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lunes, 28 de octubre de 2013

ÁNIMOS

Del latín animus, etimológicamente significa "soplo".

Y así, el ánimo, en su concepción clásica, es alma o espíritu en cuanto principio de la actividad humana. Ánima. Alma que pena en el purgatorio antes de ir a la gloria. Por tierra también vagan algunas.

Y de ese sentido espiritual que se entienda ánimo como valor, esfuerzo o energía. Ánimos, y muchos, nos hacen falta. Aliento para superar las dificultades y seguir adelante.

También se refiere el ánimo a la intención o voluntad para hacer algo. Tener ánimo. Así como a la atención o pensamiento. Centrar el ánimo en aquello que queremos conseguir.

Nuestro estado de ánimo depende de las circunstancias. Pero también puede quedar a nuestro arbitrio. Tomar distancia, evadirnos.

Cuántas veces nos estrechamos de ánimo, acobardados por la situación.

Luchar por dilatar el ánimo, sentir consuelo o desahogo en las aflicciones por la esperanza o la conformidad. ¡Qué difícil!

Pero sí, arriba ese ánimo. Nunca caer.

CDR

jueves, 24 de octubre de 2013

DE HUELGA

Como soy profesora, hoy he podido permitirme el lujo de no ir a trabajar, aprovechando la jornada de huelga.

Y así, de paso, les he dado en la cara a todos los pobres padres -que están pasando dificultades económicas y no tienen el trabajo asegurado-, que hoy han visto cómo sus hijos han sido privados de formación por mi culpa. Miren, yo puedo y ustedes no.

Hasta aquí la ironía. Seguro que la han captado. Si están un poco al tanto de la actualidad política y no se han aburrido todavía de la monotonía que suponen las declaraciones de nuestros gobernantes, habrán escuchado estos días a la señora Monserrat Gomendio, Secretaria de Estado de Educación, criticando a los profesores que nos hemos sumado a la huelga convocada contra los recortes en educación y contra la tan famosa ya Ley Werth. Esto es, echando más leña al fuego. Esto es, poniendo a la sociedad en contra de nuestro colectivo docente, como si no tuviéramos bastante con que nos llamen vagos, nos acusen de ser enfermos imaginarios y por tanto nos castiguen cuando nos ponemos enfermos de verdad, nos bajen el sueldo (nada de una subida moderada) y nos priven de nuestra paga extra (cuya nomenclatura quizá habría que revisar, pues no se trata de un regalo, sino de un pago acumulado de una parte de nuestro sueldo no abonado antes).

Y yo me pregunto, ¿hasta dónde vamos a aguantar? Lo cual enlaza precisamente con el final de la anterior entrada. ¿Es que no nos damos cuenta de que estos políticos de mierda nos tratan como a peleles, como a seres inferiores a quienes se les puede hacer tragar cualquier cosa? Creo que todos llegarán a entender, si lo analizan, el verdadero trasfondo de las declaraciones arriba mencionadas. Si no me equivoco, hacer huelga es un derecho constitucional. Y si los profesores hemos hecho huelga porque estamos tranquilos de que ello no va a ser motivo de perder nuestro trabajo porque lo tenemos seguro, eso conlleva que los trabajadores cuyo trabajo no es seguro (gracias en parte a las leyes laborales aprobadas por el Gobierno) no harán huelga aunque quieran, porque se ven coaccionados por ese temor a perder el empleo. Si no se refiere a perderlo y lo que quiere decir es que a nosotros nos da igual no cobrar el sueldo de un día -cosa más que discutible-, de igual manera la persona que no puede prescindir de ese dinero no es libre de hacer lo que desea. Luego, díganme, ¿no es eso convertir un derecho en un privilegio? Y, ¿no es, por su parte, aprovecharse de la situación, frotarse las manos por que la mayoría de los ciudadanos no puedan ejercer ese derecho?

