capa caída, no me extraña.
Y si no eres asiduo de las redes sociales, da igual, también estás atrapado, vigilado por ese ojo que todo lo ve. En el momento en que accedes al navegador de internet, se conocen tus gustos, tus preferencias. No queremos reconocerlo, pero no somos libres, las tecnologías nos subyugan en mayor o menor medida. El simple hecho de pagar con una tarjeta de crédito remite una información sobre nosotros que antes de ningún modo era conocida. No digamos las miles de cartillas de plástico de establecimientos varios que, con el pretexto de los descuentos o acumulación de puntos, espían nuestros hábitos de consumo. Ese fue el comienzo y hoy nos dirigimos por un camino incierto hacia el control total de la mano del atractivo internet.
¿Quién no ha sucumbido a colgar una foto suya aunque en principio pensó que jamás lo haría? ¿Quién no ha pasado más tiempo del que hubiera imaginado chateando con alguien? ¿Quién no sigue navegando cuando sale el aviso de las cookies, aceptando así que toda la información que se desprende de tu búsqueda es almacenada y puede usarse posteriormente? Sí, nos tragamos la galletita de chocolate tranquilamente.
Por supuesto, como ya he dicho en alguna ocasión, internet son todo ventajas... A costa de sacrificar nuestra privacidad e incluso nuestra libertad.
Pues como hoy ya tenía previsto escribir sobre este tema -me anda rondando todo el día por la cabeza-, parece que el castigo ha sido, al llegar a casa después del trabajo, descubrir la muerte súbita de mi smartphone. No les negaré que al principio me he sentido horrorizada, repasando rápidamente qué cosas podían suceder ante semejante pérdida. Al poco tiempo, sin embargo, me he sentido un poco liberada, como si se me devolviera ese tiempo que invierto en consultar mensajes y contestarlos, como si se me eximiera hoy de esa inquietud que siempre produce una posible llamada inesperada. Ahora lo que siento es un cabreo importante al consultar en internet -por supuesto- el caso y darme cuenta de que es algo de lo más frecuente. Mi "ladrillo" de hace diez años aún funciona, sin embargo este móvil ultraligero y superinteligente, que tiene un año recién cumplido, ha sucumbido a esa moda de la obsolescencia programada por las empresas al lanzar al mercado sus aparatos.
En esta tarde tranquila, silenciosa, libre de los pitidos, con diferentes tonos, que emite mi móvil continuamente, pienso que todo va demasiado rápido. Y que la red que nos atrapa es más tupida de lo que podemos imaginar.
CDR
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martes, 4 de febrero de 2014
domingo, 2 de febrero de 2014
MUJERES: LUCHADORA INCANSABLE
La protagonista de la entrada de hoy es Emmeline Pankhurst, nacida en Manchester en julio de 1858. Su nombre, que para la mayoría no significará absolutamente nada, está asociado a la lucha por el derecho al voto de las mujeres en el periodo inmediatamente anterior a la Primera Guerra Mundial, ya que fue una de las fundadoras del movimiento sufragista británico.
Hija de Robert Goulden, un exitoso hombre de negocios de ideas políticas radicales, y Sophia Crane, tomó el apellido Pankhurst al casarse en 1879 con el abogado Richard Marsden Pankhurst. Su marido ya apoyaba anteriormente el movimiento sufragista femenino, siendo autor de la Ley de la propiedad de la mujer casada.
En 1892, Emmeline Pankhurst fundó la Liga en Favor del Derecho al Voto de la Mujer, y sobre esa época ella junto a su marido se afilian al recién creado Partido Laborista. La muerte de Richard en 1898 no hizo que cesara en su labor, y cinco años después funda la Unión Política y Social de la Mujer, un movimiento reivindicativo, entre cuyos miembros estaban la famosa Annie Kenney, la "mártir" del sufragismo, Emily Davison y la compositora Dama Ethel Smyth. Sus hijas, Christabel y Sylvia, se unieron al movimiento, aportando muchas cosas, si bien desde ópticas diferentes.
Las tácticas de Emmeline Pankhurst la llevaron varias veces a la cárcel, pero dado que pertenecía a la clase alta, no sufrió las mismas privaciones que otras sufragistas (fue alimentada a la fuerza en el curso de una huelga de hambre). Por esto mismo su liderazgo fue discutido, y el movimiento se dividó en varias facciones. La Unión radicalizó su mensaje y, a partir de 1912, fue dirigida desde París por Christabel Pankhurst, hija de Emmeline. Ésta, a su vez, fue nuevamente detenida y encarcelada. Tras el estallido de la Primera Guerra Mundial, Christabel ordenó detener las actividades reivindicativas, y el Gobierno, en respuesta, liberó a todos los prisioneros, Emmeline incluida. Su autobiografía, Mi propia historia se publicó en 1914.
Ese mismo año se dirigió uno de sus discursos más famosos en Hartford, Connecticut, Estados Unidos. En ese discurso, del que reproducimos una parte a continuación, Pankhurst se presentaba como un soldado y un prisionero que había abandonado temporalmente el campo de batalla.
