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lunes, 20 de agosto de 2012

PATADAS

En este lunes de finales de agosto voy a hablarles de patadas, sí. Y no me refiero a las de los partidos de fútbol, ahora que ha vuelto la Liga y todos somos un poco más felices por ello. Sino a las que cada vez más a menudo propinamos al diccionario, a la gramática, y por tanto a nuestra riquísima lengua española.

El léxico aproximado que constituye el español es de unas 85.000 palabras, de las cuales un hablante culto utiliza más o menos 40.000. Pero cualquier hablante puede comunicarse con apenas 3.000. Históricamente, los diccionarios de castellano han llegado a contar hasta con 150.000 vocablos. Imagínense la cantidad de vocabulario desaprovechado que tenemos. La lengua es un ente vivo y se nutre del uso que de ella hacen los hablantes, de igual forma que va muriendo según la voluntad de estos. Por eso mismo ya no es sólo preocupante el hecho de que desaparezcan palabras por falta de uso -pues verdaderamente algunas quedan obsoletas por la realidad circundante y dejan paso también a otras nuevas-, sino sobre todo la degradación a la que está sometido el español en aras de la modernidad, cuando lo cierto es que se debe a la incultura y la zafiedad reinantes en este país.

En primer lugar, es evidente la invasión que se está produciendo del inglés en nuestro idioma. Claro está que los extranjerismos forman parte de la mecánica léxica de una lengua, sin embargo no tiene sentido escoger una palabra inglesa cuando existe un término español que significa exactamente lo mismo. A no ser que el vocablo aporte un matiz inexpresable en castellano, ¿a qué viene que hoy luzcan "staff" en la espalda de sus camisas los empleados de una tienda?, de toda la vida han sido el personal. Será porque también hoy ya no vamos de compras, sino de "shopping".

Otro aspecto que me inquieta es la falta de decoro en la lengua pública, cómo se mezclan los niveles lingüísticos sin el menor apuro. Si estamos atentos a los informativos, descubriremos rápidamente que ya no existe un lenguaje periodístico específico, sujeto a una rigurosa objetividad y corrección. Es frecuente escuchar expresiones coloquiales, adjetivos valorativos y muletillas por doquier. E igualmente habituales los errores sintácticos (uso del CD de objeto con preposición, verbos pronominales como transitivos, falta de concordancia...) ¿Y qué decir de nuestros personajes públicos? Una sociedad que tolera sin rubor y sin estremecimiento que sus políticos lancen burdos improperios ("esa puta mierda", "hijoputa" "que se jodan", "cada vez que veo los morritos...", y un largo etcétera) o que los programas de mayor audiencia sean aquellos en que los invitados ni guardan el turno de palabra -auténticos gallineros-, ni guardan tampoco las formas -y no sólo lingüísticas-, deja mucho que desear. No es que no nos inmutemos ante esta situación, es que además le vemos la gracia. Y si pones el grito en el cielo, te tachan de anticuada o te miran como si fueses un bicho raro.

Por último, aunque quedaría mucho por decir, observo realmente preocupada la paulatina aceptación del uso abreviado, tipo sms, de la lengua. Que se entiende, argumentan algunos, que se ahorra, dicen otros, que es modernísimo, acepta la mayoría. Por eso en todas las series de moda y en los anuncios más "fashion" aparecen los títulos escritos así. Creo que cada ámbito tiene sus peculiaridades y veo muy bien que en los sms que enviamos con el móvil nos ahorremos caracteres infringiendo las reglas ortográficas. Cuando yo estudiaba en la facultad y tomaba apuntes a velocidad imposible, hacía uso de varias técnicas de estudio -abreviaturas, esquemas, flechas-, sin embargo hubiese sido impensable presentar luego un trabajo o un examen escrito de ese modo. Igual que nos vestimos adecuadamente en cada ocasión, por ejemplo, ¿no deberíamos adaptar el uso de la lengua a cada situación comunicativa? Por cierto, resulta que la adecuación es una de las propiedades lingüísticas más importantes en la teoría de la comunicación.

Eso es lo que ocurre, que suena todo a demasiada teoría, en la práctica nos entendemos y nos va de puta madre. Pues sigamos con esta indiferencia, que la lengua es el menor de nuestros problemas.

CDR  

2 comentarios:

  1. Excelente entrada, ya no existen los Libros de Estilo de los periódicos, siempre en las mesas de los periodistas, y tal vez debieran existir para los políticos. Es una pena porque, usarse sí se usaban. ¿Pasará con el lenguaje como está pasando con tantas cosas...? Algunos esperamos que no.
    pmd

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  2. Pedirle a los políticos que moderen y que cuiden su forma de hablar. ¡Dejémonos de sueños!
    Tati

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