Los heliotropos son una familia de plantas de tallo leñoso, con flores que van girando a lo largo del día, orientándose siempre hacia el sol. (Etimológicamente, la palabra proviene del griego helios "sol" y trepein "girar".) De noche se reorientan hacia el este, preparándose nuevamente para recibir al astro rey a la mañana siguiente.
También se llama heliotropo a un instrumento de medición inventado por el matemático alemán Carl Friedrich Gauss en 1820, que utiliza un espejo para reflejar la luz del sol a través de grandes distancias apuntando a un punto específico en el terreno.
Y con el mismo nombre se conoce además un ágata de color verde oscuro con manchas rojizas, así denominada por su peculiar modo de reflejar la luz.
Por otra parte, es bien sabido que las plantas, en general, tienden a orientarse hacia la luz. Y existen estudios científicos que desvelan que otros organismos unicelulares, insectos, peces... tienen este mismo comportamiento. Así pues, se puede hablar de un efecto heliotrópico, aquel que se caracteriza por la propensión de los sistemas vivos a buscar aquello que da vida y evitar lo que puede acabar con ella.
Tras este planteamiento, piensen: ¿no es cierto que también las personas nos sentimos atraídos hacia lo luminoso, es decir, lo positivo? Y es necesario que sea así, porque esto tiene repercusiones reales en nuestra vida, en nuestro ánimo, en nuestro bienestar. El efecto heliotrópico crea una espiral positiva, ampliando lo bueno y ayudando a desarrollar capacidades para manejar lo malo. Por tanto, debemos esforzarnos por reconocer lo "luminoso" en los demás, así como advertir y dejar "brillar" nuestras habilidades y virtudes. Las personas podemos convertirnos en auténticos transmisores de energía positiva. Esas personas son conocidas como optimistas, personas junto a quienes nos sentimos vivos, motivados y con ganas de hacer cosas. Esta cualidad puede ser innata, pero también podemos aprenderla y aplicarla día a día. Debemos detectar y valorar las cosas buenas en lo que nos rodea, ser generosos y tolerantes, ser agradecidos, y por último, construir relaciones basadas en la fortaleza, en la de los otros y en la nuestra propia.
Así, podrán decirnos: ¡Eres un sol!
CDR
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martes, 24 de septiembre de 2013
domingo, 22 de septiembre de 2013
AMORES EN LA MITOLOGÍA (IV)
Nuestra entrada mitológica de hoy gira en torno a los amores (o mejor, amoríos) de Hermes.
Hijo de Zeus y Maya, una de las siete Pléyades, Hermes ocupó un lugar privilegiado en el universo olímpico, aunque lo cierto es que no todo comportamiento suyo fue ejemplar. Pongamos por caso que ya desde pequeño se dio a conocer por su gusto por lo ajeno, ocasionándole más de un problema con los dioses sus aventuras de ladronzuelo. Así, Hermes no solo es el dios mensajero, de los viajeros, sino también el dios de la astucia, de los mentirosos y los ladrones.
Como lo que no era suyo le atraía, en sus amoríos también mostraba esta tendencia. Como con Quione, amada a su vez por Apolo. Lo curioso es que el dios del sol no se opuso a compartir a su amante, pues sentía por Hermes especial afecto. Y no sería Quione la única mujer que ambos compartirían. Igualmente se alternaron en las sábanas de Acacalis, la hija de Minos. Con ella tuvo Hermes por hijo a Cidón, el que sería héroe fundador de la ciudad de Cidonia, en Creta. Otros hijos fruto de las hazañas eróticas del dios fueron Eudoro y Linos.
Pero Hermes no siempre fue aceptado por sus pretendidas. A pesar de sus pies ligeros, su elocuencia y otros dones, fue rechazado en no pocas ocasiones, teniendo que recurrir al abuso para saciar sus deseos. El episodio que mejor resume este hecho es el de Apemosina, doncella por quien el dios alado se sintió especialmente fascinado. Quizá porque, veloz como un rayo, no menos que el propio Hermes, la joven siempre lograba escapar de sus requerimientos. Hermes quedaba resoplando, excitado... y herido en el orgullo. Mas ya se sabe que los dioses no suelen aceptar bien las frustraciones. Tampoco Hermes, así que ideó una estratagema que finalmente dio el resultado deseado.
