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jueves, 23 de enero de 2014

CAMUFLAJE

No estamos en guerra. Al menos no entendida como lucha armada.

Pero algo debe de haber en cuanto está tan de moda el camuflaje. Sí, disimular, si no las armas, la realidad, dándole aspecto de otra cosa para engañar al enemigo, en este caso nosotros.

Todos ustedes sabrán ya -anunciado a bombo y platillo- que ha disminuido el paro, según la última EPA (Encuesta de Población Activa) correspondiente al cuarto trimestre de 2013. Eso dicen a boca llena, con su falsa sonrisa, los que creen que pueden engañarnos con su camuflaje.

Porque no es otra cosa que una verdad camuflada que oculta el número de personas que ya no se refleja en la estadística de parados simplemente porque se han cansado de buscar trabajo, porque se han ido del país, o porque han aceptado finalmente un trabajo precario de esos que proliferan en este caldo de cultivo que supone el panorama laboral español.

Cambio de tendencia, mejoría, salida de la crisis... Camuflaje. Ya no es paro, es pobreza, es depresión, es destrucción de empleo, es mentira.

CDR

martes, 21 de enero de 2014

MUJERES: PROFUNDA MIRADA

Una de las mejores escritoras de la segunda mitad del siglo XX es la italiana Elsa Morante (Roma, 1912-1985), nombre poco conocido en nuestro país, pensaremos que por escribir en lengua extranjera y no, como tantas otras, por el hecho de ser mujer.

Hija ilegítima de una maestra judía llamada Irma Poggibonsi y el empleado de correos Francesco Lo Monaco, fue reconocida por su padrastro, Augusto Morante, un vigilante de un reformatorio para jóvenes, y será éste el apellido que ella utilizará.

Pasó su infancia en el popular barrio romano de Testaccio y al finalizar el liceo se mudó a vivir sola. Empezó a cursar estudios superiores en la rama de Letras, pero no consiguió terminarlos por falta de medios económicos. Elsa comenzó a escribir desde muy joven, cuentos, fábulas, poesías, que fueron publicándose desde 1933 hasta el inicio de la Segunda Guerra Mundial, en revistas como Il Corriere dei Piccoli, Il Meridiano di Roma, I Diritti della Scuola y Oggi, compaginando esta actividad literaria con la impartición de clases de italiano y latín. Su primer libro (Il Gioco Segreto), publicado en 1941, fue una recopilación de estos escritos.

En 1941 se casó con el escritor Alberto Moravia, a quien había conocido seis años antes y que le dio estabilidad económica -pero no emocional, como se vería más adelante-. Durante la represión nazi, el matrimonio se refugió en Fondi, un pequeño pueblo al sur de Roma. Esta zona de Italia meridional será escenario frecuente de sus narraciones.

Al margen de sus escritos breves y en verso, la obra fundamental de Elsa sería la novela. Escribió su primer relato largo en 1948, Mentira y sortilegio (en español, por Lumen, 2012), siendo muy bien acogida y que sería distinguida con el Premio Viareggio. Con esta historia, Morante recrea parte de su existencia a través del personaje de Elisa, una muchacha huérfana para quien la literatura funciona como tabla de salvación y refugio de felicidad.

Su círculo de amistades se vio ampliado con un gran número de grandes escritores y artistas. Su casa, un ático de la vía de la Oca, llegaría a ser uno de los más frecuentados lugares de encuentro, destacado en el mundo intelectual romano. En 1957 se publica su segunda novela, La Isla de Arturo (en español, por Espasa-Calpe, 2004), que gana el Premio Strega.

Elsa y Alberto no tuvieron hijos y el matrimonio se separó en 1962, cuando ella ya era una escritora conocida. A partir de ahí, continuó escribiendo sólo de forma esporádica y trabajando durante años en una novela que no se publicó jamás: Senza i conforti della religione. Su tercera novela, quizá la más importante, llegaría en 1974, La Historia (en español, por Círculo de lectores, 1992), que obtendrá un enorme éxito de público, en la que pretende combinar los puntos de vista cristiano y marxista. Se trata de una obra coral que narra el drama de las víctimas anónimas de la Segunda Guerra Mundial y el Holocausto. Su exhibición de posturas políticas, sobre el fascismo y la dictadura, le valió a esta novela la censura franquista en nuestro país.