"No he venido aquí como abogada defensora, porque sea cual sea la posición que ocupe el movimiento por el sufragio en los Estados Unidos de América, en Inglaterra no se trata ya de defenderlo, el movimiento es ya parte de la vida política. Se ha convertido en el tema de la revolución y la guerra civil, y así que esta noche no estoy aquí para defender el sufragio femenino. Las sufragistas estadounidenses pueden hacer eso perfectamente. Estoy aquí en calidad de soldado que ha abandonado temporalmente el campo de batalla a fin de explicar -parece extraño que tenga que ser explicado- qué es la guerra civil cuando ésta la libran las mujeres. No sólo estoy aquí como un soldado temporalmente ausente del campo en la batalla; estoy aquí – y eso, creo, es lo más extraño de mi presencia- estoy aquí como una persona que, de acuerdo a lo que han decidido los tribunales de justicia de mi país, no tiene ningún valor para la comunidad; debido a mi estilo de vida se ha juzgado que soy una persona peligrosa, bajo pena de trabajos forzados en una prisión. Por tanto, algún interés debe tener escuchar a una persona tan peculiar como yo. Seguro que muchos de vosotros pensáis que no tengo demasiado aspecto de soldado ni de prisionero, pero soy las dos cosas. [...]
Quiero decir a las personas que no creen que las mujeres podamos tener éxito, que hemos llevado al Gobierno de Inglaterra a su situación actual y por tanto tiene que enfrentarse a esta alternativa: o las mujeres mueren u obtienen el derecho a voto. Les pregunto a los hombres norteamericanos que están en esta reunión, qué pensarían si vivieran una situación parecida en su Estado: ¿mataríais a esas mujeres o les daríais la ciudadanía, mujeres a las que respetáis, mujeres que sabéis que han vivido vidas útiles, mujeres a las que conocéis, aunque no sea personalmente? Mujeres que buscan la libertad y el poder para desempeñar un útil servicio público. Bueno, sólo existe una respuesta a esta alternativa; sólo existe una salida, a menos que estéis dispuestos a retrasar el avance de la civilización dos o tres generaciones; debéis otorgar el derecho de voto a esas mujeres. Ése es el resultado de nuestra guerra civil."
Emmeline Pankhurst falleció en 1928, tras haber visto cumplido el objetivo por el que había luchado toda su vida, pues pocas semanas antes de su muerte, el Gobierno promulgó una ley a favor del sufragio femenino.
Una luchadora que, junta con otras muchas en todo el mundo, consiguió hacer real algo que hoy es tan normal en los países democráticos: la igualdad de derechos de hombre y mujeres en el voto. Nunca deberíamos olvidar que gracias a personas como Pankhurst, a su devoción, su liderazgo, su visión y sus sacrificios, muchas desigualdades se superaron. Una inspiración, sin duda, para tantas otras barreras que se erigen todavía en nuestro mundo actual.
De las sufragistas españolas, que consiguieron el derecho al voto durante la Segunda República, en 1931, hablaremos en otra ocasión largo y tendido.
CDR
Hija de Robert Goulden, un exitoso hombre de negocios de ideas políticas radicales, y Sophia Crane, tomó el apellido Pankhurst al casarse en 1879 con el abogado Richard Marsden Pankhurst. Su marido ya apoyaba anteriormente el movimiento sufragista femenino, siendo autor de la Ley de la propiedad de la mujer casada.
En 1892, Emmeline Pankhurst fundó la Liga en Favor del Derecho al Voto de la Mujer, y sobre esa época ella junto a su marido se afilian al recién creado Partido Laborista. La muerte de Richard en 1898 no hizo que cesara en su labor, y cinco años después funda la Unión Política y Social de la Mujer, un movimiento reivindicativo, entre cuyos miembros estaban la famosa Annie Kenney, la "mártir" del sufragismo, Emily Davison y la compositora Dama Ethel Smyth. Sus hijas, Christabel y Sylvia, se unieron al movimiento, aportando muchas cosas, si bien desde ópticas diferentes.
Las tácticas de Emmeline Pankhurst la llevaron varias veces a la cárcel, pero dado que pertenecía a la clase alta, no sufrió las mismas privaciones que otras sufragistas (fue alimentada a la fuerza en el curso de una huelga de hambre). Por esto mismo su liderazgo fue discutido, y el movimiento se dividó en varias facciones. La Unión radicalizó su mensaje y, a partir de 1912, fue dirigida desde París por Christabel Pankhurst, hija de Emmeline. Ésta, a su vez, fue nuevamente detenida y encarcelada. Tras el estallido de la Primera Guerra Mundial, Christabel ordenó detener las actividades reivindicativas, y el Gobierno, en respuesta, liberó a todos los prisioneros, Emmeline incluida. Su autobiografía, Mi propia historia se publicó en 1914.
Ese mismo año se dirigió uno de sus discursos más famosos en Hartford, Connecticut, Estados Unidos. En ese discurso, del que reproducimos una parte a continuación, Pankhurst se presentaba como un soldado y un prisionero que había abandonado temporalmente el campo de batalla.
"No he venido aquí como abogada defensora, porque sea cual sea la posición que ocupe el movimiento por el sufragio en los Estados Unidos de América, en Inglaterra no se trata ya de defenderlo, el movimiento es ya parte de la vida política. Se ha convertido en el tema de la revolución y la guerra civil, y así que esta noche no estoy aquí para defender el sufragio femenino. Las sufragistas estadounidenses pueden hacer eso perfectamente. Estoy aquí en calidad de soldado que ha abandonado temporalmente el campo de batalla a fin de explicar -parece extraño que tenga que ser explicado- qué es la guerra civil cuando ésta la libran las mujeres. No sólo estoy aquí como un soldado temporalmente ausente del campo en la batalla; estoy aquí – y eso, creo, es lo más extraño de mi presencia- estoy aquí como una persona que, de acuerdo a lo que han decidido los tribunales de justicia de mi país, no tiene ningún valor para la comunidad; debido a mi estilo de vida se ha juzgado que soy una persona peligrosa, bajo pena de trabajos forzados en una prisión. Por tanto, algún interés debe tener escuchar a una persona tan peculiar como yo. Seguro que muchos de vosotros pensáis que no tengo demasiado aspecto de soldado ni de prisionero, pero soy las dos cosas. [...]
