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viernes, 20 de julio de 2012

URBANIDAD

Hace unos días hablaba aquí de urbanización indiscriminada. Hoy voy a hablar de urbanidad ausente. Una por exceso, otra por defecto. Es este un país de acreditada solidaridad y civismo en lo que a grandes tragedias se refiere, dígase un incendio, una muerte injusta, un atentado, etc. Sin embargo, a nivel personal, en el día a día y en las pequeñas cosas, cuando mejor se puede demostrar una actitud ética y cortés, esta brilla por su ausencia. Estoy necesariamente generalizando, a sabiendas de que hay -por fortuna- excepciones.

Dividiremos la falta de urbanidad en tres grandes grupos, que abarcarían creo yo lo más importante de esta carencia:
1) Al volante: raro es el día que no me encuentre por nuestras carreteras, autovías o calzadas a un individuo haciendo una maniobra inadecuada, poniendo así en peligro la vida de los demás; exhibiendo una creída superioridad, como si el resto fuésemos molestos gusanos en su camino; o invadiendo accesos de paso a peatones o a otros vehículos, igual que si no existiesen normas para el susodicho.
2) En el uso de instalaciones públicas: desde algo tan sencillo y a la vez tan feo como tirar un papel o cualquier otra cosa al suelo, hasta destrozar aparejos urbanos pensados para el uso y disfrute de todos. ¿A quién no le gusta que los pueblos y ciudades estén limpios y arreglados, que los servicios públicos estén disponibles, funcionando y en condiciones? Pues todos somos cada uno. Sería tan sencillo como actuar igual que en nuestra propia casa. ¿Estiramos de la cadena después de usar el baño? ¿Dejamos los restos de comida esparcidos por el lugar donde hemos estado comiendo? ¿Pintamos las mesas? ¿Pegamos golpes a nuestros muebles, espejos y puertas? Las respuestas son evidentes.
3) En el trato con los ancianos: es un defecto de la juventud creerse de algún modo superior, invencible, y por supuesto no prever que en el futuro ellos serán los viejos (si llegan). De todas formas, hoy en día es cada vez más frecuente que las personas de cincuenta, de sesenta o incluso más, se sientan en la flor de la vida. Lo cual está muy bien. Pero en esta sociedad de la eterna juventud, esa parcela de gente mayor, ancianos o viejos -la palabra no tiene por qué tener ningún matiz peyorativo- va quedando marginada, al borde de la invisibilidad. No es extraño encontrar situaciones en las que se manifiesta un profundo desprecio por estas personas, como si fuesen seres inferiores, indignos. Atrás quedó la obligada cortesía y consideración que antaño se tenía por los ancianos.

En definitiva, está claro que lo que falla es el respeto por los demás en todos los sentidos. Por eso me parece que es necesario reflexionar sobre ello y, más que nada, tomar medidas. Por ejemplo, que la tan traída y llevada "Educación para la ciudadanía" deje de ser un arma arrojadiza y sea una asignatura de verdad (el nombre es lo de menos), en la que los niños aprendan estas cuestiones fundamentales para vivir en una sociedad. Y más aún, que los padres no deleguen su obligación de educar en los maestros y profesores, y empiecen por inculcar en casa unos valores que se reflejarán después en los adultos que cogen el coche, hacen turismo en una ciudad, o se encuentran con un anciano en el autobús.

CDR

4 comentarios:

  1. La verdad es que, pese a lo recorrido en los últimos 30 años, los españolitos (ojalá que cada vez menos) no estamos acostumbrados a ciertas cuestiones de urbanidad, como bien señala la autora del blog. Solamente hay que darse una vuelta por el resto de Europa, al menos la uno conoce, para intentar copiar esas formas. Quienes por suerte o por desgracia hemos vivido durante años en el extranjero aun estamos acostumbrados a decir gracias, de nada, por favor, si es usted tan amable… Ya lo dijo alguien, y aun nos pesa a algunos: Europa sigue empezando por los Pirineos, a no ser que NOSOTROS, tracemos otra frontera y nos olvidemos del dicho.
    PMD.

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  2. Debe decir, "una vuelta por Europa, al menos la que uno conoce, para intentar..."
    Un "que" ha desaparecido involuntariamente, pero lo que está bien, está bien, y este es un blog de mucha, mucha altura.
    Perdón por la omisión.
    PMD

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    1. Error subsanado. No era ni necesaria la rectificación.
      Sin duda, el blog debe estar a la altura de sus seguidores y comentarios. Gracias.

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  3. Esa generación de padres (de treinta y cuarenta y tantos) es la que tiene que dar ejemplo. Se ponen al volante y conducen en actitud chulesca; tiran cualquier cosa al suelo, "si por uno que lo haga no va a pasar nada"; llega el verano, el abuelo no nos cuadra, hay que buscar otra alternartiva, durante el curso sí nos viene bien para recoger a los niños del cole.
    Por supuesto, hay excepciones, pero poquitas. Problema de concienciación, de urbanidad, de responsabilidad, de cultura. ¡Qué difícil veo yo trazar otra frontera!
    Tati.

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