Cuenta el mito que:
Hermes aguardó la ocasión propicia para poner en marcha su plan. Y, tras comprobar un itinerario que debía ser seguido por la joven necesariamente, el astuto dios extendió decenas de pieles de animales recién degollados a lo largo de un estrecho sendero lateral al camino por el que pasaría Apemosina. Su propósito era desviarla y hacerla caer en su trampa. Luego se sentó a esperar, paladeando de antemano su triunfo.
Cuando la doncella apareció, Hermes volvió a ejercer sobre ella el consabido acoso, pero esta vez orientando sus pasos hacia el sendero previsto. La muchacha volaba en su carrera. Parecía que iba a burlarlo una vez más, pero al pisar las bien dispuestas pieles resbaló y, antes de que pudiera levantarse, Hermes ya estaba sobre ella.
El dios gozó. Apemosina mordió el polvo de la humillación. Y para mayor desdicha, el destino le tenía preparado un fatal desenlace. Pues la joven contó angustiada a su hermano lo sucedido y este no quiso creerla. Por el contrario, despreciándola, la mató a patadas.
No todas las historias acaban bien. Por desgracia, algunas no son mitos.
CDR
Hijo de Zeus y Maya, una de las siete Pléyades, Hermes ocupó un lugar privilegiado en el universo olímpico, aunque lo cierto es que no todo comportamiento suyo fue ejemplar. Pongamos por caso que ya desde pequeño se dio a conocer por su gusto por lo ajeno, ocasionándole más de un problema con los dioses sus aventuras de ladronzuelo. Así, Hermes no solo es el dios mensajero, de los viajeros, sino también el dios de la astucia, de los mentirosos y los ladrones.
Como lo que no era suyo le atraía, en sus amoríos también mostraba esta tendencia. Como con Quione, amada a su vez por Apolo. Lo curioso es que el dios del sol no se opuso a compartir a su amante, pues sentía por Hermes especial afecto. Y no sería Quione la única mujer que ambos compartirían. Igualmente se alternaron en las sábanas de Acacalis, la hija de Minos. Con ella tuvo Hermes por hijo a Cidón, el que sería héroe fundador de la ciudad de Cidonia, en Creta. Otros hijos fruto de las hazañas eróticas del dios fueron Eudoro y Linos.
Pero Hermes no siempre fue aceptado por sus pretendidas. A pesar de sus pies ligeros, su elocuencia y otros dones, fue rechazado en no pocas ocasiones, teniendo que recurrir al abuso para saciar sus deseos. El episodio que mejor resume este hecho es el de Apemosina, doncella por quien el dios alado se sintió especialmente fascinado. Quizá porque, veloz como un rayo, no menos que el propio Hermes, la joven siempre lograba escapar de sus requerimientos. Hermes quedaba resoplando, excitado... y herido en el orgullo. Mas ya se sabe que los dioses no suelen aceptar bien las frustraciones. Tampoco Hermes, así que ideó una estratagema que finalmente dio el resultado deseado.
Cuenta el mito que:
Hermes aguardó la ocasión propicia para poner en marcha su plan. Y, tras comprobar un itinerario que debía ser seguido por la joven necesariamente, el astuto dios extendió decenas de pieles de animales recién degollados a lo largo de un estrecho sendero lateral al camino por el que pasaría Apemosina. Su propósito era desviarla y hacerla caer en su trampa. Luego se sentó a esperar, paladeando de antemano su triunfo.
Cuando la doncella apareció, Hermes volvió a ejercer sobre ella el consabido acoso, pero esta vez orientando sus pasos hacia el sendero previsto. La muchacha volaba en su carrera. Parecía que iba a burlarlo una vez más, pero al pisar las bien dispuestas pieles resbaló y, antes de que pudiera levantarse, Hermes ya estaba sobre ella.
El dios gozó. Apemosina mordió el polvo de la humillación. Y para mayor desdicha, el destino le tenía preparado un fatal desenlace. Pues la joven contó angustiada a su hermano lo sucedido y este no quiso creerla. Por el contrario, despreciándola, la mató a patadas.
