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miércoles, 28 de noviembre de 2012

SUPERACIÓN

La capacidad de superación del ser humano es inconmensurable. Eso es lo que pienso siempre que veo cómo personas impedidas por alguna razón física, mental o algún inconveniente a priori insalvable, salen adelante y, aún más, hasta consiguen metas que el común de los mortales nunca conseguiremos. Lo cual me lleva a preguntarme si en realidad la capacidad no nos limita. No hay más que ver cada cuatro años los Juegos Paralímpicos para darnos cuenta de a dónde puede llegar la voluntad humana. El deporte, por lo que supone de esfuerzo y de autodominio, muestra muchos ejemplos de superación personal, pero los hay también en otros ámbitos.

Por si no estuviera ya convencida de esto, he tenido recientemente la oportunidad de ver la película Mi pie izquierdo (1989), basada en la autobiografía homónima de Christy Brown (1932-1981), pintor y escritor irlandés, víctima de una parálisis cerebral de nacimiento. La única parte del cuerpo que Chis puede controlar es su pie izquierdo, con el que demostrará a su familia primero, y después a todo el mundo, que es un ser humano, que puede aprender y expresarse, que no es un simple tullido inútil. En el Berlín de los años cuarenta, en el seno de una familia pobre, Chris es acarreado por sus hermanos y amigos en una carretilla de madera, arrinconado en los juegos, hacinado en su propia casa. Con ayuda de su madre -que ahorrará trabajosamente para conseguirle una silla de ruedas- y mucho amor propio, Christy logra superar los muchos obstáculos que se le presentan en el camino, hasta llegar a convertirse en un reconocido poeta, escritor y pintor en su país; totalmente autodidacta.

La magnífica interpretación de Daniel Day-Lewis -sin olvidar al actor que lo encarna de niño, Hugh O´Connor- da buena cuenta de la lucha de Christy Brown por conseguir sus sueños, más allá de las barreras sociales.

Así que deberíamos reflexionar sobre cómo nuestras manos, nuestras piernas, nuestra vista, nuestra habilidad... son solo herramientas para facilitarnos la vida. Pero la mente es la que nos hará avanzar hacia aquello que deseemos, porque ella es dueña de nuestro tesón y mueve nuestra voluntad.

"Llegar a ser lo que somos capaces de ser es el único fin de la vida."
(Robert Louis Stevenson)

CDR

martes, 27 de noviembre de 2012

EN VÍAS DE EXTINCIÓN

Ayer recibíamos la noticia de que el Premio Nacional de las Letras ha sido concedido este año al filólogo Francisco Rodríguez Adrados. Más que merecido este galardón, sin duda, para un lingüista cuyas aportaciones son reconocidas a nivel mundial, además de ser un defensor incansable de las Humanidades. Doctor en Filología Clásica, catedrático de Filología Griega, presidente de honor de la Sociedad Española de Estudios Clásicos y de la Sociedad Española de Lingüística, miembro de la Real Academia de la Lengua, traductor, director de diferentes revistas culturales, etc. Un currículum impresionante.

Pero lo que ha llamado poderosamente mi atención es la valoración del jurado sobre la obra científica del profesor Rodríguez Adrados, centrada en la Filología Griega, con valiosas incursiones en el campo de la Lingüística y, en particular, en el estudio del indoeuropeo y el sánscrito; teniendo en cuenta asimismo sus ensayos literarios sobre la tragedia, la fábula y otros géneros de origen helénico.

Y digo que me sorprende esto por el hecho de que en un país en cuyos planes de estudio cada vez encuentran menos espacio las lenguas clásicas y las optativas que con ellas tienen que ver -hasta el punto de estar en peligro su existencia-, es como mínimo curioso que se entregue el Premio Nacional de las Letras a un especialista en esta materia. ¿Será por la costumbre patria de distinguir algo una vez desaparecido o, en este caso, en vías de extinción?

Contra eso sigue luchando don Francisco, que continúa en activo a sus noventa años, participando en la campaña para que el ministro de educación retire el anteproyecto de ley para la reforma educativa que deja en el aire dichas asignaturas. En palabras suyas: "Sin las lenguas clásicas, el edificio se hunde." A ver si se entera el señor Wert.

CDR

lunes, 26 de noviembre de 2012

UNOS TANTO...

