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lunes, 29 de julio de 2013

LA MUJER EN LOS PROVERBIOS DEL MUNDO: EL CUERPO FEMENINO

Para ninguno de ustedes será ya un secreto, a estas alturas, mi afición a los proverbios, máximas, aforismos, citas y pensamientos. Y asimismo, mi gusto por enfocar algunos temas hacia la mujer. Pues bien, uniendo estos dos aspectos, inicio hoy una serie dedicada a aquellos proverbios, en diferentes lenguas, que tienen como protagonista a la mujer.

Resultará curioso, sin duda, ver cómo muchos de los proverbios aquí recogidos tienen un correlativo en nuestro propio acervo cultural, ya que al fin y al cabo en este tipo de sentencias se vierte el ser humano, sin diferencia de razas. Otros, por su parte, están más arraigados al contexto del país al que pertenecen.

El que existan proverbios específicos sobre las mujeres nos habla de esa costumbre ancestral de oponer el "ellas" al "ellos", sobre todo en cuanto a conformación sexual. Hoy en día, en nuestro país y en otros muchos, hombres y mujeres reciben una educación igualitaria y desempeñan los mismos trabajos (aunque no está todo conseguido). Pero hay todavía muchísimos lugares del mundo en que esto no es así. Y veremos cómo algunos de estos proverbios, de hecho, estigmatizan el acceso igualitario a la educación y enfatizan algunos roles femeninos que a nosotros nos resultan detestables.

Les advierto que algunos de ellos pueden herir su sensibilidad. Por favor, no la tomen conmigo. No comulgo con sus contenidos. Se trata simplemente de una recopilación sobre algo que me parece curioso e interesante.

La serie comienza con algunos adagios referentes al cuerpo femenino, quizá una de las pruebas más fehacientes de las diferencias con el hombre. Por lo general, los cuerpos masculinos son de mayor tamaño que los de la mujer, ya desde el nacimiento. Bien es cierto que los varones adultos tienen huesos más sólidos y mayor potencia muscular que las mujeres, pero estas muestran mayor vitalidad y resistencia, tanto física como psicológicamente, además de una esperanza de vida más larga (no lo digo yo, sino las estadísticas de todos los países).

"Mujeres, desgracias y pepinillos, cuanto más pequeños mejores." (Húngaro)

"La mujer y la sardina cuanto más chica más fina." (Español)

"Mi desgracia es soportable - dijo el hombre -, y se casó con una mujer pequeña." (Frisón)

"La mujer y el arado son mejores si miden menos que el hombre." (Oromo)

La superioridad física de los hombres, por un lado, y la maternidad como capacidad única en las mujeres, por otro, han tenido importantes consecuencias para la historia de los sexos en la especie humana.

"Hasta un hombre de pequeño tamaño será siempre grande en comparación con las mujeres." (Árabe)

"En el útero de la mujer está el destino del hombre." (Alemán)

"Para tener un hijo no basta con llevarse las manos al vientre." (Árabe)

"El útero de la madre es como un barco de esclavos, trae buenos y malos." (Sranan)

Ahora, vamos por partes:

Cuerpo y alma: "El marido y la mujer no deben ser únicamente un solo cuerpo, sino también una sola alma." (Hebreo) o "Una mujer bella lleva un diablo en su cuerpo." (Alemán)

Cabeza y cuello: "Una mujer buena carece de cabeza" (Neerlandés) o "El hombre es la cabeza, pero la mujer la gira." (Inglés)

Cerebro: "Belleza ya tienes, hija mía, y la inteligencia te la compraré." (Ladino) o "Cabeza con melena y sin cerebro." (Mongol)

Ojos: "Cuando brillan sus ojos, se marchita la hierba." (Ruso) o "La mujer pide, toma, engaña y mata con los ojos." (Español)

Nariz y oídos: "Si una cara tiene solo nariz, es bella." (Serbocroata). No es un rasgo muy comentado. "El hombre ama con los ojos, la mujer con los oídos." (Polaco) o, desde la perspectiva femenina, "Un marido en casa es una pulga en el oído." (Chileno)