Quiero decir a las personas que no creen que las mujeres podamos tener éxito, que hemos llevado al Gobierno de Inglaterra a su situación actual y por tanto tiene que enfrentarse a esta alternativa: o las mujeres mueren u obtienen el derecho a voto. Les pregunto a los hombres norteamericanos que están en esta reunión, qué pensarían si vivieran una situación parecida en su Estado: ¿mataríais a esas mujeres o les daríais la ciudadanía, mujeres a las que respetáis, mujeres que sabéis que han vivido vidas útiles, mujeres a las que conocéis, aunque no sea personalmente? Mujeres que buscan la libertad y el poder para desempeñar un útil servicio público. Bueno, sólo existe una respuesta a esta alternativa; sólo existe una salida, a menos que estéis dispuestos a retrasar el avance de la civilización dos o tres generaciones; debéis otorgar el derecho de voto a esas mujeres. Ése es el resultado de nuestra guerra civil."
Emmeline Pankhurst falleció en 1928, tras haber visto cumplido el objetivo por el que había luchado toda su vida, pues pocas semanas antes de su muerte, el Gobierno promulgó una ley a favor del sufragio femenino.
Una luchadora que, junta con otras muchas en todo el mundo, consiguió hacer real algo que hoy es tan normal en los países democráticos: la igualdad de derechos de hombre y mujeres en el voto. Nunca deberíamos olvidar que gracias a personas como Pankhurst, a su devoción, su liderazgo, su visión y sus sacrificios, muchas desigualdades se superaron. Una inspiración, sin duda, para tantas otras barreras que se erigen todavía en nuestro mundo actual.
De las sufragistas españolas, que consiguieron el derecho al voto durante la Segunda República, en 1931, hablaremos en otra ocasión largo y tendido.
CDR
miércoles, 29 de enero de 2014
CONCIENCIA PLENA (II)
Una vez explicado el significado del mindfulness y la repercusión que este puede tener en nuestra vida -asumidos el compromiso y la autodisciplina-, comentamos a continuación algunos de los principios en los que debemos basar nuestra actitud hacia la práctica de la atención plena:
1) No juzgar.
Empezaremos aceptando que somos testigos imparciales de nuestra propia existencia. ¿En cuántos juicios, reacciones, experiencias, tanto internas como externas, nos vemos atrapados constantemente? Pues vamos a aprender a salir de estos a través de la toma de conciencia. La mente categoriza y etiqueta todo lo que vemos e inmediatamente lo juzgamos como "bueno" o "malo" según nos sintamos nosotros con respecto a ello. Así, estas categorizaciones, que carecen de base objetiva, pueden dominarnos y hacernos difícil encontrar tranquilidad. Por tanto, es importante reconocer cuándo aparecen estos juicios automáticos. No se trata de esforzarnos en eliminarlos, solo darnos cuenta de que suceden.
2) Paciencia.
La paciencia demuestra que comprendemos y aceptamos el hecho de que todo tiene su momento y que no podemos acelerar el proceso. Por ejemplo, una mariposa rompe la crisálida y sale al exterior cuando es preciso y si rompemos la crisálida antes de hora lo único que hacemos es perjudicar su desarrollo. Así que no hay necesidad alguna de impacientarse con nada, pues todo llega. ¿Por qué pasar a la carrera por un momento para llegar a otro "mejor"? Cada instante es único y constituye un trocito de nuestra vida. Una de las actividades favoritas de nuestra mente es vagar por el pasado y preocuparse por el futuro, perderse en pensar. Sean pensamientos agradables o desazonadores, lo cierto es que nos desconectan del momento presente. Por eso la paciencia puede ser una cualidad muy útil para ayudarnos a tranquilizar la mente agitada y enriquecer lo que estamos viviendo ahora. Consiste sencillamente en estar totalmente abierto a cada momento, aceptándolo, sin prisas.
3) Mente de principiante.
Tenemos que reconocer que con frecuencia permitimos que nuestros pensamientos y creencias nos impidan ver las cosas como realmente son. Con este principio del mindfulness vamos a cultivar una mente dispuesta a verlo todo como si fuese la primera vez. Esto nos permitirá mostrarnos receptivos a nuestras potencialidades y evitará que nos atasquemos en nuestra propia pericia -solemos creer que sabemos más de lo que sabemos.- Entenderemos que cada momento es único y posee posibilidades únicas. Qué verdad tan sencilla, ¿no? El experimento es fácil, podemos aplicarlo en nuestra vida cotidiana, cuando veamos a alguien a quien vemos todos los días, mirarlo con ojos nuevos, preguntarnos si lo vemos tal y como es o si es solo el reflejo de nuestras ideas. Intentémoslo también con los problemas cuando surjan. Con la naturaleza cuando estemos en el exterior, y descubriremos un cielo límpido, lleno de estrellas, el sol, los árboles... a los que nunca prestamos atención.
4) Confianza.
La confianza es un elemento fundamental; confianza en uno mismo. Es mejor confiar en nuestra propia autoridad e incluso en nuestra intuición -aunque cometamos errores- que buscar siempre la guía en los demás. Por ejemplo, si en algún momento algo no nos parece bien, ¿hemos de desechar esta sensación solo porque alguien piense de manera diferente? No podemos convertirnos en otro, así que nuestra única esperanza estriba en nosotros mismos. Claro que nos fijamos en los demás, pero solo pueden ser indicadores, referencias; debemos vivir nuestra propia vida, abiertos y receptivos a todo lo que podamos aprender, claro. Al practicar la atención plena, practicamos también la toma de responsabilidad de ser nosotros mismos, de escuchar nuestro propio ser interior y de tener confianza en él. Cuanto más confiemos en nosotros, más confiaremos en los demás y veremos en ellos su bondad básica.
