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lunes, 28 de julio de 2014

ALMA DE POETISA

A esta isla que soy, si alguien llega,
que se encuentre con algo es mi deseo:
-manantiales de versos encendidos
y cascadas de paz es lo que tengo-.

El 28 de julio de 1917 nació Gloria Fuertes en Madrid, en el seno de una familia humilde; su madre era costurera y su padre portero. Entre los dos y los catorce años asiste a diversos colegios. De uno de ellos recordaría que las monjas la pellizcaban por quedarse dormida en las letanías. Sus primeros años los pasa jugando en la calle y, dada la escasez de medios de su familia, recuerda que "era una niña con zapatos rotos y algo triste porque no tenía muñecas." Pronto encontró la manera de ayudar en la economía familiar, con una máquina de escribir alquilada con la que escribía direcciones en los sobres (le pagaban a céntimo por sobre).

A los catorce años su madre la matriculó en el Instituto de Educación Profesional de la Mujer en la calle Pinar, donde obtuvo diplomas de Taquigrafía y Mecanografía, así como en Higiene y Puericultura. Pero ella no quería ser ni niñera, ni modista, como su madre, y se matriculó en Gramática y Literatura. Su familia no podía entender sus aficiones, como eran los deportes y la poesía. A esta temprana edad escribe sus primeros versos y consigue que se los publiquen en 1932. Dos años después, cuando Gloria tenía tan solo quince años, falleció su madre. Su manera de mitigar la adversidad era leyendo y escribiendo. Tuvo que empezar a trabajar como contable en una fábrica metalúrgica, pero ya en 1935 dio algunos recitales de poesía en Radio Madrid. Desde 1938 hasta 1958 trabaja de secretaria en "horribles oficinas", según ella misma confiesa.

A los 17 años, escribe su primer libro de poemas, Isla Ignorada (que no se publicaría hasta 1950): "Soy como esa isla que ignorada / late acunada por árboles jugosos / - en el centro de un mar / que no me entiende, / rodeada de nada, / sola sólo-”

Desde 1939 y hasta el año 1953, trabaja como redactora de la Revista Infantil Maravillas, donde publicaba semanalmente cuentos, historietas y poesía para niños. Entre 1940 y 1945 se estrenan diversas obras suyas de teatro infantil y poemas escenificados en varios teatros de Madrid. También colabora en estos años en la revista femenina Chicas, donde publica cuentos de humor. En 1942 conoce a Carlos Edmundo de Ory, integrándose en el movimiento poético denominado Postismo y colaborando en las revistas Postismo y Cerbatana, junto con Ory, Eduardo Chicharro y Silvano Sernesi. En 1947 obtiene el Primer premio de Letras para canciones de Radio Nacional de España. En 1949 publica su libro Canciones para niños. Y al año siguiente aparece Pirulí (Versos para párvulos) y organiza la primera Biblioteca Infantil ambulante por pequeños pueblos, llevando libros adonde estos no llegaban por falta de dinero o por el analfabetismo que todavía existía en España. Es también en este año cuando se publica, como hemos mencionado, Isla Ignorada, su primer poemario. En el prólogo Gloria decía: "Mi poesía está aquí, como nació –sin ningún ropaje de retórica–, / descalza, desnuda, rebelde, sin disfraz. / Mi poesía recuerda y se parece a mí ”. Palabras que seguirían siendo válidas para toda su trayectoria literaria.

Con Antonio Gala, Rafael Mir y Julio Mariscal funda en 1950 la revista poética Arquero, de la que fue directora hasta 1954. En 1951 funda, junto a Adelaida Lasantas, el grupo femenino "Versos con faldas", que se dedica durante dos años a ofrecer lecturas y recitales por cafés y bares de Madrid. En 1952 estrena en el Teatro del Instituto de Cultura Hispánica su primera obra de teatro en verso, Prometeo, que recibió el Premio Valle-Inclán. En 1954 publica en Lírica Hispana (Caracas), Antología Poética y Poemas del suburbio. Ese mismo año aparece Aconsejo beber hilo en la colección Arquero.