Labios, boca, dientes y lengua: "La boca es una rosa; la lengua es una espina." (Húngaro); "Ninguna gallina tiene derecho a cantar en presencia del gallo." (Ruandés) o "Una mujer tiene dientes y su mordedura es peligrosa." (Jamaicano)

Hombros y brazos: "El marido debe llorar sobre el hombro de su mujer." (Irlandés) o "La muchacha antes de casarse tiene siete brazos y una boca; después de casarse tiene siete bocas y un brazo." (Judío)

Manos y dedos: "La mujer es mujer por sus manos." (Zulú) o "Para ella, cada dedo es un hombre." (Hebreo)

Senos: "Amor de madre, niño en el pecho" (Maorí) o el conocidísimo "Tiran más dos tetas que dos carretas." (Español)

Vagina: "La mujer amable tiene una vagina sin vello." (Maprusi) o "Aunque el sexo de tu mujer sea pequeño, hallarás en él el amanecer." (Minangkabau)

Nalgas: "La mujer es como la oveja merina: se la valora por la parte trasera." (Ruandés) o "La mujer inteligente solo muestra a su marido una parte de su trasero." (Armenio)

Piernas, rodillas y pies: "El cielo está a los pies de las madres." (Árabe); "En lo mejor del baile la muchacha enseña sus muslos." (Baulé) o "Una mujer que se reconoce culpable no dedicará tiempo a sus rodillas."  (Yoruba)

Y para finalizar, un proverbio que repasa de la cabeza a los pies:

"Quien se case con una mujer por su cuerpo perderá el cuerpo y conservará a la mujer." (Neerlandés)

CDR

domingo, 28 de julio de 2013

PAPELES IMPRESOS

Hoy he tropezado con una historia insignificante, pero digna de ser contada, al menos así lo creo. Escuchen y opinen.

Deliberadamente una chica deja un libro en el asiento del autobús cuando baja en su parada. Uno de los viajeros se percata y le comenta a su compañero que esa despistada se ha dejado algo olvidado. El más cercano al pasillo se levanta, ve lo que es y, mofándose claramente, vuelve a su sitio y le dice al otro que se trata de un libro y que lleva una nota pegada: "No estoy perdido. Cógeme y léeme." Ah, sí, hay algunos que hacen eso, dejar libros en lugares públicos para que otros los recojan y disfruten de ellos. Jajaja. Ya podrían dejar billetes de cincuenta, entonces sí que lo cogería.

Afortunadamente la chica no presencia esta deplorable conversación. Sin embargo, ella ha sembrado una semilla que va a germinar. Pronto una anciana se acerca al asiento, toma el libro entre sus manos, lo hojea, se sienta y comienza a leer. Cuando llega a su destino, guarda el libro en el bolso y se va. Los de antes se miran poniendo los ojos en blanco, qué gente más loca.

Ana participa, como muchas otras personas, de algo que se denomina BookCrossing (BC), una práctica que consiste precisamente en eso, facilitar que posibles lectores cojan los libros, los lean y vuelvan a dejarlos. Una buena idea, por ejemplo, para esos libros condenados a ser eliminados. Mucha gente se deshace de ellos porque los niños han crecido, porque las casas son pequeñas, porque les han regalado un ebook, porque no tienen el hábito de la lectura. La liberación del libro puede ser totalmente anónima o incluso puede ser registrado para su seguimiento. En este último caso se consigue un número de identificación que se incorporará a la base de datos del sistema y se obtiene una etiqueta para pegarla en la cubierta del libro, de forma que la persona que lo encuentre pueda entrar en la web de BookCrossing y escribir un pequeño comentario para notificar el hallazgo. Una vez leído, se reinicia el proceso. Así de sencillo.