Seguro que están pensando cuán difícil es llevar esto a la práctica, por muy de acuerdo que estén con ello. O quizá simplemente les parezca una tontería. O les resulte indiferente. De cualquier forma, aquí lo dejamos hoy y seguiremos con los principios que faltan en una próxima ocasión.
Sea como sea, sean felices.
CDR
1) No juzgar.
Empezaremos aceptando que somos testigos imparciales de nuestra propia existencia. ¿En cuántos juicios, reacciones, experiencias, tanto internas como externas, nos vemos atrapados constantemente? Pues vamos a aprender a salir de estos a través de la toma de conciencia. La mente categoriza y etiqueta todo lo que vemos e inmediatamente lo juzgamos como "bueno" o "malo" según nos sintamos nosotros con respecto a ello. Así, estas categorizaciones, que carecen de base objetiva, pueden dominarnos y hacernos difícil encontrar tranquilidad. Por tanto, es importante reconocer cuándo aparecen estos juicios automáticos. No se trata de esforzarnos en eliminarlos, solo darnos cuenta de que suceden.
2) Paciencia.
La paciencia demuestra que comprendemos y aceptamos el hecho de que todo tiene su momento y que no podemos acelerar el proceso. Por ejemplo, una mariposa rompe la crisálida y sale al exterior cuando es preciso y si rompemos la crisálida antes de hora lo único que hacemos es perjudicar su desarrollo. Así que no hay necesidad alguna de impacientarse con nada, pues todo llega. ¿Por qué pasar a la carrera por un momento para llegar a otro "mejor"? Cada instante es único y constituye un trocito de nuestra vida. Una de las actividades favoritas de nuestra mente es vagar por el pasado y preocuparse por el futuro, perderse en pensar. Sean pensamientos agradables o desazonadores, lo cierto es que nos desconectan del momento presente. Por eso la paciencia puede ser una cualidad muy útil para ayudarnos a tranquilizar la mente agitada y enriquecer lo que estamos viviendo ahora. Consiste sencillamente en estar totalmente abierto a cada momento, aceptándolo, sin prisas.
3) Mente de principiante.
Tenemos que reconocer que con frecuencia permitimos que nuestros pensamientos y creencias nos impidan ver las cosas como realmente son. Con este principio del mindfulness vamos a cultivar una mente dispuesta a verlo todo como si fuese la primera vez. Esto nos permitirá mostrarnos receptivos a nuestras potencialidades y evitará que nos atasquemos en nuestra propia pericia -solemos creer que sabemos más de lo que sabemos.- Entenderemos que cada momento es único y posee posibilidades únicas. Qué verdad tan sencilla, ¿no? El experimento es fácil, podemos aplicarlo en nuestra vida cotidiana, cuando veamos a alguien a quien vemos todos los días, mirarlo con ojos nuevos, preguntarnos si lo vemos tal y como es o si es solo el reflejo de nuestras ideas. Intentémoslo también con los problemas cuando surjan. Con la naturaleza cuando estemos en el exterior, y descubriremos un cielo límpido, lleno de estrellas, el sol, los árboles... a los que nunca prestamos atención.
4) Confianza.
La confianza es un elemento fundamental; confianza en uno mismo. Es mejor confiar en nuestra propia autoridad e incluso en nuestra intuición -aunque cometamos errores- que buscar siempre la guía en los demás. Por ejemplo, si en algún momento algo no nos parece bien, ¿hemos de desechar esta sensación solo porque alguien piense de manera diferente? No podemos convertirnos en otro, así que nuestra única esperanza estriba en nosotros mismos. Claro que nos fijamos en los demás, pero solo pueden ser indicadores, referencias; debemos vivir nuestra propia vida, abiertos y receptivos a todo lo que podamos aprender, claro. Al practicar la atención plena, practicamos también la toma de responsabilidad de ser nosotros mismos, de escuchar nuestro propio ser interior y de tener confianza en él. Cuanto más confiemos en nosotros, más confiaremos en los demás y veremos en ellos su bondad básica.
Seguro que están pensando cuán difícil es llevar esto a la práctica, por muy de acuerdo que estén con ello. O quizá simplemente les parezca una tontería. O les resulte indiferente. De cualquier forma, aquí lo dejamos hoy y seguiremos con los principios que faltan en una próxima ocasión.
Sea como sea, sean felices.
CDR
lunes, 27 de enero de 2014
"LA LENGUA ES MI ÚNICA RIQUEZA"
Palabras de José Emilio Pacheco en su discurso de entrega del Premio Cervantes 2009. Reflexión sobre la dignidad del español y de los escritores. Y quedó tan solemne, aunque al premiado se le cayeran los pantalones al entrar en el claustro de la Universidad de Alcalá de Henares, porque no estaba acostumbrado a vestir de pingüino, según él mismo explicó.
Y es que este mexicano era un gran escritor, uno de los más importantes de nuestra lengua en el siglo XX, pero por encima de todo era un ser humano corriente, humilde. Un niño que a los seis años descubrió que había otra realidad llamada ficción, que entró en el territorio de La Mancha de mano de don Quijote y ya nunca lo abandonaría. Un gran poeta que se abochornó al escuchar que era uno de los mejores de América Latina y dijo que ni siquiera lo era de su barrio, vecino como era de Juan Gelman. Excepcional.
