Cuando inicié la andadura en este blog mi intención era escribir diariamente, o casi. En principio, fue una iniciativa personal, a modo de diario, para expresar mis gustos, opiniones y entrenar, digamos, mi afición a la escritura. Pero después, al ir creciendo el número de visitas a la página y comprobar que tenía unos fieles seguidores, publicar asiduamente se convirtió en una obligación, muy gustosamente aceptada.
Y así lo vine haciendo hasta el pasado octubre, como habrán podido comprobar quienes abren cada día el blog con curiosidad y ganas de seguir leyéndome. A día de hoy supongo que ya se habrán cansado de hacerlo. La verdad es que no me ha sido posible continuar ese ritmo al venir a este mundo mi hijo Marcos, con lo que un bebé supone de cambio de vida y merma del tiempo libre. Los primeros días me sentía muy mal, como si mi proyecto estuviera fracasando y como si estuviera defraudando a mis lectores. Sin embargo, poco después me di cuenta de que ahora lo que toca es un periodo de dedicación exclusiva a la maternidad y fui aceptándolo, sabiendo que en realidad es lo que quiero y lo que en este momento llena de plenitud mi vida.
No obstante, me parece oportuno aclarar que este blog no ha terminado, que seguiré escribiendo a ratos y que llegará el día en que volverá a su actividad diaria. Pues ser madre no ha disminuido mi amor por las palabras y mis ganas de escribir. Muy al contrario, creo que me está enriqueciendo y que valdrá la pena la espera.
Quiero dar las gracias a todas aquellas personas que me siguen y me echan de menos. Ojalá deis una vuelta de vez en cuando por aquí y os encontréis con alguna que otra sorpresa.
Y quiero también desear, ya en las fechas que estamos, unas felices Navidades, a pesar de todo. Porque, pase lo que pase, la vida sigue y no debemos dejar que nuestras ilusiones se vengan abajo.
Para mí el último año y medio ha sido muy duro y sin embargo, el paso de los meses me ha dado también la felicidad más grande, un niño precioso. Así es la vida, te quita y te da; sonrisas y lágrimas; caer y levantarse... siempre seguir adelante.
Hasta pronto.
CDR
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martes, 9 de diciembre de 2014
martes, 28 de octubre de 2014
EXCESO
La semana pasada vio la luz la vigésimo tercera edición del Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española, que recoge más de noventa mil lemas. Ello da cuenta de la riqueza de nuestro idioma, aunque la mayoría de palabras quedan encerradas entre las páginas del voluminoso tomo, ya que un hablante medio no llega a usar más que unas cinco mil en su vocabulario.
Pero aun así, pudiendo elegir entre tantas palabras, ¿por qué nuestros políticos y medios -parece que son los modelos a seguir- se empeñan en seleccionar unas pocas, a veces incluso mal empleadas, y las repiten hasta la saciedad?
Sí, me da la impresión de que hay un exceso de talante, que no es más que modo o manera de ejecutar algo, la disposición personal de alguien y que, así pues, puede ser bueno o malo, positivo o negativo; pero "tener talante" no significa en realidad nada.
Y un exceso de transparencia, cualidad en boca de muchos y poco puesta en práctica por todos. No menos que la repetida meridiana claridad, con epíteto o sin él es cierto que brilla pero por su ausencia.
Y un exceso de casta, aunque sea cierto que nuestra sociedad está dominada por una clase "especial" que está separada de los demás a base de privilegios que ellos mismos se han impuesto.
Y un exceso de y ustedes más, que parece desquitar a quienes lo pronuncian de sus pifias. Ah, y también un exceso de pedir disculpas después de haber soltado alguna barbaridad ofensiva.
Y un exceso, en general, de palabras y expresiones vacías precisamente de los que más hablan, de los que más se escuchan. Patadas al diccionario, a la gramática e incluso a la ortografía.
No llevo un registro que lo demuestre, no daría a basto apuntando, pero a menos que ustedes presten un poco de atención, se darán cuenta de lo que digo. Bueno, pero si se entiende el mensaje... ¿qué más da?
Lo que no se entiende es que valoremos tan poco nuestra lengua, que nos dé igual que salga alguien hablando y después de una parrafada no haya dicho nada coherente, que nuestros niños y jóvenes vean programas en que no importa lo que uno diga sino lo guapo que sea, en que debatir consiste en berrear y en que los insultos y vulgaridad salgan gratuitos en aras de la libertad de expresión.