Entre 1955 y 1960 cursa estudios de Biblioteconomía e Inglés en el Instituto Internacional. En 1958 obtiene la primera mención del concurso "Lírica Hispana" de Caracas con su obra Todo asusta. Desde 1958 hasta 1961 trabajó como bibliotecaria en el Instituto Internacional de Madrid. En 1959 con su poemario inédito En pie de paz obtiene el premio Acento.

Desde 1961 a 1963 reside en los Estados Unidos al obtener una beca Fullbright de Literatura Española, impartiendo clases en las universidades de Bucknell, Mary Baldwin y Bryn Mawr. A su vuelta de Estados Unidos imparte clases de español para americanos en el Instituto Internacional. En 1965 obtiene el Premio Guipúzcoa de poesía con Ni tiro, ni veneno, ni navaja. En 1966 el premio Lazarillo con Cangura para todo. En 1968 publica Poeta de guardia.

En 1972 obtiene una Beca March para Literatura Infantil, que le permite dedicarse por entero a la literatura. Dos títulos nuevos se suman a su obra poética en 1973: Sola en la sala y Cuando amas aprendes geografía.

A mediados de los años 70 participa activamente en diversos programas infantiles de TVE, siendo los populares "Un globo, dos globos, tres globos" y "La cometa blanca" los que la convierten definitivamente en la poeta de los niños. Recibe en cinco ocasiones el Aro de Plata y un Aro de Oro de Televisión Española a la mejor escritora (1976). Durante esta década, colabora en la inolvidable revista de humor La Codorniz, fundada por Miguel Mihura y en la revista Discóbolo.

En 1975 su libro Cangura para todo fue galardonado con el diploma de Honor del Premio Internacional de Literatura Infantil Hans Christian Andersen, lo que la situaba entre los grandes autores universales de literatura infantil.

A partir de los ochenta Gloria se dedica a numerosas actividades: lecturas, presentaciones, radio, entrevistas, periódicos, visitas a Colegios, pregones, viajes, TV, homenaje, etc. siempre cerca de los niños. Sigue publicando tanto poesía infantil como de adultos.

El 22 de Noviembre de 1982 se estrena en el Teatro Lavapiés de Madrid su obra Las tres Reinas Magas.

En 1985 le fue otorgado el premio de poesía Ciudad de Baeza; en 1986 es galardonada con la Medalla del día Mundial de Cruz Roja; en 1987 en nombrada Dama de la Paz; y en 1997 Socio de Honor de UNICEF.

Gloria Fuertes, muy querida y popular pero quizá no justamente reconocida en los anales de la literatura contemporánea, falleció el 27 de noviembre de 1998.

Hoy, como homenaje, además de repasar su trayectoria, qué mejor que recordarla con sus propios versos autobiográficos:

Gloria Fuertes nació en Madrid
a los dos días de edad,
pues fue muy laborioso el parto de mi madre
que si se descuida muere por vivirme.
A los tres años ya sabía leer
y a los seis ya sabía mis labores.
Yo era buena y delgada,
alta y algo enferma.
A los nueve años me pilló un carro
y a los catorce me pilló la guerra;
A los quince se murió mi madre, se fue cuando más falta me hacía.
Aprendí a regatear en las tiendas
y a ir a los pueblos por zanahorias.
Por entonces empecé con los amores,
-no digo nombres-,
gracias a eso, pude sobrellevar
mi juventud de barrio.
Quise ir a la guerra, para pararla,
pero me detuvieron a mitad del camino.
Luego me salió una oficina,
donde trabajo como si fuera tonta,
-pero Dios y el botones saben que no lo soy-.
Escribo por las noches
y voy al campo mucho.
Todos los míos han muerto hace años
y estoy más sola que yo misma.
He publicado versos en todos los calendarios,
escribo en un periódico de niños,
y quiero comprarme a plazos una flor natural
como las que le dan a Pemán algunas veces.