Lo crean o no, los libros que estorban en las casas, la mayoría de veces, no son admitidos en librerías de viejo, ni en bibliotecas abarrotadas (eso en los casos en que sus dueños al menos lo intentan), su destino es el contenedor de basura. Ahora quizá cuenten con una oportunidad a través de esta especie de asilo a desvalidos hechos de simples palabras.

Posiblemente Lucrecia, la anciana del autobús, no conozca este procedimiento, pero ella es la prueba de que aún queda gente que adora más papel impreso que el del dinero... y que el amor por los libros tampoco tiene edad.

CDR

sábado, 27 de julio de 2013

HUELLAS

Una huella es una señal que indica el paso de alguien o de algo. Algunas huellas son fugaces. Otras, indelebles.

Patas de un animal en la tierra que pisa. Hasta abrir camino.

Pies de una pareja caminando juntos por la playa. Hacia un amor eterno.

Seguir el ejemplo de alguien, imitarlo. Solo algunos.

Bloques de hormigón en una ladera imposible. Para la posteridad.

Negro sobre blanco que nos identifica. Desde que nacemos.

Basura olvidada en sitios que estaban limpios cuando llegamos. Porque no hay conciencia.

Indicios o alusiones de un hecho consumado. Como prueba.

Impresión profunda y duradera que nos deja una lectura, un gesto, un acontecimiento. De seres humanos.

Restos metálicos de un tren que no llegó a su destino. Sin explicación.

CDR

jueves, 25 de julio de 2013

¿QUIÉN LA INVENTÓ?

Seguro que todos sabrían decir quién fue el inventor de la bombilla, de la radio o del teléfono. Artilugios imprescindibles en nuestra vida cotidiana. Pero, ¿saben quién inventó la televisión? Un aparato no menos importante que los anteriores, omnipresente en los hogares, cuyo inventor ha caído en el olvido.

Se trata de Philo Farnsworth (1906-1971), nacido en el estado de Utah. En el seno de una familia mormona, el niño se crió en una cabaña de madera y no conoció la electricidad hasta la primavera de 1919, cuando se mudaron a una granja de Idaho. Cuando sus carromatos alcanzaron la cumbre de una colina, Philo contempló el valle en que estaba situada su futura casa y observó la única cosa que había pasado inadvertida a los demás: la casa, el granero y los edificios anexos estaban conectados por cables. ¡Este lugar tiene electricidad!, gritó excitado.

Con un temprano interés por la electrónica, Farnsworth empezó a chapucear con piezas de recambio que encontró por la granja, de adolescente trabajó arreglando radios, y estudió física por su cuenta, ahondando en las teorías de Einstein y leyendo libros y revistas científicos hasta altas horas de la madrugada.

Una noche de invierno, mientras hojeaba una revista, encontró un artículo especulativo titulado "Imágenes que pueden volar por los aires", que hablaba de un imaginario dispositivo electrónico (una especie de híbrido entre la radio y el cine) capaz de proyectar simultáneamente imagen y sonido en todas las casas del mundo. Esta idea arraigó en la mente de Farnsworth y comenzó a leer todo lo que pudo sobre el tema. Así, descubrió que muchos inventores habían trabajado ya en ese campo, pero con escaso éxito y dedujo, acertadamente, que esos sistemas de televisión mecánica no funcionarían lo bastante rápido para captar y reensamblar otra cosa que no fueran sombras oscilantes. Pronto se dio cuenta el joven Philo de que había un problema inherente en intentar convertir la luz en electricidad mediante el uso de discos giratorios y espejos, ya que nunca podrían girar lo bastante deprisa para transmitir una imagen coherente. Lo que se necesitaba era un sistema de transmisión que pudiera funcionar a la misma velocidad de la luz.

Y fue precisamente una iluminación instantánea la que dio a Farnsworth la solución al problema. A sus catorce años, trabajando con una cosechadora, arrastrándola una y otra vez, hilera a hilera, se le ocurrió que un haz de electrones desviado magnéticamente para que operase línea por línea podía soportar la imagen, de un modo parecido a como hacen los ojos al leer.