Por cierto, ¿no les parece además que hay un exceso de corrupción? Que más allá de la palabra, es, en las organizaciones, especialmente en las públicas, práctica consistente en la utilización de las funciones y medios de aquellas en provecho, económico o de otra índole, de sus gestores. Dicho y hecho. Esta si ha saltado del diccionario.
CDR
Pero aun así, pudiendo elegir entre tantas palabras, ¿por qué nuestros políticos y medios -parece que son los modelos a seguir- se empeñan en seleccionar unas pocas, a veces incluso mal empleadas, y las repiten hasta la saciedad?
Sí, me da la impresión de que hay un exceso de talante, que no es más que modo o manera de ejecutar algo, la disposición personal de alguien y que, así pues, puede ser bueno o malo, positivo o negativo; pero "tener talante" no significa en realidad nada.
Y un exceso de transparencia, cualidad en boca de muchos y poco puesta en práctica por todos. No menos que la repetida meridiana claridad, con epíteto o sin él es cierto que brilla pero por su ausencia.
Y un exceso de casta, aunque sea cierto que nuestra sociedad está dominada por una clase "especial" que está separada de los demás a base de privilegios que ellos mismos se han impuesto.
Y un exceso de y ustedes más, que parece desquitar a quienes lo pronuncian de sus pifias. Ah, y también un exceso de pedir disculpas después de haber soltado alguna barbaridad ofensiva.
Y un exceso, en general, de palabras y expresiones vacías precisamente de los que más hablan, de los que más se escuchan. Patadas al diccionario, a la gramática e incluso a la ortografía.
No llevo un registro que lo demuestre, no daría a basto apuntando, pero a menos que ustedes presten un poco de atención, se darán cuenta de lo que digo. Bueno, pero si se entiende el mensaje... ¿qué más da?
Lo que no se entiende es que valoremos tan poco nuestra lengua, que nos dé igual que salga alguien hablando y después de una parrafada no haya dicho nada coherente, que nuestros niños y jóvenes vean programas en que no importa lo que uno diga sino lo guapo que sea, en que debatir consiste en berrear y en que los insultos y vulgaridad salgan gratuitos en aras de la libertad de expresión.
Por cierto, ¿no les parece además que hay un exceso de corrupción? Que más allá de la palabra, es, en las organizaciones, especialmente en las públicas, práctica consistente en la utilización de las funciones y medios de aquellas en provecho, económico o de otra índole, de sus gestores. Dicho y hecho. Esta si ha saltado del diccionario.
CDR
miércoles, 22 de octubre de 2014
METAMORFOSIS
Ya no controlo mi vida.
He abandonado el mundo de las formas
y me encuentro en un mundo sin bordes,
sin tiempos.
He empezado un viaje a ciegas,
sin hoja de ruta.
Siento el vértigo de una montaña rusa
que adquiere una velocidad tremenda,
que no se a dónde me lleva.
Toda lógica ha desaparecido
y en la caída hacia la nada
intento luchar contracorriente.
Aparecen a borbotones sentimientos
sorprendentes,
desconocidos hasta ahora.
Me siento perdida,
a pesar de los libros leídos,
de los métodos practicados.
A pesar de mi bebé tan deseado.
Me encuentro en un periodo raro
en que mi intelecto ya no puede ayudarme.
A veces mi mente cree enloquecer,
no puedo más.
Ya no sé,
ya no quiero,
ya no puedo.
Y lloro.
Me doy cuenta entonces de que
mi bebé me lleva a un nivel
etéreo,
donde no hay nada que pensar
ni nada que hacer.
Sólo entrar en sintonía con la situación.
Y muere un poco algo de mí,
ya no soy la misma.
No me reconozco en el espejo.
Ya no puedo exigir nada a nadie
más que a mí misma.
Todo es confuso.
Puerperio.
Ya no dependo de lo externo,
aprendo a valorar mi yo profundo.
Metamorfosis.
Todo vale la pena.
Mientras curan mis heridas,
mi antigua identidad se desvanece
con mi niño en brazos.
Maternidad.
Soy feliz.
CDR
He abandonado el mundo de las formas
y me encuentro en un mundo sin bordes,
sin tiempos.
He empezado un viaje a ciegas,
sin hoja de ruta.
Siento el vértigo de una montaña rusa
que adquiere una velocidad tremenda,
que no se a dónde me lleva.