CDR

domingo, 27 de julio de 2014

CI

El cociente de inteligencia (CI) es un producto psicológico controvertido, polémico y confuso a partes iguales. Su valor se obtiene de la división entre la edad mental de la persona -calculada mediante un examen de la capacidad intelectual- y la edad cronológica, resultado que se multiplica por cien.

Si ya de por sí, los debates sobre la importancia del CI han sido agrios desde que en 1912 el alemán William Stern inventará el fatídico concepto, la publicación de La curva de Bell (1994, R. Herrstein y Ch. Murray), avivó la discusión afirmando que la inteligencia tiene una base genética, es inalterable y, en gran medida, responsable de la integridad moral de las personas. Uno de los puntos más polémicos que tratan estos autores es la de las diferencias de los CI según los grupos étnicos analizados, lo cual fue criticado por fomentar el racismo y la discriminación.

Sin dilatarnos mucho en el tema, pues aquí simplemente pretendemos motivar una reflexión y no somos especialistas, lo cierto es que a partir de la aparición en psicología del CI, la individualidad de la persona se convirtió en una especie de obsesión para esta ciencia. No se puede negar, por otra parte, que el cociente de inteligencia ayuda a diagnosticar ciertos problemas de desarrollo intelectual en niños. Sin embargo, también es verdad que con demasiada frecuencia es utilizado como argumento para justificar la superioridad de las "élites intelectuales" sobre otros grupos considerados biológicamente menos valiosos.

De hecho, en nuestra cultura narcisista y competitiva, el CI es hoy un potente símbolo. En realidad, se podría decir que la inteligencia cognitiva o académica que mide el cociente intelectual se sitúa en un puesto más alto del que se merece. Pues su identificación con las mejores cualidades de la persona es errónea desde el punto de vista meramente humano. En primer lugar, numerosos estudios revelan que un CI alto no garantiza la prosperidad, ni el prestigio, ni las amistades, ni una familia dichosa, ni siquiera la felicidad. Existen numerosos ejemplos en la historia de personas con altas habilidades cognitivas, cuyos casos nos demuestran que los genios no solo nacen sino que se hacen. Es indudable el componente innato del intelecto, pero además entran en juego las emociones, la personalidad, la educación, las experiencias vitales, el ambiente, y un largo etcétera. Más allá de nuestra lógica matemática, científica o lingüística, nuestra verdadera capacidad pasa por aprender, realizarnos como individuos, convivir con los demás, adaptarnos, evolucionar y forjar nuestro propio destino. Así, deberemos tener en cuenta otras muchas otras inteligencias: la emocional (hombres y mujeres preparados emocionalmente tienen ventaja en cualquier ámbito de la vida), la social, la musical, la artística, la comunicativa... incluso la inteligencia inconsciente que rige la intuición. No son pocos los ejemplos de personas con altos CI que no son capaces de conducir su propia vida, así como otras de "cifras" más modestas que funcionan en la vida y se adaptan increíblemente bien. Como dijo Saint-Exupery en El principito, "Vemos bien con el corazón, lo más esencial es invisible a los ojos". Es decir, para salir adelante y afrontar los desafíos de la vida, necesitamos una mente que piensa y otra que siente.

El 20% de éxito que pueda garantizar un alto cociente intelectual no es suficiente para otorgarle a este baremo demasiada importancia. Ya que, además de ser inteligentes académicamente, necesitaremos en esta vida moderarnos en determinadas situaciones, superar retos y frustraciones, retener nuestros impulsos, regular los sentimientos, controlar el estrés, resolver conflictos, tomar decisiones, hacer y conservar relaciones... por no hablar de entender las emociones de los demás, en una indispensable empatía.

En fin, el CI es simplemente un indicador más, válido para ciertas medidas. Pero no puede convertirse en una etiqueta, en un clasificador de personas. Porque nuestro cerebro es el objeto más complejo que se conoce, no es una estructura fría y rígida, sino una masa caliente, blanda y pulsátil. De manera que la inteligencia humana (las inteligencias) no puede cuantificarse con las respuestas a una serie de preguntas estandarizadas.