"La educación es la puerta a los demás derechos." (Katerina Tomasevski)
 
Eva es una chica afortunada, aunque ella todavía no lo sabe. No valora lo que tiene. A sus catorce años, da por hecho recibir la paga todas las semanas, conseguir los caprichos que quiere. Y por supuesto, odia el instituto. Le parece un supremo aburrimiento, va a clase cada día obligada y se fuga todas las horas que puede, las justas para no desencadenar una bronca demasiado fuerte en casa. Ahora ha encontrado la excusa perfecta y le argumenta a sus padres que la gente no para de hablar de crisis, de que no hay trabajo ni para los que estudian, de que no hay futuro. Si hasta vosotros mismos estáis asqueados de esta puta vida, se les encara. Su madre le recrimina su forma de hablar y su padre se hace el sordo, le dice que tiene que aprobar y ya está, discusión zanjada. No la deja seguir, no puede decirle que no le interesa estudiar, que ya se buscará la vida. 
 
Hoy Eva se ha levantado de mal humor, no le gusta madrugar, menos aún para ir a clase. Se encamina al instituto despacio, con desgana, si no fuera por el frío que hace en la calle sería capaz de quedarse dormida mientras camina, va pensando. A primera hora tiene tutoría, lo que faltaba, se le pasa por la cabeza no entrar, pero es casi final de mes y ya lleva acumuladas unas cuantas faltas. Últimamente su padre le está recortando la tarifa del móvil, eso no le interesa, entrará a ver qué cuenta el muermo de Gonzalo. Ella está acostumbrada a no hacer gran cosa en la hora de tutoría, hora de estudio la mayoría de veces, algunos cuestionarios, algunos debates, actividades con el ordenador. Pero este curso eso ha cambiado, su tutor se curra las sesiones, la verdad, les pone videos, los hace que opinen e intenta que piensen por ellos mismos, bueno, eso dice él, como no están acostumbrados, los alumnos pasan. No le ha tocado un buen curso al pobre hombre. Con todo este galimatías en la cabeza llega Eva al instituto y allí se demora en la puerta con sus amigos, ha oído el timbre de lejos por el camino, pero ninguno tiene prisa por entrar.
 
Al fin entra Eva en clase porque si no el profesor la mandará a jefatura y eso será peor que no haber aparecido. Buenos días, dice Gonzalo, elevando la voz sobre el jaleo que hay formado en el aula. Nadie le contesta, él insiste hasta que alguno ya por no oírlo más le responde indiferente. Gonzalo pasa lista y comienza a explicarles en qué va a consistir la tutoría de hoy. Van a hablar sobre el derecho a la educación. ¡Menudo rollo! El profesor les lanza unas preguntas que deben contestar, respetando el turno de palabra, de forma sincera. Pero nadie levanta la mano, como siempre. Gonzalo tiene que azuzar mucho el ánimo de sus alumnos para sacarles alguna opinión, ni digamos para que ésta sea razonada. Vosotros no queréis estudiar, prosigue el tutor, creéis que estáis perdiendo el tiempo, no entendéis que la educación es la única salida posible en la vida, para ser lo que quiera que deseéis ser. Y tras algunas escasas intervenciones, en voz casi inaudible, forzadas, Gonzalo pone el video que cambiará la concepción de Eva sobre las cosas.
 
Mientras se ven las imágenes de unos niños metiéndose en un río, Gonzalo les va explicando que en Vietnam hay niños que tienen que arriesgar su vida cruzando un caudaloso río para poder asistir a la escuela, que está en la otra orilla. En un primer plano aparece entonces una niña llamada Amina que pasa mucho miedo cada día porque en ese río había perdido a dos amigas, arrastradas por la corriente. Los chicos se quitan la ropa y la meten en una bolsa de plástico, junto a sus libros, y se lanzan a unas aguas cuya profundidad, dependiendo del día, podía llegar hasta a los tres metros. Luego tendrán que volver a casa, claro, por el mismo camino. Un simple puente solucionaría la situación, pero hay países en que no se atiende a las necesidades, ni siquiera de los niños, atentando claramente contra sus derechos fundamentales. Y de ahí pasa Gonzalo a recordarles la historia de Malala, la chica pakistaní a quien los talibanes habían disparado por su lucha para que las niñas pudieran estudiar, lo comentaron en clase. Y quizá ese hecho fuera mucho más impactante que lo del río, pero es justo eso lo que ha removido las entrañas de Eva. Ella no solía prestar atención a esas cosas, había tanta violencia cada día en la tele, le quedaba lejano, ajeno. Pero hoy no, hoy algo ha cambiado en su interior. Por eso contesta con interés a las preguntas del cuestionario que después del video les pasa Gonzalo. Siempre acababan teniendo que escribir su parecer e impresiones sobre la sesión de tutoría, ponerlo por escrito era más fácil que hablar allí delante de todos en voz alta.
 