¿Qué quieren, que trabajemos sin cobrar? Nos hacen sentirnos culpables por reclamar no ya una subida de sueldo, sino no más bajadas. ¿Acaso ellos desempeñan su cargo altruistamente? Me parece que no. Declaraciones como esas dejan caer que los profesores no estamos en realidad quejándonos porque nos parezca mal la nueva ley educativa, sino por intereses propios, egoístas e injustificados. De todo lo que está pasando, total, a los padres solo debe preocuparles un poco la ratio de las clases. Y ya saben, aquí estamos por debajo de la media europea. Eso que no se les olvide. Por favor, infórmense también del prestigio social que tienen los docentes en otros países europeos, de los sueldos que cobran y de los recursos y del apoyo administrativo con que cuentan en los centros de enseñanza.

La mayoría de veces, las palabras de los políticos están vacías de contenido, dicen sin decir, contestan sin responder. Pero otras, también muchas, están preñadas de veneno y desprecio. No sólo hacia otros políticos de partidos opuestos -sus debates e intervenciones en el Congreso son penosas, sus opiniones hacia los demás, patéticas-, sino hacia la ciudadanía, votantes que los hemos alzado a donde están. He ahí la maravilla de la democracia. El pueblo elige... los elegidos hacen a partir de ese momento lo que les da la gana. Y he ahí nuestro error. No darnos cuenta de esto, no hacer nada, seguir votando. Si es que no hay más, son todos iguales, alguien nos tiene que gobernar. Meras excusas autocomplacientes.

Y volviendo a la Ley de Educación que nos va a caer encima, quizá no pueda ser peor que la que hay. Posiblemente tendrá sus aspectos positivos, eso está por ver. Pero lo que es cierto e innegable es que es una ley partidista (esta la hemos hecho nosotros), alejada de los problemas reales de la educación en España. Hasta que no haya una verdadera voluntad de erradicar estos problemas y haya una verdadera reflexión realizada por gente competente en educación y no por señores de traje chaqueta en sus despachos, equilibrada y finalmente consensuada por todos, nuestro barco educativo seguirá a la deriva hasta que se hunda por completo. Y entonces, los hijos de los políticos estarán a salvo, porque ellos se lo podrán permitir. Y ustedes no. Y yo, aunque sea profesora, tampoco.

CDR

martes, 22 de octubre de 2013

LA DIFERENCIA ESTÁ EN EL ARROZ

Preguntado un anciano japonés por un occidental cómo pudo Japón transformarse en una potencia mundial tras la Segunda Gran Guerra, su respuesta fue ofrecerle al joven un tazón de arroz. No ha entendido la pregunta, pensó. Pero el anciano, viendo su perplejidad, le contestó entonces: "Al término de la guerra no teníamos arroz para comer. Y entendimos que solo trabajando juntos e intensamente seríamos capaces de vencer el hambre y la miseria. Así que nos convertimos nosotros mismos en arroz cocido: cuanto más pegados unos granos a otros, más fuertes nos hacíamos."

Esta anécdota, con la que he tropezado hoy, nos lleva a reflexionar sobre la diferencia fundamental entre la cultura -o más aún, la naturaleza- oriental y la nuestra. Por medio de esta metáfora del arroz, los occidentales seríamos como granos de arroz sueltos, mientras que el arroz japonés queda pegajoso, unido. Distintas maneras de cocinar. Y distintas maneras de entender la vida, de afrontar las dificultades. La conclusión a la que llegamos, sin duda, es que si se antepone el bien común al bien individual, el progreso se derivará de este esfuerzo y el reparto de los beneficios será equitativo para todos. Cosa que, evidentemente, no pasa en nuestra sociedad.