Philo Farnsworth había tenido una idea brillante, pero ahora debía ponerla a prueba para ver si funcionaba en la práctica. Algunos de los científicos más importantes del momento, con financiación de las grandes compañías eléctricas, estaban trabajando en el mismo problema que un muchacho de granja acababa de resolver. Su padre fue lo suficientemente perspicaz para darse cuenta de que su hijo había encontrado algo y le aconsejó que no se lo dijera a nadie, por miedo a que le robaran la idea. Philo necesitaba a alguien en quien poder confiar y esa persona fue Justin Tolman, su profesor de química del instituto. Juntos desarrollaron en seis meses los aspectos teóricos de la hipótesis de Farnsworth.

En 1921, la familia se trasladó a un suelo más fértil, cerca de Provo (Utah), donde compartían casa con otra familia, los Gardner, con dos varones y seis hijas. Con sólo quince años, fue admitido en la Universidad de Brigham Young, pero la muerte de su padre dos años más tarde y las dificultades económicas familiares le obligaron a interrumpir sus estudios. En 1926 pidió a los Gardner la mano de su hija Elma, a la que llamaban "Pem", aunque las circunstancias hicieron que el matrimonio tardase en celebrarse. Mientras, Farnsworth y su futuro cuñado, Cliff Gardner, establecieron su propio negocio de instalación y reparación de aparatos de radio. Pero no funcionó bien. Philo, desesperado, pensó poner por escrito sus ideas sobre la televisión y mandarlas a la revista Popular Science, cosa que su amigo le desaconsejó. Finalmente, se inscribió en el servicio de colaboraciones de la Universidad de Utah con la esperanza de que eso le ayudaría a encontrar trabajo. Allí conoció a George Everson, un promotor de fondos profesional que había contratado a Philo, junto con otros estudiantes, para realizar una encuesta. Farnsworth logró, tras muchos esfuerzos y gran dosis de escepticismo por la otra parte,  que éste y su socio financiaran el invento.  Así, se creó una asociación entre Everson, su socio Gorrell y el propio Farnsworth, que se ubicaría físicamente en San Francisco. Philo avisó a su cuñado para que acudiera rápidamente a Los Ángeles. Él y Pem pudieron por fin casarse.

El 7 de enero de 1927, Farnsworth solicitó la primera patente para su sistema de televisión, para asegurarse de que su idea estaba protegida. Sin embargo, no se concedían patentes oficiales hasta que se hubiera demostrado que el dispositivo funcionaba, así que aún faltaban numerosas investigaciones y ensayos antes de eso. Ocho meses después, el sistema transmitió su primera señal, una simple línea recta en movimiento. El invento tardaría todavía un año en llegar al público.

Si llegar hasta aquí no había sido fácil, mucho menos lo sería a partir de ahora, cuando ya había intereses de por medio. El entonces recién nombrado presidente de la RCA (Radio Corporation of America), David Sarnoff, temiendo que la televisión acabase por desplazar a la radio, contrató a un ingeniero ruso, Zworykin, que trabajaba en un diseño parecido al de Farnsworth, aunque con problemas que no sabía resolver. Zworykin, sin decirle que trabajaba para la RCA, se presentó como un colega interesado en intercambiar opiniones y visitó su laboratorio durante tres días, aprovechando la ocasión para espiar la investigación de Farnsworth. El proyecto de la RCA seguía utilizando un escáner mecánico, así que Sarnoff le dio a Zworykin un generoso presupuesto y un año de plazo para desarrollar el dispositivo. Como no lo consiguió, en 1931 David Sarnoff intentó comprar a Farnsworth, pero él no aceptó el soborno. En junio de este año, Farnsworth se unió a la empresa Philco y trasladó su laboratorio a Filadelfia. Mientras el invento de Farnsworth iba perfeccionándose, Sarnoff conseguía el monopolio de la reciente industria de la televisión, en la que las pequeñas compañías de radio no tenían muchas posibilidades de competir, en los años posteriores al hundimiento bursátil de 1929. Tres años después, la RCA presentó una televisión electrónica similar a la de Farnsworth, atribuyéndole el invento a Zworykin. Esto los llevó a un proceso judicial que, a pesar del enorme poder de los abogados de la RCA, se falló a favor de Farnsworth, y en el que incluso prestó declaración Justin Tolman, el profesor de química que había sido testigo del nacimiento del proyecto. La compañía apeló y perdió, pero el juicio había durado varios años, y para cuando Sarnoff accedió a pagarle las regalías al verdadero inventor, éste estaba arruinado y su salud se había deteriorado.