Toda lógica ha desaparecido
y en la caída hacia la nada
intento luchar contracorriente.
Aparecen a borbotones sentimientos
sorprendentes,
desconocidos hasta ahora.
Me siento perdida,
a pesar de los libros leídos,
de los métodos practicados.
A pesar de mi bebé tan deseado.
Me encuentro en un periodo raro
en que mi intelecto ya no puede ayudarme.
A veces mi mente cree enloquecer,
no puedo más.
Ya no sé,
ya no quiero,
ya no puedo.
Y lloro.
Me doy cuenta entonces de que
mi bebé me lleva a un nivel
etéreo,
donde no hay nada que pensar
ni nada que hacer.
Sólo entrar en sintonía con la situación.
Y muere un poco algo de mí,
ya no soy la misma.
No me reconozco en el espejo.
Ya no puedo exigir nada a nadie
más que a mí misma.
Todo es confuso.
Puerperio.
Ya no dependo de lo externo,
aprendo a valorar mi yo profundo.
Metamorfosis.
Todo vale la pena.
Mientras curan mis heridas,
mi antigua identidad se desvanece
con mi niño en brazos.
Maternidad.
Soy feliz.
CDR
jueves, 2 de octubre de 2014
UNAMUNO AL DESNUDO
En este inicio de octubre lluvioso, como corresponde a la estación otoñal y tan necesario además en estas tierras asediadas por la sequía, contamos una curiosa anécdota del ilustre escritor vasco. No es figurado el título de esta entrada, como comprobarán a continuación.
Las fuertes desavenencias con el dictador Primo de Rivera ocasionaron que don Miguel de Unamuno fuera destituido de sus cargos docentes y exiliado a Fuerteventura, un destino alejado e inhóspito en aquellos años veinte, una especie de cárcel de arena.
Así, el 12 de marzo de 1924 llega a Puerto Cabras el insigne profesor de Griego y rector de la Universidad de Salamanca. Poco tiempo tardó don Miguel en descubrir el agradable clima de la isla y eso influye en su carácter, de por sí serio, sintiéndose el intelectual feliz, cómodo, vivo. Tanto es así que Unamuno se dedicó a tomar baños de sol en la azotea del hotel donde se hospedaba -hoy su casa museo-. Y tomaba el sol completamente en cueros.
Tal costumbre escandalizó a los vecinos, quienes calificaban esta actitud de indecente. Cuando el posadero le trasladó las quejas a don Miguel, este contestó: "Yo no los miro a ellos. Que no me miren ellos a mí." Severo y seco el escritor, sobre todo cuando le parecían absurdos los planteamientos del interlocutor.
No asustaba en absoluto el sol al escritor del norte, quien paseaba por la isla sin sombrero, moda que pronto empezaron a imitar los autóctonos, quienes al principio se sorprendían de que soportara los rigores solares y mantuviera la cabeza destocada ya a su avanzada edad. Sin duda, valoraba don Miguel la luz solar.
Cuatro meses duró el exilio de Miguel de Unamuno en Fuerteventura, que supusieron al final más que un castigo un regalo para el escritor, pero también para los majoreros y su isla. Pues la presencia del intelectual y sus comentarios positivos en los foros literarios de Madrid, París, Buenos Aires... la colocó en el mapa cultural mundial. Una isla que hasta ese momento tenía fama de tierra pobre y mezquina, cuyos habitantes eran rudos e ignorantes. Sin embargo, Unamuno va a presentar una isla mucho más trascendente, mucho más metafísica, y tan cautivadora que no se cansará en sus poemas y cartas de destacar la fuerza, la viveza y hasta el enamoramiento que sintió por Fuerteventura y por sus entrañables amigos majoreros.
"En mi vida he dormido mejor. En mi vida he digerido mejor mis íntimas inquietudes.", escribiría en sus artículos y cartas. Incluso esta experiencia inolvidable quedó plasmada en su obra De Fuerteventura a París (1925) Efectivamente, Unamuno fue indultado de su exilio el 9 de julio, pero prefirió viajar a París y después se instaló en Hendaya (país vasco francés) hasta que en 1930 cayó la dictadura de Primo de Rivera y regresó a Salamanca.
Mucho le debe Fuerteventura a don Miguel de Unamuno, que se convirtió en su padre intelectual, un modelo a seguir.
