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jueves, 26 de julio de 2012

PEQUEÑOS TIRANOS

No tengo hijos. Pero por mi trabajo con niños y adolescentes -y por sentido común- me hago cargo de lo difícil que es educar a un vástago. Más aún en una época como la actual. Y, en mi modesta opinión, bien no lo estamos haciendo. Por supuesto que la culpa no es sólo de los padres, no, es de toda la sociedad. Sin embargo, hay que reconocer que las bases de la educación de un niño se asientan en casa. Ahí es donde deben empezar a aprender el respeto, a diferenciar lo que está bien de lo que está mal, así como unas mínimas normas de conducta para convivir con los demás. Pues ya de entrada, en general, eso falla. Nos hemos posicionado en la permisividad, debido a un acomplejado y erróneo sentido de que el autoritarismo es retrógrado y nocivo. Suplimos el tiempo que no les dedicamos con cosas que jamás podrán sustituir al diálogo y al apego entre los miembros de la familia. Sin olvidar que si no existe autoridad en el hogar, es imposible que el niño ya respete a nadie ni acate ningún tipo de mando fuera de este. Y así, entre todos, estamos creando una generación de inestables emocionales, desinteresados de todo lo que suponga esfuerzo, pequeños tiranos cuya voluntad prevalece por encima de todo. El vínculo entre los niños y sus mayores no se fundamenta ya en el afecto, sino que se refuerza simplemente por un interés materialista de conseguir lo que quieren.

Es evidente que no me refiero a tocar ninguno de los derechos que muy justamente tienen los niños, pero la cuestión es que también existe una serie de obligaciones que no se tratan en igual medida que los anteriores. Nuestros pequeños tiranos de hoy, abogados en ciernes, conocen al dedillo su lista de privilegios y se cargan de razones con ellos. No se molestan en entender los argumentos ajenos si no les conviene, no les interesa saber qué es la empatía, y cada vez más temprano van de sobrados mientras se advierte claramente una madurez intelectual cada vez más tardía.

Antes la vida era más dura y difícil -al menos hasta ahora-, pero era mucho más sencilla. Aparentemente hoy vivimos en un estado de bienestar, satisfechos de poder darles a nuestros hijos lo que nosotros no tuvimos. Pero, ¿es así en realidad?
Como este tema sería amplísimo de tratar y creo haber dejado ya abierta al menos la reflexión que todos deberíamos hacer sobre él, cierro con una cita del sabio Confucio, que espero se sepa interpretar correctamente. No se me vaya a acusar de apologista del maltrato a menores.

"Educa a tus hijos con un poco de hambre y un poco de frío." 

CDR
 

1 comentario:

  1. La cita cuadra perfectamente. ¡Ojala toda tu generación y las que te preceden pensaran como tú!
    Tati.

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