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lunes, 16 de julio de 2012

MI QUERIDO SARAMAGO

He leído mucho y espero que me quede aún mucho por leer. Pero uno de mis escritores favoritos es y será José Saramago. Por su estilo y por su capacidad literaria, pero también por su lucidez, por su sinceridad, por su valentía y porque sus palabras siempre han sido consecuentes con sus hechos. Puedo presumir de conocer casi toda la obra narrativa de este singular portugués afincado en Lanzarote; no así me ocurre con sus ensayos, solo he leído artículos puntuales.
Hace poco entré en una librería y me encontré con "El último cuaderno", de mi admirado. Lo compré sin dudar. Se trata de una recopilación de textos escritos en el blog personal del autor entre marzo de 2009 y junio de 2010. Empecé a leerlo ayer y también lo terminé. Me ocurre a menudo que un libro me absorba y sea incapaz de dejarlo para después, al cerrarlo, quedarme con una sensación de culpa por haberlo leído tan rápido. Suerte que existe la relectura, la posibilidad de volver a hojear el libro y detenerte allí donde te plazca.
Me gustó el libro, claro, me encantó. Pero más allá de su contenido y de su calidad, me sorprendió el hecho de que un señor de 87 años, premio Nobel de Literatura, con su vida resuelta, se dedique a escribir un blog para hablar de temas tan triviales como el paro, la crisis, la tortura, la enfermedad... o para recordar anécdotas de su vida, o para homenajear a aquellos personajes admirados por él, o para denunciar a aquellos otros que cometen actos deleznables. Así que, detrás del magnífico escritor, he descubierto al maravilloso ser humano, tierno o cabreado según tocase. Un hombre comprometido que ha luchado por sus ideas a través de la palabra y que siempre ha utilizado su nombre y su prestigio no para lucrarse -como está tan de moda- sino para defender causas justas. Hasta su último suspiro, en junio de 2010, estuvo implicado en la actualidad. Su postrera entrada en el blog, al dictado pues ya ni pulso tenía, está dedicada al escritor sueco Mankell por su participación en la flotilla de la Paz que transportaba materiales de ayuda para Palestina y que fue atacada. El propio Saramago hubiese estado en ese barco, como siempre estaba, si su salud se lo hubiese permitido. Sólo la muerte pudo apartarlo de su misión.
Lo que nunca lograron sus muchos detractores, callarlo, ni la misma señora negra lo consiguió ese junio que se lo llevó, porque ahí quedan sus libros como legado de un hombre extraordinario.
José Saramago era un ateo confeso y empedernido. Por eso no diré que ojalá esté en el cielo y todo eso. Esté donde esté, esté o no esté, aquí nunca se le olvidará.

Por último, he elegido, con mucha dificultad por la abundancia, unas palabras suyas para cerrar esta entrada: "El fin del viaje es simplemente el comienzo del otro. Es necesario ver lo que no ha sido visto, ver otra vez lo que ya se vio, ver en primavera lo que se vio en verano, ver de día lo que se vio de noche, con sol donde antes la lluvia caía, ver el trigo verde, el fruto maduro, la piedra que cambió de lugar, la sombra que ahí no estaba. Es preciso volver a los pasos que fueron dados, para repetirlos, y para trazar nuevos caminos a su lado. Es preciso recomenzar el viaje. Siempre."

CDR

1 comentario:

  1. Preciosas palabras de Saramago que sólo una persona, como él, podría escribir.
    Queda manifiesta tu profunda admiración por este gran escritor. No es para menos.
    Tati.

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