La polémica puede continuar, pero los más recientes estudios -así como el sentido común- evidencian que esta prueba resulta altamente engañosa.

CDR

jueves, 24 de julio de 2014

MIMOS

MIMO... bonita palabra, ¿verdad? Ni siquiera tiene origen etimológico, ya que es un término de origen expresivo.

A no ser que se refiera al intérprete que se vale de gestos y movimientos corporales para actuar ante el público, en cuyo caso proviene del latín mimus, y este a su vez del griego μῖμος.
Porque, entre griegos y romanos, el mimo era un farsante del género cómico más bajo, bufón hábil en gesticular y en imitar a otras personas en la escena o fuera de ella.
Y por extensión, se denomina mimo a la farsa o pantomima. Cuántos ejercen actualmente de mimos sin ser esa su profesión...

Pero a mí me interesan ahora los mimos de mimar, los que expresan cariño, halago o ternura. ¿Por qué esa condescendencia excesiva se usa solo con los niños? ¿Y los mayores?, ¿acaso no necesitamos que nos mimen? Claro que sí, a todos nos gusta que nos traten con mimo.

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MI-MO, sencillo como las primeras sílabas que balbucea un bebé.

MÍ-MA-ME, cuando decíamos la lección en parvulario. Hoy toca la letra EME. Por algo se parece tanto a MA-MÁ...

MI-MI-TOS, antes de perder la inocencia y que nos avergüence esta locución.

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MI-MO-SA, te sientes a veces y ronroneas como una gata perezosa en espera de la mano acariciadora.

MI-MAR, con delicadeza, tacto, favor, regalo. Y no tanto pedir, consideración.

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MI-MA-DO, ya con cierto sentido peyorativo, porque los mimos, si no son en su justa medida, pueden causar empacho. 

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Sin ñoñería, pero hoy necesito mimos.











CDR

miércoles, 23 de julio de 2014

LASITUD... Y MÁS

Desfallecimiento,
cansancio,
falta de fuerzas.

Desaliento.

Letargo,
como el oso invernando,
pero en verano.

Hastío,
tedio, fastidio,
sin motivo.

Sopor.

Inanidad,
como si todo fuera vano,
presa del desencanto.

Pero en el fondo, no,
sabes que no.

Hay motivos de sobra
para reír,
para vivir,
para sentir.

Días que pasarán,
adiós agobios, dirás.
Viveza, vigor llegarán
con su llegada.

Paciencia,
espera,
no estás sola,
ya nunca lo estarás.

Dar la vida,
sin pedir nada a cambio.

Y sin embargo...
Felicidad.



CDR

domingo, 20 de julio de 2014

DESTINO INEVITABLE

Esta semana se han cumplido noventa y cinco años del nacimiento de la escritora y filósofa irlandesa Iris Murdoch (15 de julio, 1919 - 8 de febrero, 1999) Es un buen día hoy, por tanto, para recomendar una de sus novelas, de entre las muchas que escribió. A pesar de que habrá quien diga que no es esta una "lectura veraniega"... como si los libros fueran como la ropa, de verano y de invierno. No es ligera esta obra, si a eso se refieren, pero si se acomodan en un sitio fresco, con atuendo apropiado y dispuestos a disfrutar de buena literatura, es una opción a tener en cuenta.




Por qué no termina de despegar una escritora de la talla de Dame Jane Iris Murdoch es poco menos que un misterio. De reconocido prestigio por sus coetáneos, autora de más de una veintena de novelas, numerosos ensayos e incluso varias obras de teatro y poesías, lo cierto es que, tras vagar de editorial en editorial por nuestro país, Iris Murdoch nunca ha tenido el reconocimiento que su talento merece.
Impedimenta, empeñada en la calidad de su selección, rescata ahora esta obra crucial, descatalogada desde hace tiempo, iniciando así la recuperación de algunas de las novelas perdidas de quien debutara en 1954 con Bajo la red –considerada por la revista Time como una de las cien mejores novelas de la literatura inglesa del siglo XX-, así como la traducción de varios de sus títulos inéditos hasta ahora en español.