En la Feria Mundial en Flushing Meadows, en Nueva York, la RCA se presentó como patrocinador del "Pabellón de la televisión", obtuvo los derechos de retransmisión del evento y logró el monopolio del sector. Farnsworth se había iniciado en la fabricación de televisores, pero la producción se detuvo con la entrada en guerra de EE.UU., de modo que se vio obligado a vender los activos de su compañía a International Thelephone and Telegraph, que poco después abandonaba la industria de la televisión para dedicarse a la producción de radares. Cuando terminaron sus patentes, que pasaron a ser de dominio público en 1947, no le había dado tiempo a hacer fortuna. Para entonces, la RCA estaba produciendo seis mil televisores al año, cifra que se centuplicó en los años siguientes.

Farnsworth, devastado, sufrió un colapso nervioso que lo mantuvo postrado en la cama durante meses y del que nunca se recuperó totalmente. Los últimos años de su vida estuvieron marcados por la tragedia. Ya sin la ilusión y la fuerza que lo habían caracterizado, se retiró con su familia a una casa en Maine, donde lo atormentaron la depresión y el alcoholismo. Y en solo diez años se convirtió en un perfecto desconocido.

En 1971, Philo Farnsworth enfermó gravemente de neumonía y falleció. Curiosamente, el mismo año que Sarnoff, quien tantos golpes le propinó en su vida.

Me parece justo reconocer a este joven de mente despierta y gran tenacidad que dio con la clave para desarrollar un invento que cambió el mundo.

CDR

miércoles, 24 de julio de 2013

BANDA SONORA

La banda sonora de nuestra historia de amor empezó a sonar hace dieciséis años. Y afortunadamente sigue girando el disco que nos hace bailar el baile de esta vida, hermosa la mayor parte del tiempo, dura en ocasiones. Pero siempre juntos.

Cuando le conocí sonaba en mi discman (ya pasado de moda, que aún conservo y funciona) el primer disco de Rosana, la cantautora canaria que ya he mencionado en este blog. Y algunas de sus letras pusieron palabras exactas a lo que sentía por él.

Son muchas canciones, de Rosana y de otros, las que pueblan mis recuerdos, y serán muchas más a lo largo de los años. Elijo esta, "Contigo", con plena vigencia hoy:

Toda la sal,
todo el azúcar,
todo el vino,
toda mi vida,
sólo deseo vivirla contigo.
Toda la luz,
todo el oscuro,
todo lo que escribo,
todo el camino ardo en deseos de andarlo contigo.

Con tu amor, siento calma
y a la orilla del río
tu calor se me agarra
y me llenas el alma de luz y rocío.
Con tu amor siento ganas
en los cinco sentidos
y me llevas tan lejos,
que apenas recuerdo de dónde venimos.

Todo el calor,
todas las nubes,
todo el frío,
toda la lluvia, ardo en deseos de mojarme contigo.
Todo el amor,
todo el recuerdo,
todo lo que olvido,
todo el silencio se hace canciones durmiendo contigo.

Todo el sabor,
todo el perfume,
todo lo que ansío,
todos los mares, sólo deseo navegarlos contigo.
Todo sin más,
la eternidad también la pido,
vida o castigo, sólo deseo tenerla contigo,
vida o castigo, sólo deseo beberla contigo,
vida o castigo, sólo deseo morirme contigo.