Su última novela, Araceli (en español, por Gadir Editorial, 2008), publicada en 1982, obtuvo el Premio Médicis de novela extranjera en 1984. Es una novela "española" en cierto sentido, pues el narrador es hijo de una almeriense, Araceli, que dejó su tierra natal al casarse con un italiano. Tras la muerte de su madre, Manuele emprende un viaje en busca de sus raíces y su perdida infancia feliz, pues ella le cantaba y le hablaba en español cuando era niño. La acción se sitúa en noviembre de 1975, durante la agonía de Franco, contexto que refuerza la reconstrucción de los recuerdos familiares de Araceli. Una rica historia, en la que la memoria, la búsqueda de la identidad e incluso la sensualidad son los hilos conductores. 

Elsa Morante era una mujer guapa, con un rostro juvenil en el que se dibujaba una sonrisa tímida o irónica. Vivió rodeada de animales. Ya enferma, una fractura de fémur la obligó a pasar sus últimos años en cama, sin poder caminar. Después de un intento de suicidio en 1983, falleció el 25 de noviembre de 1985 en Roma por un infarto, tras una segunda operación quirúrgica y un largo y penoso internamiento en hospitales. Un premio literario lleva su nombre.

Como vemos, esta mujer escribió mucho. Y pese a la riqueza y variedad de sus temáticas, lo que se repite por encima del resto es su voluntad de dar cabida a una parte de la humanidad generalmente excluida de las grandes generalizaciones que la historia del mundo teje. Su escritura denuncia la invisibilidad y vulnerabilidad de las víctimas, de todos los inocentes, en un sentido existencial y amplio, frente a la supuesta razón de los acontecimientos que, en determinados momentos, esgrime la narración oficial, incompleta e injusta, que la sociedad da de sí misma.

Una mujer desgraciada en lo personal, eclipsada durante años por la celebridad de su marido, comprometida con los problemas de su época, autora de algunas de las páginas más sobresalientes de la literatura de final del siglo XX. Hoy su recuerdo, la relectura de sus obras, nos enriquecería y serviría para rescatar a los personajes secundarios del mundo, a los seres minúsculos que ella quiso mostrar -pues sigue habiéndolos ahora como entonces, víctimas anónimas de nuestro sistema-. Al menos, como forma simbólica de justicia.

CDR

lunes, 20 de enero de 2014

¿RIQUEZA?

Hoy ha salido a la luz el  último informe de Intermon Oxfam sobre la pobreza en el mundo. Y precisamente hablar de la pobreza de unos es fijarse en la riqueza de otros. Mundo plagado de contrastes, mejor dicho, de desigualdades.

85, que es un número considerable, es una cantidad muy pequeña -pequeñísima- si se compara con la población mundial, que es de unos 7.000 millones de personas. Pues resulta que las ochenta y cinco personas más ricas del planeta poseen la misma riqueza que la mitad más pobre de la población mundial (¡3.500 millones!) Y concretamente en nuestro país, son veinte afortunados los que acumulan lo mismo que el 20% de los españoles más pobres.

¿Realmente es posible acabar con las desigualdades sociales? La respuesta es sí. Sin embargo, es evidente que esa voluntad no existe por parte de los líderes políticos. Reuniones del Foro Económico Mundial que no sirven para nada más que cosas sin importancia cuando tienen en sus manos equilibrar la estabilidad social y aportar un bienestar similar a todos los habitantes de este mundo.

Riqueza y pobreza extremas cada vez más. Corrupción, impunidad para los grandes, mayor esfuerzo para los pequeños, triquiñuelas aprovechando los vacíos legales que ellos mismos crean, transparencia solo para los de a pie, y un largo etcétera de sobra conocido.

Y es que poco más se puede decir, es lo que hay, no podemos hacer nada. Solo reflexionar sobre qué es en realidad, qué supone la riqueza:

"El que no considera lo que tiene como la riqueza más grande, es desdichado, aunque sea dueño del mundo."
"¿Quieres ser rico? No te afanes en aumentar tus bienes, sino en disminuir tu codicia."
(Epicuro de Samos)

"Llevo dentro de mí mismo un peso agobiante: el peso de las riquezas que no he dado a los demás." (Rabindranath Tagore)

"Una buena capa todo lo tapa."
"Ningún hombre honesto se hace rico en un momento."
(Refranes populares)

"La riqueza es como el agua salada; cuanto más se bebe, más sed da." (Arthur Schopenhauer)

"Cuanto mayor la riqueza, más espesa la suciedad." (John Kenneth Galbraith)

"¿Qué es la riqueza? Nada, si no se gasta; nada, si se malgasta." (André Breton)

Lo malo es que estas bonitas frases, por muy ciertas que sean, no dan de comer a los millones de personas que ahora mismo están muriendo de hambre.