Henry y Cato se publicó originalmente en 1976, antecesora de la magistral El mar, el mar (1978) y punto de partida de lo que supondrá una larga lista de ambiciosos títulos en la carrera de la autora. En esta novela se reúnen muchas técnicas y temas tratados anteriormente por Murdoch a la vez que abre la puerta a nuevos asuntos que desarrollará en sus siguientes obras. Dedicada en profundidad a la filosofía, autora de la primera obra en lengua inglesa sobre Jean-Paul Sartre, Iris Murdoch revela necesariamente en su narrativa la influencia de grandes pensadores como Platón, Freud o Wittgenstein, considerado este último su referente principal.

Henry Marshalson y Cato Forbes se reencuentran, en el Londres de mediados de los setenta, en un delicado momento existencial. Henry regresa de Estados Unidos, por la muerte de su hermano mayor, para hacerse cargo de una herencia no deseada, después de vivir nueve años una vida sin prejuicios, como profesor universitario. Y Cato, sacerdote en contra de la voluntad de su estricto padre, se halla sumido en una crisis espiritual y de identidad sexual tras enamorarse de un joven del barrio marginal en el que trabaja, lo que hace replantearse toda su escala de valores. Después de varios años sin verse, y en un momento de sus vidas especialmente crítico, los itinerarios de estos dos hijos pródigos vuelven a mezclarse de forma inesperada en una espiral, no exenta de efectos melodramáticos, de despropósitos y venganzas, que les lleva a enfrentarse a sus propios miedos y a los lastres de su propios orígenes familiares en su búsqueda de una redención que amenaza con ser inalcanzable. Henry y Cato son dos seres opuestos a la vez que complementarios, dos almas sin rumbo que buscan la bitácora que los guíe en su senda. Henry, frío, malicioso e inseguro debido a una infancia y juventud a la sombra de su hermano mayor. Y Cato, débil, ambiguo, sometido por los deseos de un padre exigente. Sus caminos se cruzarán y llegarán a mezclarse en una especie de tragicomedia frívola, de argumento intrigante y equívoco.

Estos dos personajes principales se encuentran acompañados de una galería de secundarios indispensables para el desarrollo y resolución de la historia. La severa Gerda Marshalson, el apocado poeta Lucius, la bella y joven Colette, el duro John Forbes, el descarriado Joe Beckett y Stephanie Whitehouse, la supuesta amante de Sandy y exprostituta. Unos caracteres formidables para la trama, aderezada con discursos filosóficos, disertaciones religiosas, monólogos, haikus a media noche, un misterioso revólver, un secuestro, grandes cantidades de dinero de mano en mano, y un final imprevisible. Como si de una buena novela negra se tratase, trascendiendo sin embargo cualquier etiqueta.

En esta novela de Iris Murdoch resalta especialmente el trabajo de caracterización de los personajes, en que las encrucijadas morales y psicológicas de sus protagonistas afectan hondamente al lector. El recorrido que hace Murdoch por los paisajes del alma humana es impresionante, mostrándonos tanto lo más mezquino como lo más amable de estos. Además de captar acertadamente las contradicciones de la sociedad de su tiempo y de combinar de modo magistral los temas de índole moral con una ingeniosa e inesperada trama narrativa. Comparada en este sentido con George Eliot, por su crudeza y mordacidad, es justo reconocer la singular voz de la escritora irlandesa. Existe también en esta novela lugar para el humor negro e incluso para algún matiz fantástico, que difuminan lo realista. Un rotundo acierto de la escritora es precisamente encontrar el equilibrio entre la realidad y lo sobrenatural.