Pero no solo fue poeta, escribió novelas muy significativas, fue ensayista, traductor, y recibió los premios literarios más reconocidos tanto en su país como fuera.
Hoy nos ha dejado a los 74 años. Pero no del todo, pues su extenso legado literario perdurará por siempre. Lean este poema y sepan por qué. Después, lean algo más de él. Vale la pena.
Presencia
¿Qué va a quedar de mí cuando me muera
sino esta llave ilesa de agonía,
estas pocas palabras con que el día,
dejó cenizas de su sombra fiera?
¿Qué va a quedar de mí cuando me hiera
esa daga final? Acaso mía
será la noche fúnebre y vacía
que vuelva a ser de pronto primavera.
No quedará el trabajo, ni la pena
de creer y de amar. El tiempo abierto,
semejante a los mares y al desierto,
ha de borrar de la confusa arena
todo lo que me salva o encadena.
Mas si alguien vive yo estaré despierto.
Como dijo de él Carlos Fuentes, "poeta al nacer." DEP
CDR
Y es que este mexicano era un gran escritor, uno de los más importantes de nuestra lengua en el siglo XX, pero por encima de todo era un ser humano corriente, humilde. Un niño que a los seis años descubrió que había otra realidad llamada ficción, que entró en el territorio de La Mancha de mano de don Quijote y ya nunca lo abandonaría. Un gran poeta que se abochornó al escuchar que era uno de los mejores de América Latina y dijo que ni siquiera lo era de su barrio, vecino como era de Juan Gelman. Excepcional.
Pero no solo fue poeta, escribió novelas muy significativas, fue ensayista, traductor, y recibió los premios literarios más reconocidos tanto en su país como fuera.
Hoy nos ha dejado a los 74 años. Pero no del todo, pues su extenso legado literario perdurará por siempre. Lean este poema y sepan por qué. Después, lean algo más de él. Vale la pena.
Presencia
¿Qué va a quedar de mí cuando me muera
sino esta llave ilesa de agonía,
estas pocas palabras con que el día,
dejó cenizas de su sombra fiera?
¿Qué va a quedar de mí cuando me hiera
esa daga final? Acaso mía
será la noche fúnebre y vacía
que vuelva a ser de pronto primavera.
No quedará el trabajo, ni la pena
de creer y de amar. El tiempo abierto,
semejante a los mares y al desierto,
ha de borrar de la confusa arena
todo lo que me salva o encadena.
Mas si alguien vive yo estaré despierto.
Como dijo de él Carlos Fuentes, "poeta al nacer." DEP
CDR
domingo, 26 de enero de 2014
PIES
Poco considerados. La parte más humilde del cuerpo. Incluso cuando algo sale mal, decimos ¿se habrá hecho con los pies? Con fama de ser feos y de oler mal. Los pobres van ahí abajo soportando nuestro peso, zapatos incómodos, pocos cuidados en general.
Pero en los pies se encuentra la cuarta parte de los 206 huesos que sostienen el cuerpo. Y esa estructura se mantiene, paso a paso, nada más y nada menos que los 400.000 kilómetros que recorremos de media en nuestra vida. Así que, de insignificantes nada.
A lo largo de la evolución han perdido puntos, eso sí, pero no es su culpa. Desde que nuestros antepasados comenzaron a caminar sobre dos piernas, los pies se han reservado para el movimiento, quedando menguadas destrezas que antes poseían.
Algo más reconocidos lingüísticamente, pues los pies han dado pie a numerosas expresiones que los resarcen de su pequeñez.
Una buena forma de bajar el nivel de contaminación que asfixia al Planeta es ir a pie más a menudo. Los pies son fuertes.
Cuando algo se expresa de forma literal, sin añadir ni quitar nada, se dice al pie de la letra. Así es como se deben cumplir las promesas, no a medias.
Hay quienes creen a pies juntillas, sin discusión, lo que les dicen. Aunque cada vez quedan menos, digo yo, dadas las circunstancias.
Ya quedó antiguo eso de besarle los pies a alguien. Faltaría más que no fuésemos todos iguales ante la Justicia.
Porque no es justo que algunos caigan siempre de pie y otros vayan arrastrándose toda su vida.
¿No es cierto que no hemos sido los ciudadanos de a pie los que hemos ocasionado gastos excesivos, es decir, comerles por los pies a las arcas del Estado?
Es que así es difícil no ir, año tras año, con mal pie.
Al final, las numerosas situaciones sangrantes darán pie a una revolución social, sea como sea. Nos han puesto en pie de guerra y poco a poco vamos sacando los pies de las alforjas.
Porque no es que no den pie con bola, que al menos sería por ignorancia o aturdimiento, es que actúan de mala fe, bajo manga y en contra de nuestros intereses.
A ver si de una vez llegan a las listas electorales políticos de verdad, de los pies a la cabeza. Para que podamos votarles.
Mientras, solo nos queda seguir en pie. E intentar pararles los pies, que no nos pisoteen más.
CDR
Pero en los pies se encuentra la cuarta parte de los 206 huesos que sostienen el cuerpo. Y esa estructura se mantiene, paso a paso, nada más y nada menos que los 400.000 kilómetros que recorremos de media en nuestra vida. Así que, de insignificantes nada.
A lo largo de la evolución han perdido puntos, eso sí, pero no es su culpa. Desde que nuestros antepasados comenzaron a caminar sobre dos piernas, los pies se han reservado para el movimiento, quedando menguadas destrezas que antes poseían.
Algo más reconocidos lingüísticamente, pues los pies han dado pie a numerosas expresiones que los resarcen de su pequeñez.
Una buena forma de bajar el nivel de contaminación que asfixia al Planeta es ir a pie más a menudo. Los pies son fuertes.