Sin olvidar que fue, a principios del siglo XX, el primer nudista de la isla.
CDR
Las fuertes desavenencias con el dictador Primo de Rivera ocasionaron que don Miguel de Unamuno fuera destituido de sus cargos docentes y exiliado a Fuerteventura, un destino alejado e inhóspito en aquellos años veinte, una especie de cárcel de arena.
Así, el 12 de marzo de 1924 llega a Puerto Cabras el insigne profesor de Griego y rector de la Universidad de Salamanca. Poco tiempo tardó don Miguel en descubrir el agradable clima de la isla y eso influye en su carácter, de por sí serio, sintiéndose el intelectual feliz, cómodo, vivo. Tanto es así que Unamuno se dedicó a tomar baños de sol en la azotea del hotel donde se hospedaba -hoy su casa museo-. Y tomaba el sol completamente en cueros.
Tal costumbre escandalizó a los vecinos, quienes calificaban esta actitud de indecente. Cuando el posadero le trasladó las quejas a don Miguel, este contestó: "Yo no los miro a ellos. Que no me miren ellos a mí." Severo y seco el escritor, sobre todo cuando le parecían absurdos los planteamientos del interlocutor.
No asustaba en absoluto el sol al escritor del norte, quien paseaba por la isla sin sombrero, moda que pronto empezaron a imitar los autóctonos, quienes al principio se sorprendían de que soportara los rigores solares y mantuviera la cabeza destocada ya a su avanzada edad. Sin duda, valoraba don Miguel la luz solar.
Cuatro meses duró el exilio de Miguel de Unamuno en Fuerteventura, que supusieron al final más que un castigo un regalo para el escritor, pero también para los majoreros y su isla. Pues la presencia del intelectual y sus comentarios positivos en los foros literarios de Madrid, París, Buenos Aires... la colocó en el mapa cultural mundial. Una isla que hasta ese momento tenía fama de tierra pobre y mezquina, cuyos habitantes eran rudos e ignorantes. Sin embargo, Unamuno va a presentar una isla mucho más trascendente, mucho más metafísica, y tan cautivadora que no se cansará en sus poemas y cartas de destacar la fuerza, la viveza y hasta el enamoramiento que sintió por Fuerteventura y por sus entrañables amigos majoreros.
"En mi vida he dormido mejor. En mi vida he digerido mejor mis íntimas inquietudes.", escribiría en sus artículos y cartas. Incluso esta experiencia inolvidable quedó plasmada en su obra De Fuerteventura a París (1925) Efectivamente, Unamuno fue indultado de su exilio el 9 de julio, pero prefirió viajar a París y después se instaló en Hendaya (país vasco francés) hasta que en 1930 cayó la dictadura de Primo de Rivera y regresó a Salamanca.
Mucho le debe Fuerteventura a don Miguel de Unamuno, que se convirtió en su padre intelectual, un modelo a seguir.
Sin olvidar que fue, a principios del siglo XX, el primer nudista de la isla.
CDR
martes, 30 de septiembre de 2014
MECIDOS POR EL VIENTO
Como seres superiores que somos, orgullosos, creemos que lo controlamos todo, pero un hecho fortuito, una decisión no suficientemente meditada o una simple casualidad, pueden cambiar nuestras vidas. Incluso, ¿de verdad controlamos lo que pensamos y decidimos?
Si hacemos un repaso mental a nuestro pasado, ¿no les parece que, en cierto modo, nuestra vida está sujeta a los caprichos del destino? Piensen en por qué viven donde viven o en por qué se dedican a su trabajo... Al menos en mi caso, aunque yo me engañe diciendo que es lo que siempre he querido y fue planeado conscientemente -en cierta medida sí-, lo cierto es que ambas cosas han dependido mucho del azar. Y así, cualquiera de nuestras acciones, por pequeñas que sean, acarrean consecuencias insospechadas que solo más tarde podemos analizar.
Y, ¿qué me dicen de las desgracias? Cuando nos sucede algo malo empezamos a imaginar qué hubiese pasado si hubiésemos hecho esto o lo otro, si hubiésemos estado o no estado... Lo mismo sucede con cualquier enfermedad. ¿Nos habremos cuidado suficiente? Quizá si hubiera comido más de esto y menos de aquello, si caminara diariamente, etc. En definitiva, nos sentimos culpables, aunque en el fondo sabemos que el destino está regido por combinaciones de factores que ni conocemos ni por supuesto controlamos.