CDR

jueves, 16 de enero de 2014

CONCIENCIA PLENA (I)

Mi predisposición hacia los temas de terapias naturales, alternativas de vida, caminos espirituales, etc. es muy positiva, lo que me lleva a leer y a practicar sobre ello todo lo posible.

De esta manera, en los últimos meses he descubierto algo llamado mindfulness, sobre lo que voy a contarles a continuación las impresiones que he recogido en el poco tiempo que llevo en contacto con esta técnica de meditación.

El término mindfulness se traduce como atención o conciencia plena. Tiene que ver con la percepción sin interferencia del pensamiento y con generar autoconocimiento. El mindfulness procede del sánscrito, pero en la actualidad se ha desligado de cualquier vinculación religiosa y su fundamento es científico; existen numerosos estudios psicológicos y neurológicos que lo contemplan como una disciplina dentro de su ámbito.

En la sociedad en la que vivimos estamos continuamente estresados por las múltiples ocupaciones que tenemos, vivimos hacia afuera, y no tenemos tiempo de dedicarnos a nosotros mismos, de pararnos y mirar hacia adentro. Cuando nos sentimos estresados, debemos detenernos y analizar qué es lo que nos estresa. Y preguntarnos: ¿nos conocemos a nosotros mismos?, ¿somos realmente felices con la vida que llevamos?, ¿podemos delegar alguna de nuestras responsabilidades?, ¿podemos hacer algo para cambiar lo que nos preocupa,altera, entristece o perturba?, ¿qué aspectos externos de nuestra vida influyen en el estrés que sentimos? La mayoría de ellos no los podremos cambiar. Por eso, debemos desarrollar las habilidades necesarias para gestionar esos aspectos. En definitiva, consiste en cambiarte tú por dentro. Si no puedes cambiar lo de afuera, cambia tú para poder lidiar con ello. Cambiar la relación que tienes con lo que te desagrada.

Se trata de una actitud de aceptación, que no significa pasividad ni conformidad, sino un reconocimiento de lo que es (permitir a la vida ser lo que es). Dejar de oponerte a lo que es para simplemente contemplarlo y poder gestionarlo. Si tenemos la cabeza pegada a un cuadro, no lo vemos, ¿verdad? Si nos alejamos un poco, solo veremos una parte, ¿no? Tendremos que alejarnos a una distancia adecuada para verlo en conjunto, como un todo. Pues el mindfulness consiste en aprender a mirarte por dentro, pero manteniendo una serie de actitudes mentales mientras lo haces. Y tendremos en cuenta a la hora de tomar conciencia plena los siguientes aspectos: el cuerpo físico, la respiración, y la actividad mental (cognición y emociones).

El pensamiento se forma con palabras, es como una voz interior en nuestra cabeza. Y esa voz no cesa, recordándonos lo que tenemos que hacer, los problemas que nos acucian, las cosas que nos molestan... Esa voz continua es nuestro más duro crítico y nos hace sufrir. Por eso debemos trascender el pensamiento, ser capaces de verlo desde arriba y manejarlo. Aprender a enfocarlo de forma que nos beneficie.

Cuando estamos estresados somos como una olla a presión... y nuestro cuerpo empieza a fallar. El cuerpo está sobrecargado y enfermamos. Pero si aliviamos esa tensión -mediante la concentración-, daremos la oportunidad a nuestro cuerpo de autocurarse, pues tiene esa capacidad. Debemos facilitar que la naturaleza pueda hacer su trabajo. Nosotros podemos ser, en ocasiones, nuestro propio médico y psicólogo.

Así, se puede decir que tenemos un tesoro debajo de la cama y nos vamos a mendigar a la calle. Y es que, igual que nos cuidamos físicamente (higiene, alimentación...) a diario, también debemos cuidar y limpiar nuestro interior. Para esto nos sirve el mindfulness.

Si aprendemos y desarrollamos esta conciencia plena de nosotros mismos, cuando nos surja un problema, un dolor muy fuerte, cuando la vida nos golpee... siempre tendremos un lugar al que acudir para refugiarnos. Ese lugar está en nuestro interior.

CDR

martes, 14 de enero de 2014

EL PAÍS DE LAS MARAVILLAS

Tal día como hoy, hace ciento dieciséis años, falleció el británico Charles Lutwidge Dodgson, más conocido como Lewis Carroll.