Para ti, Paco.




CDR

martes, 23 de julio de 2013

PALABRAS ENCENDIDAS (VIII)

El tiempo corre que vuela. Ya han pasado más de cinco meses desde la última entrega de esta serie. Pero como aún queda mucho por descubrir en este recorrido, creo que nunca es tarde para retomar el camino.

Y continuamos más o menos en los mismos años en que lo dejamos con Samaniego, pues el francés Honoré-Gabriel Riqueti, conde de Mirabeau (1749-1791) escribió un texto de desenfrenado erotismo que no podemos olvidar aquí. Se trata de El libertino de calidad, cuyo protagonista, Con-Desiros, inicia una cruzada "libertina" con los siguientes propósitos, literalmente: "Sólo joderé por dinero, alardearé de ser un semental si hay beneficios, y les enseñaré (a las damas) a menear el culo a tanto por mes." Lo más sorprendente es que el autor de esta obra llegó a ser presidente de la Asamblea Nacional francesa durante las primeras fases de la Revolución, y ha pasado a los anales de la Historia como un ensayista y político francés muy relevante en esta época, sin que este texto aparezca en su bibliografía reconocida. Mirabeau muestra una clara tendencia a buscar el erotismo en la fealdad y en lo grotesco, quizá motivada esta por su propio físico. Era el conde un hombre obeso y picado de viruelas, pero de desbordante vitalidad, como prueba que gran parte del contenido de El libertino sea verídico. Una especie de Arcipreste de Hita, que aunaba inteligencia y arrebatadora pasión.

Proseguimos con un autor más conocido y con una de sus obras maestras: Johann Wolfgang Von Goethe (1749-1832) y su Werther. Nada más aparecer, con el título de Las desventuras del joven Werther,  en 1774, fue incluida en el índice de Libros Prohibidos. El motivo fue posiblemente que manifestaba una nueva y turbadora sensibilidad que se consideró peligrosa en el momento. Aunque el argumento es bastante simple -Werther se enamora de Carlota que, a su vez, se casa con Alberto-, el tormentado y soterrado deseo del joven, su carácter morboso y enfermizo, dotan a la novela de un aura inquietante y provocativa. La pasión de Werther por Carlota es irrefrenable, el deseo se agita en torno suyo como un huracán. Y, aunque Carlota es fiel a su marido, el atrevimiento y el adulterio subyacen en la historia. Goethe se basó en hechos personales para la elaboración de Werther (el amor que sentía por Charlotte Buff, prometida de su amigo Christian Kestner, y el suicidio de otro amigo suyo, Karl Wilhelm Jerusalem, por un amor no correspondido.) Pero el estado de ánimo que define la novela es tan singular y llegó a coincidir de tal forma con el nuevo inconsciente colectivo de la época, que caló hondo en el público y se extendió rápidamente por toda Europa. Diríase que se puso de moda un erotismo tipo Werther, caracterizado por un deseo impetuoso, irrefrenable e inasequible, con la consiguiente desesperanza y minusvaloración de la vida -y con esta, una importante proclividad al suicidio.- A continuación, el momento en que la pasión de Werther se desborda totalmente, un breve y cegador instante en que somos testigos de una libido desatada, expandida... No hay otra salida para el joven: "Él se arrodilló ante Carlota, en plena desesperación; tomó sus manos y las estrechó contra sus ojos, contra su frente: a ella le pareció sentir cruzar por el ánimo un presentimiento de su terrible propósito. Sintió Carlota que su mente se extraviaba: apretó la mano de Werther y la estrechó contra su pecho, inclinándose con un violento movimiento hacia él. El mundo se borró en torno a ellos. Él la estrechó entre sus brazos, oprimiéndola contra su pecho, y cubrió sus labios vacilantes y balbucientes con ardientes besos." (...)