Cuando Eva salió del instituto no se quedó hablando con sus amigos, sino que se puso a caminar rápidamente hacia casa. Iba pensando que sus malditas hormonas le habían jugado una mala pasada, estaba sensiblera, si casi se pone a llorar viendo a Amina y a los otros niños. Puede que fuera eso o que había madurado un poco. Lo cierto es que a partir de ese día se sintió afortunada por poder estudiar, por tener libre acceso a los libros, a la información, por contar con un techo bajo el que dormir, unos padres que se preocupaban de ella... tantas cosas. No fue un cambio radical, no dejó Eva de vivir riñas en casa, de dejarse llevar por su egoísmo adolescente muchas veces, de estudiar el último día algunos exámenes, todo lo propio de su edad. Pero sí empezó a mirar el mundo con otros ojos. Sus notas mejoraron. Y hasta decidió por esos días qué quería ser de mayor. Tendría que ver con ayudar a los demás.
 
CDR

domingo, 25 de noviembre de 2012

NADA SUCEDE DOS VECES


La vida es una aventura con fecha de caducidad. Eso pensaba Wislawa Szymborska (1923-2012), que nos dejó el pasado febrero. Una poetisa de vocación que trabajaba duro en cada poema, a pesar de la facilidad aparente de su lectura. Sin palabras grandilocuentes y sin abstracciones, la poesía de Szymborska es fresca, esencial, llena de amor en su más amplio sentido de la palabra. Mezcla de  tragedia y humor, de sueño y realidad, de vida y muerte, una lírica inolvidable. Fue merecedora de numerosos reconocimientos, entre ellos el Nobel de Literatura en 1996. No se limitó a la poesía, sino que escribió también ensayos, narrativa, y trabajó como columnista y traductora, además de crear interesantes collages que le servían de descanso a su agotadora labor de escritora. Desde que su familia emigró de Polonia y se instaló en Cracovia, cuando ella tenía ocho años, permaneció allí. Pero ha llegado a todos nosotros a través de sus poemas que, afortunadamente, están íntegramente traducidos al español. Algunas de sus obras son Apelación al Yeti (1957), En el puente (1986) o De la muerte sin exagerar (1996).
Este último título puede darnos la clave de su forma de ser. La muerte entendida como una consecuencia de la vida, sin dramatizar. Fumadora incorregible hasta los últimos días, se tomaba la vida con optimismo. Ella se ha ido, mas siempre nos quedará el alma de su poesía.

Unos versos suyos como homenaje, para despedirla. Una enseñanza póstuma: En esta escuela del mundo / ni siendo malos alumnos / repetiremos un año / un invierno, un verano.

CDR

sábado, 24 de noviembre de 2012

¡MENUDO BELÉN!

Se va acercando la Navidad y en muchos hogares empiezan a desempolvarse las figuritas para montar el belén. Este año el acontecimiento familiar y entrañable, tradicional de colocar el nacimiento viene precedido por la polémica desatada a raíz de la publicación de "La infancia de Jesús". Este libro, escrito por el Papa Benedicto XVI, forma parte de una trilogía dedicada a la figura de Cristo, y seguramente tendrá un profundo sentido religioso y un gran rigor histórico, basado en la interpretación de los Evangelios de Lucas y Mateo. Sin embargo, la noticia que ha saltado a los titulares estos días es la de que Ratzinger afirma que no había mula ni buey en el establo donde nació Jesús.

Y ya se ha montado el lío. Porque esto conlleva toda una serie de frivolidades sobre el tema, hablando de ERES en el belén, mulas y bueyes en huelga, divagando sobre el problema de dejar a la Virgen, San José y el Niño, en la fría noche de diciembre, sin el calor animal del buey y la mula.

Lo que es indiscutible, según el Papa, es la virginidad de María y de su santísima concepción, sería el colmo que se viniera abajo ese misterio cristiano. La estrella que guió a los sabios de Oriente -también puestos en duda- era en realidad una supernova que se produjo en aquella bendita fecha. Pero fehacientemente se afirma la imposibilidad de los pobres animales. Básicamente, este es el resumen que circula sobre la obra del teólogo alemán, de apenas 176 páginas, recientemente publicada.

Hasta los catalanes están ahora preocupados por la veracidad histórica de su caganer, ¿estaría el tipo en tales menesteres justo en ese lugar, ese día y a esa hora? Todos los belenistas españoles, en general, están cabreados por los trastornos que estas afirmaciones papales pueden suponer.