Cuando algo se expresa de forma literal, sin añadir ni quitar nada, se dice al pie de la letra. Así es como se deben cumplir las promesas, no a medias.
Hay quienes creen a pies juntillas, sin discusión, lo que les dicen. Aunque cada vez quedan menos, digo yo, dadas las circunstancias.
Ya quedó antiguo eso de besarle los pies a alguien. Faltaría más que no fuésemos todos iguales ante la Justicia.
Porque no es justo que algunos caigan siempre de pie y otros vayan arrastrándose toda su vida.
¿No es cierto que no hemos sido los ciudadanos de a pie los que hemos ocasionado gastos excesivos, es decir, comerles por los pies a las arcas del Estado?
Es que así es difícil no ir, año tras año, con mal pie.
Al final, las numerosas situaciones sangrantes darán pie a una revolución social, sea como sea. Nos han puesto en pie de guerra y poco a poco vamos sacando los pies de las alforjas.
Porque no es que no den pie con bola, que al menos sería por ignorancia o aturdimiento, es que actúan de mala fe, bajo manga y en contra de nuestros intereses.
A ver si de una vez llegan a las listas electorales políticos de verdad, de los pies a la cabeza. Para que podamos votarles.
Mientras, solo nos queda seguir en pie. E intentar pararles los pies, que no nos pisoteen más.
CDR
sábado, 25 de enero de 2014
APOLOGÍA
Casi a diario, mi alumnado -y por qué no decirlo, también numerosos padres, compañeros...- cuestiona la utilidad de la asignatura que imparto. Justificar el uso correcto de nuestra lengua materna y el conocimiento de nuestra literatura como parte de una formación integral me parece absurdo. Sin embargo, resulta casi obligatorio cuando te enfrentas a determinadas situaciones en las que te sientes infravalorada e incluso menospreciada, como si lo que exiges a tus alumnos fuera algo desorbitado, inútil, que no conduce a nada.
A raíz de una conversación con una amiga, profesora de Latín y Griego, he estado pensando en cuánto más difícil tiene que ser para ella esta misma labor, defender esas materias que son consideradas hoy poco menos que fósiles o momias, reductos del pasado. En la era de la tecnología, de la inmediatez y la modernidad, ¿qué sentido tiene aprender declinaciones de lenguas muertas?
No es una justificación sino una apología lo que hago seguidamente, del latín y por supuesto del griego -aunque voy a centrarme en el primero- y, por extensión, de todas aquellas disciplinas humanísticas que, con diferentes aportaciones y por causas distintas, nutren igualmente las bases educativas del ser humano.
El estudio del latín requiere mucho esfuerzo, como mínimo algo de atención y dedicación. Y eso, ¿solamente para conocer mejor nuestra lengua? Desde luego, se puede vivir y llegar muy alto sin noción alguna de latín. Como de tantas otras cosas que no nos sirven de forma práctica e inmediata en nuestro día a día. Sin embargo, el latín nos ayuda a ampliar nuestra visión del mundo, a abrir nuestra forma de pensar, pues con su estudio descubriremos que antes hubo otros valores, diferentes a los nuestros, pero coherentes y respetables igualmente. En los planes de estudios, el latín va asociado al conocimiento de la vida social en Roma, lo que nos permite vislumbrar cuántas cosas permanecen hoy. Efectivamente, la base del funcionamiento político, social y cultural de nuestra sociedad occidental proviene de los romanos. Además, las obras arquitectónicas que perduran aún y cuyo diseño se sigue estudiando, el calendario... Lo que hemos heredado del Imperio Romano y de esa lengua que ha perdurado veintisiete siglos no es poco. Entonces, ¿cómo no estudiar latín?
De muerta no tiene nada esta lengua, sigue viva en la nuestra, pues es su descendiente directa. ¿Nunca han oído hablar del hábeas corpus? ¿Y de la falta de quórum? Tal vez en alguna ocasión habrán utilizado el latín al elaborar su currículum vítae o cuando han escrito la posdata en una carta. También lo hacen al ampliar una enumeración con el consabido etcétera. Y seguro que les gustaría que sus hijos sacaran unas notas cum laude. ¿Nunca han tenido un lapsus? Pues hasta en los modernos avances lo encontramos, ahí está cada vez que mandamos un fax o se realiza una fecundación in vitro en algún laboratorio. Y esa instrucción informática que sirve para borrar archivos (to delete), que proviene del inglés, tiene su origen en el latín deleo, que significa "destruir". Tan entrañado en nuestra lengua está el latín que se confunde con ella: ídem, grosso modo, per cápita, alias, sui géneris, modus vivendi, statuo quo... y lo demás (et cetĕra).
Y esto es solo una parte, las palabras que perviven literalmente en el español, pero además la mayor parte de nuestro léxico posee una etimología latina, con lo cual a través del latín podemos conocer "la verdad" de nuestras palabras. Es curioso como poco el hecho de que convivan en castellano parejas de palabras, llamadas dobletes, con una misma etimología pero con distinta evolución fonética. Por ejemplo "equino" y "caballo", donde la primera conserva la raíz latina (equus - caballo), y se llama cultismo, mientras que la segunda siguió su evolución, denominándose patrimonial. Habría mucho que hablar sobre esto, pero lo resumiré diciendo que conocer la etimología de las palabras es mucho más que saber sobre su origen, es entender la razón de su existencia. Al fin y al cabo... somos palabras, ¿no?
Así que me parece que la cuestión a debate no es aprender o no el latín, pues él ya convive con nosotros, lo adquirimos con nuestra lengua castellana, es como su alma. La cuestión es valorar el latín, reconocerlo, ampliar con este nuestro horizonte lingüístico y salir de la mediocridad.