Es posible que esta enseñanza sea demasiado utópica, no conozco los datos precisos que avalen que en Japón, o en cualquier otro país asiático, el espíritu solidario sea mayor que en otras sociedades. Sin embargo, creo que nos vendría bien extraer el ejemplo general, a ver si nos sirve para algo en los tiempos que corren. Puesto que está demostrado que nuestro sistema económico y productivo no es el mejor de los posibles. O quizá sí, -no pretendo discutir ahora sobre el capitalismo- si todo funcionara como debe, si los gobernantes no se ocupasen sólo de ellos mismos, si a niveles inferiores no ocurriera en cierta forma exactamente lo mismo, si fuésemos una ciudadanía cohesionada y nos lanzásemos a la calle a defender nuestros derechos, a luchar por un trabajo digno. Pues si no hay trabajo o las condiciones de este empeoran, si nos hacen creer que los derechos son privilegios, difícilmente podremos desempeñar bien nuestro oficio, sin atender a sus aspectos más ingratos, en aras del bien común.

Está demostrada la solidaridad de la ciudadanía española, cuando ocurre una desgracia la gente se lanza a la calle de modo altruista a darlo todo. Pero ¿es que no nos damos cuenta de la tragedia que se está gestando día a día en los órganos de Gobierno?

CDR

domingo, 20 de octubre de 2013

PIEDRAS

Piedra viene del latín petra, que es un nombre propio femenino -poco habitual me parece- cuyo masculino es Pedro y que significa, como no podía ser de otra manera, duro, firme (se refiere a la fortaleza).

Y es que las piedras son sustancias minerales, más o menos compactas, que no son terrosas, es decir, que no se disgregan.

Por eso cuando nos encontramos una piedra en el camino cuesta tanto de superar.

Y somos los únicos que tropezamos dos veces (y más) con la misma piedra.

Por cierto, qué molesto es llevar una piedra en el zapato.

Pero más cuando caen sobre los campos en forma de granizo, las piedras causan mucho perjuicio.

Y los cálculos renales donde quiera que se alojen, también son dañinas estas piedras.

Lo cierto es que todos queremos en esta vida encontrar la piedra filosofal que dé sentido a nuestra existencia.

Porque algunas piedras son preciosas.

Como dice un poema japonés:

Al recoger las piedras
que me lanzaron
vi que una era una joya.

Y así volvemos al principio. A las piedras como metáfora de obstáculos. Hay que ser firmes, sacar provecho de las dificultades y seguir siempre adelante.

No se queden de piedra con lo que sucede antes sus ojos y tomen las riendas de su vida.

Aunque algunos se empeñen en tirar la piedra y esconder la mano. Y otros muchos no hayan aprendido aún que palabra y piedra suelta no tienen vuelta.

CDR

viernes, 18 de octubre de 2013

CATARSIS

Avanza el mes de octubre. Y aunque el buen tiempo se resiste a abandonarnos, no está de más preparar buenas lecturas para el inminente otoño que aparece ya agazapado en las tardes acortadas y noches frescas. Hoy, una propuesta muy actual (por su reciente publicación) y muy interesante:


La periodista y escritora Rosa Montero (Madrid, 1951) no necesita más carta de presentación que su dilatado currículum profesional y su larga y exitosa carrera literaria. Desde Crónica del desamor (1979) hasta Lágrimas en la lluvia (2011), Montero es autora de títulos inolvidables, merecedora de numerosos premios y en la actualidad colaboradora habitual del periódico El País.
Con el propósito de renovarse en cada novela, su última entrega, La ridícula idea de no volver a verte, es original y diferente, nada que ver con lo anterior. Además, en cierta manera se trata de un intento de catarsis, suscitada por la dolorosa experiencia de la pérdida de un ser querido. Tras la muerte de su pareja, después de veinte años de convivencia, Rosa Montero da a luz este libro no como superación del duelo –algo así nunca se supera– sino como una forma de reinvención, para demostrarse a ella misma sobre todo que ha aprendido a vivir sin Pablo. Como nada sucede por casualidad e incluso a veces las cosas pasan de una manera tan evidente, tan oportuna, el diario de Marie Curie cayó en manos de la escritora y fue como una revelación. Una mujer extraordinaria, con una vida digna de ser contada –pues su historia se conoce a la sombra de la de su marido– y marcada por la viudez. A partir de este último punto en común, Rosa Montero desarrolla una amena narración en la que se van intercalando episodios biográficos de Madame Curie con vivencias y puntos de vista de la propia autora.