Y yo me pregunto, ¿es que a alguien le importa si el belén se ajusta a la realidad histórica? Cada año, en cada representación del nacimiento se incorporan novedades, ya sea en las figuras, en el decorado, en el sistema de agua, en el colorido... ¿Va a cambiar este año eso en cada casa, en cada pueblo que expone su belén en la plaza para el concurso regional?

También es casi seguro que la fecha del nacimiento de Jesús no coincide con el 25 de diciembre, ¿vamos por ello a cambiar la celebración de la Navidad?

Supongo que todo esto va de echarle un poco de humor al asunto porque, con la que está cayendo, me parece increíble que se forme este belén.

CDR

viernes, 23 de noviembre de 2012

MUJERES: BAILARINA POCO COMÚN

Se sale de lo común una mujer que desde niña asumió la danza a través del ritmo de las olas del mar a cuyas orillas nació. Tan claro lo tenía Isadora Duncan (1878-1927) que a los diez años abandonó la escuela para dedicarse a su pasión, a los diecisiete se trasladó a Nueva York y se incorporó a la compañía de Agustin Daly.

Considerada por muchos como creadora de la danza moderna, Angela Isadora Duncan creció en un hogar dividido, pues el padre los abandonó muy temprano, dejando a la familia en una difícil situación económica. Este hecho propició el alejamiento religioso de Isadora, que siempre se confesó "atea convencida", aunque en principio en su casa se profesaba la fe católica. Con su hermana mayor, Isadora se puso a impartir clases de danza a los niños del barrio, mientras la madre daba lecciones de piano para poder sustentarse. En sus ratos libres, la niña jugaba sola en la playa e imitaba con sus manos los movimientos de las olas, lo cual sería el germen de su peculiar estilo. Estudió danza clásica en Chicago, de donde se trasladó a Nueva York, tras un incendio y la pérdida de todas las posesiones familiares. Al empresario Daly no le convencieron las innovaciones que Isadora proponía continuamente para interpretar poemas de forma plástica por medio de la danza. Como no se sentía feliz,  en una época en que la mayoría deseaba emigrar a Estados Unidos, Isadora convence a su madre y a su hermana para marcharse a Europa y así, en 1900, las tres mujeres se instalan en Londres.

Isadora fue una mujer inquieta y autodidacta. En estos años londinenses pasaba muchas horas en el Museo Británico, fascinada por las expresiones artísticas que veía en las ilustraciones de los jarrones griegos. En continua formación, leía mucho y ensayaba nuevas danzas para dar cauce coreográfico al arte, la Duncan comenzó a dar una serie de recitales, basados en la danza de la Antigüedad Clásica, en la capital británica que entusiasmaron al público. Pronto empezó a cosechar éxitos. La crítica del momento la ensalzaba reconociendo la frescura de su baile, en contra de la elaboración y artificiosidad a la que estaban acostumbrados. Efectivamente, para Isadora Duncan la danza debía ser una prolongación de los movimientos naturales del cuerpo, consideraba forzados y antinaturales los de los bailarines clásicos, y se negaba a constreñir sus pies en unas zapatillas de baile. La Duncan bailaba descalza, con una simple túnica de seda cubriendo su cuerpo, como si fuese una diosa pagana en uno de sus rituales. Transportada por el ritmo, expresaba su amor a la naturaleza y a la vida, como las nubes, el mar o las copas de los árboles se mecen con el viento. Se puede decir, en fin, que su método coreográfico era como una filosofía que se basaba en el convencimiento de que la danza ponía en contacto al individuo con la armonía de la naturaleza y del universo.

Desde este momento, la bailarina fue reclamada por todos los teatros europeos. Entró en contacto con el París de Rodin y de Bourdelle y con el Renacimiento italiano de Botticelli -cuya influencia será muy manifiesta posteriormente-. En 1902 por fin consiguió realizar el viaje de sus sueños, visitando Grecia, peregrinando a las fuentes del arte occidental. Incluso empezó a construir un templo dedicado a la danza en una colina cerca de Atenas, pero hubo de abandonar la empresa por falta de ingresos. En 1905, Isadora Duncan visitó San Petersburgo y fue invitada por la célebre diva rusa Anna Pavlova a visitar su estudio y a asistir a sus ensayos. Admirada contempló la norteamericana durante horas la estricta gimnasia que realizaba Pavlova, como si su cuerpo fuese de acero elástico, algo muy alejado de su propia concepción de la danza.