Así pues, nada depende enteramente de nosotros, por más que sea muy buen consejo tomar las riendas de nuestra vida. Pero no olviden, como dijo Francis Thompson, que "todas las cosas están unidas entre sí, de tal modo que no puedes agitar una flor sin trastornar una estrella". Seguro que muchos han oído hablar del efecto mariposa.
Científicamente está demostrado que cuando pensamos hacer algo, nuestro cerebro va por delante, es decir, las decisiones se materializan unos 300 milisegundos después de que el cerebro mande el impulso de hacerlo. Esto es, en realidad las decisiones las toma nuestra parte inconsciente. A este respecto otra cita, esta vez de Freud, quien aseguró que esta evidencia era un atentado contra nuestro amor propio, pues "nuestra mente consciente no controla nuestra forma de actuar, sino que simplemente nos cuenta un cuento sobre nuestras acciones".
Por último, siendo así, ¿cuántas justificaciones nos sacamos del bolsillo? Como si todo dependiera exclusivamente de nosotros, nos sentimos culpables por infortunios producidos por fuerzas ingobernables, nos desilusionamos cuando no se cumplen nuestras desmesuradas expectativas, nos rompemos la cabeza indagando sobre porqués sin respuesta... Sin entender que sufriríamos menos si hiciésemos un ejercicio de humildad sobre nuestra capacidad de control, si nos entendiéramos como seres influenciados por cosas tan sencillas tales que un encuentro casual, el color del cielo una mañana, un perfume o una canción que nos trae recuerdos, unos versos recitados en un momento concreto, etc.
Seres mecidos por el viento.
Según Oscar Wilde, "la vida no la gobiernan ni la voluntad ni la intención."
CDR
Si hacemos un repaso mental a nuestro pasado, ¿no les parece que, en cierto modo, nuestra vida está sujeta a los caprichos del destino? Piensen en por qué viven donde viven o en por qué se dedican a su trabajo... Al menos en mi caso, aunque yo me engañe diciendo que es lo que siempre he querido y fue planeado conscientemente -en cierta medida sí-, lo cierto es que ambas cosas han dependido mucho del azar. Y así, cualquiera de nuestras acciones, por pequeñas que sean, acarrean consecuencias insospechadas que solo más tarde podemos analizar.
Y, ¿qué me dicen de las desgracias? Cuando nos sucede algo malo empezamos a imaginar qué hubiese pasado si hubiésemos hecho esto o lo otro, si hubiésemos estado o no estado... Lo mismo sucede con cualquier enfermedad. ¿Nos habremos cuidado suficiente? Quizá si hubiera comido más de esto y menos de aquello, si caminara diariamente, etc. En definitiva, nos sentimos culpables, aunque en el fondo sabemos que el destino está regido por combinaciones de factores que ni conocemos ni por supuesto controlamos.
Así pues, nada depende enteramente de nosotros, por más que sea muy buen consejo tomar las riendas de nuestra vida. Pero no olviden, como dijo Francis Thompson, que "todas las cosas están unidas entre sí, de tal modo que no puedes agitar una flor sin trastornar una estrella". Seguro que muchos han oído hablar del efecto mariposa.
Científicamente está demostrado que cuando pensamos hacer algo, nuestro cerebro va por delante, es decir, las decisiones se materializan unos 300 milisegundos después de que el cerebro mande el impulso de hacerlo. Esto es, en realidad las decisiones las toma nuestra parte inconsciente. A este respecto otra cita, esta vez de Freud, quien aseguró que esta evidencia era un atentado contra nuestro amor propio, pues "nuestra mente consciente no controla nuestra forma de actuar, sino que simplemente nos cuenta un cuento sobre nuestras acciones".
Por último, siendo así, ¿cuántas justificaciones nos sacamos del bolsillo? Como si todo dependiera exclusivamente de nosotros, nos sentimos culpables por infortunios producidos por fuerzas ingobernables, nos desilusionamos cuando no se cumplen nuestras desmesuradas expectativas, nos rompemos la cabeza indagando sobre porqués sin respuesta... Sin entender que sufriríamos menos si hiciésemos un ejercicio de humildad sobre nuestra capacidad de control, si nos entendiéramos como seres influenciados por cosas tan sencillas tales que un encuentro casual, el color del cielo una mañana, un perfume o una canción que nos trae recuerdos, unos versos recitados en un momento concreto, etc.