Sin embargo, cada vez que un Gobierno hace una nueva Ley de Educación, el profesorado de clásicas se echa a temblar, con toda razón, porque cada vez se reduce más el espacio de estas materias. Así, el latín (y el griego) queda relegado a una optativa en el itinerario menos valorado, que es el de Humanidades, por supuesto. El conocimiento cultural y lingüístico no se considera una base fundamental para entender el mundo e incluso para entenderse uno mismo.
Me extenderé con esto último en otra ocasión. Ahora solo diré que las Humanidades son imprescindibles para desarrollar algunas destrezas (de ninguna otra forma se desarrollan) y que la obsesión por la "utilidad" de las asignaturas, la preocupación por el bienestar económico están expulsando de la educación aspectos esenciales para una convivencia noble y justa. Parece que solo las ciencias, la informática, el inglés, la tecnología son importantes, mientras que las "letras" son como un adorno tal que aprender costura o música, por ejemplo. Esto sí es una verdadera crisis.
CDR
A raíz de una conversación con una amiga, profesora de Latín y Griego, he estado pensando en cuánto más difícil tiene que ser para ella esta misma labor, defender esas materias que son consideradas hoy poco menos que fósiles o momias, reductos del pasado. En la era de la tecnología, de la inmediatez y la modernidad, ¿qué sentido tiene aprender declinaciones de lenguas muertas?
No es una justificación sino una apología lo que hago seguidamente, del latín y por supuesto del griego -aunque voy a centrarme en el primero- y, por extensión, de todas aquellas disciplinas humanísticas que, con diferentes aportaciones y por causas distintas, nutren igualmente las bases educativas del ser humano.
El estudio del latín requiere mucho esfuerzo, como mínimo algo de atención y dedicación. Y eso, ¿solamente para conocer mejor nuestra lengua? Desde luego, se puede vivir y llegar muy alto sin noción alguna de latín. Como de tantas otras cosas que no nos sirven de forma práctica e inmediata en nuestro día a día. Sin embargo, el latín nos ayuda a ampliar nuestra visión del mundo, a abrir nuestra forma de pensar, pues con su estudio descubriremos que antes hubo otros valores, diferentes a los nuestros, pero coherentes y respetables igualmente. En los planes de estudios, el latín va asociado al conocimiento de la vida social en Roma, lo que nos permite vislumbrar cuántas cosas permanecen hoy. Efectivamente, la base del funcionamiento político, social y cultural de nuestra sociedad occidental proviene de los romanos. Además, las obras arquitectónicas que perduran aún y cuyo diseño se sigue estudiando, el calendario... Lo que hemos heredado del Imperio Romano y de esa lengua que ha perdurado veintisiete siglos no es poco. Entonces, ¿cómo no estudiar latín?
De muerta no tiene nada esta lengua, sigue viva en la nuestra, pues es su descendiente directa. ¿Nunca han oído hablar del hábeas corpus? ¿Y de la falta de quórum? Tal vez en alguna ocasión habrán utilizado el latín al elaborar su currículum vítae o cuando han escrito la posdata en una carta. También lo hacen al ampliar una enumeración con el consabido etcétera. Y seguro que les gustaría que sus hijos sacaran unas notas cum laude. ¿Nunca han tenido un lapsus? Pues hasta en los modernos avances lo encontramos, ahí está cada vez que mandamos un fax o se realiza una fecundación in vitro en algún laboratorio. Y esa instrucción informática que sirve para borrar archivos (to delete), que proviene del inglés, tiene su origen en el latín deleo, que significa "destruir". Tan entrañado en nuestra lengua está el latín que se confunde con ella: ídem, grosso modo, per cápita, alias, sui géneris, modus vivendi, statuo quo... y lo demás (et cetĕra).
Y esto es solo una parte, las palabras que perviven literalmente en el español, pero además la mayor parte de nuestro léxico posee una etimología latina, con lo cual a través del latín podemos conocer "la verdad" de nuestras palabras. Es curioso como poco el hecho de que convivan en castellano parejas de palabras, llamadas dobletes, con una misma etimología pero con distinta evolución fonética. Por ejemplo "equino" y "caballo", donde la primera conserva la raíz latina (equus - caballo), y se llama cultismo, mientras que la segunda siguió su evolución, denominándose patrimonial. Habría mucho que hablar sobre esto, pero lo resumiré diciendo que conocer la etimología de las palabras es mucho más que saber sobre su origen, es entender la razón de su existencia. Al fin y al cabo... somos palabras, ¿no?
Así que me parece que la cuestión a debate no es aprender o no el latín, pues él ya convive con nosotros, lo adquirimos con nuestra lengua castellana, es como su alma. La cuestión es valorar el latín, reconocerlo, ampliar con este nuestro horizonte lingüístico y salir de la mediocridad.
Sin embargo, cada vez que un Gobierno hace una nueva Ley de Educación, el profesorado de clásicas se echa a temblar, con toda razón, porque cada vez se reduce más el espacio de estas materias. Así, el latín (y el griego) queda relegado a una optativa en el itinerario menos valorado, que es el de Humanidades, por supuesto. El conocimiento cultural y lingüístico no se considera una base fundamental para entender el mundo e incluso para entenderse uno mismo.
Me extenderé con esto último en otra ocasión. Ahora solo diré que las Humanidades son imprescindibles para desarrollar algunas destrezas (de ninguna otra forma se desarrollan) y que la obsesión por la "utilidad" de las asignaturas, la preocupación por el bienestar económico están expulsando de la educación aspectos esenciales para una convivencia noble y justa. Parece que solo las ciencias, la informática, el inglés, la tecnología son importantes, mientras que las "letras" son como un adorno tal que aprender costura o música, por ejemplo. Esto sí es una verdadera crisis.