Matemático de vocación y aficionado a la fotografía, Dodgson ha pasado a la historia de la literatura por ser el creador de Alicia en el País de las Maravillas, obra considerada a priori como infantil o juvenil por tratarse de una fábula, pero que encierra -entre otras muchas cosas- una dura sátira a la educación y a la política inglesas de la época. El País de las Maravillas que crea el autor se basa principalmente en juegos de lógica.

La historia de Alicia en el País de la Maravillas comienza una tarde en la que Dodgson sale de excursión con tres niñas (Lorina, Alice y Edith), hijas del decano de Trinity College de Oxford, familia con la que tendría una estrecha relación. Refugiados del fuerte calor estival a orillas del río Támesis, el ingenioso escritor se inventó un cuento para las niñas. Estas quedaron muy impresionadas y Alice concretamente le pidió que escribiera la historia. Dodgson pasó una noche componiendo el manuscrito, y se lo regaló a Alice Liddell en las Navidades siguientes. El manuscrito se titulaba Las aventuras subterráneas de Alicia, y estaba ilustrado con dibujos del propio autor. Se especula que la protagonista de la obra está basada en Alice Liddell, pero Dodgson negó que el personaje estuviera basado en persona real alguna. Tres años más tarde, Dodgson, movido por el gran interés que el manuscrito había despertado entre todos sus lectores, llevó el libro, convenientemente revisado, al editor Macmillan, a quien le gustó de inmediato. Tras barajar los títulos de Alicia entre las hadas y La hora dorada de Alicia, la obra se publicó finalmente en 1865 como Las aventuras de Alicia en el País de las Maravillas (Alice's Adventures in Wonderland), y firmada por Lewis Carroll. Las ilustraciones de esta primera edición fueron obra de Sir John Tenniel.


Ilustración de John Tenniel de Alicia en el País de las Maravillas (1865)
En esta obra aparecen algunos de los personajes más famosos de Carroll, como el Conejo Blanco, el Sombrerero, la Oruga Azul, el Gato de Cheshire o la Reina de Corazones, quienes han cobrado importancia suficiente para ser reconocidos fuera del mundo de Alicia. La obra tiene una segunda parte, menos conocida, A través del espejo y lo que Alicia encontró allí (1871). Y existen numerosas adaptaciones cinematográficas, que combinan elementos de ambos relatos. Las más populares son la de animación de Disney y la versión de Tim Burton.


En cuanto a las interpretaciones de esta obra de Carroll son numerosas y variopintas. Van desde enfoques espirituales de toma de conciencia y elección del propio camino en un mundo engañoso, hasta las visiones del relato como fruto de una prodigiosa mente matemática, que deduce realidades a partir del absurdo (el País de las Maravillas tiene sus propias reglas y formas matemáticas), pasando por el uso que de ella hacen quienes quieren explicar qué efectos podrían causar algunas sustancias psicotrópicas. Más seriamente, también es considerada por algunos críticos como precursora del surrealismo, que desarrollarán posteriormente autores como Joyce, Kafka o más recientemente Paul Auster.

Y a modo de anécdota contaremos que aunque siempre se juzgó a Dodgson como un soñador inofensivo, en el año 1896 el autor Richard Wallace no vaciló en acusarlo de ser el hombre que se ocultaba bajo el alias de Jack el Destripador. Las pretendidas pruebas que supuestamente le acusaban eran frases crípticas contenidas en sus libros diecinueve años antes de la matanza del otoño de 1888. Según esta interpretación, el ya desequilibrado escritor (traumatizado por su condición de zurdo, sordo de un oído a causa de una enfermedad, tartamudo y diagnosticado de epilepsia), dejó allí pistas anticipando los crímenes que planeaba cometer. El misterio de este renombrado asesino aún está por desvelar.

Más sencillo es deslizarse por el túnel que nos lleva al País de la Maravillas para dejar volar nuestra imaginación y despertar nuestro ingenio.

CDR

lunes, 13 de enero de 2014

HUESOS

Del latín ossum. Pero huesos lleva hache. Porque la llevan todos los diptongos iniciales ia, ie, ue, ui. Óseo, ososo, osamenta, osario... sin hache, hueso la lleva.

Son huesos cada una de las piezas duras que forman nuestro esqueleto, y el de los demás vertebrados. Cuánto sufren nuestros huesos: sobrepeso, cambios de tiempo, golpes, falta de calcio.

E incluso hay momentos en que la fatiga nos pesa tanto que no podemos con nuestros huesos.

A la parte dura y compacta en el centro de algunos frutos, en la cual se contiene la semilla, también se la denomina hueso. Aceitunas, cerezas, melocotones.