Conocida como "la ninfa", Isadora Duncan vivió rodeada de intelectuales y todo tipo de artistas, extasiados ante su belleza y su poder de seducción. La leyenda no tardó en comenzar y se empezó a hablar de una especie de maleficio que se abatía sobre aquellas personas a quienes amaba o la amaban. Así ocurrió con el polaco Ivan Miroski, consumido por unas fiebres poco después de separarse de Isadora. Además, siempre rodeaban sus relaciones extraños percances o desapariciones. E incluso la desgracia se cebó con sus propios hijos, cuando en 1913 se mataron en un accidente de coche. Muchas veces pensó la extraordinaria bailarina en quitarse la vida, sobre todo tras esta terrible pérdida, pero la disuadía la idea de que los niños de su escuela -fundada en 1904- la necesitaban.

Isadora simpatizó con la revolución social y política de la Unión Soviética y se instaló en Moscú a principios de los años veinte, afincamiento que duró poco. Siguieron los romances en esta época. Uno de los más sonados fue su matrimonio con el poeta ruso Serguéi Esenin, diecisiete años más joven que ella, locamente enamorado. Sin embargo, una crisis creativa lo llevó a una profunda apatía que sacó lo peor de él, volviéndose violento y alcohólico. En 1924 la pareja se divorció y el poeta se suicidó al año siguiente. Ella ya había abandonado la Unión Soviética, no sólo por su fracaso sentimental sino también porque las promesas del gobierno respecto a su trabajo -proyecto de una academia de Danza Futura- se vieron imposibilitadas por la negativa de algunos dirigentes, en un momento en que ya se empezaban a mostrar los primeros síntomas del sistema comunista soviético.

Cuando regresó a Europa, tampoco fueron ya bien acogidos sus proyectos, pues eran conocidas sus manifestaciones ateas, su actitud favorable a la revolución rusa, su práctica del amor libre, argumentos todos ellos que ponían en contra suya a la opinión pública occidental. Sus últimos recitales resultaron una profunda decepción, las salas la recibieron semivacías, frías, el público había comenzado a fallarle.

Sin duda, una vida tan poco común como la concepción de su arte: Isadora Duncan eligió ser madre soltera a principios del siglo XX, mantuvo relaciones sin complejos tanto con hombres como con mujeres, creó una nueva forma de danza alejada de las concepciones canónicas del momento y, finalmente, su trágica muerte -estrangulada por su propio chal en un accidente de tráfico, en el automóvil de un joven y guapo mecánico italiano- contribuyó a engrandecer la leyenda en torno a esta singular mujer.

CDR

jueves, 22 de noviembre de 2012

DÍA DE...

Como tenemos 365 días en el año, da para alojar numerosos motivos que marcan nuestro calendario. Aunque no nos enteremos de la mayoría de ellos, cada día es el día de... algo. Dígase la lepra, la no violencia, el cáncer, el trasplante, el riñón, la espina bífida, la voz, las familias, la mujer, el niño, la alimentación, los sin techo, la solidaridad con el pueblo palestino, África, etc.

Todas estas causas y otras muchas que se conmemoran son sin duda justas y dignas de tener un día a ellas dedicado. La lástima es que este hecho habla de la cantidad de problemas que quedan por resolver, la cantidad de colectivos que quedan por atender, la cantidad de cosas, en fin, que faltan por recordar en nuestra sociedad.

Qué maravilloso sería que todos los días fueran iguales, para todos los habitantes del mundo, sin importar su color de piel, su estatus social, su edad, su trabajo, su país, que todas las enfermedades se considerasen importantes, que todos los valores prevalecieran sobre las cosas inútiles y mezquinas...

Sería estupendo que no tuviésemos que recordar hoy la importancia del agua, mañana los derechos humanos, dentro de tres días a los inmigrantes y después el dolor, la solidaridad o al donante de sangre.

En nuestra ajetreada vida necesitamos que nos mencionen continuamente qué cosas son importantes. Porque si no, sumidos en nuestros problemas, somos ajenos por completo a aquello que no nos afecta.

¿Estoy, por tanto, en contra de los días de...? En realidad creo que sí. Pues tanto esos días empalagosos, comerciales, imitados, que detesto, como aquellos más cabales y justificados, parecen pequeñas gotas dosificadas de una medicina para hacernos inmunes a los grandes asuntos de este mundo actual nuestro. Los primeros porque embotan nuestro entendimiento haciéndonos creer que debemos comprar cosas, disfrazarnos, comer esto o lo otro. Los segundos, porque oímos en el noticiario "hoy es el día internacional para la tolerancia", por ejemplo, y acallamos nuestra conciencia con la música de fondo de la presentadora explicándolo en el breve tiempo de una cuña periodística. Mañana, será el día de otra cosa.

CDR