Seres mecidos por el viento.
Según Oscar Wilde, "la vida no la gobiernan ni la voluntad ni la intención."
CDR
jueves, 25 de septiembre de 2014
SUEÑO Y REALIDAD
En esta tarde lluviosa de otoño, cuando ya la luz es gris y van quedando atrás los calores del estío, recomendamos una interesante lectura.
Con este verso de Salvatore Cuasimodo, “oscura monótona sangre”, titula el periodista argentino Sergio Olguín (Buenos Aires, 1967) su novela. Una historia que conquistó al jurado del V Premio Tusquets Editores de Novela.
Se trata de un relato vibrante que atrapa desde el primer momento, con un estilo inconfundiblemente periodístico por su sencillez, sobriedad y concisión, a la vez que de una rotunda calidad literaria.
Oscura monótona sangre (2010) está ambientada en Buenos Aires, con un vocabulario porteño auténtico que no hace a esta novela, sin embargo, localista, ya que puede ser entendida por cualquier lector y lo que aquí ocurre podría pasar en cualquier ciudad del mundo. El contraste entre la riqueza y la pobreza es algo tristemente universal, así como la lucha del ser humano consigo mismo.
La trama se nutre, como en anteriores novelas de Olguín (El equipo de los sueños, 2005, Lanús, reeditada en 2008), del propio medio de la ciudad, desde la corrupción hasta las drogas, pasando por la marginalidad y la violencia. Pero no se trata de un thriller al uso, sino que se narra la historia de una obsesión erótica, que lleva al personaje a una paulatina e inevitable degradación. Huyendo, además, de cualquier tipo de enjuiciamiento moral, el lector se sitúa en esa misma postura neutra. En este sentido, como el propio autor confiesa, es evidente la influencia de Simenon, maestro en relatos de intriga con incremento emocional, normalmente de base sexual amorosa.
Julio Andrada es un empresario boyante y ejemplar que somete su vida a una rigurosa rutina, lo que le permite tenerlo todo bajo control. De origen humilde, Andrada ha ido escalando posiciones en la sociedad hasta convertirse en un vecino respetable. No obstante un día, por el azar de una conversación, algo instintivo y superior a su voluntad lo arrastra a “la villa”, un barrio miseria de las afueras. Allí conoce a Daiana, una joven prostituta de quince años, que será el motor de su desgracia. A partir de aquí, el protagonista se debatirá entre lo que siente y lo que es correcto, entre lo que ha sido y lo que cree ser, entre la apariencia y la verdad. Dispuesto a traspasar todas las fronteras, Andrada se encontrará cayendo en un abismo mientras él creía subir al cielo.
Julio Andrada es un empresario boyante y ejemplar que somete su vida a una rigurosa rutina, lo que le permite tenerlo todo bajo control. De origen humilde, Andrada ha ido escalando posiciones en la sociedad hasta convertirse en un vecino respetable. No obstante un día, por el azar de una conversación, algo instintivo y superior a su voluntad lo arrastra a “la villa”, un barrio miseria de las afueras. Allí conoce a Daiana, una joven prostituta de quince años, que será el motor de su desgracia. A partir de aquí, el protagonista se debatirá entre lo que siente y lo que es correcto, entre lo que ha sido y lo que cree ser, entre la apariencia y la verdad. Dispuesto a traspasar todas las fronteras, Andrada se encontrará cayendo en un abismo mientras él creía subir al cielo.
Efectivamente, este relato lineal y sin ostentaciones, nos muestra la progresión del personaje desde “la villa” hasta “el cielo”, donde finalmente éste se pregunta sobre la posibilidad de acariciar un sueño. Lo que se desea se convierte en real con sólo desearlo, pero las ilusiones, las fantasías, están hechas de ese material onírico que se nos escapa de las manos; la realidad se impone con dureza.
Las últimas novelas de Olguín, La fragilidad de los cuerpos (2013) y Las extranjeras (2014), que tampoco tienen desperdicio, las dejaremos para más adelante.
¡Feliz lectura!
CDR
martes, 23 de septiembre de 2014
PÉRDIDAS
Del latín tardío perdĭta, todos saben qué significa: carencia, privación de lo que se poseía.
Quién no tiene en su haber una historia de pérdidas.
Además, dícese del daño o menoscabo que se recibe en algo. ¿Les suena? Muchas pérdidas hemos sufrido en los últimos años, de sueldo, de derechos, de servicios, de bienestar...