No todas las historias acaban bien. Por desgracia, algunas no son mitos.
CDR
sábado, 21 de septiembre de 2013
INTROVERTIDOS
Hoy en día la introversión está mal vista. Cuando alguien es dado a encerrarse en sí mismo y se abstrae de lo demás, cuando alguien habla poco y prefiere estar solo en determinados momentos, es tildado de socialmente torpe, o de engreído, o de bicho raro... o de todo a la vez.
Sin embargo, hay gente que es introvertida por naturaleza y eso no quiere decir que sean incapaces de comunicarse y de relacionarse, de pasárselo bien. Simplemente son personas poco dadas a expresar sus sentimientos, reacias en mayor o menor medida al contacto social, frente a la sobrevalorada extroversión que impera en la sociedad actual.
Al contrario de lo que pueda parecer, ser introvertido no quiere decir necesariamente ser tímido. La timidez está más relacionada con el temor, con el encogimiento de ánimo ante situaciones concretas, e incluso puede derivar en una patología si es muy acentuada, relacionada en este caso con la insatisfacción y la baja autoestima. La extroversión, por su parte, es algo innato e incluso puede ser una actitud elegida voluntariamente.
Hablar poco y decir mucho, reflexionar, disfrutar de conversaciones serias y significativas, tener pocas pero buenas relaciones... son algunas de las características de las personas introvertidas.
Los introvertidos reivindican -lo hacen con su comportamiento contra corriente- la reflexión, la moderación y la discreción. Pero, de momento, en una sociedad que incentiva el histrionismo social, que ensalza el tener miles de amigos (aunque sean virtuales), que engrandece a quienes tienen opiniones para todo, y en la que se prefiere el riesgo a la prudencia y la certeza a la duda, los introvertidos quedan como peces fuera del agua.
Aunque, por otro lado, qué más da lo que piensen de ellos, los introvertidos sólo quieren ir a su aire. Y que los dejen en paz.
CDR
Sin embargo, hay gente que es introvertida por naturaleza y eso no quiere decir que sean incapaces de comunicarse y de relacionarse, de pasárselo bien. Simplemente son personas poco dadas a expresar sus sentimientos, reacias en mayor o menor medida al contacto social, frente a la sobrevalorada extroversión que impera en la sociedad actual.
Al contrario de lo que pueda parecer, ser introvertido no quiere decir necesariamente ser tímido. La timidez está más relacionada con el temor, con el encogimiento de ánimo ante situaciones concretas, e incluso puede derivar en una patología si es muy acentuada, relacionada en este caso con la insatisfacción y la baja autoestima. La extroversión, por su parte, es algo innato e incluso puede ser una actitud elegida voluntariamente.
Hablar poco y decir mucho, reflexionar, disfrutar de conversaciones serias y significativas, tener pocas pero buenas relaciones... son algunas de las características de las personas introvertidas.
Los introvertidos reivindican -lo hacen con su comportamiento contra corriente- la reflexión, la moderación y la discreción. Pero, de momento, en una sociedad que incentiva el histrionismo social, que ensalza el tener miles de amigos (aunque sean virtuales), que engrandece a quienes tienen opiniones para todo, y en la que se prefiere el riesgo a la prudencia y la certeza a la duda, los introvertidos quedan como peces fuera del agua.
Aunque, por otro lado, qué más da lo que piensen de ellos, los introvertidos sólo quieren ir a su aire. Y que los dejen en paz.
CDR
miércoles, 18 de septiembre de 2013
MOTIVACIÓN (I)
Primer día de clase. Entro a un aula donde se encuentran treinta y cinco niños y niñas. Bate el sol en las ventanas y no hay cortinas. Por supuesto, tampoco hay aire acondicionado. Hace calor. No queda ninguna mesa libre, en realidad es poco el espacio que queda libre en la sala. Paso lista con ciertas dificultades ante la variedad de apellidos y nombres.