CDR
viernes, 24 de enero de 2014
VIAJE DE REGRESO
De cara al fin de semana, con algo más de tiempo libre, no es tan fácil encontrar excusas para no leer. Aunque la estación está bastante templada por estas latitudes y las tardes alargan ya, sigue apeteciendo abandonarse por un rato a la lectura en nuestro rincón favorito de la casa.
La propuesta de hoy es una original novela que incide en la visión de la actualidad a través de una historia muy interesante.
Abogado,
escritor, guionista de cine y dramaturgo, Andrés J. Reina (Tánger, 1973) firma
su tercera novela, Proyecto Zoorama
(2011). Ha sido finalista con ella del XLII Premio Ateneo de Sevilla de Novela
y del premio Jaén de Novela 2010. Tras Yoshiwara
(2005) y Matar a un leopardo
(2007), varios años de silencio narrativo en que Reina se ha volcado en su
producción dramática. Ahora, el escritor afincado en Málaga nos sorprende con
una narración próxima al thriller fantástico, plagada de humor negro y de una
intriga trepidante.
El protagonista de esta historia, Leonardo Rey, compagina su actividad de abogado con la de escritor. Y hasta ahí la similitud con el propio autor, aunque esté escrita en primera persona y a modo de diario. Porque por lo demás, el personaje encarna paródicamente todos los defectos de ambas profesiones. Un tipo egocéntrico, repelente y manipulador, que vive rodeado de glamour, fiestas, sexo y alcohol. Pero una serie de circunstancias hacen que cambie el rumbo de su vida y se vea envuelto en una especie de conspiración para reparar su frívola existencia. Un proyecto antisistema apenas esbozado en la juventud con un amigo emerge de pronto con toda consistencia y lo lleva a iniciar un viaje por diferentes países que se convertirá, en definitiva, en el regreso desde la autodestrucción. El sueño buscado por el artista, la utopía de justicia se aparcan por la llegada del éxito fácil y aturdidor, mas regresan del pasado sin otra opción que la de enfrentarse a uno mismo.
Como punto de partida, la acción se sitúa en Málaga. A medida que avanza la narración, el espacio se va abriendo a otros lugares del mundo, en una persecución vibrante con todos los ingredientes de la novela negra, mezclados a su vez con elementos surrealistas y fantásticos. Si esto lo ataviamos con unos intensos diálogos, que hacen que los personajes salten del papel -aquí se adivina el saber hacer del guionista que también es Reina- y una prosa fluida de lenguaje verosímil y cercano, el resultado es un interesante artefacto literario que no dejará indiferente a nadie. Porque más allá del argumento, es fundamental la crítica al mundo actual de falsas apariencias, a la globalización, a la crisis. En el trasfondo, una esperanza: es posible la vuelta a la humanidad, como le ocurre al protagonista.
La intriga nos llevará hasta el final casi sin respiración en una sucesión de vívidas escenas. Y tras plantearnos algunas de las dualidades con que se enfrenta el ser humano -triunfo/fracaso, mesura/exceso, degradación/moralidad- y muchas dudas existenciales, un final abierto para seguir pensado una vez cerrado el libro. Una novela para remover conciencias, a ritmo de vértigo.
¡Feliz lectura!
CDR
El protagonista de esta historia, Leonardo Rey, compagina su actividad de abogado con la de escritor. Y hasta ahí la similitud con el propio autor, aunque esté escrita en primera persona y a modo de diario. Porque por lo demás, el personaje encarna paródicamente todos los defectos de ambas profesiones. Un tipo egocéntrico, repelente y manipulador, que vive rodeado de glamour, fiestas, sexo y alcohol. Pero una serie de circunstancias hacen que cambie el rumbo de su vida y se vea envuelto en una especie de conspiración para reparar su frívola existencia. Un proyecto antisistema apenas esbozado en la juventud con un amigo emerge de pronto con toda consistencia y lo lleva a iniciar un viaje por diferentes países que se convertirá, en definitiva, en el regreso desde la autodestrucción. El sueño buscado por el artista, la utopía de justicia se aparcan por la llegada del éxito fácil y aturdidor, mas regresan del pasado sin otra opción que la de enfrentarse a uno mismo.
Como punto de partida, la acción se sitúa en Málaga. A medida que avanza la narración, el espacio se va abriendo a otros lugares del mundo, en una persecución vibrante con todos los ingredientes de la novela negra, mezclados a su vez con elementos surrealistas y fantásticos. Si esto lo ataviamos con unos intensos diálogos, que hacen que los personajes salten del papel -aquí se adivina el saber hacer del guionista que también es Reina- y una prosa fluida de lenguaje verosímil y cercano, el resultado es un interesante artefacto literario que no dejará indiferente a nadie. Porque más allá del argumento, es fundamental la crítica al mundo actual de falsas apariencias, a la globalización, a la crisis. En el trasfondo, una esperanza: es posible la vuelta a la humanidad, como le ocurre al protagonista.
La intriga nos llevará hasta el final casi sin respiración en una sucesión de vívidas escenas. Y tras plantearnos algunas de las dualidades con que se enfrenta el ser humano -triunfo/fracaso, mesura/exceso, degradación/moralidad- y muchas dudas existenciales, un final abierto para seguir pensado una vez cerrado el libro. Una novela para remover conciencias, a ritmo de vértigo.
¡Feliz lectura!
CDR
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