Hueso es esa cosa que causa trabajo o incomodidad. A lo largo de la vida, se nos presentan numerosos huesos duros de roer.
 
Por contagio semántico, un hueso es asimismo un profesor muy exigente. Titulares de asignaturas que parecen imposibles de aprobar.
 
Y así, coloquialmente, en general, también es un hueso una persona de carácter desagradable o de trato difícil. En Ecuador, más concretamente, se llama así a una persona tacaña. 
 
En plural, huesos son los restos mortales de una persona.
 
No es difícil imaginar por qué, dicho de un color, el hueso es un blanco amarillento.
 
Algunos huesos son más agradables, por ejemplo el hueso de la alegría o cóccix, formado por la unión de las últimas vértebras; o el hueso de santo, un rollito de pasta de almendra con esa forma. Ah, no olvidemos los Huesitos.
 
Y hablando de comida, parece que ya no está tan de moda estar en los huesos y se está fomentando una vida sana con hábitos saludables. Sin embargo, algunas firmas de moda lanzan colecciones para tallas especiales... ¡a partir de la 38!
 
Aunque no seamos violentos, en ocasiones quisiéramos, figuradamente, molerle a alguien los huesos. Y a falta de oportunidades o de habilidades para ello, también a veces nos dedicamos a murmurar sobre los defectos de alguien, no dejándole ni un hueso sano.
 
Nos encanta darle a la sin hueso.
 
Y también nos complace, hay que reconocerlo, que alguien (muy concreto) nos diga que está loquito por nuestros huesos.
 
CDR

domingo, 12 de enero de 2014

JUSTICIA LITERARIA

No me resisto más a recomendar el libro de un gran amigo y seguidor de este blog (una cosa lleva a la otra). Si no están acostumbrados a leer ensayo y/o piensan que es un género aburrido, sumérjanse en esta delicia literaria y seguramente cambiarán de opinión:

En grave desacuerdo con la tendencia generalizada se encontraron los escritores reunidos en esta extraordinaria recopilación que hace Pedro M. Domene en Disidencias (2010). Por algo tan trivial como la divergencia de opiniones se vieron exiliados, y aún peor, relegados. Valiente y necesaria labor, por tanto, la de distinguir a aquellos compatriotas que no encontraron un lugar en el panorama literario en uno u otro momento del siglo XX. Porque el libro de Domene se centra en los autores afectados por la Guerra Civil y la posterior Dictadura, pero nos ofrece además un completo repaso por la historia de la literatura española de ese siglo en el que  muchos fueron silenciados por su actitud disidente.
 
A principios de la centuria, encontramos autores como el madrileño Silverio Lanza (1856-1912), un radical individualista que se oponía a cualquier forma de pensar establecida, apreciado por el genial Ramón Gómez de la Serna; el sevillano Alejandro Sawa (1862-1909), bohemio incorregible, en palabras del propio Antonio Machado; o Carmen de Burgos Colombine (1867-1932) -porque también había escritoras dignas de mención-, que denuncia las diferencias sociales en sus novelas y muestra ya el incipiente feminismo de la época. Mención aparte merece Francisco Villaespesa (1877-1936), tan injustamente ignorado como los demás pero aún más si cabe por la gran proyección que en el panorama literario de la época tuvo. Y ya inmersos en el vergonzoso conflicto civil y sus secuelas, destacan Enrique Díaz Canedo (1879-1944), que murió exiliado en México; el humanista Benjamín Jarnés (1888-1949), defensor de la modernidad; el singular Arturo Barea (1897-1957), analista decidido de la actualidad española; Esteban Salazar Chapela (1900-1965), cronológicamente perteneciente a la Generación del 27, pero contrario a todo tipo de encasillamientos, articulista y considerado por él mismo como un novelista del exilio; la catalana Mercè Rodoreda (1908-1983), novelista y fecunda creadora de cuentos; o el inolvidable Francisco Ayala (1906-2009), granadino universal. Entre otros.
 
Como es propio del escritor y crítico Pedro M. Domene, en el ensayo se muestra sencillo y divulgativo, en ningún caso farragoso. Podría parecer este un pequeño libro para una gran empresa, sin embargo esta breve obra perfectamente documentada es una colección de semblanzas literarias fruto de muchos años de trabajo, con la que los lectores tenemos algo más que una pista para redescubrir a estos valores de nuestra literatura. Disidencias pretende, sin más, dar una oportunidad a todos estos nombres dispares en estilos pero unidos por un mismo destino: el olvido. Una mera cuestión de justicia literaria.
¡Feliz lectura!
CDR