Henry y Cato se divide en dos partes. La primera, “Ritos de paso”, nos abre la puerta a la vida de los personajes, se demora en cruces y desencuentros para lo que posteriormente será una necesaria colisión. Es la más extensa y metafísica; recreándose en la descripción de ambientes, personajes y situaciones, Murdoch muestra su talento narrativo con una prosa fluida, amena y técnicamente perfecta, instintiva pero cuidada al máximo. En la segunda, “El gran maestro”, los acontecimientos se precipitan en una trama aparentemente caótica y desconcertante, en la que la escritora irlandesa hace gala de las mejores estrategias shakesperianas, como si nos encontrásemos viendo la representación de los hechos sobre un escenario. Una compleja combinación de estilos, técnicas y materias.

Y debajo de toda esta demostración de maestría literaria -sentimientos universales, amor, pasión, venganza, miedo, dudas; diversión, intriga, conmoción-, subyace un tema principal recurrente en Murdoch, la pérdida y recuperación de la fe, más allá de los motivos meramente cristianos. Se trata de un análisis profundo de la psicología humana, del alma, del corazón, allí donde se instalan la conciencia y los sentimientos, las acciones, lo que somos capaces de hacer. Y finalmente, cuando cerramos el libro, la certeza de que el destino es inevitable. A lo largo de la historia vemos cómo los dos protagonistas luchan por desasirse de las convenciones que los traban, cómo intentan tomar caminos alternativos a aquellos que sus orígenes les marcan, y cómo precisamente por esos senderos encuentran su verdadero sino, cual víctimas de una confabulación extraordinaria. Tras la escapada, la rebeldía, la locura incluso, solo queda la claudicación y la conformidad. Quizá porque desde el principio solo huían de ellos mismos.

Una joya, tanto por la cuidada y exquisita edición de Impedimenta como por ser uno de los mayores logros literarios del siglo pasado.

¡Feliz lectura!

CDR

sábado, 19 de julio de 2014

¿BRUJERÍA?

Hoy, la historia nos deja un recuerdo nefasto:
El 19 de julio de 1692, cinco mujeres fueron ejecutadas por sospechas de brujería en Salem, Massachussetts.

Así fue:
En enero de 1692, la hija y la sobrina del Reverendo Samuel Parris, de Salem, contrajeron una extraña enfermedad. Los habitantes de las colonias norteamericanas creían ciegamente en el diablo, y el médico del pueblo que examinó a las niñas determinó que habían sido víctimas de brujería.

Las niñas, Sarah Good, Sarah Osborne y dos de sus amigas, supuestamente habían participado en un ritual oculto con la sirvienta de Parris, Tituba, en el que habían fabricado una primitiva bola de cristal volcando un huevo roto en un vaso de agua. Luego intentaron reconocer formas o imágenes que les dieran indicación de sus futuros. Al enfermar posteriormente, las dos niñas y Tituba fueron acusadas de brujería. Así de sencillo.

Los casos de Sarah Good, Sarah Wilds, Elizabeth How, Susana Martin y Rebecca Nurse fueron escuchados el 29 de junio de 1692. Pero sin realizar ningún procedimiento serio para obtener pruebas de esas supuestas prácticas de brujería -las acusaciones se basaban en meros rumores-, cuatro de las cinco mujeres fueron apresadas a causa de aseveraciones de los pueblerinos de haberlas visto aparecerse en sus dormitorios. Esta "evidencia espectral" fue aceptada en la corte aunque era imposible de probar, y fue la evidencia principal para muchas de las ejecuciones en Salem. Rebecca Nurse, una devota de 73 años y miembro respetado de la comunidad, fue finalmente perdonada. Sin embargo, cuando la acusada escuchó el veredicto de inocente, comenzó a convulsionarse y a chillar, por lo que el juez pidió que el jurado reconsiderara la decisión. Así, Rebecca Nurse fue también considerada culpable. Y las cinco mujeres fueron ahorcadas el 19 de julio de 1692, tras negarse a hacer confesiones falsas. Las cinco mujeres estuvieron entre las veinte personas asesinadas y doscientas aprisionadas durante los conocidos como "juicios de Salem".