Ahora paramos en las poesías de Juan Meléndez Valdés (1754-1817), único poeta de la Ilustración española que afronta el erotismo de una manera seria, es decir, alejándose de la tradición jocosa, inspirada por La Fontaine, de Samaniego, Nicolás y Leandro Fernández de Moratín y otros. El estímulo que produce la poesía de Valdés se perpetúa más allá de la lectura, pues la tensión no es liberada por la carcajada o la sonrisa. El erotismo del poeta extremeño va desde la evocación más sutil hasta la plena descripción del acto sexual, pasando por una libido meliflua. Son los senos el elemento erótico por excelencia de Meléndez Valdés, si bien no olvida el autor otros lugares del cuerpo. Mezclando el juego lingüístico con la búsqueda de la belleza, esta poesía presenta una evidente relación con los ideales clasicistas de la época. Un ejemplo: "Cuando mi blanda Nise / lasciva me rodea / con sus nevados brazos / y mil veces me besa, / cuando mi ardiente boca / su dulce labio aprieta, / tan de placer rendida / que casi a hablar no acierta, / y yo por alentarla / corro con mano inquieta / de su nevado vientre / las partes más secretas, / y ella entre dulces ayes / se mueve más y alterna / ternuras y suspiros / con balbuciente lengua, / ora hijito me llama, / ya que cese me ruega, / ya al besarme me muerde, / y moviéndose anhela, / entonces, ¡ay!, si alguno / contó del mar la arena, / cuente, cuente, las glorias / en que el amor me anega."

En contraste, encontramos la poesía de Juan Nicasio Gallego (1777-1853), que aunque sigue las prescripciones neoclásicas en algunos de sus poemas -quizá uno de los poemas más gráficos del erotismo en lengua castellana sea el dedicado a los pechos de Corila-, escribió también poesía de corte muy diferente. Composiciones en que se pierde el tinte neoclásico a favor de la tradición satírica española. En los siguientes versos, se nos describe la posesión de una mujer que se hace la remilgada: "-Mire usted que me marcho de este asiento / aunque tenga después que hablar la jente: / no sea usted, don Juan, tan imprudente, / que eso es haber perdido el miramiento.- / -¡Por cierto que es donoso pensamiento!- / ¿Y si lo ve mi madre que está enfrente?- / -Suélteme usted la mano, impertinente... / ¡Jesús!... ¡qué tontería!... No consiento.- / -Yo me pondré más lejos otro día...- / -Pero á lo menos tenga usted cuidado... / ¡Verá usted si mi madre todavía...- / -¿Va bien así?... ¿Pues cómo? ¡qué pesado! / Vaya; gracias á Dios. ¡Qué porquería! / -¡Pobre de mí, que toda me he manchado!-" (Poema titulado Como esta hay muchas).