Abordar la figura de una científica de la talla de Marie Curie –no solo desde la óptica vital sino también profesional– y plasmarla de una manera grata es lo que ha conseguido Rosa Montero en esta novela inclasificable cuyo trasfondo es la vida misma, una novela sentimental a la vez que burlona, tan rigurosa como divertida, en la que la escritora incluso se permite el uso de los conocidos hashtag para etiquetar los temas de los que habla. No en vano Rosa Montero es una asidua de las redes sociales, donde tiene miles de seguidores.
Con la prosa fluida y hábil, directa, a la que nos tiene acostumbrados, Montero conjuga la narración de la trayectoria de Marie Curie con sus sentimientos más íntimos. Algo que sin duda debió de resultar difícil a una escritora que ha confesado en numerosas ocasiones que no se siente cómoda escribiendo sobre ella misma, si bien de alguna manera siempre se muestra en sus novelas. En ninguna como en esta. Sin embargo, lo hace de una forma sutil y natural, tamizando lo personal a través de una amplia visión sobre la época que le tocó vivir a Curie. Temas como el papel de la mujer, abordando las limitaciones que sufría, las debilidades del ser humano, la coincidencia, el amor, la culpa y el dolor toman protagonismo, dejan en un segundo plano lo propio, aunque la autorreflexión y la anécdota permanecen en la memoria del lector. Las fotos que acompañan al texto tampoco tienen desperdicio, son la guinda perfecta para hacer de este un libro singular, auténtico. Al final, la autora incluye el pequeño diario de Curie para dar voz a la historia que nos acaba de contar. Una vida dedicada a la ciencia, luchando por el descubrimiento que había logrado junto a su marido, en precarias condiciones, con dos hijas, un aborto, y la sombra de la enfermedad acechando entre las probetas del laboratorio. Pero no hay lugar en este libro para lo dramático, sí para la admiración, la sonrisa, la curiosidad, la reflexión. La superación.

¡Feliz lectura!

CDR

jueves, 17 de octubre de 2013

PARENTESCOS INSÓLITOS: BIZCOCHO Y ALBARICOQUE

Retomamos esta serie de curiosidades etimológicas con un par de palabras cuya relación resulta bastante extraña a priori, ¿no les parece? Veamos:

El verbo latino coquere (cocer) se ha perpetuado no sólo en las lenguas neolatinas, sino también en muchos idiomas germánicos, como demuestran el verbo inglés to cook o el alemán kochen. En español son fácilmente reconocibles, además, muchos de sus derivados, como coctio (cocción), coquina (cocina) o coquinare (cocinar). La palabra decoctio (decocción), derivada de decoquere (reducir cociendo), la empleaban ya los médicos romanos para referirse a los medicamentos obtenidos tras cocer mucho tiempo las plantas en agua hirviendo.

Desde muy antiguo, la cocción ha sido uno de los métodos tradicionales de preparación de los alimentos. Por este motivo, nada de raro tiene que entre la familia de palabras que ahora nos ocupa encontremos unos cuantos exquisitos parientes, desde el opíparo cocido madrileño hasta los sancochos colombianos y canarios, pasando por los deliciosos cochifritos -primero cocidos y luego fritos- cordobeses (de cabrito) y navarros (de cordero). En la Antigüedad clásica, el biscoctus (literalmente "dos veces cocido") era una torta que se metía de nuevo en el horno después de sacarla del molde; esto la hacía menos apetitosa, más seca y compacta, sí, pero al mismo tiempo le garantizaba mayor conservación -Plinio llegó a asegurar que se conservaba siglos, pero sin duda estaría exagerando.- Aquel pan, que consumieron ya las legiones romanas, fue durante siglos el alimento básico de marinos y soldados. Hoy este nombre se conserva en casi todos los idiomas europeos, pero referido a alimentos bien distintos: desde el biscuit francés ("galleta"; de ahí biscuit en el inglés británico y el alemán Biskuit) hasta el Zwieback alemán o el italiano biscotto (que a través del francés biscotte, ha llegado hasta nuestros biscotes). El más tierno de todos, no obstante, es nuestro bizcocho -tan típicamente nuestro que en Italia lo llaman pan di Spagna-, y ello por una razón muy sencilla: hace tiempo que la receta original se cambió y los pasteleros españoles, más preocupados por la exquisitez de sus productos que por el respeto a la etimología, ya no cuecen dos veces los sabrosos bizcochos.