Miro sus caras y me pregunto cómo voy a conseguir que esas personitas, todas a la vez, estén interesadas en lo que yo les diga cada día. Y viene a mi cabeza la palabra motivación. Es decir, dar a esos niños motivos para escucharme, disponer su ánimo para que entiendan lo que les explique y hagan gustosamente las tareas que les encomiende.
Suspiro. ¿Acaso estoy yo perpetuamente motivada? Como profesora, me veo obligada a asumir certezas y seguridades que no tengo ante unos ojos que me miran con lupa. Suspiro. Yo también me siento muchas veces cansada, aburrida, agobiada, desesperanzada y quisiera lanzar un grito de auxilio. Por favor, que alguien me explique cómo puedo atender a más de treinta niños a la vez, satisfacer sus necesidades, estimular sus capacidades y fomentar sus gustos. Por favor, que alguien me motive.
CDR
Miro sus caras y me pregunto cómo voy a conseguir que esas personitas, todas a la vez, estén interesadas en lo que yo les diga cada día. Y viene a mi cabeza la palabra motivación. Es decir, dar a esos niños motivos para escucharme, disponer su ánimo para que entiendan lo que les explique y hagan gustosamente las tareas que les encomiende.
Suspiro. ¿Acaso estoy yo perpetuamente motivada? Como profesora, me veo obligada a asumir certezas y seguridades que no tengo ante unos ojos que me miran con lupa. Suspiro. Yo también me siento muchas veces cansada, aburrida, agobiada, desesperanzada y quisiera lanzar un grito de auxilio. Por favor, que alguien me explique cómo puedo atender a más de treinta niños a la vez, satisfacer sus necesidades, estimular sus capacidades y fomentar sus gustos. Por favor, que alguien me motive.
CDR
martes, 17 de septiembre de 2013
LO QUE PUDO SER
Versos inconexos de una madre sin hija:
Hoy brilla el sol
pero no en mi corazón.
Nunca te escucharé llorar.
Yo te lloraré toda la vida.
Llegó el día. Manos vacías.
Hoy brilla el sol
pero no en mi corazón.
Este mundo no era para ti.
La vida nos golpea así.
Nunca te escucharé llorar.
Yo te lloraré toda la vida.
Quería ser tu mamá,
amamantarte en mis pechos
llenos,
contarte historias
para dormir,
enseñarte a caminar
por la vida.
Quería ser tu mamá,
abrigarte del frío
invierno,
ayudarte a crecer
feliz,
cuidarte, quererte,
ser tu guía...
No pudo ser
y nunca sabré por qué.
Tu breve paso por mi vida
no ha sido en vano,
me has enseñado
muchas cosas que no sabía.
Lo que pudo ser. Y no fue.
CDR
CDR
sábado, 14 de septiembre de 2013
ESFUERZO
Aunque el sábado es día de descanso para casi todos, no está mal a un paso del inicio del curso, empezar a hacerse a la idea del esfuerzo que supondrán los nueve meses que quedan por delante.
Y para eso, para ir mentalizándonos, una selección de citas sobre este empleo enérgico del vigor o el ánimo -cuando no del físico- para conseguir algo venciendo dificultades.
"Sólo hay felicidad donde hay virtud y esfuerzo serio, pues la vida no es un juego." (Aristóteles)
"Nuestra vida vale lo que nos ha costado en esfuerzo." (François Mauriac)
"Nuestra recompensa se encuentra en el esfuerzo y no en el resultado. Un esfuerzo total es una victoria completa." (Mahatma Gandhi)
"Jamás el esfuerzo desayuda a la fortuna." (Fernando de Rojas)
"El secreto de mi felicidad está en no esforzarse por el placer, sino en encontrar el placer en el esfuerzo." (André Gide)
"El desvanecimiento de los ideales es triste prueba de la derrota del esfuerzo humano." (Alfred North Whitehead)
"El viento endereza el árbol después de haberlo inclinado." (Charles De Gaulle)
Y para quienes ponen como excusa para no leer que están cansados:
"La lectura alimenta el espíritu y le da reposo cuando está fatigado por el esfuerzo." (Séneca)
En definitiva:
"No hay esfuerzos inútiles." (Roger Caillois)
CDR
Y para eso, para ir mentalizándonos, una selección de citas sobre este empleo enérgico del vigor o el ánimo -cuando no del físico- para conseguir algo venciendo dificultades.