Los propios jueces se dejaron llevar por la histeria religiosa de la comunidad de Salem, formada mayormente por puritanos, que exigía frenéticamente condenas a las presuntas brujas.

El temor a la brujería en Salem llevó a una histeria masiva. Muchos otros residentes del Condado de Essex, principalmente en Salem, comenzaron a exhibir comportamientos extraños. Nadie sabe exactamente por qué, pero los pueblerinos comenzaron a asegurar que apariciones de otros miembros de la comunidad los visitaban y amenazaban durante la noche. Tanto si fue por malicia como por paranoia, lo cierto es que las personas comenzaron a implicarse unas a otras falsamente.

Más de 150 personas fueron detenidas y encarceladas, solo con acusaciones, aunque no llegaron a ser formalmente procesadas por el tribunal del condado. Dentro de la pequeña comunidad de Salem existía una estricta conducta religiosa, en la cual cada persona vigilaba a sus vecinos y a su vez era vigilada por éstos en sus palabras y acciones, generando dudas y sospechas en caso de que su conducta no se ajustase a los parámetros religiosos puritanos. Por supuesto, las mujeres eran consideradas simples sirvientas de sus esposos y carecían de derechos, mientras los niños eran educados severamente desde temprana edad en las labores de los adultos y se les impedía jugar. Otra preocupación fundamental de esta comunidad era evitar la "ira de Dios" y, por tanto, debían sujetarse estrictamente a los dictados religiosos del puritanismo para así evitar el castigo divino, que se traducía en pérdida de cosechas, mal clima, y muerte de ganado.

Los acontecimientos en los juicios tuvieron una profunda influencia en la región y pudieron contribuir al deterioro de la influencia de los puritanos en el gobierno de Nueva Inglaterra y la posterior secularización de su población.

Consecuencias:
Más de 300 años después de ser acusadas y ahorcadas como brujas, Bridget Bishop, Susana Martin, Alice Parker Wilmot Redd y Margaret Scout fueron exoneradas de sus crímenes. ¿Un poco tarde tal vez? Hubo algunas víctimas de los juicios de brujas que no habían sido oficialmente exoneradas aún. Sus descendientes tomaron control de su causa e hicieron campaña para limpiar sus nombres.

Una posible explicación:
Más allá de las explicaciones simplistas de que el fanatismo religioso provocaba en la población alucinaciones e histeria masivas, existen otras más lógicas entre los historiadores modernos. Por ejemplo, según explica HowStuffWorks, el ergot es un hongo tóxico que suele crecer en los granos, especialmente en el centeno. El centeno era uno de los alimentos esenciales para los habitantes de Nueva Inglaterra, y muchas veces notaban moho negro en el grano, concluyendo simplemente que había sido cocido por el sol. El ergotismo convulsivo ataca al sistema nervioso central, causando manías, psicosis, alucinaciones, parálisis y sensaciones de hormigueo. Recuentos escritos durante 1692 describen el comportamiento de las niñas afectadas, y es muy similar al estado alucinógeno, sugiriendo que las niñas podrían haber contraído ergotismo.

Conclusión:
Esto es solo un breve resumen de algo horrible, como fue el fenómeno generalizado de "caza de brujas" en Europa a inicios de la Época Moderna. Ni siquiera en aquellos años oscuros, son justificables estos crímenes fanáticos. Pero lo lamentable es que actualmente, más de cuatro siglos después, el fanatismo religioso, y de otras índoles, sigue llevándose vidas injustamente. Como si el ser humano no hubiese aprendido nada de la historia, como si en realidad no fuese un ser dotado de razón.

CDR

jueves, 17 de julio de 2014

PARENTESCOS INSÓLITOS: ORZUELO Y HORCHATA

En este tiempo es muy habitual tomar horchata fresquita o granizada para combatir el calor. Y mucho menos agradable, en esta época o en cualquier otra, es padecer un orzuelo. Sin embargo, a continuación veremos que ambos términos están relacionados por la etimología, que nos sorprende una vez más.