Y también la cantidad o cosa perdida. Algo que se cae del bolsillo, aquello que no aparece por ningún cajón de la casa, agendas completas que desaparecen en las entrañas de los smart phones... Pérdidas en la bolsa, pérdidas en la gota fría de septiembre, pérdidas de amistades que no eran tales.
Pérdidas humanas en tantos conflictos absurdos.
La pérdida de la inocencia. ¿Cada vez más temprano?
No nos olvidemos, ya puestos, de las pérdidas de orina, problema exclusivamente femenino, a juzgar por los anuncios de televisión.
Más graves son las pérdidas personales, las de los seres queridos, irreparables, que nos dejan una huella indeleble. Ley de vida, pero duelen.
Por otra parte, ir a pérdidas y ganancias es exponer en compañía de otros una cantidad de dinero, llevando parte en el menoscabo o utilidad que resulte. A veces se gana, otras veces se pierde.
Si decimos de algo que no tiene pérdida significa que es fácil de hallar, expresión muy usada sobre todo cuando damos indicaciones.
Y hasta en el billar hay pérdidas, la billa limpia, jugada que consiste en meter una bola en la tronera después de haber chocado con otra bola. No confundir con las carambolas del destino, culpables en gran parte de algunas pérdidas.
Pero hoy no podemos terminar esta serie sin nombrar la grandísima pérdida que supone para la política nacional la dimisión a gran escala de Alberto Ruíz Gallardón, ministro de Justicia injusto y cerril. Rectificar es de sabios, pero él prefiere abandonar porque "no ha sido capaz de cumplir su tarea". Claro, no es fácil el papel de Mesías. Nada, nada, aceptamos la dimisión. Váyase usted a su casa, no tiene pérdida. Seguro que sus muchos años de dedicación a la política no le ha supuesto la pérdida del puesto de trabajo, ni le va a suponer la pérdida de poder adquisitivo. Y piense tranquilamente en la pérdida de libertad que acarreaba la dichosa ley que por fin se han atrevido a retirar.
CDR
Quién no tiene en su haber una historia de pérdidas.
Además, dícese del daño o menoscabo que se recibe en algo. ¿Les suena? Muchas pérdidas hemos sufrido en los últimos años, de sueldo, de derechos, de servicios, de bienestar...
Y también la cantidad o cosa perdida. Algo que se cae del bolsillo, aquello que no aparece por ningún cajón de la casa, agendas completas que desaparecen en las entrañas de los smart phones... Pérdidas en la bolsa, pérdidas en la gota fría de septiembre, pérdidas de amistades que no eran tales.
Pérdidas humanas en tantos conflictos absurdos.
La pérdida de la inocencia. ¿Cada vez más temprano?
No nos olvidemos, ya puestos, de las pérdidas de orina, problema exclusivamente femenino, a juzgar por los anuncios de televisión.
Más graves son las pérdidas personales, las de los seres queridos, irreparables, que nos dejan una huella indeleble. Ley de vida, pero duelen.
Por otra parte, ir a pérdidas y ganancias es exponer en compañía de otros una cantidad de dinero, llevando parte en el menoscabo o utilidad que resulte. A veces se gana, otras veces se pierde.
Si decimos de algo que no tiene pérdida significa que es fácil de hallar, expresión muy usada sobre todo cuando damos indicaciones.
Y hasta en el billar hay pérdidas, la billa limpia, jugada que consiste en meter una bola en la tronera después de haber chocado con otra bola. No confundir con las carambolas del destino, culpables en gran parte de algunas pérdidas.
Pero hoy no podemos terminar esta serie sin nombrar la grandísima pérdida que supone para la política nacional la dimisión a gran escala de Alberto Ruíz Gallardón, ministro de Justicia injusto y cerril. Rectificar es de sabios, pero él prefiere abandonar porque "no ha sido capaz de cumplir su tarea". Claro, no es fácil el papel de Mesías. Nada, nada, aceptamos la dimisión. Váyase usted a su casa, no tiene pérdida. Seguro que sus muchos años de dedicación a la política no le ha supuesto la pérdida del puesto de trabajo, ni le va a suponer la pérdida de poder adquisitivo. Y piense tranquilamente en la pérdida de libertad que acarreaba la dichosa ley que por fin se han atrevido a retirar.
CDR
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