"Sólo hay felicidad donde hay virtud y esfuerzo serio, pues la vida no es un juego." (Aristóteles)
"Nuestra vida vale lo que nos ha costado en esfuerzo." (François Mauriac)
"Nuestra recompensa se encuentra en el esfuerzo y no en el resultado. Un esfuerzo total es una victoria completa." (Mahatma Gandhi)
"Jamás el esfuerzo desayuda a la fortuna." (Fernando de Rojas)
"El secreto de mi felicidad está en no esforzarse por el placer, sino en encontrar el placer en el esfuerzo." (André Gide)
"El desvanecimiento de los ideales es triste prueba de la derrota del esfuerzo humano." (Alfred North Whitehead)
"El viento endereza el árbol después de haberlo inclinado." (Charles De Gaulle)
Y para quienes ponen como excusa para no leer que están cansados:
"La lectura alimenta el espíritu y le da reposo cuando está fatigado por el esfuerzo." (Séneca)
En definitiva:
"No hay esfuerzos inútiles." (Roger Caillois)
CDR
jueves, 12 de septiembre de 2013
RECUERDO
Tal día como hoy, hace treinta y dos años, falleció en Milán el poeta italiano Eugenio Montale, Premio Nobel de Literatura en 1975.
Este escritor -que fue también crítico musical- nacido en Génova en 1896, inició sus estudios de letras dedicándose a los clásicos italianos, a la novela francesa y a filósofos como Schopenhauer o Croce. Los estudios secundarios se vieron interrumpidos por motivos de salud y posteriormente aprendió canto. Así, cuando decidió dedicarse a la poesía, Montale era ya un intelectual de vasta cultura que alternaba el gusto por la lectura de los grandes novelistas del siglo XIX, con la pintura y la música.
Durante la I Guerra Mundial sirvió como oficial de infantería.
En 1939 sus manifestaciones antifascistas le valieron la suspensión por parte del gobierno como director del gabinete científico-literario G. P. Vieusseux.
Tras el segundo gran conflicto bélico, Montale se dedicó a la traducción y a la crítica y se trasladó a Milán para ocuparse de la sección literaria del "Corriere della Sera". Tradujo obras de H. Melville, W. Shakespeare, J. Steinbeck o J. Guillén, mientras que como crítico escribió sobre E. Pound, W. H. Auden o E. Dickinson, además de contribuir, junto con J. Joyce (de quien fue muy amigo), al descubrimiento de I. Svevo.
Además del Nobel, obtuvo el Premio Feltrinelli, el título de Doctor Honoris Causa por las Universidades de Milán, Roma, Cambridge y Basilea, y el título de Senador vitalicio en 1966.
Huesos de sepia (1925), Las ocasiones (1939), El vendaval y otras cosas (1956), La mariposa del café de la plaza (1956), Satura (1971), Treinta y dos variaciones (1973) y Altri versi (1981), forman parte de su valiosa obra.
A continuación tres bellos poemas en versión de José Ángel Valente:
Felicidad lograda
Felicidad lograda, caminamos
por ti sobre un filo de espada.
Para los ojos eres resplandor que vacila;
para el pie, tenso hierro que se raja;
que no te toque, pues, quien más te ama.
Si llegas a las almas invadidas
de tristeza, iluminándolas, tu mañana
es dulce y turbadora como nidos en las molduras.
Mas nada paga el llanto de ese niño
cuyo globo se escapa entre las casas.
La forma
del mundo
Así habló Papirio. Ya era noche
y llovía. Pongámonos a salvo,
dijo, y avivó el paso no advirtiendo
que era suyo el lenguaje del delirio.
No nos pidas la palabra
No nos pidas la palabra que de par en par exhiba
nuestro ánimo informe y con letra de fuego
lo declare y resplandezca como una amarilla
flor perdida en un terreno polvoriento.
Ah, el hombre que camina sin recelo,
amigo de los otros y de sí mismo y no se cuida
de su sombra que en el punto extremo
del calor se imprime sobre un desconchado muro.