Es preciso, lo primero, remontarse a la Antigüedad latina, que es donde en realidad empieza todo lo que se refiere a nuestra lengua. La diosa romana de la agricultura, Ceres, prestó su nombre a un grupo de gramíneas que ha desempeñado un papel fundamental en la historia de la humanidad. Por sus mínimas exigencias agrícolas y su elevado valor nutritivo, los cereales fueron las primeras plantas cultivadas, allá por la era neolítica. Desde entonces, las principales civilizaciones del mundo han estado estrechamente ligadas al cultivo de algún cereal: arroz (lejano Oriente), sorgo (África), maíz (Nuevo Mundo), trigo (Occidente)...

En los pueblos mediterráneos, como España, el trigo ha sido considerado tradicionalmente como el cereal noble, elemento básico de la alimentación humana. Pero en nuestras tierras se han cultivado también otros cereales, como el centeno o la avena.

El más antiguo de todos, que los romanos llamaban hordeum, es pobre en gluten y, por lo tanto, difícilmente panificable. Eso explica que se lo haya considerado como un cereal de segunda clase, sólo para cebar al ganado, como bien claramente demuestra el hecho de que hoy ya no le llamemos en castellano hordio, sino "cebada".

Y he aquí la explicación: por su extraordinario parecido con un grano de cebada, tanto en aspecto como en tamaño, los romanos llamaban "granito de cebada" (hordeolum, orzuelo) al molesto forúnculo localizado en el borde de un párpado. La sustitución de "hordio" por "cebada" hace que hoy nos resulte invisible el parentesco etimológico entre este cereal y el orzuelo, pero era muy claro, sin embargo, para los hablantes de hace quinientos años.

Más pruebas: en el primer tratado de medicina escrito en castellano, el Sumario de la medicina de 1498, López de Villalobos comenta, refiriéndose a dicha afección de los párpados: "Padescen ordeolo y es una inchazón que dun lagrimal hasta el otro alcança como un grano de ordio es su comparación..."

Además, esta relación sigue siendo muy evidente para otros hablantes europeos de lenguas latinas, como el francés (orge, cebada; orgelet, orzuelo), o el italiano (orzo, cebada; orzaiuolo, orzuelo). Aunque ninguno de estos idiomas llega al extremo del alemán, en el que hoy todavía se dice, por ejemplo: "am linken Auge habe ich ein Gerstenkorn", que literalmente significa "tengo un grano de cebada en el ojo izquierdo".

Como se ha dicho, la cebada apenas se ha empleado para hacer pan; en la actualidad, y desde muy antiguo, se usa sobre todo como materia prima para la elaboración de la malta y la cerveza. Es esta última la bebida más extendida en el mundo y también la más antigua. Gracias a unas tablillas de arcilla halladas en la tumba de Ti, en Mesopotamia, sabemos que hace unos seis mil años los sumerios elaboraban panes de cebada que, braceados en agua azucarada y dejados en reposo, servían para obtener una bebida llamada sikaru, muy similar a nuestra cerveza. También los egipcios fueron grandes bebedores de cerveza tibia. Sí, hoy la preferimos fría y bien fría.

Por último, hemos aún de decir que los romanos, además de elaborar cerveza de cebada fermentada, utilizaban también la cebada sin fermentar para obtener una bebida dulce por decocción de hordeum, que llamaban hordeata. Suena, ¿no? En principio debía de ser muy parecida al agua de cebada que se vendía en España a finales del siglo XIX o a la orzata que se sigue bebiendo hoy en Italia. Con el paso del tiempo, su nombre fue aplicándose por extensión a diversas bebidas refrescantes elaboradas con otros frutos secos machacados y mezclados con azúcar y agua o leche. Así sucedió con la orgeat francesa, que se prepara con almendras duces y amargas, o con la famosa horchata valenciana, elaborada a base de chufa.

Algo más conocemos así de la riqueza de nuestra lengua.

CDR