Fuera ya del terreno culinario, denominamos escozor a una sensación parecida a la que producen las quemaduras. Eso por lo menos es lo que afirma Sebastián de Covarrubias en su Tesoro de la lengua castellana o española (1611) sobre "escozer": dar dolor ardiente, que parece que quema y cueze la carne. Ya saben, lo que se sienten cuando sufren una escocedura.

Como los romanos consideraban que el proceso de maduración natural de los cereales y los frutos era una especie de cocción por efecto del sol, coquere significaba también "madurar"; y praecoquere, lógicamente, "madurar antes de tiempo". La palabra praecox (precoz), en un principio aplicada a los frutos tempranos o prematuros, se ha utilizado luego con otros muchos sentidos figurados, como cuando decimos que un niño es muy precoz o, en medicina, hablamos de diagnóstico precoz.

Y ustedes se preguntarán a estas alturas ¿qué hay del albaricoque? Pues resulta que en el siglo I de nuestra era, los romanos conocieron una variedad de melocotón tempranero, importado de Persia, que maduraba antes que las demás frutas de hueso, y lo llamaron persicum praecoquum, pronto abreviado a praecoquum. Esta palabra pasó al griego como βερίκοκκον (berékekkon o berýkokkon), y de ellos la tomaron los árabes, que la pronunciaban algo así como barkuk (con el artículo determinado al-barbuk). Cuando los árabes conquistaron España, plantaron con gran éxito estos árboles frutales, cuyo fruto se llamó en castellano albaricoque. De ahí fue pasando a otras lenguas europeas, con degeneración progresiva de la pronunciación: albercoc o abercoc en catalán, abricot en francés, apricot en inglés, Aprikose en alemán o abrikoos en holandés.

Si no se les ha abierto el apetito, al menos han aprendido algo interesante hoy sobre el origen y las relaciones entre las palabras.

CDR

martes, 15 de octubre de 2013

A LAS TRES

En el día de la onomástica de mi madre, de mi hermana y el cumpleaños de una amiga muy querida, más que eso, mi Tati (una mezcla entre madre y hermana) -qué coincidencia-, reproduzco a continuación un bello poema de uno de mis poetas favoritos, Ángel González.

Porque cumplir años es ley de vida, los años pasan sin remedio y eso es vivir. Y aunque el tiempo transcurre rápidamente, como dice el poema, hay que vivir mucho, sufrir mucho para cumplir un año más. Los años nos curten y llega un día en que el espejo nos devuelve una imagen quizá cansada, difuminada de nosotros mismos, pero eso es lo que somos, como una piel cuyas cicatrices revelan una larga experiencia.

Yo lo noto: cómo me voy volviendo
menos cierto, confuso,
disolviéndome en el aire
cotidiano, burdo
jirón de mí, deshilachado
y roto por los puños.
Yo comprendo: he vivido
un año más, y eso es muy duro.
¡Mover el corazón todos los días
casi cien veces por minuto!

Para vivir un año es necesario
morirse muchas veces mucho.

("Cumpleaños")

Felicidades a las tres.

A mi madre por su fortaleza. A mi hermana por su dulce voz. A mi Tati por cumplir un año más.

Y a las tres, por todo lo demás.

CDR