No nos pidas la fórmula que mundos pueda abrirte,
sí alguna sílaba torcida y seca como una rama.
Sólo esto podemos hoy decirte:
lo que no somos, lo que no queremos.
Eugenio Montale aportó una visión absolutamente personal de la problemática y las inquietudes del hombre contemporáneo, partiendo de los hallazgos formales del simbolismo y del decadentismo, a los que enriqueció con una voz inconfundible. Considerado uno de los fundadores del hermetismo italiano de entreguerras, la singularidad de su poética desborda no obstante los presupuestos teóricos de este movimiento.
CDR
Este escritor -que fue también crítico musical- nacido en Génova en 1896, inició sus estudios de letras dedicándose a los clásicos italianos, a la novela francesa y a filósofos como Schopenhauer o Croce. Los estudios secundarios se vieron interrumpidos por motivos de salud y posteriormente aprendió canto. Así, cuando decidió dedicarse a la poesía, Montale era ya un intelectual de vasta cultura que alternaba el gusto por la lectura de los grandes novelistas del siglo XIX, con la pintura y la música.
Durante la I Guerra Mundial sirvió como oficial de infantería.
En 1939 sus manifestaciones antifascistas le valieron la suspensión por parte del gobierno como director del gabinete científico-literario G. P. Vieusseux.
Tras el segundo gran conflicto bélico, Montale se dedicó a la traducción y a la crítica y se trasladó a Milán para ocuparse de la sección literaria del "Corriere della Sera". Tradujo obras de H. Melville, W. Shakespeare, J. Steinbeck o J. Guillén, mientras que como crítico escribió sobre E. Pound, W. H. Auden o E. Dickinson, además de contribuir, junto con J. Joyce (de quien fue muy amigo), al descubrimiento de I. Svevo.
Además del Nobel, obtuvo el Premio Feltrinelli, el título de Doctor Honoris Causa por las Universidades de Milán, Roma, Cambridge y Basilea, y el título de Senador vitalicio en 1966.
Huesos de sepia (1925), Las ocasiones (1939), El vendaval y otras cosas (1956), La mariposa del café de la plaza (1956), Satura (1971), Treinta y dos variaciones (1973) y Altri versi (1981), forman parte de su valiosa obra.
A continuación tres bellos poemas en versión de José Ángel Valente:
Felicidad lograda
Felicidad lograda, caminamos
por ti sobre un filo de espada.
Para los ojos eres resplandor que vacila;
para el pie, tenso hierro que se raja;
que no te toque, pues, quien más te ama.
Si llegas a las almas invadidas
de tristeza, iluminándolas, tu mañana
es dulce y turbadora como nidos en las molduras.
Mas nada paga el llanto de ese niño
cuyo globo se escapa entre las casas.
Si tiene el mundo la forma del
lenguaje
y el lenguaje la forma de la mente,
la mente son sus plenos y vacíos
no es nada o casi y no puede salvarnos.
y el lenguaje la forma de la mente,
la mente son sus plenos y vacíos
no es nada o casi y no puede salvarnos.
y llovía. Pongámonos a salvo,
dijo, y avivó el paso no advirtiendo
que era suyo el lenguaje del delirio.
No nos pidas la palabra
No nos pidas la palabra que de par en par exhiba
nuestro ánimo informe y con letra de fuego
lo declare y resplandezca como una amarilla
flor perdida en un terreno polvoriento.
Ah, el hombre que camina sin recelo,
amigo de los otros y de sí mismo y no se cuida
de su sombra que en el punto extremo
del calor se imprime sobre un desconchado muro.
No nos pidas la fórmula que mundos pueda abrirte,
sí alguna sílaba torcida y seca como una rama.
Sólo esto podemos hoy decirte:
lo que no somos, lo que no queremos.
Eugenio Montale aportó una visión absolutamente personal de la problemática y las inquietudes del hombre contemporáneo, partiendo de los hallazgos formales del simbolismo y del decadentismo, a los que enriqueció con una voz inconfundible. Considerado uno de los fundadores del hermetismo italiano de entreguerras, la singularidad de su poética desborda no obstante los presupuestos teóricos de este movimiento.
CDR
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