Y ya por último, para terminar con el ajetreado siglo XVIII, hablamos de El monje de Matthew G. Lewis (1775-1818). Esta obra se considera el máximo exponente de la novela gótica, cuyo componente esencial es el erotismo subversivo. Escrita a los diecinueve años por su autor, la novela contiene toda la fuerza sexual juvenil, que se ve multiplicada por el puritanismo imperante en la Inglaterra de la época. En su primera edición, en 1794, fue publicada anónimamente y suscitó tanto el éxito inmediato como el furor de los moralistas británicos. De modo que las sucesivas ediciones, ya firmadas por Lewis, hubieron de ser expurgadas. Escrita en tan solo diez semanas, la historia está ambientada en España y supone una dura crítica contra la Inquisición, además de una aguda ironía sobre la hipocresía religiosa. Ambrosio, prior de un convento de Madrid, se enorgullece de su castidad. Tan ensoberbecido se siente de ella, que cuando se entera del embarazo de una monja del vecino monsterio de Santa Clara, hace que esta sea duramente castigada. Pero el ingreso del novicio Rosario en su propio convento, demostrará que no hay diques contra la tentación. El momento en que Ambrosio descubre que este novicio es en realidad una mujer que lo ama y ella, al intentar darse muerte, rasga su hábito y deja un seno al descubierto, es de una gran intensidad erótica. A partir de ahí, la atmósfera se adensa, impregnándolo todo de una concupiscencia que culminará en un delirante éxtasis. Reproducimos aquí la traducción del texto original, para disfrutar sin censuras de la ardiente pluma del joven escritor: "Se despertó enfebrecido y cansado. Durante el sueño, su inflamada imaginación no había cesado de girar en torno a escenas voluptuosas. Había soñado que Matilde estaba ante él, y que volvía a demorar sus ojos en su seno desnudo. Ella le repetía sus protestas de amor eterno, le arrojaba los brazos alrededor de su cuello y le cubría de besos. Él se los devolvía: la estrechaba apasionadamente contra su pecho y... se disipaba la escena. A veces, sus sueños le presentaban la imagen de su Virgen predilecta, e imaginaba que estaba de rodillas ante ella. Al ofrecerle sus votos, los ojos de la imagen parecían mirarle con inefable dulzura. Posaba sus labios en los del retrato, y los encontraba cálidos: la animada figura del cuadro salía de la tela, le abrazaba afectuosamente, y sus sentidos eran incapaces de soportar la intensidad de tanto placer. Tales eran las escenas que ocuparon su cerebro durante el sueño. Sus deseos insatisfechos le presentaron las imágenes más sensuales y provocativas, y le sumergieron en goces que hasta entonces había ignorado. (...) Era una hora avanzada. El silencio reinaba alrededor. La luz desamayada de una lámpara solitaria iluminaba la figura de Matilde y difundía por la cámara un resplandor confuso y misterioso. Ni un ojo indiscreto, ningún oído curioso vigilaba a los amantes. No se oía nada, sino los melodiosos acentos de Matilde. Ambrosio se hallaba en pleno vigor de la virilidad. Vio ante sí a una mujer joven y hermosa, salvadora de su vida, adoradora de su persona, y cuyo afecto la había llevado hasta el borde de la tumba. Estaba sentado junto a la cama; su mano descansaba sobre el pecho de ella, que a su vez apoyaba la cabeza sobre su pecho. ¿Qué tiene de extraño que cayera en la tentación? Ebrio de deseo, apretó los labios sobre los labios que le buscaban. Sus besos compitieron con los de Matilde en su santidad y su fama. No tuvo en cuenta otra cosa que el placer y la ocasión. -¡Ambrosio! ¡Oh! ¡Ambrosio mío!- suspiró Matilde. -¡Tuyo, tuyo para siempre!- murmuró el fraile, y se derrumbó sobre el pecho de ella."

Busquen una fuente de refrigeración y prepárense para empezar a transitar por el siglo XIX.

CDR

domingo, 21 de julio de 2013

EL TEJÓN

En mi anterior vida yo era un ser humano. Y no me enorgullezco de ello. Tenía todo lo que se necesita para vivir y no supe conservarlo. Perdí a mi mujer y a mis hijos, perdí mi casa, perdí mi dignidad. Empecé a robar para pagar mis deudas, para subsistir. Y aquel maldito día bebí demasiado, iba a mucha velocidad, salí huyendo cuando atropellé a aquel chico en la carretera secundaria por la que él iba tranquilamente con su bicicleta.
 
Hoy soy un tejón. Soy un animal temeroso y precavido que solo sale de su escondrijo de noche. Amparado por la oscuridad, salgo a buscar alimento y tengo que llevar mucho cuidado para no acabar en la cuneta, arrollado por uno de esos conductores que transitan por las carreteras rurales como si fuesen por la autovía. Si te cruzas en su camino, estás perdido, no les da tiempo a frenar, o ni se molestan, y acabas aplastado contra el asfalto. He visto a muchos de mi especie y a otros animales acabar así por ese tipo de imprudencias, muertes que se podrían evitar simplemente aminorando la marcha...
 
Pero no me quejo. Como tejón he aprendido mucho.
 
CDR